Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ARSON: El Despertar del Olvido
  4. Capítulo 36 - Capítulo 36: Capítulo 36 - Fragmentar para vencer
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 36: Capítulo 36 – Fragmentar para vencer

El patio de entrenamiento estaba en silencio.

No porque faltara gente, sino porque quienes estaban allí sabían escuchar.

Arson y Arsa caminaban despacio entre mapas extendidos sobre mesas de madera, estacas clavadas en la tierra marcando posiciones, cuerdas tensadas formando líneas de avance y retirada. No era un ensayo físico; era un ensayo mental.

—Si los mantenemos unidos demasiado tiempo —dijo Arsa, señalando una formación compacta—, se volverán previsibles.

Arson asintió.

—Y si se disgregan sin criterio, morirán aislados.

Se quedó mirando el esquema central.

—La unidad tiene que comportarse como un bloque… pero no vivir como uno.

Arsa ladeó la cabeza.

—Explícate.

Arson tomó una ficha y la desplazó con los dedos.

—Un núcleo estable. Capaz de resistir presión directa. Pero alrededor de ese núcleo… células móviles.

Colocó otras fichas.

—Grupos de diez. Capaces de actuar solos, pero con protocolos claros para reunificarse. Y, en situaciones concretas, permitir un mando intermedio temporal de hasta treinta soldados.

—¿Quién decide cuándo se agrupan? —preguntó Arsa.

—Los líderes de célula —respondió—, pero bajo señales claras. Tres tipos de órdenes:Reunión inmediata.Apoyo temporal.Dispersión total.

Arsa apoyó los nudillos sobre la mesa.

—Eso exige disciplina. Mucha.

—Y confianza —añadió Arson—. No quiero soldados esperando órdenes eternamente. Quiero soldados que sepan cuándo no necesitarlas.

Arsa lo observó unos segundos más.

—Estás construyendo algo que no existe aún en el imperio.

—Precisamente por eso puede funcionar.

Iba a responder cuando el aire cambió.

Una presencia silenciosa se materializó a un par de pasos, como si siempre hubiera estado allí.

—Capitana. Arson —dijo la sombra—. El emperador solicita su presencia. Consejo estratégico. Ahora.

Arsa cerró los mapas con un gesto seco.

—Era cuestión de tiempo.

La sala del consejo estaba llena.

No abarrotada, pero sí densa.

El emperador se encontraba de pie, sin armadura, apoyado en la mesa central. A su alrededor, los capitanes conocidos… y los nuevos. Algunos serenos. Otros tensos. Otros claramente incómodos.

Arson y Arsa entraron juntos.

—Capitana Arsa. Arson —dijo el emperador—. Tomad asiento.

Lo hicieron.

El emperador no perdió tiempo.

—La primera fase será defensiva.

Algunos capitanes fruncieron el ceño.

—No porque seamos débiles —continuó—, sino porque necesitamos información real. Posiciones. Libros. Ritmos de movimiento.

Se giró hacia uno de los presentes.

—Septem.

El capitán serpiente inclinó la cabeza.

—Majestad.

—Quiero que fortalezcas la red de información dentro de la teocracia. Y, cuando sea posible… eliminación de capitanes.

Septem no respondió de inmediato.

—Eliminar capitanes será complicado —dijo finalmente—. Sus campamentos están protegidos por orbes sagrados. Detectan presencia no autorizada en cuanto alguien cruza el perímetro.

—¿No se pueden anular? —preguntó uno de los nuevos capitanes.

—No sin activar la alarma —respondió Septem—. Y eso atrae a todo el campamento.

El emperador lo meditó.

—¿Alternativa?

Septem alzó un dedo.

—Crear distracción. Ataque visible en un frente opuesto. Mientras las miradas están allí… entramos por el flanco ciego.

Arson intervino:

—¿En plena batalla?

Septem asintió.

—Ahí es donde esas piedras dejan de importar. El caos las vuelve inútiles.

El emperador aceptó la respuesta con un gesto.

—Bien.

Se giró entonces hacia el conjunto.

—Cada capitán ocupará posiciones acordes a sus capacidades. No habrá ofensivas profundas. No aún.

Alzó la mirada hacia Arson y Arsa.

—La Guardia Imperial irá conmigo.Arsa apoyará la cohesión de la nueva unidad especial.Arson… tú y tu unidad actuaréis donde la batalla se rompa.

Un murmullo recorrió la sala.

—Golpearéis —continuó— donde más duela. Y os retiraréis antes de que el enemigo pueda reaccionar.

—¿Y los Libros? —preguntó uno de los nuevos capitanes—. ¿Y si aparecen?

El emperador fue claro.

—Si sabemos cuántos hay, actuaremos. Si no… evitaremos concentraciones que los obliguen a intervenir.

Arson habló entonces:

—Nuestra función no es ganar batallas. Es desordenarlas.

Algunos asentaron. Otros no parecían convencidos.

El capitán berserker enano resopló.

—No suena glorioso.

—Suena efectivo —respondió Arsa.

Uno a uno, los capitanes expusieron dudas, matices, alternativas.Avanzar más rápido.Esperar más refuerzos.Provocar una batalla campal.

Cada idea fue discutida. Sopesada. Rechazada o adaptada.

Al final, no hubo unanimidad… pero sí acuerdo.

El emperador cerró el consejo con voz firme:

—Esta guerra no se ganará con un golpe. Se ganará quitándole al enemigo su capacidad de decidir.

Miró a Arson.

—Y para eso, necesito una unidad que no piense como un ejército.

Arson sostuvo la mirada.

—La tendrá.

La reunión terminó.

Y mientras los capitanes abandonaban la sala, quedó claro que la guerra ya había comenzado.

Solo que esta vez… no iba a seguir las reglas habituales.

El consejo se disolvió sin ceremonias.

No hubo aplausos ni arengas finales. Solo el sonido de pasos alejándose, capas rozando el suelo y miradas que calculaban el futuro con más preocupación que entusiasmo.

Arson permaneció unos segundos más, observando cómo los capitanes se separaban en pequeños grupos. No quería órdenes todavía. Quería algo más básico.

Entenderlos.

—Capitán Borus —dijo, girándose primero hacia él.

Borus sonrió con esa sonrisa torcida que nunca abandonaba del todo.

—Vaya… ahora me llamas capitán. Esto sí que es nuevo.

—Ahora mando una unidad —respondió Arson—. Necesito saber cómo peleas cuando las cosas se complican.

Borus cruzó los brazos.

—Directo. Presión constante. Si el enemigo retrocede, no le dejo respirar. Si aguanta, lo desgasto hasta que comete un error.

—¿Formaciones cerradas?

—Al principio. Luego se rompen solas —rió—. Mis hombres confían en mí, pero no esperan órdenes eternas. Si ven una apertura, entran.

Arson asintió.

—Entonces mi unidad debería golpear antes de que tus líneas se saturen.

—O justo después —añadió Borus—. Cuando el enemigo cree que ya te ha contenido.

Después se volvió hacia Septen.

El capitán serpiente no necesitó invitación.

—No mando ejércitos —dijo—. Mando información.

—¿Y cuándo luchas? —preguntó Arson.

—Cuando ya he ganado —respondió sin emoción—. Eliminamos mandos. Cortamos suministros. Hacemos que los soldados no sepan a quién obedecer.

—Entonces mi unidad…

—No debe estorbar —interrumpió Septen—. Pero puede crear el ruido perfecto para que yo entre.

Arson esbozó una media sonrisa.

—Eso ya lo hablamos antes.

Los nuevos capitanes se mostraron más cautos.

Uno explicó que su fuerza estaba pensada para choques breves, retiradas rápidas y desgaste constante. Otro habló de disciplina absoluta, formaciones impecables y defensa del terreno a cualquier precio.

Arson escuchó sin interrumpir.

No buscaba imponer su visión. Buscaba encajarla.

Cuando terminó, Arsa se acercó a su lado mientras abandonaban la sala.

—Estás pensando demasiado —dijo.

—Estoy pensando justo lo necesario —respondió Arson—. Si uso la unidad como una fuerza independiente, chocará con todos. Si la uso como apoyo… puede multiplicarlos.

—¿Y cómo decides cuándo intervenir?

Arson miró al frente.

—Cuando un capitán esté a punto de perder la iniciativa. No antes. No después.

Caminaron juntos hacia los barracones.

—Para Borus —continuó—, la unidad debe romper flancos.—Para Septen, distraer y desaparecer.—Para los otros… ser un martillo que no deja huella.

Arsa asintió.

—Eso exige entrenamiento brutal.

—Por eso empezamos hoy.

El barracón especial estaba listo.

Los soldados seleccionados esperaban en filas irregulares: humanos, elfos, enanos, mestizos de toda clase. Algunos con experiencia. Otros con ambición. Todos observaban a Arson con una mezcla de curiosidad y duda.

Arson se colocó frente a ellos.

—No sois una unidad normal —dijo sin alzar la voz—. Y no vais a entrenar como una.

Se giró hacia Arsa, que asintió.

—Se formarán grupos de diez —continuó—. Cada grupo tendrá un líder. Esos líderes podrán unirse bajo un mando temporal si la situación lo exige.

Señaló la muralla.

—Treinta vueltas. Hoy.

Un murmullo recorrió las filas.

—Primera orden: Unión.

Los grupos empezaron a sincronizar el paso, ajustando ritmos, reduciendo diferencias.

—Segunda orden: Despliegue.

Las formaciones se rompieron, cada grupo buscando su propio ritmo sin perder contacto visual.

—Tercera orden: Reunificación parcial.

Algunos dudaron. Otros reaccionaron tarde.

—Eso es un fallo —dijo Arson—. Y aquí los fallos se corrigen corriendo.

Las órdenes se sucedieron sin pausa. Unión. Dispersión. Cambio de líderes. Ritmos forzados. Adaptación constante.

—Durante los dos primeros días —añadió mientras avanzaban—, sin armamento pesado.—Los últimos días, solo ligero o medio.—Si alguien no puede moverse rápido… no sirve aquí.

Arsa observaba en silencio.

—No quiero soldados fuertes —concluyó Arson—. Quiero soldados que se adapten.

Las vueltas continuaron.

Y con cada orden, la unidad empezaba a dejar de ser un conjunto de guerreros… para convertirse en algo nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo