Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 17
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17: Episodio 16.
La Furia del Arcáneo 17: Episodio 16.
La Furia del Arcáneo En la mañana siguiente… La bruma de la mañana se deslizaba lentamente por las laderas de la montaña, cubriendo con su aliento fresco los entrenamientos de rutina.
El crujir de las hojas y el eco del viento eran apenas audibles frente al choque seco de la madera contra la piedra.
Frente a la casa, en el claro donde entrenaban, Kael, Brax y Lyra empuñaban espadas de madera, el rostro cubierto de sudor y una mezcla de emoción y nerviosismo por el arduo calentamiento con espadas desde muy temprano en la mañana.
Ginthar estaba parado frente a los tres chicos con una espada de madera, con una expresión imperturbable y calma que helaba la sangre, firme como una montaña.
––Muy bien muchachos, ahora quiero comprobar con mi propia espada el progreso que han tenido.
––dice Ginthar con una mirada desafiante.
––Pero maestro, ¿no es muy pronto para eso?
––dice Brax con nerviosismo en el rostro.
––¡Genial!
¡Lucharemos contra el viejo!
––dice Kael con entusiasmo desbordante y una mirada desafiante penetrante.
––No me gusta mucho a donde va todo esto.
––dice Lyra insegura.
––¡Vamos!
Adelante muchachos atáquenme al mismo tiempo con todo lo que le he enseñado hasta ahora.
––dice Ginthar eufórico por la emoción, hace mucho tiempo que no entrenaba de esta forma y que no combatía con nadie, estaba muy emocionado de volver a sentir la adrenalina de una pelea.
Los tres chicos asintieron con respecto a su maestro.
El primero en atacar fue Kael, avanzo con un impulso torpe pero decidido; su espada de madera descendió en un arco amplio que el maestro desvió con un giro sutil de muñeca.
El golpe resonó en seco, y Kael retrocedió tambaleante, intentando recuperar la postura.
Brax no espero a que Ginthar volviera a ponerse en guardia y se lanzó con pasos rápidos, buscando un ángulo distinto, pero su respiración acelerada delataba la ansiedad.
La espada de Ginthar apenas se movió, desviando la embestida y forzando al muchacho a girar sobre sus talones para no caer.
Lyra por su parte estaba más contenida, aguardando el momento justo para atacar.
Sus ojos no se apartaban de los movimientos de su maestro.
Dio un paso firme, midiendo la distancia, y cuando finalmente ataco, lo hizo con un trazo más corto, más controlado.
Aun así, el choque revelo su debilidad: sus brazos temblaron al sentir la fuerza precisa con la que el maestro bloqueaba su golpe.
El aire se llenó de chasquidos frustrados: madera contra madera, un eco repetitivo que marcaba el entrenamiento.
Los chicos jadeaban, las espadas se alzaban y descendían en movimientos desordenados, aprendidos, pero aun faltos de maestría.
Ginthar, en cambio, permanecía inmutable, firme como una montaña, cada desplazamiento suyo era fluido, casi silencioso, como si flotara sobre el suelo, se notaba los años de experiencia del ex general marcados por innumerables batallas contra pandillas.
Poco a poco, la tensión se acumulaba en los músculos de los chicos.
Las ropas pegadas a la piel, las manos entumecidas por el agarre fuerte de la espada y, aun así, ninguno retrocedía.
El sudor resbalaba por las mejillas de ellos, cayendo sobre el suelo que ya estaba marcado por los pasos frenéticos y los tropiezos inevitables.
El jadeo de los tres se volvió un coro disparejo, interrumpido por pequeños bufidos, resoplidos y gestos de frustración.
Aun así, en sus ojos ardían una gran llama ardiente de pura determinación: detrás de la torpeza, el cansancio y los golpes desviados, había una chispa indomable que no dejaba de crecer.
Cada intento de ataque era respondido con la misma calma impecable de parte de Ginthar.
Kael una vez más volvió al ataque con más fuerza y mayor determinación, levantando su espada como si cargara el peso del mundo, el maestro desvió el golpe con un gesto tan leve que parecía un simple movimiento para apartarse una mosca.
Kael quedo girando sobre sí mismo, trastabillando de manera tan ridícula que casi termino en el suelo, aunque logro recomponerse con una seriedad forzada, aunque tenía más fuego en la mirada y una sonrisa de satisfacción, aunque la frustración lo estuviera comiendo por dentro.
Brax siguiendo los pasos de su capitán, corrió en línea recta con gran frenesí, los pasos resonando como tambores de guerra, con una expresión feroz que traicionaba su torpeza.
Su ataque fue tan veloz como descontrolado.
El maestro apenas inclino la espada, y Brax paso de largo, frenando de golpe con un jadeo exagerado.
Su respiración descompasada parecía más la de un corredor que la de un espadachín y, sin embargo, sus ojos ardían de determinación, negándose a ceder.
Lyra mas calculadora que ellos dos, seguía cada movimiento, cada mínimo desplazamiento del maestro con detenimiento.
Cuando al fin avanzo, lo hizo con pasos tensos, marcados, y lanzo un golpe corto y preciso, Ginthar sonrió con orgullo.
La colisión de espadas resonó como un trueno contenido, los brazos de Lyra temblaron al sentir la diferencia de fuerza.
Sus dientes se apretaron, negándose a retroceder.
Ginthar con una gran sonrisa de orgullo por la gran determinación inquebrantable de sus pupilos.
Cada ataque que los chicos lanzaban era respondido por su maestro con la misma calma implacable, los hacia girar, retroceder, chocar entre ellos, obligándoles a descubrir que la espada no era solo fuerza bruta, sino equilibrio, paciencia y control.
Los tres chicos estaban exhaustos, apenas lograban mantenerse en pie, pero en sus miradas brillaba algo nuevo: una mezcla de respeto, orgullo y una determinación que no se dejaba quebrar.
––Excelente muchachos lo hicieron muy bien.
––dice Ginthar con una gran sonrisa.
––Aun hay mucho que mejorar, pero al fin lo están entendiendo bien.
––Tengo que admitir que fue increíble.
––dice Lyra jadeando con una sonrisa de satisfacción.
––Estamos mejorando mucho.
––dice Brax tirándose al suelo exhausto.
––Maestro usted realmente es increíble.
––¡Fue fabuloso!
¡Maestro hay que volver hacerlo!
––Kael con ambas manos arriba, estaba más eufórico que nunca.
Ginthar ríe divertido a carcajadas, pero entonces el aire se pone tenso, una energía desbordante se siente en el ambiente, Lyra al sentirlo se pone rápidamente en guardia al igual que Ginthar, mientras Kael y Brax sienten la tensión de esos dos y también se ponen en guardia con las espadas de madera en posición ofensiva.
Ginthar sin dudar lanzas dos dagas filosas de tierra cubiertas en fuego hacia la entrada del claro de su casa, pero fueron rápidamente detenidas por unas bolas de agua que fueron lanzadas en dirección contraria y chocaron con las dagas destruyéndose entre sí.
Ginthar se enfocó en la entrada y la vio.
Layne venía con una tranquilidad amenazante en cada paso que daba, estaba vestida con un short negro de mezclilla y una blusa holgada de tirantes azul celeste, su cabello negro ondeaba suelto en el aire, los tres chicos la miraron desconcertados, Ginthar la observo con tranquilidad hasta que se fijó que Layne venía caminando descalza, entonces frunció el ceño.
––Layne, ¿Qué haces aquí?
¿Y por qué vienes descalza?
––dice Ginthar con el ceño fruncido.
––Estoy aquí en una misión especial, y dada la casualidad que me fue asignada esta región–dice Layne con calma helada.
–– Así que decidí venir a visitarte maestro.
––¿Misión especial?
––dice Ginthar curioso.
––Si, supuestamente hay pandillas que se están preparando para ir en contra de Dominion.
–dice Layne encogiéndose de hombros.
––Decidimos repartirnos cuatro regiones entre los generales para evitar todo levantamiento en nuestra contra y acabar con esas pandillas para que sirvan de ejemplos por si alguien más lo vuelve a intentar.
––Asi que tu elegiste Kaer`Marun, ¿no es asi?
––dice Ginthar con una ceja arqueada.
––No, te equivocas.
––dice Layne con una sonrisa divertida mientras se acerca a Ginthar.
––Yo quería Ressan, iba hacer más divertido para mí, pero Ranuz se me adelanto y no tuve más opción que quedarme con Kaer`Marun, que caprichosa es la vida.
––¿Por qué vienes descalza?
––dice Ginthar sin apartar su mirada de Layne.
––Mi mamá me dijo que sintió algo muy interesante en su última visita aquí.
––Layne se pone de cuclillas y toca el suelo con delicadeza casi como una reverencia.
–– Como si dos almas se estuvieran peleando por un mismo cuerpo con una energía desbordante, y como ella me dijo, vine descalza en todo el trayecto al monte y te puedo asegurar que ella tiene toda la razón.
Layne se incorpora lentamente con una sonrisa pícara y dice ––Entonces maestro, ¿por las buenas o por las malas, como lo prefieres?
––Ya te lo dije a ti y a tu madre.
––dice Ginthar con leve irritación.
–– Aquí no hay nada, solo es la montaña que posee su propia energía elemental.
––Bien será por las malas entonces.
––dice Layne de manera amenazante.
––Maldita mocosa arrogante como te atreves amenazar al maestro.
––dice Kael furioso mientras se acerca amenazante con su espada de madera.
Layne lo mira con arrogancia y sus ojos también se enfocan en Lyra y Brax que tenían sus espadas en posición defensiva dispuestos atacar en cualquier momento.
––Con que aún siguen con vida cachorritos, pensé que los golems ya habían acabado con ustedes.
––dice Layne con una sonrisa de superioridad.
––Vaya veo que también hay otra cachorrita más en la manada, ternuras tienen espaditas de madera, están entrenando a como traerlas a su amo.
Kael mas furioso y con un leve de orgullo dice ––Como te atreves hablarnos así, y para tu información nosotros vencimos a esos seis golems en tres días, y a otros ocho más en dos días, y sin usar nuestros elementos.
Layne soltó una carcajada fría y musical y dice –– Vaya, que proeza, contra simples golems de entrenamiento que no tenían ni la más mínima mitad de la fuerza del maestro.
––Así, ¿Y cuánto tiempo duraste en tu primera vez con los golems?
––dice Kael mas alterado y enojado.
––Menos de dos días y tenía solo cuatro años.
––dice Layne con una sonrisa de orgullo–– Contra diez golem que, si tenían la mitad de la fuerza de mi mamá, y sin contar que apenas controlaba los elementos, ¿cierto maestro?
Ginthar suspira con una leve sonrisa recordando ese momento y dice ––Como olvidarlo fue la primera vez que veía a Arka tan feliz y emocionada, decía en ese momento que su hija nos iba a superar a todos, y tuvo toda la razón.
Layne baja la mirada con una leve sonrisa recordando el rostro radiante de su madre, de su pero su temple inmediatamente vuelve hacer frio y calculador.
––Aun no entiendo porque alguien tan fuerte y con un gran historial como tú, entrene a estos simples cachorritos––dice Layne con un leve desprecio.
––¿Por qué nos dice cachorros?
––dice Lyra curiosa, pero sin bajar la guardia.
––No lo sé, su mamá y ella nos dicen así desde que nos conocieron ––dice Brax con una sonrisa nerviosa mientras se rasca la nuca.
––Esa es la palabra favorita de Arka con los nuevos reclutas o con personas que se creen fuertes, pero no hacen nada.
––dice Ginthar con una leve sonrisa.
––Arka solía decir: “Los cachorros ladran, pero no muerden, son indefensos y no atacan, y pueden morir en cualquier momento”.
Layne se ha convertido en la viva imagen de su madre.
––¡Se equivoca maestro!
––dice Kael indignado–– Esta mocosa no se parece en nada a mi amada y dulce diosa Arka.
El ambiente se congelo al instante, Layne lo miro como si tuviera el mismo infierno ardiendo en los ojos.
––¿Cómo te referiste a mi madre imbécil?
––dice Layne con furia en la voz––No eres digno ni siguiera de recordar su nombre o rostro.
Kael sintió un frio mortal recorrerle la espalda, el aire parecía empuñarlo y su respiración se volvió corta, Ginthar sintió rápidamente el aura asesina de layne y le lanza su espada de madera.
Layne tomó la espada al vuelo con elegancia y la giró entre sus dedos con fluidez casi inhumana.
––Si vas a desahogar tu rabia hazlo así, sin nada de muerte.
––dice Ginthar tratando de mantenerse sereno.
––¿Es en serio maestro?
––dice Layne con una ceja arqueada con un leve tono de burla mientras gira con elegancia la espada entre los dedos.
–– Ni siquiera sabe controlar un elemento tan simple como el agua y crees que podrá seguirme el paso en un combate con espadas de madera.
––¡Te equivocas!
––dice Kael casi perdiendo los estribos––El agua no es un elemento sencillo, es el más complejo y difícil de dominar de los cuatro.
Layne ríe con burla y dice ––¡Que cosas dices cachorrito!
––con la voz más fría y calculadora ––Alguien que no sabe controlar su propio elemento no puede decir que es el más fácil o difícil de todos, solo aquel que lo controla a la perfección puede decir esas cosas.
––Layne se acerca con paso amenazante –– Para mí el agua es el más fácil y hermoso de controlar, además es el más divertido, ¿quieres probar?
—¡No!
Layne, no puedes usar esa técnica aquí.
¡No puedes matarlo!
—advirtió Ginthar con severidad.
Layne con tranquilidad dice —Tranquilo, maestro.
Solo quería dejarlo inconsciente por… unas cuantas horas.
––Esa chica es demasiado peligrosa ––Susurra Lyra y solo Brax la escucha.
––Tienes razón.
––afirmo Brax con seriedad mientras observan la escena.
––Layne Virell la segunda general de Dominion.
––murmuro Lyra con un nudo en la garganta–– Una vez la vi destruir junto con la tercera general a toda una pandilla en Edria… jugaron con ellos antes de matarlos.
Fue lo más despiadado y horrible que presencié en toda mi vida.
La tensión era tan espesa que podía cortarse con un cuchillo.
Kael, aún con la respiración agitada y el orgullo herido, apretaba con fuerza el mango de su espada de madera, sus nudillos blanqueaban.
Frente a él, con postura relajada y sonrisa burlona, Layne giraba su espada con una sola mano como si fuera un simple abanico.
Su voz era tan afilada como el acero que no portaba.
—No vale la pena luchar contra un cachorro… —dijo Layne sin siquiera mirarlo directamente—.
Eres tan increíblemente inútil que ni siquiera sirves como muñeco de entrenamiento.
Me cuesta creer que alguien como el maestro Ginthar pierda el tiempo con ustedes… escoria humana.
¿Para qué entrenan?
¿Acaso piensan hacer una pandilla y enfrentarse a Dominion?
¿De verdad entienden con quién se están metiendo?
Cada palabra caía como una piedra sobre el orgullo de Kael, cada frase encendió una furia y odio que no pudo contener.
Dio un paso al frente y apuntó su espada de madera directo al pecho de Layne.
—¡Eres una maldita mocosa arrogante!
—espetó Kael con ira—.
¡Te crees invencible solo porque dominas los cuatro elementos!
Pero eso no te da derecho a insultarnos.
¡Y mucho menos al maestro!
Puede que hoy seamos débiles, pero vamos a formar la mejor pandilla del mundo y cuando llegue ese día… te superaré.
¡Seré más fuerte que tú y que cualquier general!
¡Y acabaremos con Dominion!
Layne se carcajeó.
Una risa sincera, pero cargada de desprecio.
—¿Más fuerte que yo?
—levantó una ceja y se detuvo, ahora mirándolo con atención—.
¿Tú?
Que apenas controlas el agua.
¿Sabes lo que dices, cachorro?
Yo no soy como el maestro o cualquier cuádruple elemental común.
Sí, domino los cuatro elementos… pero no uno por encima del otro.
Los domino a todos en su nivel supremo.
Cada fibra de mi ser está hecha de fuego, agua, tierra y aire.
––Dio un paso amenazante hacia Kael.
—Y tú ni siquiera estás debajo de mí, estás en lo más profundo de la tierra, sepultado, invisible.
Kael, herido en el alma, rugió y se lanzó al ataque con su espada de madera.
Layne lo esquivó con gracia letal, su cuerpo deslizándose a un lado con la facilidad de una hoja al viento.
Kael tropezó, perdió el equilibrio y cayó.
Ella ríe.
—¿Eso fue todo?
Vamos, no me hagas perder más el tiempo.
––dice Layne con burla y desprecio en la voz ––Con que así piensas vencerme a mí, ja no me hagas reír.
Kael se reincorporó furioso y volvió a arremeter contra ella.
Pero cada golpe era predecible, descontrolado, rabioso, y Layne los esquivaba como si leyera su mente.
—¿Al menos sabes usar un lápiz?
—dijo Layne con una sonrisa burlona mientras esquivaba otro tajo sin esfuerzo—.
Porque tu agarre de espada es tan malo que hasta un niño podría vencerte.
Y créeme… he visto niños con espadas, y mucho mejores que tú.
—¡CALLATE!
—gritó Kael, lanzándose con furia renovada.
Desde un costado, Brax observaba la escena preocupado.
—¿Por qué ella no lo ataca?
Solo esquiva… Ginthar, con los brazos cruzados, miraba la escena y dijo.
—Está usando su técnica especial.
Layne no ataca sin antes analizar al enemigo, cada movimiento que él hace, cada pisada, cada error… lo está memorizando, y cuando lo tenga todo claro, atacará.
Y cuando Layne ataca… nadie sobrevive, ni siquiera Ranuz ha podido vencerla cuerpo a cuerpo.
—Pero ¿cómo?
Es solo una chica.
Su cuerpo no se compara con el de un hombre fuerte.
––dice Brax confundido.
—No todo se trata de fuerza bruta, Brax, se trata de inteligencia y estrategia, y en eso nadie le gana a ella, sabe cómo jugar con la mente de su rival en medio de una batalla, solo conociendo sus puntos débiles puede destruir a la persona más fuerte del si se lo propone.
Kael, frustrado, alzó su mano y usó su elemento.
Una ola de agua se formó a su alrededor, lanzando látigos líquidos contra ella.
Pero Layne danzó entre ellos como una sombra, sin perder su sonrisa burlona.
—Eres la persona más horrible que he conocido.
––dijo Kael con la furia hirviendo dentro de él.
––Una escoria como tú no merece ser la hija de una mujer como Arka.
El silencio cayó como un martillo, el viento se detuvo, los pájaros callaron, incluso la montaña pareció contener la respiración, Layne se detuvo y su sonrisa se desvaneció.
Un aura asesina comenzó a surgir de su cuerpo como un incendio, sus ojos se volvieron más fríos que el hielo del norte, y cada fibra de su cuerpo se tensó como una bestia lista para desgarrar, cerro con fuerza sus puños y su respiración se hizo muy pausada.
Lyra, Brax y Ginthar sintieron ese aumento asesino de poder, un frio mortal les subió por la espalda.
––¡Layne!
¡No te atrevas hacerlo!
¡Él no sabe lo que dice!
––grita Ginthar nervioso con la preocupación encendida en el rostro.
Layne ignorando a Ginthar por completo, se acerca más, de manera peligrosa a Kael, con el rostro completamente transformado en sadismo en su máxima expresión.
––Te borrare de este mundo con mis propias manos.
––dijo Layne con la frialdad de un iceberg que provoco que Kael se paralizara, con sudor frio en la frente sintiendo la muerte cerca de su rostro.
Layne comenzó a deslizar con suavidad su pulgar con el dedo mayor de su mano derecha, activando la sinfonía carmesí en Kael, que se estremeció, su cuerpo comenzó a temblar provocando que cayera de rodilla, con las manos en el suelo mientras jadeaba, ya se notaba una vena alterada en su frente.
Ginthar salió del shock y reacciono en un instante, lanzo una poderosa ráfaga de aire paso entre ellos dos, Layne la esquivo con un solo paso, sin siguiera pestañear.
Ginthar se acerca rápidamente y se interpone entre los dos.
––¡Yo sere tu oponente, Layne!
––dijo Ginthar con el ceño fruncido.
Ella lo miro con curiosidad y sonrio, pero esta vez, no había burla ni arrogancia en su sonrisa, había expectación y una chispa genuina de respeto.
––Ya era hora… maestro.
––dijo Layne con la mirada desafiante.
–– Desde un principio sabía que esto iba hacer a las malas.
Kael se mantenía detrás de Ginthar completamente debilitado.
––Llévatelo de aquí Brax.
––dijo Ginthar manteniendo la calma y analizando la situación en la que se encontraba, de frente de él tenía a su antigua alumna, a la que le había enseñado todo lo que él sabía en estrategia e historia, a la chica que conocía desde que ella tenía cuatro años, que la había visto crecer, a quien consideraba una hija.
Ahora la tenía enfrente como enemiga, y tenía que pelear con ella.
Brax se movio rápido, ayudo a Kael a incorporarse, y paso el brazo de Kael por encima de su hombro y lo llevo lejos de esa escena.
Layne y Ginthar se mantenían en posición de combate.
La tensión que se acumulaba entre ambos era tan espesa que ni la luz del sol se atrevía a filtrarse del todo.
Dos generaciones de monstruos estaban a punto de enfrentarse.
—Acabemos con esto de una vez.
—gruñó Ginthar, su voz más grave que de costumbre.
Piso con fuerza el suelo y alzo rápidamente la mano formándose una espada de tierra fuerte y filosa, Ginthar la sostiene con fuerza.
—No tengo problema alguno…
aunque me daría pena matar a mi maestro favorito.
––dijo Layne, con una sonrisa maliciosa, movió con elegancia la mano derecha formando una lanza de hielo que emergió a su lado, flotando por un segundo antes de que su mano la atrapara con elegancia.
—¿En serio… vamos a presenciar la pelea de dos monstruos como ellos?
—susurró Lyra sin pestañear.
Brax a su lado tragó saliva, una gota de sudor bajando por su sien, y dijo.
—El ambiente… está tan cargado que apenas puedo respirar.
Kael estaba sentado entre Brax y Lyra, intentó reincorporarse, apoyándose en una rodilla, su cuerpo temblaba, cada músculo gritaba por la técnica más mortal de Layne.
—No intentes levantarte —advirtió Ginthar sin mirarlo—.
Ella usó su técnica especial sobre ti, estarás débil por horas, yo me haré cargo ahora.
Layne giró su lanza con una mano, como si fuera un bastón de juguete, su sonrisa se ensanchó, sus ojos brillando con peligro.
—Parece que ya caíste en mi trampa, maestro.
––dijo Layne con un tono juguetón.
–– Fue más fácil de lo que imaginé, aunque aún no he perdonado lo que dijo el cachorrito…
me las pagará tarde o temprano.
Y sin más advertencia, se lanzó al ataque, fue como si el mundo explotara.
Ginthar apenas logró reaccionar, levantando su espada de piedra en el momento justo para bloquear la lanza que descendía con furia precisa.
El choque creó una onda expansiva que sacudió la tierra bajo sus pies.
Ambos comenzaron a intercambiar golpes.
Ginthar usaba la tierra como una extensión de su cuerpo, creando pilares y muros que usaba como defensa o contraataque.
Layne, en cambio, era el caos danzante: lanzaba fuego en forma de cuchillas, hacía torbellinos de aire cortante y usaba la tierra como trampolín para atacar desde ángulos imposibles.
Incluso el hielo parecía obedecerle con una suavidad monstruosa.
Lo peor era su precisión: cada golpe de Layne era un intento de matar, de herir donde más duele, y aunque Ginthar intentaba mantener el ritmo, sus ataques apenas la rozaban.
—¡¿No se supone que ella analiza primero?!
¡¿Por qué se lanzó tan rápido al ataque?!
—gritó Brax furioso.
––No es eso.
––dijo Lyra analizando la situación con nerviosismo.
–– Ella lo está llevando al límite a propósito, está jugando con él.
Kael, jadeando, observaba impotente.
La frustración se le marcaba en los ojos.
Layne esquivaba como una bailarina y golpeaba como una bestia salvaje.
Combinaba elementos con una fluidez aterradora: Fuego con tierra, creando llamas densas que rompían rocas.
Aire con fuego, lanzando ráfagas explosivas como meteoros.
Agua con tierra, endureciendo estalagmitas como si fueran lanzas de obsidiana.
Y finalmente, agua con aire, provocando una niebla espesa que cubría todo el campo de batalla.
—¿Qué esperas de esta pelea, Layne?
¿Cuál es tu objetivo?
––Ginthar retrocedió, jadeando.
Apenas podía verla.
Solo sentía los movimientos en la vibración del suelo, hace mucho que no tenía una lucha como esa.
Ella no respondió, solo sonrió y lanzó otra combinación de elementos, haciendo que Ginthar retrocediera y perdiera el equilibrio, Layne comenzó a deslizar su pulgar con el dedo medio, Ginthar se estremeció al instante con el rostro pálido.
Pero en ese momento… el suelo tembló.
Una energía brutal y salvaje estalló desde las profundidades de la montaña, el cielo se oscureció por un instante, el aire se volvió pesado… demasiado denso para ser natural.
—¿Qué… es esto?
—murmuró Brax—.
Esta energía… es demencial.
—¡No proviene de ellos!
—gritó Lyra—.
Es algo más… algo más salvaje… más antiguo… más peligroso.
Ginthar palideció más, sintió esa vibración… la reconocía.
Layne no dejó de sonreír, siguió deslizando sus dedos, Ginthar comenzó a jadear sentía una gran presión en el pecho, sus manos temblaban.
—¿Qué has hecho, Layne?
—dijo Ginthar casi sin voz.
— ¿De verdad… planeaste todo esto desde que llegaste?
¿En serio me vas a matar?
Layne detuvo el movimiento con sus dedos y comenzó a girar lentamente su lanza, que comenzó a derretirse y cambiar de forma… hasta convertirse en una espada de hielo.
Su tono fue suave, venenoso.
—Los Arcáneos son demasiados leales a las personas que los están protegiendo, las consideran familia o amigos, y cuando esa persona está en peligro, ellos salen de donde sea que estén para ayudarlos sin importar lo que pueda ocurrir, eso fue lo que tú me enseñaste maestro.
Y ese Arcáneo que tienes bajo tu protección sintió que ibas a morir y… Vaya llego justo a tiempo.
La tierra se abrió lentamente, un rugido sordo y gutural emergió desde el abismo, la presión aumentó, piedras flotaban en el aire, las sombras se deformaban.
Y entonces, la figura emergió, cubierto de una armadura natural hecha de piedra viva, con ojos como brasas y una melena de lianas brillantes, el Arcáneo de Ginthar se alzó.
Un coloso de casi tres metros de altura, tembloroso por la furia reprimida, sus brazos eran como montañas, y su rugido hizo que las aves huyeran de toda la montaña.
—No… No tenías que salir.
¡Te prohibí que aparecieras!
–– Ginthar dio un paso atrás, el miedo, real y humano, cruzó su rostro por primera vez.
El Arcáneo no lo escuchaba, solo miraba a Layne con puro odio, ella no se inmutó, sus ojos se afilaron y su sonrisa se volvió aún más peligrosa.
—Así que esto es un Arcáneo, imponente, sentimental, iracundo.
—Clavó su espada al suelo con elegancia.
—Mis sospechas eran ciertas.
La montaña enmudeció.
Y la guerra verdadera… acababa de comenzar.
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