ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - Capítulo 49: Episodio 49 — Días después del Aliento Roto
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Capítulo 49: Episodio 49 — Días después del Aliento Roto
El dolor fue lo primero.
No uno agudo, ni localizado. Era un cansancio profundo, antiguo, como si cada hueso hubiera sido vaciado y vuelto a rellenar con plomo.
Arson abrió los ojos con dificultad.
El techo de lona de la tienda imperial se balanceaba suavemente. Afuera, el sonido amortiguado de un campamento en calma: pasos, voces bajas, metal contra metal. Nada de gritos. Nada de alarma.
Seguía vivo.
Giró ligeramente la cabeza… y se encontró con dos miradas.
—…¿Arsa? —murmuró, la voz áspera—. ¿Noma?
Arsa estaba sentada a su lado, brazos cruzados, expresión severa pero con un cansancio que no lograba ocultar. Noma, más cerca, apoyada en el borde del lecho, respiró aliviada al verlo consciente.
—Por fin —dijo ella—. Pensé que ibas a dormir una semana más.
Arson parpadeó, confuso.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó—. ¿Y Ara? ¿Por qué no estáis con ella?
Noma abrió la boca, pero Arsa se adelantó.
—Ara está bien. Está en el campamento principal.
—¿Entonces…?
—Estamos aquí porque tú estás aquí —respondió Noma—. Y porque alguien tenía que asegurarse de que no te levantaras antes de tiempo.
Arson intentó incorporarse… y el cuerpo le respondió con una protesta inmediata.
—Tch… —gruñó—. Estoy bien. Solo… agotado.
Arsa arqueó una ceja.
—“Solo agotado”, dice. Después de que un señor dragón usara tu cuerpo como catalizador.
Arson dejó caer la cabeza de nuevo sobre el lecho.
—Kirin gastó casi toda mi energía… —admitió—. La conexión quedó muy debilitada. Necesitaré tiempo para restablecerla.
Noma frunció el ceño.
—¿Tiempo cuánto?
—No lo sé —respondió con honestidad—. Días. Quizá semanas.
El silencio duró exactamente tres segundos.
La lona de la tienda se levantó de golpe.
—¡ASÍ QUE YA DESPIERTO!
Borus entró como un vendaval… y no llegó a dar dos pasos.
¡PUM!
Un golpe seco resonó en la tienda cuando Ara apareció detrás de él y le estampó el puño en la espalda.
—¡MAESTRA! —gritó Borus, tambaleándose—. ¡Perdón, perdón, perd—
Ara lo ignoró por completo, avanzó a grandes zancadas y agarró a Arson por los hombros, obligándolo a sentarse pese a sus protestas.
Sus ojos ardían.
—¿NO HABÍAMOS DEJADO CLARO —dijo, cada palabra cargada de furia contenida— QUE NO IBAS A HACER ESTO?
—Ara, yo—
—¡CALLA!
Lo sacudió una vez.
—¡Te fuiste! ¡Te metiste en medio de una batalla contra LOS LIBROS! ¡DEJASTE QUE UN DRAGÓN USARA TU CUERPO!
Arson abrió la boca para responder… pero Ara ya se había girado.
Clavó la mirada en Borus.
—Y TÚ.
—…yo —dijo Borus, tragando saliva.
¡PUM!
Otro golpe. Esta vez directo.
Borus salió despedido fuera de la tienda, rodando por el suelo.
—¡PERDÓN, MAESTRA! —se oyó desde fuera— ¡ES QUE ES MUY RÁPIDO!
Arson suspiró.
—Ara… de verdad, estoy bien—
¡PUM!
El puñetazo lo sacó del lecho y lo lanzó fuera de la tienda, aterrizando junto a Borus.
Silencio absoluto.
Desde dentro, la voz de Noma, seca:
—Creo que quería decir que estabas bien antes.
Arsa se puso de pie de un salto.
—¡ARA, PARA! ¡VAS A MATARLOS A TODOS!
Ara respiraba agitadamente. Cerró los ojos. Inspiró. Espiró.
Cuando los abrió, sonrió.
Una sonrisa forzada. Demasiado forzada.
—Estoy tranquila —dijo—. Solo quiero hablar con mi hermano.
Arsa palideció.
—…eso no es tranquilidad.
Ara giró la cabeza lentamente hacia ella.
—¿Dónde está?
Arsa dudó. Miró a Arson y a Borus, tirados en el suelo como dos niños castigados.
—Ara… —empezó—. Por favor, contente un poco.
La sonrisa de Ara se tensó aún más.
—Lo estoy. De verdad.
Dio un paso al frente.
—Vamos a hablar.
Arsa tragó saliva, resignada.
—…Muy bien.
Y mientras se la llevaba, Arson se quedó mirando el cielo, con el cuerpo dolorido, el alma exhausta… y la certeza muy clara de una cosa:
Había sobrevivido a la batalla.
Pero no estaba seguro de sobrevivir a su familia.
Mientras Ara y Arsa se alejaban en dirección al pabellón imperial, Noma se quedó unos segundos observando a Arson y a Borus, ambos aún en el suelo, derrotados más por la furia de Ara que por la batalla.
Noma se acercó primero a Arson.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó en voz baja.
Arson intentó incorporarse… y falló.
—Sí —admitió—. Bastante.
Noma pasó su brazo por debajo del suyo y, con más fuerza de la que aparentaba, lo ayudó a ponerse en pie. Arson apoyó parte de su peso en ella, respirando hondo.
—Gracias.
No dio tiempo a más.
Una risa suave, elegante, resonó a su espalda.
—Vaya… —dijo una voz femenina—. Te salva de una guerra para que luego tu madre te ejecute ella misma. Qué destino tan cruel.
Noma se giró de inmediato, instinto puro.
Una esfera de fuego azulada se formó en su palma.
—¿Quién eres tú?
La mujer alzó las manos con calma, aún sonriendo.
Vestía ropajes nobles, oscuros, con bordados plateados que recordaban nubes desgarradas por relámpagos. Su porte era relajado, casi burlón, pero sus ojos… sus ojos observaban como una tormenta contenida.
—Tranquila —dijo Arson—. Es… una aliada.
Noma no bajó la esfera.
—¿Aliada de quién?
Arson exhaló despacio.
—De él.
Giró la cabeza hacia la mujer.
—¿Verdad, Kirin?
La mujer rió.
—Casi. Muy casi.
Dio un paso al frente.
—No tomo control de mi cuerpo, muchacho. Solo hablo en su nombre cuando hace falta.
Arson asintió, entendiendo.
—Entonces… ¿por qué estás aquí?
Ella lo miró de arriba abajo, evaluándolo.
—Asuntos con el Imperio. En nombre del señor Kirin.—Hizo una pausa, más suave—. Y porque quería ver si seguías vivo.
—Me alegra cumplir tus expectativas —murmuró Arson.
La mujer inclinó ligeramente la cabeza.
—Por cierto… mi nombre es Sora de la Tormenta.
Borus, que ya se había levantado y sacudía el polvo de su armadura, frunció el ceño.
—¿Tormenta…? —murmuró—. Espera.
La miró con más atención.
—Eres una Elegida del gobernador dragón Kirin, ¿no?
Sora ladeó la cabeza, divertida.
—Vaya. Para lo bárbaro que pareces, sabes leer.
Borus gruñó.
—Protocolo imperial. Los generales debemos conocer a los gobernadores dragón y a sus emisarios. Evita guerras innecesarias… o aniquilaciones accidentales.
Sora rió abiertamente.
—Emperadores más inteligentes, sin duda.
Dio media vuelta, y un pequeño grupo de escoltas —que hasta entonces parecían simples sombras— se materializó a su alrededor.
—Debo hablar con el emperador —dijo mientras se alejaba—. Descansa, Raijin incompleto. Nos volveremos a ver.
Y desapareció entre las tiendas, camino del pabellón central.
Noma esperó unos segundos antes de disipar la esfera de fuego.
Luego ayudó a Arson a sentarse de nuevo en el lecho.
—…¿Quién era? —preguntó finalmente.
Arson apoyó la cabeza hacia atrás, agotado.
—Una voz de Kirin en este mundo.—La miró—. Y alguien que lleva siglos observando.
Noma dudó.
Arson asintió.
—Así lo llamaban algunos.—Sonrió levemente—. En parte… es cierto.
Noma se sentó junto a él, atenta.
Y Arson, con voz cansada pero sincera, empezó a contarle.
Sobre el dragón de las tormentas.Sobre el pacto.Sobre el poder prestado…y el precio que algún día tendría que pagar por él.
Y mientras hablaba, por primera vez desde la batalla, Noma no vio a un arma.
Vio a alguien que cargaba demasiado…y seguía avanzando igual.
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