ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 CAPITULO 66 El Despertar de la Bestia La Gran Convocatoria Imperial
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66: CAPITULO 66: El Despertar de la Bestia: La Gran Convocatoria Imperial 66: CAPITULO 66: El Despertar de la Bestia: La Gran Convocatoria Imperial La ambición del Emperador Arthas I no conocía límites, y su gran plan para la expansión en Kalimdor exigía una escala de recursos y mano de obra sin precedentes.
La conquista de Mil Agujas, Feralas, Silithus y Tanaris no sería una mera campaña; sería una migración masiva, una transformación total del continente que requeriría no solo un ejército formidable, sino una infraestructura de apoyo colosal.
Para lograr esto, el Emperador decretó una convocatoria masiva de reclutamiento en todo el territorio imperial y del Reino de Ventormenta.
La Voz del Imperio: La Campaña de Reclutamiento La orden imperial reverberó por cada rincón del vasto dominio de Lordaeron y, a través de la alianza, llegó a las ciudades y pueblos de Ventormenta.
La Academia Militar de Legionarios, el corazón del poder bélico del Imperio, se convirtió en el centro neurálgico de esta monumental empresa.
El alto mando militar, dirigido personalmente por el Emperador, orquestó una campaña de reclutamiento tan ambiciosa que superaba cualquier movilización en la historia de Azeroth.
La finalidad era clara y audaz: construir y reclutar un total de 10,000,000 (diez millones) de soldados en todo el continente.
Este monstruoso contingente no solo serviría para llevar a cabo la conquista y anexión de los territorios planificados en Kalimdor, sino también para mantener el control y la paz impuesta en las nuevas fronteras, y para garantizar la seguridad de los colonos que seguirían a los ejércitos.
Los heraldos imperiales, acompañados por pelotones de legionarios y la imponente Policía Militar Imperial, recorrieron cada ciudad, cada aldea, cada asentamiento.
Carteles imponentes con el León de Lordaeron, y un águila bicéfala en honor a los reinos aliados de Ventormenta, anunciaban la “Gran Convocatoria por la Prosperidad y la Seguridad del Imperio”.
Sacerdotes de la Luz predicaban desde los altares, exhortando a los jóvenes a servir a su Emperador y a la causa de la expansión.
Las canciones patrióticas llenaban las tabernas, y los discursos de los veteranos de guerra evocaban la gloria y el honor del servicio.
Pero la campaña iba más allá del simple reclutamiento de guerreros.
El Emperador Arthas I, con su mente estratégica y su comprensión innata de la logística, sabía que un ejército, por muy grande que fuera, era inútil sin el apoyo de una sociedad organizada.
La campaña buscaba no solo un contingente monstruoso de legionarios y soldados de Ventormenta, sino también a miles de artesanos, carpinteros, mineros, arquitectos, ingenieros y personal médico.
Artesanos: Se necesitaban para forjar herramientas, reparar equipos, producir ropa y suministros.
Los herreros, tejedores, talabarteros y otros oficios eran vitales para mantener la maquinaria de guerra y la vida civil en las nuevas colonias.
Carpinteros: Esenciales para la construcción rápida de campamentos, fortificaciones temporales, puentes y las primeras estructuras en los nuevos asentamientos.
Mineros: Para explotar los vastos recursos de mithril y diamantes descubiertos, y para abrir nuevas vetas en los territorios recién conquistados.
Se les prometían grandes recompensas y la oportunidad de hacer fortuna.
Arquitectos e Ingenieros: Imprescindibles para el diseño y construcción de nuevas ciudades, fortalezas, sistemas de irrigación, carreteras y todas las infraestructuras necesarias para consolidar el control imperial.
Se les encargaría la tarea de replicar la perfección de las ciudades de Lordaeron en las salvajes tierras de Kalimdor.
Personal Médico: Médicos, boticarios, sanadores de la Luz y enfermeras eran cruciales para mantener la salud de las tropas y los colonos.
Se les prometía un estatus y recursos sin precedentes para establecer hospitales y clínicas en las zonas más remotas.
Los incentivos eran variados y atractivos: tierras fértiles y seguras en Kalimdor para los que decidieran asentarse tras su servicio, recompensas en oro y mithril, educación para sus hijos y la promesa de un futuro próspero bajo el Imperio.
Para los legionarios, el honor de servir al Emperador era el mayor premio; para los civiles, la oportunidad de una nueva vida y la seguridad de la ley imperial eran los principales atractivos.
El proceso era exhaustivo.
Cientos de oficinas de reclutamiento se abrieron en cada ciudad.
Los aspirantes a legionarios pasaban por rigurosas pruebas físicas y mentales.
Los artesanos y profesionales eran evaluados por sus habilidades.
El Imperio no buscaba solo cantidad, sino también calidad, aunque la escala era inmensa.
Los registros eran meticulosos, la logística impecable, con convoyes de suministros y personal ya preparados para el transporte a Kalimdor una vez que el reclutamiento estuviera completo.
Reacciones en los Reinos Aliados: Asombro y Preocupación La noticia de la masiva campaña de reclutamiento no tardó en llegar a los reinos aliados, generando una mezcla de asombro y preocupación.
La escala de la movilización era simplemente colosal, superando con creces la suma de todos los ejércitos que cualquier otro reino pudiera reunir.
En Ventormenta, el Rey Varian Wrynn recibió los informes con una mirada grave.
La alianza con Lordaeron había traído paz y prosperidad a su reino, y la promesa de compartir las riquezas de Kalimdor era tentadora.
Sin embargo, la magnitud del poder que Lordaeron estaba acumulando era, cuanto menos, inquietante.
Diez millones de soldados…
era una fuerza capaz de someter no solo un continente, sino el mundo entero.
Varian, un estratega nato, comprendía que esta movilización era para la expansión en Kalimdor, pero no podía evitar preguntarse si la ambición del Emperador Arthas I se detendría allí.
La lealtad de sus propios soldados de Ventormenta, que se unían al reclutamiento, era un arma de doble filo: fortalecía al Imperio, pero también vinculaba a Ventormenta aún más a los designios de Lordaeron.
La reacción del Rey Varian Wrynn fue una de prudente aceptación, pero también de vigilancia.
Internamente, su consejo de guerra comenzó a evaluar las implicaciones de tal poder, buscando maneras de mantener el equilibrio de fuerzas sin romper la vital alianza.
Otros reinos aliados, como Gilneas y Stromgarde, si bien más pequeños y dependientes del poder de Lordaeron para su seguridad, observaron la campaña con una mezcla de admiración y un temor latente.
El Imperio era su protector, sí, pero también un coloso que crecía sin cesar, eclipsando cualquier otro poder en Azeroth.
Reacciones en la Corte Imperial: La Danza de Poder y Preocupación Dentro de la propia corte imperial, las reacciones fueron complejas y reveladoras.
El Emperador Arthas I observaba el progreso de la campaña con una satisfacción fría.
Cada cifra, cada informe de reclutamiento exitoso, era una confirmación de su visión y de su control absoluto.
No había sorpresa en su rostro, solo la confirmación de que sus planes se estaban ejecutando a la perfección.
Para él, esta era la culminación de años de planificación, el despliegue final de la fuerza que cimentaría su legado.
La Emperatriz Sylvanas Windrunner, por su parte, observaba la movilización con una mezcla de intriga y una sutil complacencia.
La escala del poder de Arthas solo alimentaba su amor obsesivo por él.
Quería que él fuera el gobernante más poderoso del mundo, y esta campaña lo acercaba aún más a ese objetivo.
En su mente, cada nuevo soldado, cada nuevo ingeniero, era una extensión del poder de Arthas, y por ende, de ella misma.
La campaña era una demostración de la grandeza de su Emperador, y ella se deleitaba en ello, incluso si la envidia por Jaina seguía quemando en su interior.
Jaina Proudmoore, como principal consejera imperial, se encontraba en una posición delicada.
Como maga, comprendía la logística y la estrategia detrás de tal movilización.
Como mujer de paz, sentía un escalofrío.
Diez millones de soldados…
era una fuerza sin igual.
Su reacción fue una de profunda preocupación moral.
Veía el progreso, la promesa de prosperidad, pero también el precio que se pagaba.
Se preguntaba si un poder tan inmenso podría ser contenido, o si inevitablemente conduciría a más conflictos.
Su mirada a veces se cruzaba con la del Príncipe Arthas II, buscando en sus ojos una señal de que él también compartía sus dudas, una chispa de esperanza de que el futuro del Imperio no sería solo de conquista implacable.
Los ministros del Imperio y los mariscales más leales al Emperador reaccionaron con entusiasmo y obediencia inquebrantable.
Para ellos, era la materialización de la visión de Arthas, la culminación de años de preparación.
El consejo imperial, compuesto por figuras influyentes pero cuidadosamente seleccionadas por su lealtad, se mostró unánimemente a favor de la decisión del Emperador y de sus generales.
No había voces disidentes; o habían sido silenciadas, o habían aprendido a alinearse con la voluntad del Emperador para asegurar su propia supervivencia y prosperidad.
Discutían los detalles, afinaban la logística, pero nunca cuestionaban la magnitud o la moralidad de la empresa.
El Pensamiento del Pueblo y la Reacción de los Tauren La gente del Imperio reaccionó a la campaña con una mezcla de orgullo, expectación y una dosis de aprensión.
Para muchos, era una oportunidad para servir, para ganar riquezas y para asegurar un futuro mejor para sus familias en las nuevas tierras.
Creían en la visión del Emperador, en la seguridad y el orden que había traído.
Eran leales, convencidos de la justicia de su causa.
Los sacrificios eran necesarios para la grandeza del Imperio.
En el Reino de Ventormenta, la gente se unía al llamado con una mezcla de entusiasmo y el deber de la alianza.
La visión de Kalimdor como una tierra de oportunidades era un poderoso imán.
Aunque algunos sentían un leve recelo por la magnitud de la movilización de Lordaeron, la mayoría confiaba en su rey y en la alianza.
Ver a sus propios hijos y vecinos alistarse junto a los legionarios de Lordaeron era un signo de unidad y fortaleza.
La reacción de los Tauren, sin embargo, fue mucho más matizada y compleja.
Aquellos que vivían bajo el control imperial en Mulgore habían aprendido a coexistir, a menudo a regañadientes.
Veían el poder de los legionarios, la eficiencia de los colonos y la mano dura de la Policía Imperial.
La campaña masiva de reclutamiento fue una señal inconfundible del poder imperial.
Para algunos ancianos Tauren, era una reafirmación del avance imparable de los “Hombres de Acero”, una amenaza a su forma de vida ancestral.
Para los jóvenes Tauren, sin embargo, algunos se sentían atraídos por las promesas de comercio y la oportunidad de aprender nuevas tecnologías de los colonos, aunque su lealtad fundamental seguía siendo a su propia gente y a la Madre Tierra.
Los líderes Tauren observaban la movilización con una creciente preocupación, sopesando si la paz actual era sostenible o si la ambición del Imperio un día los consumiría por completo.
La Gran Convocatoria Imperial era más que un simple reclutamiento; era una declaración de intenciones, un preludio a un futuro donde el Imperio de Lordaeron sería el poder dominante en Azeroth.
Diez millones de voluntades, unidas bajo el estandarte del Emperador Arthas I, estaban a punto de reescribir el mapa de Kalimdor.
Y el lector, cautivado por la magnitud de la empresa y las intrigas que la rodeaban, esperaba el inminente estruendo de la guerra y la colonización.
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