ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- ARSON: El Despertar del Olvido
- Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 — Cuando las risas no alcanzan
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Capítulo 32 — Cuando las risas no alcanzan 32: Capítulo 32 — Cuando las risas no alcanzan La puerta se abrió de golpe.
—Vale, vale… antes de que me matéis con la mirada —dijo una voz conocida—, aviso: no vengo a pelearme con nadie.
Borus entró con una sonrisa ladeada, la capa mal colocada y ese aire suyo de hombre que parecía tomarse la vida a broma… hasta que uno miraba bien los ojos.
—¿Así se recibe a un capitán imperial ahora?
—añadió—.
Qué tiempos.
Ara abrió un ojo.
—Si vienes a hacer chistes, te largas.
—Vengo a hacer justo lo contrario —respondió Borus, señalando la cama—.
Y a comprobar que sigues viva.—Bien.
Primer punto superado.
Se acercó, le puso una mano en la frente con torpeza y frunció el ceño.
—Fiebre —murmuró—.
Y no de las buenas.
—Estoy perfectamente —gruñó ella.
—Claro —rió Borus—.
Por eso llevas un mes en la cama y echas fuego hasta durmiendo.
Entonces miró a Arson.
La sonrisa no desapareció, pero se volvió más fina.
—Así que tú eres el problema ahora.
Arson arqueó una ceja.
—Buenos días para ti también.
—Buenos días, sobrino incómodo —replicó Borus—.
Tu tío me manda porque… —hizo un gesto vago con la mano— el mundo se está yendo un poco a la mierda otra vez.
Ara cerró los ojos.
—¿La teocracia?
—La teocracia —confirmó Borus—.—Un emisario de los Doce Libros apareció hace unas semanas.
Muy educado.
Muy recto.
Muy convencido de que nos estábamos riendo de ellos.
Noma, apoyada en la pared, tensó los dedos sin darse cuenta.
—Exigió explicaciones —continuó Borus—.
Sobre el norte.
Sobre la movilización.
Sobre ti, Ara.
Ara apretó los dientes.
—No lideré nada.
—Lo sé —dijo Borus, alzando las manos—.
Se lo dije.—¿Sabes qué me respondió?
Arson negó.
—Que no nos hiciera perder el tiempo —sonrió Borus, sin humor—.—Que los Doce Libros no aceptan malentendidos.
Silencio.
—Después de eso —añadió—, empezaron las escaramuzas.
Nada abierto.
Pero constantes.—Y Nar-Dhal ha recibido dos ataques de tanteo.
Ara abrió los ojos de golpe.
—¿Ha caído?
—No —respondió Borus—.
El capitán que dejaste allí es un hueso duro.—Pero esto no va a quedarse así.
Miró a Arson con más seriedad de la habitual.
—Tu tío quiere una fuerza que no parezca una amenaza… pero que lo sea.—Y, sorprendentemente, tu nombre salió el segundo en la lista.
Arson ladeó la cabeza.
—¿Segundo?
—El primero eras tú —rió Borus—.
Pero estabas enferma y me daba miedo que me mordieras.
Ara bufó.
—No quiero meterlo en esto —dijo ella, más bajo.
Borus suspiró.
—Lo sé.—Por eso no vengo a llevármelo a rastras.
Se giró hacia Arson.
—Vengo a decirte la verdad.—Si esto estalla, el imperio va a necesitar a alguien que no piense como general, ni como sacerdote.—Y tú… —sonrió— piensas raro.
Arson se rascó la nuca.
—Eso ya me lo han dicho antes.
—Sí —asintió Borus—.
Normalmente justo antes de que todo explote.
Ara negó con la cabeza.
—No ahora.
Arson la miró.
—No me estás pidiendo que me quede.
Ella apretó los labios.
—Te estoy pidiendo que no te rompas.
—No lo haré.
Noma dio un paso al frente.
—Yo iré con— —No —dijo Arson con firmeza, volviéndose hacia ella—.—Tú te quedas.
—¿Por qué?
—espetó ella.
—Porque ella te necesita más que yo —respondió, señalando a Ara—.—Y porque, por una vez, quiero que alguien me espere.
Noma se quedó en silencio.
Borus observó la escena con una media sonrisa.
—Salimos en dos días —dijo al final—.—Si decides venir.
Se giró hacia la puerta.
—Y Arson… —añadió sin mirarlo——No es una misión bonita.
—Nunca lo son —respondió él.
Cuando Borus salió, el cuarto quedó en silencio.
Noma miró a Arson, inquieta.
—No me gusta.
—A mí tampoco —admitió él.
—Entonces… —Entonces es importante.
Se sentó a su lado.
—Hace dos años habría ido sin pensar —continuó—.—Ahora no.
Ahora sé lo que cuesta volver.
Noma apretó los puños.
—¿Y si no vuelves?
Arson sonrió, cansado pero sincero.
—Entonces quiero que recuerdes esto.
Ella lo miró.
—No eres mi carga.—Ni mi obligación.—Eres alguien a quien he elegido que camine conmigo.
Noma tragó saliva.
No respondió.
Pero por primera vez, cuando Arson se levantó… no se quedó atrás.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com