ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 31
- Inicio
- Todas las novelas
- ARSON: El Despertar del Olvido
- Capítulo 31 - 31 Capítulo 31 — Donde el tiempo echa raíces
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: Capítulo 31 — Donde el tiempo echa raíces 31: Capítulo 31 — Donde el tiempo echa raíces Villafrontera no cambió de un día para otro.
Cambió como lo hacen las cosas que sobreviven:despacio, a base de repetirse.
Los primeros días fueron simples.
Presentaciones.
Nombres.
Rostros nuevos mezclados con los antiguos.
Ara y Arson caminaban por la villa saludando a quienes ya conocían y a quienes acababan de llegar atraídos por la estabilidad, el trabajo… o la mera oportunidad de empezar de nuevo.
—Capitana —decían algunos, aún con respeto.—Ara —corregía ella, con una media sonrisa cansada.
Arson notaba algo curioso: ya no lo miraban como al forastero.
No del todo.
Había pasado de “el chico raro” a “el chico de Ara”.
Y eso, en Villafrontera, significaba algo.
Noma caminaba un paso detrás al principio.
No por sumisión, sino por costumbre.
Ara se detenía a hablar con una mujer que había llegado con los enanos.
Arson intercambiaba palabras con un cazador local.
Y entonces: —¿Quién es ella?
—preguntaban.
—Noma —respondía Ara—.
Vive con nosotros.
Las miradas eran breves, evaluadoras, pero no hostiles.
En Villafrontera nadie preguntaba demasiado mientras alguien estuviera dispuesto a aportar.
Con el tiempo, Noma empezó a adelantarse medio paso.
El trabajo cotidiano Los días se llenaron de tareas pequeñas.
Patrullas.
Caza.
Reparaciones.
Guardias nocturnas.
Entrenamientos improvisados al amanecer.
Villafrontera no tenía cuartel, pero sí una explanada donde la gente se reunía cuando quería aprender… o demostrar algo.
Arson entrenaba mucho.
A veces con Ara.A veces solo.
Talmú lo observaba desde lejos más de una vez.
—Ese chico —comentó un día— siempre se va aparte.
Ara asintió.
—Piensa mejor cuando no lo miran.
—¿Y ahora por qué te llama madre?
—preguntó Talmú con una sonrisa burlona.
Ara soltó una risa corta.
—Porque es más fácil que explicar todo lo demás.
—¿Le tienes cariño?
Ara tardó un segundo en responder.
—Sí.—Eso no cambia porque no sea mío.
Talmú no insistió.
Dos años que no fueron iguales El tiempo pasó.
No como una línea recta, sino como círculos que se cerraban.
En esos dos años: Villafrontera creció en casas y en gente.
La empalizada se reforzó.
Las rutas se volvieron más seguras.
Los ingenieros imperiales dejaron su huella… y se marcharon.
Arson empezó a obsesionarse con cosas concretas.
No con más poder.Con cómo se movía el poder.
Intentaba replicar, a su manera, la capacidad de percepción que había visto en el capitán del gremio: esa sensación de ondas constantes, de leer el entorno sin mirar.
No lo conseguía.
Pero cada intento le dejaba un poco más cerca.
También practicaba algo más peligroso: la idea del desplazamiento instantáneo.
No como magia pura, sino como ruptura del espacio a través de impulso y control.
Ara lo pilló una vez sangrando por la nariz.
—Eso te va a matar si sigues así.
—O lo aprenderé —respondió él, sincero.
No volvieron a hablar del tema ese día.
Noma y el fuego Noma entrenaba de forma distinta.
Su fuego era… incómodo.
No era el fuego común.No era salvaje.Era denso, pesado, casi demasiado real.
Una tarde, Arson se lo dijo sin rodeos.
—Tu fuego pesa más que el mío.
Noma lo miró, sorprendida.
—¿Eso es malo?
—No —respondió—.
Es peligroso.—Para ti.
Hablaron largo rato.
No de técnica, sino de intención.
De por qué ella siempre contenía el golpe final.
De por qué nunca terminaba del todo un ataque.
—No quiero destruir sin saber por qué —admitió ella.
Arson asintió.
—Eso también es una forma de control.
Ella no cambió de inmediato.
Pero empezó a pensar.
Pequeños gestos, grandes señales Con el tiempo, Noma empezó a ayudar en la villa sin que nadie se lo pidiera.
No porque “debiera”, sino porque quería entender cómo funcionaba ese lugar que no la miraba como un error.
Aprendió nombres.
Rutinas.
Bromas malas.
Una noche, alguien la llamó por su nombre sin pensarlo.
Y se quedó despierta horas, procesándolo.
Ara la observaba sin decir nada.
El silencio de Arson Había días en que Arson se marchaba antes del amanecer.
Volvía al anochecer.
Nunca decía dónde había estado.
Ara lo sabía, pero no preguntaba.
Porque había aprendido que algunas batallas no se libran delante de nadie.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com