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ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 34

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Capítulo 34: Capítulo 34 – El peso de las decisiones

Capítulo 34 El peso de las decisiones

El amanecer bañó la capital imperial con una luz tenue, dorada.

Arson se ajustó la armadura mientras el murmullo del castillo despertaba. No había urgencia… pero sí una tensión contenida, como si todo el Imperio estuviera respirando antes de sumergirse.

Althair Dracón III caminaba a su lado, ya con la capa imperial sobre los hombros.

—Hoy no decidimos una batalla —dijo el emperador sin mirarlo—.Hoy decidimos qué clase de guerra estamos dispuestos a librar.

El amanecer había dado paso a una mañana gris cuando las puertas del Consejo Imperial se cerraron.

El sonido fue seco. Definitivo.

Althair Dracón III tomó asiento en la cabecera sin prisa, apoyando ambas manos sobre la mesa de piedra negra. No habló de inmediato. Dejó que el silencio hiciera su trabajo.

Capitanes, estrategas y oficiales sabían lo que eso significaba:no había margen para discursos vacíos.

—Empezad —ordenó al fin.

Borus dio un paso al frente, pero esta vez no sonreía.

—Las escaramuzas en la frontera sur se han intensificado. No son ataques al azar. —Señaló un mapa desplegado—. Son pruebas. Nos están midiendo.

Murus apoyó los nudillos en la mesa.

—No buscan conquistar aún. Buscan reacción.

Judith asintió.

—Y forzarnos a mover tropas donde ellos decidan.

El emperador levantó una ceja.

—Entonces no somos nosotros quienes estamos marcando el ritmo.

Nadie respondió. No hacía falta.

Septem habló desde un lateral, con voz baja.

—Los Doce Libros no participan directamente… todavía. Pero hay movimiento. Mensajeros. Cambios de escolta. Protocolos distintos.

—¿Confirmado? —preguntó Althair.

—Tres fuentes. Todas coinciden.

Eso cambió el ambiente.

El emperador se reclinó ligeramente.

—Si los Libros se mueven… la guerra deja de ser una cuestión de ejércitos.

Se volvió hacia los nuevos capitanes.

—Hablad. Quiero oír opciones, no bravatas.

Hadrik Puñoroto gruñó antes de hablar, como si las palabras le pesaran.

—Si esperan, se hacen fuertes.Si atacamos, sangran.Eso es todo lo que sé.

—Y eso es exactamente lo que la teocracia espera de nosotros —replicó Caelum Virex sin levantar la voz—. Una reacción frontal.

Hadrik apretó los dientes.

—¿Y tu idea es qué? ¿Esperar a que nos muerdan el cuello?

—Mi idea —respondió Caelum— es que cada paso que demos les cueste más de lo que ganan.

Aurelian Kaedor intervino entonces, con calma medida.

—Ambos tenéis razón… y ambos tenéis un problema.Si atacamos con todo, provocamos una respuesta mayor.Si no atacamos, cedemos iniciativa.

El emperador observaba en silencio.

—La clave —continuó Aurelian— es qué objetivo justifica el riesgo.

Althair giró la mirada hacia Arson.

—Dilo tú.

Arson tardó un segundo en responder.

—Los Libros.

Varias miradas se cruzaron.

—Mientras existan —prosiguió—, la teocracia puede permitirse perder ejércitos.Pero si empiezan a caer… el miedo cambia de bando.

Judith frunció el ceño.

—Atacar a los Libros es cruzar una línea. Eso puede atraer a…

—Lucero —terminó Arson—.Si lo hacemos mal, sí.

Borus soltó una risa breve.

—“Si lo hacemos mal”, dice… como si hubiera una forma sencilla.

El emperador se incorporó un poco.

—Lucero no actúa mientras no sienta una amenaza existencial.Eso nos da margen… limitado.

Septem añadió:

—La teocracia impide que más de tres Libros marchen juntos. Normalmente solo uno.

Caelum apoyó la mano en el mapa.

—Entonces hay que obligarlos a romper su propia ley.

Silencio.

Hadrik alzó una ceja.

—¿Cómo?

Arsa dio un paso adelante.

—Con una unidad que no represente al ejército completo.Una fuerza pequeña, móvil… letal.

Miró a Arson.

—Y alguien capaz de sobrevivir si las cosas salen mal.

El emperador cerró los ojos un instante.

Cuando los abrió, ya había decidido.

—Se formará una unidad de élite.Quinientos hombres. Seleccionados entre los mejores de cada capitán.

Miró directamente a Arson.

—La comandarás tú. Pero no actuarás por libre.No aún.

Arson asintió despacio.

Borus resopló.

—Tu madre va a odiarme cuando se entere.

El emperador sonrió apenas.

—Me odiará a mí primero. Luego a ti. Luego a él.Y después admitirá que era necesario.

El ambiente seguía tenso… pero ahora había dirección.

La guerra ya no era una posibilidad.

Era un plan.

El emperador apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Muy bien —dijo con tono firme—.Las ideas están claras. Ahora quiero algo más concreto.

Alzó la mirada, recorriendo a los presentes uno por uno.

—Decidme con qué contamos.No promesas. Hechos.

Borus fue el primero en responder.

—Mis fuerzas están prácticamente listas.Puedo disponer de seis mil soldados en menos de tres días: infantería pesada, choque y apoyo mágico.Si esperamos una semana, puedo elevarlo a ocho mil, con suministros estables.

—Anotado —respondió el emperador.

Murus dio un paso al frente.

—Cuatro mil quinientos.Mis tropas están dispersas defendiendo puntos clave, pero en cinco días podrían reagruparse.Especialistas en defensa de posición y contraataque.

Judith habló a continuación.

—Tres mil efectivos.Magos de batalla, arquería avanzada y sanadores.No necesito más de cuatro días para tenerlos operativos al cien por cien.

Septem cruzó los brazos.

—Mis hombres no se cuentan en miles.—Una pausa—.Doscientos asesinos y exploradores.Listos ahora mismo.

El emperador asintió sin comentario.

Luego miró a los nuevos capitanes.

Hadrik Puñoroto sonrió con dientes afilados.

—Dos mil quinientos enanos y mestizos.No son rápidos… pero cuando llegan, no se mueven.Tres días.

Caelum Virex habló después.

—Tres mil.Escaramuza, hostigamiento, retirada controlada.Podrían estar listos en dos días, pero no aguantarían una batalla frontal prolongada.

Aurelian Kaedor fue el último.

—Mil ochocientos caballeros.Disciplina completa, cadena de mando sólida.Siete días para estar al máximo. Antes de eso… no los recomiendo.

El emperador guardó silencio unos segundos, sumando mentalmente.

—Estamos hablando de cerca de veinte mil tropas iniciales —dijo finalmente—.Con capacidad de ampliarse a más de veinticinco mil si el tiempo lo permite.

Miró a Arson.

—Tu unidad de élite se formará dentro de este margen.Quiero nombres, no números.Y los quiero pronto.

Arson inclinó la cabeza.

—Entendido.

El emperador enderezó la espalda.

—Entonces queda decidido.Nos movemos con cabeza, no con orgullo.Y si la teocracia quiere guerra… —sus ojos brillaron—aprenderá cuánto cuesta despertarnos.

Las puertas del Consejo se abrieron.

La guerra había dejado de ser un rumor.Ahora tenía calendario.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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