Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ARSON: El Despertar del Olvido
  4. Capítulo 37 - Capítulo 37: Capítulo 36 — La forma del martillo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 37: Capítulo 36 — La forma del martillo

El tercer día de entrenamiento amaneció sin concesiones.

Las unidades llevaban ya horas en movimiento cuando varios capitanes de grupo pidieron hablar con Arson y Arsa. No lo hicieron en tono de queja abierta, sino con la franqueza de soldados que sabían cuándo algo empezaba a tensar los límites.

—El ritmo empieza a pasar factura —dijo uno de ellos—.Los enanos aguantan, pero mantener la zancada de los elfos… no es sencillo. La resistencia no es el problema. Es la cadencia.

Arson escuchó sin interrumpir, con los brazos cruzados, observando cómo las unidades seguían girando alrededor de la muralla, cohesionándose y separándose según las órdenes previas.

—Por eso mismo se está haciendo —respondió al fin—.No estamos buscando comodidad. Estamos buscando encaje.

Arsa asintió, tomando la palabra.

—Estas no son unidades cerradas —añadió—. No lo serán nunca.Cada grupo tiene elfos, enanos, humanos, mestizos. Lo mejor y lo peor de cada uno. Si no aprendemos a convivir con esas diferencias ahora, en batalla será una condena.

Uno de los capitanes frunció el ceño.

—Esto empieza a parecerse más a un grupo de aventureros que a una fuerza regular.

Arsa esbozó una media sonrisa.

—No vas desencaminado.La diferencia es que estos “aventureros” obedecen una estructura común. Se unifican, golpean y se disgregan sin perder forma. No es caos. Es elasticidad.

Arson dio un paso al frente.

—Decid a vuestras unidades que sigan así.No hay quejas sobre su rendimiento.

Hizo una breve pausa antes de añadir, con tono medido:

—Al final del entrenamiento de hoy habrá una hora de descanso… y después, una simulación.

Varias miradas se alzaron.

—¿Simulación? —preguntó alguien.

—Arsa y yo —continuó— nos enfrentaremos a toda la unidad.

El murmullo fue inmediato.

—Pero hay una condición —añadió—.Vosotros no podréis usar habilidades individuales más allá de refuerzos y potenciadores. Nada de técnicas personales. Nada de golpes decisivos aislados.

Alzó la vista, recorriendo los rostros.

—Nosotros sí.

Arsa lo miró de lado, escéptica.

—Eso no es un entrenamiento habitual.

—Precisamente —respondió Arson—.No os estamos preparando para luchar contra soldados. Os estamos preparando para enfrentar cosas que, en teoría, no deberíais poder derrotar.

Tras la hora de descanso, el campo quedó despejado.

Arsa avanzó primero.

Empuñaba una espada de una mano, larga y estilizada, impregnada de agua y hielo, su elemento natural. A su alrededor, el aire comenzó a moverse con intención, corrientes invisibles que empujaban, desviaban y atraían.

No inició con todo su poder. Apenas un tercio.Pero incluso así, su presencia era dominante.

Arson permaneció quieto al inicio, reforzando su cuerpo de forma casi imperceptible: fuerza, velocidad, resistencia. Nada visible. Nada ostentoso.

La unidad avanzó.

Al principio, con duda.Luego, aplicando lo aprendido.

Unión.Despliegue.Reagrupación.

Arsa se movía como una cuña de agua y viento. Su espada congelaba el suelo bajo los pies de los primeros, mientras con la mano libre lanzaba ráfagas de aire que rompían formaciones sin herir. En un momento concreto, formó una esfera rotatoria de aire comprimido, no para destruir, sino para erosionar: armaduras desgastadas, escudos empujados, estabilidad perdida en segundos.

Arson empezó a moverse después.

No con explosiones.No con relámpagos visibles.

Entraba, golpeaba, salía.Rompía ritmos.Forzaba reacciones.

A medida que la unidad se adaptaba, él también escalaba: un poco más de velocidad, un poco más de presión. Nada definitivo. Solo lo justo para exigir una respuesta mejor.

Desde un lateral, los capitanes observaban.

Hadrik Puñoroto bufó.

—Tiene talento, no lo niego —gruñó—. Pero sigue pareciéndome el mocoso de Ara.

Caelum Virex negó despacio.

—Si me enfrentara a él… no ganaría.Ni siquiera usando todo lo que sé.

Hadrik chasqueó la lengua.

—Eso dices tú.

Aurelian Kaedor, con los brazos a la espalda, habló sin levantar la voz.

—Como soldado… no le veo techo.Como líder, aún tiene que demostrarlo.

El entrenamiento continuó durante horas.

Errores.Correcciones.Momentos en los que la unidad lograba cercarlos.Otros en los que Arsa o Arson rompían la presión sin esfuerzo.

Cuando finalmente se dio la orden de alto, nadie cayó al suelo.Pero todos estaban exhaustos.

Arson se adelantó.

—Habéis resistido —dijo—. Y eso es lo más importante.No ganar hoy. No brillar. Resistir, aprender y continuar.

Miró a Arsa.

—Haremos un informe detallado. Veréis vuestros fallos. Y los corregiremos.

Arsa asintió.

—Si podéis aguantar esto… —añadió—, podréis aguantar una guerra.

El silencio que siguió no fue de duda.

Fue de comprensión.

La forma del martillo empezaba a tomar cuerpo.

El campo quedó en silencio cuando las unidades se retiraron a descansar.

Arson y Arsa permanecieron unos instantes observando a los soldados dispersarse, algunos apoyados en lanzas, otros sentados directamente sobre la tierra. Nadie se quejaba. Eso, por sí solo, ya decía mucho.

—La cohesión ha sido desigual —dijo Arsa al fin—.Las unidades mixtas han respondido mejor de lo esperado, pero hay grupos donde todavía se nota demasiado quién tira del ritmo y quién va forzado.

Arson asintió despacio.

—Los enanos aguantan más de lo que aparentan, pero el paso largo les pasa factura.En cambio, los elfos mantienen el ritmo sin esfuerzo, pero les cuesta reagruparse rápido cuando la formación se rompe.

Se giró un poco hacia ella.

—Cuando hemos empezado a usar algo más de un tercio de nuestras capacidades… la unidad ya no podía seguirnos.

Arsa suspiró, cruzándose de brazos.

—Y eso que no hemos ido ni cerca del límite.Yo no he pasado del treinta por ciento.

—Yo apenas de una cuarta parte —respondió Arson—.Pero era esperable.

La miró con calma.

—Somos fuertes. Y estamos arriba del todo, aunque por caminos distintos.Tú eres capitana del Imperio. Eso, por sí solo, ya te coloca en un nivel que la mayoría nunca alcanzará.

Arsa no respondió de inmediato.

—Septe, por ejemplo —continuó Arson—.Puede que no sea un capitán de ejército en el sentido clásico… pero su poder individual no es discutible.

Arsa asintió.

—Septem no dirige masas —dijo—.Pero en eliminación, infiltración y coordinación quirúrgica… es letal.Demasiado eficiente, diría yo.

—Borus es lo contrario —añadió Arson—.Liderazgo sólido, estrategia simple, poder bruto de frente.

Arsa esbozó una leve sonrisa.

—Y aun así, es alguien en quien se puede confiar.Eso vale más que mil planes complejos.

Arson ladeó la cabeza.

—Si tuviera que elegir enfrentarme a uno de los dos… no escogería ninguno.Mientras uno puede rajarte la garganta sin que lo notes, el otro te aplasta de frente sin darte opción.

Hubo un breve silencio.

—Por lo que he visto —continuó Arson—, el Imperio no forma capitanes “completos”.Elige a los mejores en su estilo.

Alzó la vista hacia la muralla.

—Ara es el ejemplo perfecto.Gestión, logística, mando, poder bruto… está por encima en todo eso.Y alrededor de ella hay capitanes con funciones muy concretas: magia, asesinato, destrucción, defensa.

Miró a Arsa.

—Nuestra unidad es eso mismo… pero a pequeña escala.

Arsa reflexionó unos segundos antes de responder.

—Y por eso, cuando nuestro poder individual empieza a ser demasiado superior, la tropa no puede seguirnos.

—Exacto —afirmó Arson—.Pero hay un detalle importante.

Señaló el campo de entrenamiento.

—Los teníamos atados de manos.Solo podían reforzarse: fuerza, resistencia, aguante.No podían usar ataques individuales decisivos.

Arsa frunció ligeramente el ceño.

—¿Crees que si hubieran podido usar todo su potencial…?

—Tal vez —respondió Arson— habríamos tenido que usar hasta un cincuenta por ciento de nuestra fuerza.

Ella negó despacio.

—Eso en una guerra real no es viable.

—No lo es —admitió Arson—.Pero Ara me dijo algo muy claro: no seas tan estúpido como para pensar que todo se resuelve con un solo golpe.

Esbozó una leve sonrisa.

—Nunca dijo nada de muchos golpes pequeños.

Arsa lo miró con atención.

—Durante la prueba —continuó él— observé las capacidades individuales.Cada uno tiene alguna habilidad que genera una “explosión”: breve, intensa, localizada.

Inspiró hondo.

—Si se coordinan… eso puede ser caos.Y al mismo tiempo, destrucción pura.

Arsa comprendió al fin.

—Así que esta unidad no está pensada para sostener el frente…

—No —confirmó Arson—.Está pensada para detonar puntos clave y desaparecer.

Arsa asintió lentamente.

—Una sucesión de impactos quirúrgicos.Golpear, romper, salir.

—Exacto.Y si le sumamos tus capacidades y las mías… esas explosiones pueden convertirse en la punta de lanza que cambie una batalla entera.

Arsa cruzó los brazos, seria.

—Pero solo en momentos muy concretos.

—Sí —dijo Arson—.Después de eso, la unidad debe retirarse de inmediato.Ordenada. Rápida. Sin heroísmos.

Su voz se volvió más grave.

—Por números, si se quedan demasiado tiempo, morirán.Eso no es negociable.

—Entonces será nuestra carta final —concluyó Arsa—.No para alargar la guerra… sino para cerrarla.

Arson asintió.

—La llamaremos Aliento del Dragón.

Arsa arqueó una ceja.

—Tu tío se va a reír cuando lo oiga.

—Probablemente —respondió Arson—.Pero cuando se use… los últimos en golpear seremos tú y yo.

La miró con seriedad.

—Si el enemigo decide perseguirnos, dejaremos claro que hacerlo no es una opción viable.

Arsa sostuvo su mirada.

—Entonces no será solo una retirada.

—No —dijo Arson—.Será un mensaje.

Y ambos supieron que, cuando ese mensaje se enviara, la guerra habría cambiado para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo