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ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 41

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Capítulo 41: Capítulo 40 — Cuando la esperanza se divide

El campamento enemigo ardía aún en la distancia.

El impacto de Kirin había convertido la zona central en un cráter humeante, y aunque el ataque había sido fulminante, Arson no sentía triunfo alguno.Solo la certeza de que la Teocracia no ignoraría aquello.

Una advertencia nunca se lanza sin esperar respuesta.

El cuerno sonó desde Nar-Dhal.

Corto. Seco. Urgente.

Un jinete atravesó la puerta a galope tendido. No llevaba los colores de la unidad Spes, sino los del sur: los estandartes desgastados de Borus.

Cayó de la montura antes incluso de detenerla.

—Mensaje… del capitán Borus —dijo, con la voz rota—. Prioridad absoluta.

Arson tomó el pergamino.No estaba sellado con cera.

Estaba sellado con sangre.

El sur — La frontera del desierto

Arsa reconoció el trazo antes incluso de leerlo.

—No es una escaramuza —murmuró Arson.

Alzó la vista.

—La Teocracia está presionando la frontera sur. Zona desértica, rutas comerciales… justo donde el Imperio y la República se tocan.

El emisario asintió.

—Han desplegado fuerzas mixtas. No intentan conquistar terreno… intentan provocar. Si Borus cede, la República quedará expuesta. Y si la Teocracia cruza ahí, la guerra se triplica.

Arsa apretó la mandíbula.

—Eso explicaría su prudencia. No puede permitirse una batalla total.

—Exacto —respondió Arson—. Borus puede contenerlos… pero no sostener esa línea indefinidamente. Necesita un golpe que los obligue a retroceder sin escalar el conflicto.

El emisario añadió, más bajo:

—Ha pedido ayuda. No refuerzos convencionales. A vosotros.

El este — La purga

Antes de que nadie respondiera, un segundo cuerno resonó.

Otro emisario.Esta vez, un enano cubierto de polvo rojizo, con la armadura marcada por fuego y acero.

—Mensaje del capitán Hadrik Puñoroto.

Arson cerró los ojos un instante.

—Adelante.

—Fuerzas de la Teocracia han atravesado la franja pedregosa oriental. No es un ejército regular. Son fanáticos. No fortifican, no ocupan… arrasan.

Arsa escupió al suelo.

—Quieren sembrar terror.

—Exacto. Aldeas menores, puestos de enlace, caravanas. Hadrik dice que puede aplastarlos… pero no sin exponerse. Y no sin pagar un precio alto.

Ambos emisarios aguardaron.

Dos frentes distintos.Dos problemas reales.Un mismo objetivo: forzar al Imperio a dispersarse.

La decisión

Arson desplegó el mapa sobre la mesa.

—Si ignoramos el sur —dijo—, Borus acabará atrapado entre la Teocracia y la necesidad política de no provocar a la República.

Señaló el este.

—Si dejamos que esto continúe, el Imperio parecerá débil dentro de su propio territorio.

Arsa respiró hondo.

—Spes no fue creada para resolver dilemas cómodos.

—Fue creada para actuar donde nadie más puede —respondió Arson.

Se miraron.

Sabían lo que venía.

La división

—No podemos ir juntos a ambos frentes —dijo Arsa—. Y si lo intentamos, llegaremos tarde a los dos.

Arson asintió.

—Entonces dividimos la unidad.

Se giró hacia los emisarios.

—Transmitid esto.

—Yo iré con Borus al sur —dijo—. Golpe rápido, quirúrgico. Que la Teocracia entienda que tocar esa frontera tiene consecuencias.

El emisario imperial inclinó la cabeza, aliviado.

Arson se volvió hacia Arsa.

—Tú irás con Hadrik.

Ella no dudó.

—Mi estilo encaja mejor allí. Si quieren terror… aprenderán lo que es el miedo bien dirigido.

Murus, apoyado contra la mesa, habló por primera vez.

—Separar Spes reduce su cohesión —dijo con gravedad—. Lo sabéis.

—Sí —respondió Arson—. Pero no responder también es una elección. Y es peor.

La sombra del conde

Desde la muralla de Nar-Dhal, Valerius observaba.

Dos columnas formándose.Dos órdenes distintas.Una unidad que dejaba de ser perfecta.

Sonrió.

Desde la escalinata inferior, una voz grave rompió el silencio.

—Cuando te pones así… eres insufrible, viejo amigo.

Valerius no se giró de inmediato.

Murus avanzó hasta quedar a su lado, apoyando ambos antebrazos en la piedra de la muralla, mirando también las columnas que se alejaban.

—Siempre lo has sido —continuó—. Demasiado brillante cuando las cosas encajan. Demasiado… peligroso cuando dejan de hacerlo.

El conde ladeó la cabeza, como si la frase le hubiera divertido más de lo que debería.

—¿Insufrible? —repitió, suave—. Tal vez.

Durante unos segundos no dijo nada más.Luego suspiró, dejando escapar parte de la tensión que le endurecía los hombros.

—Puede que tengas razón —admitió al fin—. A veces olvido que no todo es un tablero… ni todas las piezas sobreviven a la jugada.

Murus lo miró de reojo.

—Eso es lo que me preocupa. No cuando piensas.—Cuando empiezas a disfrutarlo.

Valerius esbozó una sonrisa torcida. No cruel. No amable.Una de esas que no prometen nada… pero tampoco lo niegan.

—No te preocupes —respondió—. Aún sé cuándo parar.

Murus no replicó.Ambos siguieron observando cómo la Esperanza se alejaba en dos direcciones opuestas.

Y por primera vez desde que comenzó la guerra,ni siquiera el conde estaba del todo seguro de haber elegido bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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