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Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 13

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13: Episodio 12.

El Ultimo Golem… Armas de Acero 13: Episodio 12.

El Ultimo Golem… Armas de Acero El sol ya comenzaba a descender por detrás de las colinas cuando Kael y Brax cayeron de rodillas en el suelo rocoso, cubiertos de sudor, polvo y heridas leves, pero con una sonrisa de triunfo dibujada en sus rostros exhaustos.

Frente a ellos, el último golem de entrenamiento, el de 3 metros se desmoronaba en mil pedazos, con un estruendo seco que resonó en todo el monte como una victoria anunciada.

Los dos amigos se miraron jadeando, y sin pensarlo dos veces, chocaron los puños con fuerza, celebrando como si hubieran derribado a un dios.

—¡Sí!

¡Lo logramos!

—gritó Kael entre risas temblorosas.

—¡Al fin terminamos con estos malditos golems!

—respondió Brax con una carcajada que acabó en un quejido de dolor muscular.

Aun de pie en la gran piedra, Ginthar los observaba con los brazos cruzados, sereno como siempre.

Dio unos pasos hacia ellos, y sin decir palabra, les lanzó dos botellas de agua que giraron en el aire antes de que cada uno atrapara la suya.

—Bien hecho, muchachos.

—su voz sonó tranquila, pero cargada de respeto—.

Tardaron más de lo que esperaba… pero fueron determinados, y eso es lo que cuenta.

Kael bebió como si no hubiese probado el agua en días, luego se secó la boca con el dorso de la mano y dijo con una chispa en los ojos: —Entonces, maestro… ¿ya estamos listos para ser nivel medio?

¡Dígame que sí!

Ginthar asintió.

—Sí.

Lo están.

Pero… —añadió con seriedad— lo harán por separado.

Kael y Brax se miraron, confundidos.

—¿Separados?

—repitió Brax—.

Pero si acabamos de demostrar que juntos funcionamos muy bien.

Usted lo vio.

—No se trata del trabajo en equipo, Brax —respondió Ginthar, acercándose—.

Se trata de que sus elementos se manejan de manera muy distinta.

Lo que uno necesita, el otro no.

Y si no aprenden solos, siempre dependerán de otro para avanzar.

Entonces miró a Brax directamente.

—Tú, Brax.

Tu elemento es la tierra.

Es el más fácil de moldear, porque ya es sólida.

Puedes darle forma, levantarla, destruir con ella el único límite es tu imaginación, pero eso solo es lo superficial, lo que aprenderemos ahora… es a sentirla.

—¿Sentirla?

—repitió Brax, algo confundido.

—Sí —Ginthar señaló una colina de arena en un rincón del jardín—.

Allí hay una pequeña montaña de arena acumulada, yo la uso para conectar con la tierra, tienes que ver la tierra como una extensión de tu cuerpo, no como una herramienta.

Debes fundirte con ella, dejar que tu mente y ella hablen sin palabras.

Solo así dominarás tu elemento más allá de la fuerza bruta.

Brax asintió, tragando saliva.

—Suena más difícil de lo que pensé… pero lo intentaré.

Ginthar sonrió apenas y luego giró hacia Kael.

—Tu caso es distinto, Kael.

El agua es suave, impredecible… pero peligrosa, tu control sobre ella es débil aún, tienes que dejar de pelear contra el agua y empezar a escucharla, lo que te dice o no te dicen las ondas del agua.

Aprende cómo fluye, cómo se adapta, cómo golpea sin forma y sin aviso, no la domines, aprende de ella.

Sé agua.

Kael bajó un poco la mirada, decepcionado.

—…Pero yo solo quería hacer una espada de hielo, como esa mocosa arrogante… Ginthar cruzó los brazos con una leve risa.

—No podrás crear una espada de hielo todavía, para eso necesitas un nivel intermedio de control.

Pero por ahora, puedes aprender a usar una espada real de acero, y aprender a combinarla con tu elemento.

—¿Una espada de verdad?

¿En serio?

—Kael frunció el ceño, algo frustrado.

—Sí.

Nuestros elementos son poderosos solo cuando nuestros cuerpos lo son, si te quedas sin energía elemental, tu elemento se vuelve más débil y deja de fluir, y si peleas más haya de tus limites, tu núcleo elemental colapsara y podrías morir, es por eso que incluso los Cuatro Generales usan armas de apoyo, saben que la energía y la fuerza se agota, pero el acero no traiciona.

Brax se incorporó, aún adolorido, con una chispa en los ojos.

—¡Yo quiero un hacha de doble filo!

Kael lo miró con burla.

—¿En serio?

¿Por qué?

—Siempre quise tener una —respondió Brax con entusiasmo— y pega más con mi estilo, además es brutal, pesada, agresiva… como yo.

¡Perfecta!

—¿Y los generales de Dominion usan armas?

—preguntó Kael, aún incrédulo.

Ginthar asintió con seriedad.

—Sí, cada uno tiene un arma distinta, Ranuz empuña una espada descomunal, imponente como su presencia.

Layne domina una lanza de doble hoja, que puede desmontar en mitad del combate y adaptarse al ritmo del enemigo.

Kara tiene unas cuchillas cortas que mueve con una precisión y velocidad que te dejarían en el suelo antes de parpadear.

Y Thanus usa un mangual brutal, perfecto para su temperamento agresivo.

—Vaya, Maestro —dijo Brax—.

Para alguien que lleva tres años aislado aquí, conoces muy bien a todos ellos.

Ginthar bajó la mirada, con una sombra de nostalgia en el rostro.

—Esos chicos… fueron entrenados para reemplazarme algún día, cuando yo era el primero en la cima, Ranuz fue el segundo, Layne la tercera y Kara la cuarta.

A esos tres los conozco mejor que a mí mismo.

Y ese idiota de Thanus… fue el último.

Lo ascendieron cuando yo me fui, solo lo veía entrenando duro todos los días sin descanso, obsesionado con volverse general, y al final lo logró.

Kael se levantó, estirando los brazos.

—Está bien.

¡Tendré mi espada de acero entonces!

¿Dónde la conseguimos?

Ginthar sonrió con un dejo de picardía.

—En esta aldea hay un herrero, el mejor de toda la región, todas las pandillas del lugar vienen a él.

Brax alzó una ceja divertido.

—Para alguien que no quiere saber nada del mundo, sabes demasiado desde esta montaña.

Ginthar se giró, caminando hacia su casa mientras respondía con una risa seca: —Te equivocas, muchacho, salgo de vez en cuando… solo para asegurarme de que el mundo aún no se ha ido al infierno…o para comprobar si soy el último sobreviviente de Elandar.

––––––––––––––––––––––––––––––––––-––––––––––––––––––––––––––-––––––––– Al día siguiente, la mañana en la montaña despertaba con un viento fresco que acariciaba las hojas secas y levantaba pequeñas nubes de polvo en el sendero de la montaña.

Kael y Brax descendían por el camino rocoso que llevaba a la aldea, con la brisa jugando con sus cabellos y el sol empezando a calentar sus espaldas.

Kael caminaba con las manos detrás de la cabeza, con gesto frustrado y el ceño fruncido.

—Rayos… y yo que pensaba que ya iba a poder hacer una espada con mi elemento.

—murmuró Kael.

Brax, con su andar despreocupado, lo miró y trató de animarlo.

—No te preocupes, lo lograrás, ya verás.

Solo es cuestión de tiempo.

Kael bufó, rodando los ojos.

—Bah… lo dice alguien que ya va a poder moldear su arma con su elemento.

—Aún no lo he hecho, viejo.

—replicó Brax más serio—.

Ni siquiera sé cómo “conectarme” con la tierra como lo dice el maestro, suena fácil, pero lograrlo…

es otra historia.

Kael suspiro con fuerza.

—Dímelo a mí.

No tengo ni idea de cómo ser uno con el agua, jamás vi mi elemento como algo importante… solo practicaba lo que creía que bastaba, nunca supe que existían niveles de poder, ni que había personas capaces de controlar más de un elemento.

Todo este mundo… me es nuevo, inmenso.

Hubo un momento de silencio antes de que su voz se volviera más amarga.

—Y lo que más rabia me da… es que una mocosa más joven que yo domine el agua de esa forma.

¡Como si fuera parte de ella!

Es frustrante.

Debería haberme hecho más fuerte… todos estos años no hice nada productivo con mi vida.

Brax le puso una mano firme en el hombro.

—No te culpes, Kael.

Es normal que esa chica sea así de buena con su elemento, los generales llevan una vida cruel desde que son niños, sus entrenamientos son muy brutales, despiadados… muchos no sobreviven.

Tú y yo lo vamos a lograr, seremos igual de fuerte que ellos, ya lo veras.

Kael bajó un poco la mirada, asintiendo en silencio.

—Tienes razón… pero aun así…

—Hey.

—interrumpió Brax con una sonrisa—.

¿Y si nos concentramos mejor en cómo queremos nuestras armas?

Dime, ¿qué tipo de espada te imaginas?

Kael se quedó un segundo pensativo, imaginando.

—Quiero una gran espada, imponente, genial, súper afilada… ¡irrompible!

Algo que haga temblar al enemigo cuando la vea.

—¡Así se habla, amigo!

—dijo Brax con una carcajada.

Poco después llegaron a un pequeño taller.

Allí, frente a un yunque enorme y con un martillo en la mano, un herrero de avanzada edad, pero musculoso, golpeaba el acero al rojo vivo, haciendo que chispas volaran a su alrededor como luciérnagas furiosas.

El sonido del metal chocando contra el yunque era rítmico, imponente.

Brax dio un paso adelante con respeto.

—¡Saludos, señor!

Disculpe que lo molestemos.

Mi amigo y yo necesitamos armas, y nos dijeron que usted era el mejor de toda la región.

¿Podría ayudarnos, por favor?

El viejo se detuvo, sin dejar de sujetar el metal ardiente con las tenazas.

Los miró de reojo, y su mirada fue tan filosa como el filo que estaba forjando.

—No hago armas para cualquiera.

—dijo con voz grave—.

Pero… ustedes son los muchachos que ayudaron contra esos pandilleros, ¿no?

Los forasteros que no tenían por qué involucrarse… pero aun así lo hicieron y todos en la aldea les estamos muy agradecidos de que lo hayan hecho.

Muy bien muchachos, los ayudaré y no les cobrare nada, pero solo tengo una condición.

Kael levantó la ceja, curioso.

—¿Qué condición?

El viejo soltó el martillo sobre la mesa de trabajo, haciendo temblar la madera.

—Ya no tengo materiales, y para conseguirlos, deben ir a la próxima aldea de aquí, pero no es una aldea cualquiera… es una de las más peligrosas de la región, tienen que pasar desapercibidos, que nadie note que son de otra aldea, vayan directo al mercado, consigan lo que está en esta lista y vuelvan.

Nada de peleas innecesarias, ¿entienden?

Kael tomó la lista con una sonrisa decidida.

Pero Brax estaba muy curioso por la advertencia del herrero.

––¿Por qué tenemos que pasar desapercibidos?

–– dice Brax con la ceja levemente levantada.

––La pandilla de esa aldea no permiten forasteros de otras aldeas, los atacan sin pensarlo, a las mujeres la secuestran y no la dejan irse.

Yo tengo un amigo en esa aldea que me ayuda entrar sin que nadie note mi presencia.

––¿Y cómo se supone que entraremos sin que nadie nos note?

–– dice Barx precavido.

––Entraran por un costado del bosque, una vez dentro se puede observar el mercado, notaran de inmediato el puesto, tiene hierro y acero a los lados.

––dice el herrero mientras volvía a tomar las pinzas y el martillo.

—¡De acuerdo!

Lo haremos.

Y de paso pondremos en marcha todo lo que hemos aprendido con el maestro.

––dice Kael entusiasmado.

Brax frunció el ceño.

—Kael, solo aprendimos a derrotar golems… no es la gran cosa, además el herrero nos acaba de advertir que no debemos pelear.

—¡Claro que sí es la gran cosa!

—respondió Kael con energía—.

¡Los vencimos a puño limpio!

Si podemos hacer eso, podemos con lo que sea y más aún si se meten con nosotros primero.

Brax soltó una risa baja.

—Vaya… sí que estás animado ahora.

El viejo los miró de arriba abajo, y finalmente se permitió una pequeña sonrisa en la comisura de los labios, les entrego una pequeña bolsa con monedas.

––Bien ya tienen la lista y el dinero, ahí están todos los materiales que necesito.

Solo necesito que me digan qué tipo de armas quieren para comenzar hacer los bocetos.

––dice el herrero más animado, porque sabe que está a punto de hacer dos obras maestras.

—Un hacha de doble filo que se pueda complementar bien con la tierra.

—respondió Brax sin dudar.

—Una espada.

—dijo Kael, más serio esta vez—.

Una verdadera espada… hasta que pueda forjar la mía propia con hielo.

—Hecho.

—dijo el herrero—.

Partan ya.

El mercado abre temprano y cierra cuando se acaban las esperanzas.

Ambos chicos se miraron y alzaron los puños con entusiasmo.

—¡Partiremos ahora mismo!

—dijeron al unísono.

Y sin perder tiempo, comenzaron a caminar con paso decidido rumbo a la aldea peligrosa.

Lo que no sabían… era que aquel viaje cambiaría más que solo sus armas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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