Asesino con un Sistema Badass - Capítulo 350
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Capítulo 350: Furia de Gaya
El Reino del Fuego no tenía amaneceres ni mañanas hermosas como en el mundo exterior. El cielo rojo simplemente se hizo más brillante, indicando que la oscura noche se había ido. Cuando la cueva se iluminó, Gaya y Noah terminaron su meditación y se pusieron de pie para abandonar la cueva.
—Quédense dentro —advirtió Gaya a Vedora, especialmente a Ayag, antes de volver a meterlos en su alforja. Pronto abandonaron la cueva en dirección a Ciudad Infierno. Como volar podría atraer a los cuervos, eligieron caminar. Ambos sabían que llevaría mucho tiempo, pero era la forma más segura de llegar a Ciudad Infierno sin meterse en problemas.
—Oye, sigo sin entender por qué la gente elige venir a este basurero —dijo Ayag, estirando el cuello para asomarse.
—La mayoría no lo elige. Dos tercios de la gente de aquí son criminales exiliados de varios reinos. Incluso los guardianes envían aquí a los criminales más despiadados en lugar de meterlos en prisión —dijo Noah mientras caminaba delante de ellos.
—Pensaba que los criminales debían estar en prisión.
—Las prisiones son caras y un engorro de mantener. Se abarrotarían en un instante.
—¿Por qué los gobernantes no los sentencian a muerte?
—Porque la mayoría son estúpidos —se rio Gaya por lo bajo.
—Y los más estúpidos creen que esos criminales merecen una segunda oportunidad.
Noah decidió no meterse en su conversación.
—Espero que tengas monedas de oro en tu anillo, me muero de hambre y, literalmente, mataría a alguien por comer —se quejó Ayag.
—Las monedas de oro no valen una mierda aquí, mocosa.
—¡¿Qué?! —casi gritó Ayag.
—Aquí la gente comercia con núcleos de bestia. No te preocupes, estoy segura de que el núcleo del Espectro de Cristal será suficiente para que sobrevivamos y te invitemos a comer.
—Bien, porque tus manos están empezando a parecer muy jugosas —dijo Ayag, soltando una carcajada malvada.
—Mantenlos ocultos. Aunque muchos no conocen su especie, aun así los cazarían para venderlos como mascotas exóticas o, peor aún, los capturarían para hacer experimentos con ellos. Ayag frunció el ceño al oír las palabras de Noah.
—Los guardianes tienen un piso franco en Ciudad Infierno. Pediremos comida para llevar.
—Eh, para el carro. No me voy a quedar en un piso franco de los guardianes. ¿Y si es una trampa? —dijo Gaya, dejando de seguir a Noah.
—Entonces alquila una taberna y quédate allí. Si quisiera capturarte, solo tendría que darles el soplo a las élites y ellos harían el resto.
Ciudad Infierno estaba situada justo en el centro del Reino del Fuego. Era una ciudad enorme que abarcaba más de unos cientos de millas de circunferencia. Parecía una ciudad histórica con colores apagados, cicatrices y marcas por todas partes. Eran los vestigios del tiempo, que demostraban que Ciudad Infierno existía desde hacía mucho tiempo. Al menos, llevaba aquí desde el descubrimiento del Reino del Fuego.
—Nada de peleas a partir de ahora —advirtió Gaya, dando una palmadita a la alforja.
—Solo tráeme algo de comer —susurró Ayag en voz baja.
—¡Cállate ya! —le gritó Gaya a Ayag mientras caminaban hacia la puerta principal de la ciudad.
La puerta principal de Ciudad Infierno era en realidad una enorme brecha en la muralla de la ciudad, y no se ajustaba a los estándares de una puerta de ciudad. Cuando Noah se acercó a la entrada principal, su expresión se volvió concentrada y una sonrisa apareció en su rostro.
—¿Por qué sonríes? —preguntó Gaya. Estaba algo familiarizada con la expresión de Noah. Cada vez que Fantasma conseguía algo bueno, sonreía exactamente así. No quería admitirlo, pero Fantasma y Noah parecían iguales y opuestos al mismo tiempo.
—Hay tesoros ocultos en esta ciudad, puedo sentirlo. —En lugar de ocultar la verdad, Noah le dijo la verdad.
—¿Puedes sentir tesoros? ¿Qué clase de tesoros?
—Del tipo que facilitará nuestra lucha con la serpiente de cinco cabezas.
Le dijo Noah a Gaya.
—Estaba pensando en por qué esas bestias no atacan Ciudad Infierno, debe de haber alguna razón para ello, y quizá esté relacionada con este tesoro oculto —continuó él.
—Debemos conseguirlo antes de que lo haga otro. —Los ojos de Noah se iluminaron.
—No te emociones tanto, si nadie ha desenterrado el tesoro hasta hoy, debe de estar bien guardado u oculto. Dudo que con nuestra fuerza y habilidades actuales, podamos conseguirlo —dijo Gaya, aplacando el entusiasmo de Noah.
—Tengo suerte —sonrió Noah.
—¿Suerte? ¿Me estás jodiendo? No podemos depender de la suerte. Ya sabes lo que decía Fantasma sobre la suerte.
—¿Qué? —preguntó Noah.
—Dijo: «No creo en la suerte, creo en el trabajo duro».
—Alto ahí.
Justo en ese momento, un grupo de diez hombres de mediana edad saltó de entre los oscuros arbustos en su camino, bloqueando a Gaya y Noah.
—Esto es un atraco. ¡Ustedes dos, entreguen todas sus pertenencias ahora! Si no, ¡las cogeremos de sus cadáveres!
Un hombre con una feroz cicatriz en la cara los amenazó. Gaya miró a los diez hombres con el ceño fruncido. Todos estaban en la etapa 10 de Formación de Núcleo. Era cierto que eran diez contra dos y, en situaciones normales, diez guerreros de la etapa Formación de Núcleo tenían una alta probabilidad de derrotar a un cultivador de la etapa Fortalecimiento del Núcleo si luchaban de forma coordinada.
Sin embargo, Gaya y Noah no eran normales, eran dos monstruos anormales.
Al mirarlos, Noah estalló en carcajadas. Qué buena suerte toparse con unos ladrones justo al llegar a la ciudad. Estos diez hombres tenían bases de cultivación bastante fuertes, por lo que sabía que llevarían más núcleos de monstruo consigo.
—A la mierda tu suerte, Noah.
—Bienvenidos a Ciudad Infierno. He oído hablar de los bandidos de Ciudad Infierno. Algunas personas se agrupan y se esconden fuera de la puerta principal, y cuando ven a alguien con una base de cultivación más débil o a solitarios como nosotros, atacan y les roban. También he oído que estos hombres son muy listos, conocen al detalle todas las alianzas y sus puntos fuertes. Saben a quién se puede ofender y a quién no como la palma de su mano. Sin embargo, parece que hoy ha sido su día de mala suerte. —Noah aún mantenía su habitual sonrisa tranquila en el rostro.
—Si me dan todo lo que han robado, seré benévolo con ustedes. Saben que será difícil sobrevivir en el Reino del Fuego con los huesos rotos y sin núcleos de monstruo.
Noah se encogió de hombros y luego miró a Gaya. Se dio cuenta de que estaba lista para sacar su arco y matarlos en el acto.
—¿Huesos rotos? Ya que ustedes, cabrones, han decidido robarme, ¡yo voy a robarles a ustedes y a enviarles a otro infierno!
Los diez hombres se sobresaltaron al oír a Gaya. A pesar de su base de cultivación, los diez la subestimaban por ser una chica. No sabían de lo que era capaz. La superioridad numérica de su bando les nublaba el juicio.
—¡¿Qué coño?! ¿Cómo puede una zorra ser tan agresiva?
—Oye, ¿qué coño? ¡Somos nosotros los que te estamos robando, no al revés! ¡Mira bien la situación actual y la diferencia entre nuestras fuerzas! ¡Date prisa, entrega todas tus pertenencias y te perdonaremos la vida! Si no… bueno, es perfectamente normal que la gente muera en el Reino del Fuego.
—Matémosle a él y dejemos viva a la zorra. Podría entretenernos unos días. Hace mucho tiempo que no siento el tacto de una mujer.
Noah se giró para ver a Gaya temblando de ira. Ya estaba de mal humor por haber oído la verdad sobre la gente inocente que mató, el estado de su padre y que él descubriera su verdadera identidad. Estos tipos acababan de echar leña a su furia ardiente.
—¿Estás seguro de que quieres cabrearla más de lo que ya lo está? —preguntó Noah, frotándose las sienes.
—Maldita sea, parece que estos idiotas ni siquiera saben cómo juzgar una situación. ¡Vamos a darles una lección! Hermanos, vamos a ello, quítenles todo y mátenlo a él. Podemos dejar viva a la chica.
El hombre que parecía el líder del grupo gritó con fuerza. Seis hombres se abalanzaron sobre Noah mientras que cuatro eligieron a Gaya como su objetivo. Se abalanzaron sobre Gaya, lamiéndose los labios.
—Llama Venenosa. —Gaya ni siquiera intentó ocultar sus hechizos. Fue directa a por el golpe mortal. Por lo que a ella respectaba, Noah podía huir o morir envenenado.
Los cuatro que se abalanzaron sobre Gaya se quedaron atónitos al ver el humo verde esmeralda que salía de su boca. Sin embargo, ya era demasiado tarde, pues lo que creían que era una nube de gas resultó ser una llama venenosa. Noah tampoco esperaba que lanzara un hechizo tan poderoso en tan poco tiempo. Se apartó de un salto para evitar la llama.
El verde esmeralda mezclado con su veneno era tan poderoso que los cuatro bandidos se derritieron en un parpadeo. Los otros seis se quedaron atónitos al ver a sus compañeros morir de una forma tan horrible en tan poco tiempo. Justo cuando estaban atónitos, dos flechas de plata se materializaron en las manos de Gaya.
—¡MUERAN, HIJOS DE PUTA! —Ella saltó por los aires antes de aterrizar frente a dos bandidos que estaban a un par de metros de sus compañeros.
Cuando se dieron cuenta de que estaba frente a ellos, les clavó las flechas directamente en la garganta.
—¡MUERE, MUERE, MUERE! —Retiró las flechas mientras la sangre brotaba a borbotones de sus gargantas, pero continuó apuñalándolos una y otra vez. La sangre que brotaba de sus cuerpos tiñó de rojo su piel clara y su vestido plateado.
«Xanali tenía razón. Es una psicópata asesina».
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