Asesino con un Sistema Badass - Capítulo 449
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Capítulo 449: Acosando a los acosadores
La clase de combate se cambió del aula de combate a la arena donde Pesadilla había sido acosado una hora antes. Los estudiantes se dirigieron a la arena en grupos o parejas. Solo Michael caminaba solo hasta que Elidyr se le unió.
—¿Tienes alguna idea de por qué tenemos la clase en la arena? —preguntó Elidyr, aunque parecía haber adivinado que Lucifer tenía algo que ver con esto.
—Ya lo verás.
Mientras se dirigían a la arena, los estudiantes miraron al cielo para ver bandadas de varias bestias mágicas que descendían hacia ellos.
No todas las bestias mágicas podían volar, ya que también había varias bestias mágicas corriendo hacia ellos. Uno de los familiares que había en el cielo era Pesadilla.
Debido a la precaria condición de Wilkas, no tenía un familiar. Solo unos pocos estudiantes carecían de familiares cuando llegaron a Mazeroth. Incluso entre los incontables estudiantes, Pesadilla localizó a Michael y aterrizó en su hombro.
—¿Cómo estuvo tu entrenamiento, Pesadilla? —preguntó Michael, fingiendo que no había visto a Pesadilla antes.
Mantuvo un rostro impasible.
—¿Sucedió algo especial, Pesadilla? —le preguntó a Pesadilla. Ni siquiera Elidyr, que tenía varios miles de años, notó la fría intención en sus ojos.
—No —mintió Pesadilla. Por un momento, Michael se sintió extremadamente molesto e irritado por la mentira, pero cuando vio los ojos de Pesadilla, se calmó. Comprendió por qué el dragón le estaba mintiendo.
Pesadilla prefería enfrentar sus propios problemas antes que añadirlos a los de Michael.
Gaya estaba en el centro de la arena, afilando la larga espada que tenía en la mano. Ella y Pesadilla discutían y peleaban casi todos los días, pero ambos se querían entrañablemente. Por lo tanto, cuando Gaya se enteró de que un grupo de humanos había acosado a Pesadilla, estaba soberanamente cabreada.
Si no fuera por Michael, que la convenció de que se quedara quieta, les habría sacado la vida a patadas a los matones en nombre del castigo.
—¡En formación! —su grito les provocó un escalofrío por la espalda. Rápidamente formaron una fila.
Gaya movió la muñeca y una pila de monedas de plata se materializó a su lado. Con otro movimiento de muñeca, envió una moneda hacia un estudiante y su familiar.
Los estudiantes miraron boquiabiertos las monedas flotantes frente a ellos con rostros perplejos.
—¿Qué coño estáis mirando? Cogedlas.
Los estudiantes y los familiares cogieron las monedas.
—Al final de esta clase, quien tenga más monedas conseguirá esto. Un pergamino de plata apareció en su mano.
—Un Hechizo de nivel Raro. —Tiró el pergamino al suelo.
—¿Eso es todo? —se burló un estudiante humano engreído de la Casa de Guerreros.
—Podéis robar, atacar, hacer lo que queráis. Y Casa de Guerreros —miró a los estudiantes que llevaban las túnicas de la casa de guerreros.
—Si os parten el culo, ni os molestéis en volver. Ahora, lar… —les indicó con un gesto que se fueran, pero no sin antes echar una larga mirada a donde Michael observaba a los matones.
Los estudiantes se dispersaron inmediatamente en todas direcciones. La mayoría eligió el bosque negro como destino. El bosque negro les proporcionaría la tan necesaria cobertura para salvaguardar sus monedas. Muchos que no eran Guerreros sabían que serían diezmados si se enfrentaban a los Guerreros o a los maestros de runas. Por lo tanto, esconderse era su única opción.
Victoria corrió velozmente en dirección al bosque negro. No estaba corriendo, sino persiguiendo a su presa.
—Pensé que no te importaban cosas como esta —preguntó Edith mientras corría detrás de Victoria.
—No me importan, pero tampoco voy a dejar que me venza un puñado de payasos.
Dijo, fijando como objetivo a un enano que corría como si su vida dependiera de la moneda.
¡Bum!
El enano tuvo muy mala suerte al ser el objetivo de Victoria. Como un guepardo que se abalanza sobre su presa, Victoria saltó sobre el enano. El enano apenas levantó la vista cuando sintió un dolor agudo en la nuca.
Victoria le quitó la moneda al enano que acababa de derribar. De camino al bosque negro, recogió varias monedas más.
Puede que Edith no estuviera peleando como Victoria mientras corría, pero una vez que llegara al bosque negro, estaba segura de que podría atrapar a los estudiantes con sus trampas rúnicas y recoger más monedas.
Un bosque como el bosque negro era un patio de recreo natural para una maestra de runas como ella. Era una maestra de runas de 4 estrellas y, según su hermana mayor, Lailah Alden, solo le faltaban unos pocos años de entrenamiento para alcanzar el nivel de 5 estrellas.
El dúo tardó quince minutos en llegar al linde del bosque negro.
Se adentraron en el bosque con cautela. Edith tocaba los árboles mientras seguía a Victoria. Cada vez que ponía la mano en un árbol, un chakra del tamaño de la palma de la mano aparecía sobre él y desaparecía en su interior.
—Shh. De repente, Victoria se detuvo en su camino.
—Hay alguien delante y lo estaban rodeando cinco personas. Victoria envió ondas de Energía Cósmica para escanear su entorno.
Se movió con cautela en dirección a los seis estudiantes. Con un rápido salto, aterrizó en la rama de un árbol cercano para tener una buena vista de la escena. Edith flexionó las caderas, dibujando un símbolo en el suelo bajo sus pies. Luego, cuando saltó, el símbolo brilló, potenciando su salto.
Cuando aterrizó junto a su amiga Victoria, vio una cara conocida de pie en medio del bosque. Un dragón del bosque de escamas carmesí descansaba sobre su hombro.
—Es nuestro vecino del tren.
—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? —de repente, una voz engreída reverberó en el bosque.
Edith y Victoria apartaron la mirada del alquimista para ver a cinco estudiantes de la casa de guerreros salir de las sombras uno por uno. Lo flanquearon por todas partes.
—Eh, mirad eso, es nuestro juguete —dijo el joven de pelo rojo y ondulado, señalando con el palo que tenía en la mano a Pesadilla.
—¿Un Alquimista? Esto es patético. Edith vio a una chica de piel pálida lamer la punta de su espada.
—Creo que deberíamos dejar que el dragón vea a su amo probar la punta de nuestras botas —dijo otro joven con frialdad.
«¿Tan bajo pueden caer?». Ver a cinco Guerreros rodeando a un Alquimista hizo que Edith frunciera el ceño.
—Voy a ayudarle. Edith dio un paso adelante, solo para ser detenida por Victoria.
—Eso no es asunto nuestro. Si no puede salvarse a sí mismo, al menos debería haber sido bueno escondiéndose.
—No puedo quedarme aquí sin hacer nada mientras acosan a alguien delante de mis ojos —el susurro de Edith se volvió más frío.
—Como esperaba. Justo cuando ella estaba a punto de saltar, oyeron hablar al alquimista con calma.
Pesadilla, que descansaba sobre el hombro de Michael, empezó a temblar. El nerviosismo lo invadió. Cuando empezaron a acosarlo, podría habérselo dicho sin más a Gaya o a Michael y ellos se habrían encargado. Pero se contuvo para no causarles un problema extra, ya que Pesadilla sabía que ya estaban lidiando con suficientes problemas.
Sin embargo, al sentir la fría intención en la voz de Michael, Pesadilla se dio cuenta de que podría saberlo todo.
—Los matones se apoyan entre ellos, ¿eh? Michael se hizo crujir los nudillos uno por uno.
—Si hay un bosque… —Edith lo oyó y se sorprendió de su calma, a pesar de la complicada situación en la que se encontraba.
—El león, el tigre, el dragón merodearán para cazar a su presa. La presa correrá para salvar su vida. Victoria lo miró a los ojos y no vio miedo, en absoluto.
—Pero si para entonces el sol se pone y la oscuridad desciende, el animal que sobrevivirá para ver un nuevo amanecer será decidido solo por la naturaleza —se arremangó gradualmente mientras hablaba.
—Pero en esta jungla, cuando caiga la oscuridad, el cuándo, el dónde y el quién verá el amanecer no lo decidirá la naturaleza.
Finalmente, Michael se hizo crujir el cuello. Esta vez, la intención asesina en sus ojos era visible para todos, incluida Edith. El aura que irradiaba dejó a los Guerreros sin palabras.
—Soy YO.
A Victoria le sorprendió la velocidad de su carrera hacia el joven pelirrojo. El Guerrero apenas tuvo tiempo de mover un músculo cuando recibió un puñetazo que lo mandó volando contra el árbol que tenía detrás.
El resto de los Guerreros quedaron estupefactos por su velocidad. Antes de que pudieran reaccionar, Michael se había lanzado de nuevo contra el estudiante pelirrojo. Este gruñía en el suelo.
—¡ARRHHHHHHHHHH! —de repente, su gruñido se convirtió en un grito de agonía porque Michael pisoteó sin piedad la rótula del matón, haciéndola añicos.
Mientras el joven gritaba, lloraba y gruñía bajo sus pies, Michael se dio la vuelta. Los otros cuatro Guerreros que corrían hacia él frenaron en seco al ver su fría mirada posarse sobre ellos. Un miedo inexplicable atenazó sus corazones.
Eran Guerreros y no deberían haber sentido miedo frente a un alquimista, pero lo sintieron. Solo hizo unos pocos movimientos, pero fueron suficientes para revelar su destreza en la batalla a Victoria. A ella no le pareció un Alquimista normal. Por primera vez en su vida, sintió un poco de curiosidad por un chico.
—¡ARGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —gritó de nuevo el joven pelirrojo, ya que esta vez Michael le pisoteó la otra rótula. Aunque el estudiante podía ser curado con una poción de curación, el dolor que sentía en ese momento quedaría grabado en su cerebro para siempre. Si volvía a sentir el impulso de acosar, este dolor mataría ese impulso.
—¿Qué has hecho?
—¡TÚ!
La chica, que estaba más cerca de Michael, se estremeció. Su líder acababa de ser aplastado en apenas unos instantes. Si pudieran usar hechizos, lucharían sin miedo. Como no era el caso, todos empezaron a temblar y los gritos del joven pelirrojo no les infundieron ningún valor.
Sin importarle su género, Michael la eligió como su siguiente objetivo.
¡Plaf!
Edith cerró los ojos al segundo siguiente de que él abofeteara a la chica con fuerza suficiente para crear una pequeña onda de choque. A diferencia del joven pelirrojo, ella perdió el conocimiento al instante, así como algunos dientes.
Pesadilla supuso que debería sentir lástima por ellos, pero no sentía nada por esos matones.
Michael inclinó la cabeza, sonriendo a los tres estudiantes restantes.
—Pensé que acosar a los débiles os ponía.
Victoria observaba con leve interés cómo el alquimista les daba una paliza a los tres Guerreros. El trío se abalanzó sobre él, pero aun así no pudieron ni ponerle un dedo encima. Cada uno de sus movimientos era preciso, letal y directo.
Excepto a la chica, les rompió varios huesos a los demás.
—Hrgh.
La chica abrió los ojos a la fuerza, poco a poco, en el peor momento posible.
—Brazos o piernas, solo puedes elegir dos, zorra.
Pesadilla quiso detenerlo, pero al ver la mirada asesina en sus ojos, supo que era demasiado tarde para pararlo.
Estaba a solo unos metros de la chica cuando Edith aterrizó justo entre ella y Michael.
—Ya es suficiente. —Edith dio una fuerte pisada en el suelo.
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