Asesino con un Sistema Badass - Capítulo 385
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Capítulo 385: El primer paso para convertirse en el Señor Oscuro
—Señor Información, ya que es otro reino, ¿qué hay de las diferencias horarias? —le preguntó Michael al Señor Información. Claire parecía preocupada, al darse cuenta de que Fantasma iba a dejarlos probablemente por mucho tiempo.
—Tus estudios durarán dieciocho meses en el reino de Akilan. El tiempo fluye tres veces más rápido allí. Así que dieciocho meses allí serían seis meses aquí.
—Vaya, de verdad que le haces honor a tu nombre, Señor Información —rio Michael entre dientes.
—¿Supongo que conoces a alguien que fue a Mazeroth? —preguntó.
Como Michael necesitaba saber todo lo que pudiera sobre Mazeroth y el Salón del Cielo, hizo todas las preguntas que se le ocurrieron. El Señor Información podría ser uno de los pocos que supiera tanta información sobre Mazeroth y el Salón del Cielo. Claire parecía no tener ni idea sobre Mazeroth. No se podía culpar a Claire, ya que solo un puñado de personas sabía de la existencia de Mazeroth.
—De hecho, conozco a muchos. Te diré dos nombres que ya conoces. El Rey de las Píldoras Gabriel y la Portadora de Angel Veena, Dama Lailah Alden. Ambos estudiaron en Mazeroth.
—¿Así que no puedes quedarte allí después de los estudios? —preguntó Michael.
—Hasta donde yo sé, sí puedes. Algunos de ellos eligen quedarse en Akilan mientras que otros regresan aquí. ¿Por qué quedarse allí y ser un chico o una chica más cuando aquí puedes ser un rey o una reina?
Michael podía entenderlo. En el reino de Akilan, tanto Lailah como Gabriel habrían sido otros prodigios más, pero en Elon, eran figuras divinas. Todos los reyes y nobles los respetan y los tratan con el máximo respeto. A diferencia de Lailah, que eligió vivir en una isla apartada llena de pobres pescadores, Gabriel vivía su vida al máximo.
—Ahora, antes de que entremos en lo del pago y esas cosas, estoy aquí para cobrar el favor que le debes a mi cliente.
—Por supuesto que sí. ¿Qué necesitas?
A Michael no le importaba que Claire estuviera allí porque planeaba decirle que fue Alex quien puso la recompensa por su cabeza. Un enemigo suyo era un enemigo de la secta. Claire tenía que saber hasta dónde llegarían sus enemigos para acabar con su existencia. Como líder, necesitaba ser más dura e implacable.
El Señor Información sonrió al ver que Michael no se retractaba de su palabra. Odiaría perder a un cliente como él. Con una sonrisa en el rostro, el Señor Información continuó:
—Dentro de una hora, los hombres del Rey Bredia llegarán aquí para escoltarte a su tesorería, tal y como prometió el Rey Bredia. Mi cliente tiene algo en esa tesorería que necesita ser recuperado.
—¿Eso es todo? —se sorprendió Michael. Al mismo tiempo, tuvo la sensación de que, fuera cual fuera el objeto, debía de ser muy importante. Tenía curiosidad por ver qué era.
—Esto es lo que tienes que coger de la tesorería. El Señor Información movió la muñeca con un gesto rápido y un pergamino enrollado apareció en su mano. A continuación, lanzó el pergamino hacia Michael.
Tras coger el pergamino, Michael lo abrió y vio dibujada en él una bola negra de aspecto bastante sencillo dentro de un cubo de cristal.
—¿Vas a decirme qué es?
—Lo siento, Rey Fantasma, es información confidencial.
—De acuerdo, entonces. ¿Dónde entrego el objeto?
El Señor Información movió la muñeca con un gesto rápido una vez más y un anillo dorado apareció en su mano.
—Pon el objeto dentro de este anillo espacial y se le entregará directamente al cliente. Mientras el anillo volaba hacia él, Michael vio runas doradas brillar en la superficie del anillo. El anillo se parecía al de El Señor de los Anillos.
Una sonrisa se formó en su rostro al pensar en la vida que tuvo en la Tierra. Pensó que esa vida era estresante y que en este mundo todo sería pan comido. Pero incluso con el sistema, su vida aquí era varias veces más difícil que la anterior.
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Después de que el Señor Información se fuera de la mansión, llevándose sus 50 000 monedas de oro por la información que proporcionó, Claire se quedó a solas con Michael.
—Fantasma, ven aquí —lo llamó Claire con su voz suave. Parecía tan preocupada que él pudo ver cómo se le formaban las lágrimas en los ojos. Al mirarla a los ojos, pudo adivinar vagamente de qué iba a hablar y por qué estaba preocupada. Aun así, Michael respiró hondo y se dirigió hacia ella.
—Siéntate. —Claire dio unas palmaditas en el sofá a su lado. En el momento en que Michael posó el trasero en el sofá, ella le agarró la mano con ambas manos. Se la apretó.
—¿Qué te pasó ese día, Fantasma? Algo te está pasando. Y puedo ver la preocupación en tus ojos, puedes ocultársela a los demás, pero no a mí. Michael suspiró para sus adentros al oír sus palabras. En sus ojos no había más que puro cariño y preocupación.
—No sé tú, pero para mí eres como un hermano pequeño. Eres mi familia. Dime, ¿cómo puedo ayudarte? Iré al infierno y al cielo por ti.
«No tienes ni idea de lo que soy, Claire», pensó Michael para sus adentros.
—Puede que ayudar a una persona no cambie el mundo entero, pero podría cambiarle el mundo a esa persona. Lo que hiciste, en aquel momento, cambió mi vida por completo. Nunca olvidaré tu ayuda. —Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas mientras continuaba:
—Pase lo que te esté pasando, debe de haber una forma de arreglarlo. Déjame ayudarte por una vez. El abuelo sabría lo que te está pasando.
Con una sonrisa amable, Michael acunó el suave rostro de Claire. Le secó las lágrimas.
—Claire, estaré bien. Te lo prometo.
—¿Tienes miedo de que te delate? Por eso no me dices lo que te está pasando.
Claire no era tonta. Vio la oscuridad repentina que ahuyentó la luz cuando empezó a matar a los hombres del Barón. Aunque se desmayó, oyó sus gritos.
—No importa lo que seas ni lo que hagas, estaré a tu lado, Fantasma. Si no tienes a nadie a tu lado que te apoye, significa que Claire está muerta.
Michael suspiró. Ella no era el tipo de persona que pudiera estar al lado de Lucifer. Al mirarla a los ojos, supo que seguiría con él incluso si le dijera que era Lucifer. Sin embargo, no quería que ni ella ni la secta estuvieran en el punto de mira de los Guardianes. Si algún día los Guardianes descubrían que Fantasma es Lucifer, quería proteger a la secta y a Claire de la ira de los Guardianes.
Sus palabras reconfortaron su corazón. Claire se inclinó más cerca hasta que su frente tocó la de él.
—Claire, no me pasará nada. Viviremos nuestras vidas inmortales como una familia, ya que ahora eres mi hermana mayor —rio Michael entre dientes para hacerla sonreír.
Desde que llegó a este mundo, había hecho muchas cosas y no se arrepentía de nada, excepto de haber matado al Barón y a sus hombres. Ese era su único arrepentimiento y era por culpa de la tercera persona que había en su interior. Al ver las lágrimas en sus ojos, se prometió a sí mismo que se arreglaría antes de poner en peligro a todos los que le importaban.
Incluso si llegara el día en que los Guardianes descubrieran que Fantasma es Lucifer, no dejaría que tocaran a la secta. Su viaje al reino de Akilan se aseguraría de ello.
—No te preocupes demasiado. Estaré bien. —Michael le dio un suave cabezazo.
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Mientras tanto, en una espaciosa habitación donde no había más que cientos de libros esparcidos, un orbe blanco brillaba sobre una gran mesa de roble. Las velas encendidas en el candelabro iluminaban el orbe y revelaban a dos figuras sentadas una cerca de la otra. Un pequeño dragón del tamaño de un pavo real con escamas de perla pura miraba fijamente el orbe sin pestañear.
Debajo del pequeño dragón, un anciano de unos sesenta años con una larga barba blanca estaba sentado tranquilamente en la silla frente a la mesa de roble. Las ventanas detrás de él revelaban las enormes montañas flotantes en el cielo.
Sus ojos, detrás de unas gafas de media luna, mostraban una pizca de alegría y pena al mismo tiempo.
—Dean…, has crecido y te pareces mucho a tu madre —sonrió el anciano. Las figuras en el orbe no eran otras que Michael y Claire. El anciano los estaba observando a través del orbe.
—Después de todo lo que hicimos, aun así vino a este mundo. Parece que te equivocabas, Andreas. No podemos evitar lo inevitable —dijo, con voz extremadamente tranquila a pesar de su conocimiento sobre el futuro de este mundo.
—¿Sus poderes están empezando a manifestarse, verdad? —dijo el dragón. Al mover los labios, una melodiosa voz de chica salió de su boca.
—Por desgracia, sí. Lo que hicimos hace veintiún años lo ha hecho más fuerte. Dudo que los Guardianes puedan detenerlo dentro de unos años.
—Maestro, si va a convertirse en una amenaza para el mundo entero, ¿por qué no lo detienes antes de que sea demasiado tarde? —preguntó el dragón.
El anciano solo pudo suspirar:
—Cuando Andreas me pidió que realizara el hechizo prohibido, le dije que podríamos estar empujando al niño hacia el camino para convertirse en el Señor Oscuro. Si el Salón del Cielo me hubiera escuchado, Dean podría haberse convertido en un niño normal bajo el cuidado y el amor de su familia. Si los dioses querían que Dean se convirtiera en el Señor Oscuro y luchara con su propio hermano, nadie puede impedir que la batalla ocurra. Cualquier interferencia en su vida empeoraría la situación para todos. El anciano respiró hondo y se dio la vuelta para ver la majestuosa vista de las montañas flotantes en el exterior.
—¿Viene hacia aquí, Maestro?
Se quedó mirando las montañas flotantes con las manos a la espalda. Luego, tras unos momentos de silencio, abrió la boca:
—Sí. En el momento en que llegue a Akilan, pisará el camino para convertirse en el Señor Oscuro.
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