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Arte de la Espada Desnuda - Capítulo 333

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  3. Capítulo 333 - Capítulo 333: El escape de Xiao Fang
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Capítulo 333: El escape de Xiao Fang

Xiao Fang tenía el pelo desgreñado, la ropa hecha jirones y el cuerpo encadenado, pero aun así exudaba un aire de príncipe.

—Puede que estemos emparentados por sangre, pero no por nombre. Solo llámame Fang —dijo Xiao Fang con despreocupación.

Aunque Xiao Jing tenía sus razones para estar enfadada con él, él no tenía ningún motivo para estarlo con ella. Al ver su pasividad, Xiao Jing no pudo evitar sentir que Xiao Fang no la estaba tomando en serio.

—Instructor Chu, lleve al Anciano afuera. Deseo hablar con Fang a solas.

—Pero, joven señorita, yo… —dijo el Anciano, queriendo hacerla cambiar de opinión, pero Chu Piao lo detuvo antes de que pudiera decir otra palabra.

—Anciano, por favor, venga conmigo. Démosle a Xiao Jing un momento a solas con su hermano. Estoy seguro de que tienen mucho de qué hablar.

El Anciano se mostró reacio a marcharse, pero después de que Chu Piao le susurrara algo al oído, accedió con calma.

—Muy bien. Esperaremos fuera. Grite si nos necesita —dijo el Anciano con calma antes de marcharse con Chu Piao.

Chu Piao le dirigió una mirada a Xiao Fang antes de que se marcharan, y Xiao Fang asintió como si compartieran un sutil entendimiento.

Chu Piao siempre había sido como un hermano para Xiao Fang; incluso ahora era evidente que su vínculo seguía intacto.

En cuanto se cerraron las puertas de la celda, Xiao Jing sacó inmediatamente la espada de su bolsa y la presionó contra el pecho de Xiao Fang.

—No tienes ni la más remota idea de lo mucho que he sufrido por tu culpa. Dame una razón para no matarte aquí y ahora.

Xiao Fang no reaccionó, así que ella siguió hablando.

—¿¡Crees que estoy bromeando!? Todos y cada uno de los días me trataron como basura en la Secta del Caos. Nadie quería verme, nadie quería hablarme, nadie quería ni siquiera reconocer mi existencia. Ni mi propio padre me quiso; te eligió a ti, un tullido, por encima de mí. ¿Puedes si quiera imaginar lo que fue que la gente de allí me acosara? Las innumerables veces que intenté suicidarme solo para que me devolvieran a la vida con sus métodos retorcidos. Si tan solo no hubieras nacido, yo habría crecido aquí con gente que me querría tanto como te quieren a ti. Te odio. Odio que existas. ¡Todo es culpa tuya!

El tono de Xiao Jing era sombrío y no había ni una pizca de piedad en sus ojos. En su estado actual, Xiao Fang no parecía más que un perro herido, levantando con arrogancia la cabeza por encima de la de ella. El mero hecho de mirarlo la irritaba aún más.

Xiao Fang permaneció erguido, impasible ante sus palabras, porque no tenían ninguna importancia para él. Podría ser su mediohermana, pero a sus ojos no era más que una desconocida.

Finalmente, Xiao Fang inclinó la cabeza, como para mirarla desde arriba a través de su venda, y abrió la boca como si fuera a hablar, pero Xiao Jing no esperó a oír sus palabras; solo quería verlo sangrar.

Con manos temblorosas, apretó la hoja contra el pecho de él, haciendo cada vez más fuerza para, al menos, perforarle la piel. Para su asombro, el cuerpo de él era mucho más resistente de lo que jamás habría esperado.

No era un cuerpo curtido simplemente por el entrenamiento, sino endurecido por el acero.

—¿Crees que tienes lo que hace falta para ser una Espadachina Divina? —preguntó Xiao Fang—. Incluso una espada tan magnífica como la que sostienes no es más que una ramita en manos de una aficionada. Jamás podrás cortarme así.

—Pero ¿cómo…? —Xiao Jing no podía comprenderlo.

Lo que ella no sabía era que los incontables cortes de las sesiones diarias de combate con su padre le habían curtido el cuerpo hasta un grado inimaginable. Además, había practicado el método de la Espada Divina hasta alcanzar el Reino del Cuerpo Profundo. Así que, a menos que usara una técnica de fortalecimiento de espada como [Hierro Cortando Hierro] para reforzar su hoja, jamás sería capaz de dejarle una marca en el cuerpo.

Xiao Jing empujó con más y más fuerza, pero fue en vano. Y justo cuando estaba a punto de rendirse, Xiao Fang impulsó el hombro hacia delante, haciendo que la espada saliera disparada hacia ella y que la empuñadura la golpeara directamente en el pecho. La espada cayó al suelo mientras ella retrocedía un par de pasos. Al verlo ahora, comprendió una cosa: Xiao Fang no era el débil tullido que decían los rumores de la Secta del Caos.

—¿Los quieres muertos? —preguntó Xiao Fang.

—¿Qué?

—Me pediste una razón, y ya te la he dado. La gente que te acosaba, ¿te gustaría que los matara por ti? De todos modos, ya pensaba ir a la Secta del Caos. Dame sus nombres, y si me cruzo con alguno de ellos por el camino, los mataré.

Xiao Jing miró a Xiao Fang con expresión estupefacta. No sabía si hablaba en serio o no. A decir verdad, si Xiao Fang de verdad planeaba ir a la Secta del Caos a matar a la gente que la había acosado, pensó que no había ninguna posibilidad de que saliera de allí con vida. Era como matar dos pájaros de un tiro, pero no tenía motivos para creer que él fuera a embarcarse en esa misión suicida por ella, así que le preguntó:

—¿Por qué vas a la Secta del Caos?

A Xiao Fang no le importaba que ella lo supiera, así que le dijo la verdad:

—Enviaron a mi madre allí a cambio de ti. Pienso traerla de vuelta.

—Estás loco. ¿Acaso sabes cómo es la Secta del Caos? No conseguirás ni entrar, y mucho menos salir —dijo Xiao Jing.

—Ya lo resolveré sobre la marcha. Además, no estaré solo. ¿Verdad que no, Chu Piao?

—¿Eh? —dijo Xiao Jing, confundida, pero entonces oyó una voz a su espalda y lo comprendió al instante.

—Una oportunidad para infiltrarme y matar a tantos miembros de la Secta del Caos como quiera… Sabes que no puedo perderme una misión suicida así —dijo de repente Chu Piao, apareciendo detrás de Xiao Jing.

—¡Chu Piao! —exclamó Xiao Jing enfadada, dando una patada al suelo—. ¡Creía haberte dicho que esperaras fuera!

—Discúlpame, pequeña Jing, pero sería muy irresponsable por mi parte dejarte a solas con un conocido criminal. Quién sabe qué habría hecho si yo no estuviera aquí para protegerte.

—Hermano Piao, me ofendes —dijo Xiao Fang con sarcasmo.

—¿Protegerme de qué? ¿De un tullido que está totalmente inmovilizado? Y, de todos modos, ¿cómo has conseguido acercarte a mí sin que te oyera?

Chu Piao sonrió con aire cansado, mientras el sudor nervioso le perlaba la frente al oír a Xiao Jing llamar tullido a Xiao Fang. En cuanto a por qué estaba en la habitación, la verdad era que solo había sido por curiosidad.

—Chu Piao tiene un talento excepcional para borrar su presencia —explicó Xiao Fang. Sabía que esa era en parte la razón por la que era tan temido en el campo de batalla a pesar de su corta edad—. Y en cuanto a estas ataduras…

De repente, la sensación de nerviosismo que embargaba a Chu Piao creció de forma exponencial.

Al instante siguiente, las ataduras del cuerpo de Xiao Fang empezaron a aflojarse hasta que su brazo quedó libre y, antes de que nadie pudiera reaccionar, Xiao Fang se movió con rapidez.

[Agarre del Segador]

De repente, Xiao Jing sintió que una fuerza la arrastraba hacia Xiao Fang mientras una sensación aterradora la envolvía. Sucedió tan rápido que no pudo ni reaccionar, pero Chu Piao sí lo hizo.

Cerró los ojos, pensando que Xiao Fang la había agarrado, pero al abrirlos se dio cuenta de que era Chu Piao quien la sujetaba por la cintura mientras sostenía una espada en la otra mano.

—Ah, qué bien sienta volver a usar mi verdadero cuerpo. Chu Piao, te has vuelto más rápido, pero ¿de verdad pensabas que iba a matar a mi propia hermana? —dijo Xiao Fang mientras daba unos pasos hacia delante, ahora completamente libre de sus ataduras y emitiendo un aura tenue pero oscura.

—Tendrás que perdonarme por ser demasiado precavido. Después de todo, es la futura Matriarca de nuestra secta. Y, dicho esto, nunca te he visto perdonarle la vida a nadie que te haya llamado tullido —dijo Chu Piao.

—Entrégamela —exigió Xiao Fang con calma.

—¿Y si me niego?

Usando el Agarre del Segador sobre la espada que Xiao Jing había soltado antes, la atrapó en el aire y dijo:

—No ha sido una petición.

Al instante siguiente, ambos cruzaban sus espadas en el centro de la sala, intercambiando golpes. A pesar de su juventud, Xiao Jing estaba presenciando el choque de dos Espadachines Divinos consumados: uno, un antiguo príncipe; el otro, el discípulo con más talento de su generación.

Impresionados por la fuerza y la habilidad del otro, no tardaron en aumentar la ferocidad de sus ataques.

Inesperadamente, Xiao Fang recibió una patada en el estómago que lo hizo salir volando contra la pared. Al instante siguiente, un gran tajo apareció en la pared detrás de Chu Piao, creado por un ataque que acababa de esquivar por muy poco.

—Ya has dominado la técnica de la Espada Divina que Parte el Mar. Tu talento es realmente aterrador —lo halagó Chu Piao.

—Quizá, pero no se compara con tu instinto de combate. Asestarme una patada tan al principio de la pelea… ni mi padre pudo hacer eso —lo alabó Xiao Fang.

De repente, el Anciano que esperaba fuera abrió la gran puerta de la celda al oír el alboroto. Lo que no esperaba ver era a Xiao Fang liberado de sus ataduras.

—¡Fang!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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