ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- ARSON: El Despertar del Olvido
- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 — El lugar al que se vuelve
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
30: Capítulo 30 — El lugar al que se vuelve 30: Capítulo 30 — El lugar al que se vuelve Villafrontera seguía oliendo a madera fresca, tierra removida y humo de hoguera.
No era una ciudad.Ni siquiera aspiraba a serlo.
Era un sitio que se defendía a sí mismo con trabajo.
Cuando cruzaron la empalizada, Leo y León fueron los primeros en reconocerlos.
Estaban apoyados en la puerta, más atentos que formales, con las lanzas apoyadas en el suelo.
—Mira quién vuelve —dijo Leo, ladeando la cabeza.—Y vuelve con más gente —añadió León, fijándose en Noma.
Ara levantó una mano en saludo.
—Buenas.
—Buenas, capitana —respondieron casi a la vez, con una sonrisa sincera.
Arson notó algo que ya le resultaba familiar: aquí no se saludaba con reverencias, sino con alivio.
Volver con vida era suficiente mérito.
—Avisad a Talmú —dijo Ara—.
Hemos regresado con la caravana.
Leo asintió.
—Eso siempre trae lío… o trabajo.
—Normalmente las dos cosas —respondió Arson.
Encontraron a Talmú inclinado sobre una mesa de madera áspera, revisando cuentas con gesto cansado.
Al verlos, dejó el carbón con el que anotaba y los miró uno a uno.
—Habéis tardado —dijo primero.—Pero habéis vuelto —añadió después, con un tono más humano.
Ara dejó una bolsa sobre la mesa.
El sonido metálico fue contundente.
—Materiales asegurados.—Costes cubiertos.—Y algo más para la villa.
Talmú abrió la bolsa, contó rápido, cerró y asintió con aprobación.
—No habéis perdido dinero.—Al contrario… habéis ganado.
Entonces miró a Noma por primera vez, con atención directa, sin hostilidad.
—¿Y ella?
Arson dio un paso al frente.
—Se llama Noma.—Viene con nosotros.
El silencio duró apenas unos segundos.
—Mientras aporte —dijo Talmú al final—, es bienvenida.
Ara suspiró.
—Ahí está otra vez.
Talmú se encogió de hombros.
—Regla sencilla.
Nadie vive aquí sin trabajar.—Ni siquiera tú —añadió, mirándola con una media sonrisa.
Arson no pudo evitar sonreír.
—Eso ya me lo dijeron cuando llegué.
—Y sigue siendo verdad —respondió Talmú.
Noma inclinó ligeramente la cabeza.
—Trabajaré.
—Entonces bienvenida a Villafrontera —concluyó él.
Mientras avanzaban por la zona central, Ara comentó en voz baja: —Mi casa era pequeña.—Éramos dos… ahora somos tres.
Talmú, que iba unos pasos por delante, respondió sin girarse: —Eso ya no es un problema.
Ara frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Ingenieros imperiales —explicó—.—Y un grupo de enanos.—El emperador cumplió su palabra.
Arson alzó una ceja.
—Eso acelera mucho las cosas.
—Y con los materiales que habéis traído —añadió Talmú—, ya no estamos parchando.—Estamos construyendo.
La nueva casa no era grande, pero sí sólida.
Dos habitaciones pequeñas, un espacio común amplio y una estructura que no parecía a punto de venirse abajo con el primer viento fuerte.
Ara se quedó mirándola un segundo más de lo necesario.
—…No está mal.
—Para Villafrontera, eso es un halago —respondió Talmú.
Dentro, dejaron las cosas, repartieron espacio y, por primera vez desde hacía días, no hubo prisa.
Aquella noche fue tranquila.
Al amanecer, Arson salió al exterior para estirarse.
El aire era fresco, y la villa ya estaba en movimiento.
No había campanas ni órdenes, solo gente trabajando.
—Eh.
Leo y León estaban esperándolo.
—Hoy toca patrulla —dijo Leo—.—Y algo de caza ligera —añadió León—.
Nada peligroso… en teoría.
Arson se giró hacia la casa.
—¿Ahora?
—Aquí no se duerme hasta tarde —respondieron a coro.
Dentro, Ara y Noma organizaban el espacio.
Noma sostenía un cuenco sin saber muy bien dónde colocarlo.
—…¿Y yo qué hago?
Ara se detuvo y la miró.
—Hoy, lo que quieras.—Mañana, veremos qué necesitas aprender.—Y pasado, ya habrá trabajo.
Noma dudó.
—No estoy acostumbrada a… elegir.
Ara asintió, sin juicio.
—Eso no se aprende en un día.
Desde fuera, la voz de Arson llegó: —¡Vuelvo luego!
Ara respondió sin mirar: —No te metas en problemas.
Noma observó cómo se alejaba con Leo y León, luego volvió la vista a la casa aún medio vacía.
—Este lugar… —murmuró— no se parece a nada que haya conocido.
Ara empezó a ordenar sin prisas.
—Eso es porque no es un sitio al que se llega.—Es un sitio en el que te quedas… si quieres.
Y Villafrontera, poco a poco, empezaba a convertirse en eso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com