Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 18
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Capítulo 18: Episodio 17. Layne Virell
Ese mismo día en Valyria en el cuartel general de Dominion, el sol caía en líneas doradas sobre el mármol oscuro de la oficina del Lord Venaris quien, desde la cima de la torre imperial, con su capa ondeando suavemente, contemplaba frente al gran ventanal todo su imperio con la mirada aguada de quien lo ha conquistado absolutamente todo.
A unos pasos detrás de él, Arka permanecía erguida, con las manos cruzadas detrás de la espalda, imperturbable, firme, elegante, parecía esculpida en piedra noble, con una calma que desmentía la ansiedad latente que palpitaba dentro de su pecho.
El Lord hablo sin girarse. ––Así que decidieron ir a las cuatro regiones… ––murmuro con voz grave–– A buscar a las pandillas que conspiran contra nosotros y este perfecto sistema, Ranuz y Layne tomaron las más peligrosas, ambos son fuertes, pero lamentablemente no son inmortales. ––se gira por completo y posa su mirada en Arka. –– Si en una emboscada contra enemigos fuertes gastan por completo toda su energía elemental… ––su voz se volvió fría como un iceberg––Me temo lo peor.
Arka se mantuvo imperturbable, no se movió, ni un suspiro, su cara se mantuvo serena, aunque por dentro la ansiedad y preocupación la mataban por dentro ante las palabras del Lord, sus pensamientos estaban muy lejos de esa oficina. Imaginarse a Layne cansada sin energía elemental, al borde de la muerte, acorralada, rodeada por enemigos, atacada por todos los flancos sin ninguna escapatoria, hizo que a Arka se le viniera todo el mundo abajo, un frio mortal le invadió todo su cuerpo.
Pero un pensamiento repentino vino rápidamente como una promesa silenciosa dándole fuerza.
“Antes de que eso pase lo sabré de inmediato, yo estaré ahí, la salvare y la traeré de vuelta a casa conmigo sana y salva. Mi hija no morirá, no mientras yo este con vida. Yo no veré el nombre de Layne en una lápida será ella quien vea el mío primero en un futuro muy lejano.”
El Lord ajeno a la tormenta interna que invade el cuerpo de Arka, dice–– Aunque claro antes de que eso ocurra de seguro estarás ahí para salvarla––ladea la cabeza con una media sonrisa–– No sé cómo lo haces Arka, pero tienes un radar interno que te avisa cuando Layne está en peligro, supongo que son cosas del instinto maternal, las madres siempre saben cuándo sus hijos están en peligro.
Arka sonríe tratando de controlar su tormenta interna de emociones, y dice con una leve sonrisa ––Es muy cierto lo que dice mi Lord, se cuándo Layne está en verdadero peligro, el problema es llegar antes de que ocurra algo grave, pero le doy gracias al cielo que siempre llego a tiempo para salvarla.
El Lord asiente mientras se acaricia la barba, y dice–– Tengo mucha suerte de tener bajo mi mando a dos cuádruples supremos como mis generales––lo dice con orgullo––Sabia que Ranuz podía alcanzar ese nivel porque sus padres son cuádruples, pero lo de Layne me sorprendio bastante, no imagine que podía alcanzar ese nivel. ––mira a Arka con atención y picardía––Me dijiste que lo único que sabias de su padre es que era un dual supremo de aire y agua, por lo regular un hijo de dos duales supremos solo llega a un nivel avanzado si nace cuádruple, Layne es un verdadero prodigio.
El Lord inquisitivo y curioso continua–– Por cierto, Arka, nunca me dijiste como se conocieron tú y el padre de Layne, ¿era de Valyria?
––No, no era de Valyria. ––dice Arka con total naturalidad. ––Lo conocí en Kiria cuando fui a ordenar varios monikys ––guiña un ojo con picardía–– Lo único que le puedo decir es que fue una noche muy peculiar y entretenida.
––Fuiste a Kiria por unos monikys y saliste con una hija. ––el Lord ríe divertido. ––¿Qué crees que estarán haciendo esos cuatro? ––dice más calmado, pero aun con un aire juguetón ––Conociéndolos, de seguro los tres más jóvenes deben de estar torturando a los enemigos de formas impensables y sádicas, Ranuz por su parte lo hará como el caballero que siempre ha sido.
Arka dejó escapar una risa corta y elegante, y dice––sí, estoy muy segura que es exactamente así, aunque conseguir información precisa no será tan rápido, tomara tiempo, por ahora solo podemos esperar por sus informes.
El Lord asiente con gravedad.
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Mientras tanto, en Kaer`Marun en el monte Hollow, en la casa de Ginthar, el aire era denso, pesado, la tensión se cortaba con un cuchillo y cada partícula parecía cargada de electricidad.
Frente a todos, el Arcaneo, aquella figura antigua, imponente y salvaje, se aproximaba lenta y peligrosamente a Layne, cuyos ojos lo miraban sin una pizca de miedo con una calma absolutamente fría y una sonrisa juguetona siniestra.
Kael, aun tirado en el suelo, grito con desesperación genuina como si algo dentro de él lo obligara––¡¿Mocosa arrogante no ves que te va a matar?! ¡Sal de ahí rápido!
Pero Layne ni parpadeo, su voz fue un susurro gélido, arrogante y certero. ––¿Matarme a mí? ¿Un Arcaneo que no puede controlar su propia fuerza? ––sonrió con burla–– ¿Acaso no sientes como su poder ya está disminuyendo?
Todos observaron con atención y asombro, la silueta del Arcaneo titubeaba, sus contornos comenzaban a tambalearse, su poder disminuía rápidamente.
Y entonces…
Un estruendo sordo sacudió el ambiente, un remolino de polvo envolvió a la criatura, cuando se disipo el polvo la bestia había colapsado. De entre los restos, una niña pequeña de unos ocho años de cabello corto blanco y ojos verdes se levantaba lentamente tambaleándose, con la respiración entrecortada, jadeando, completamente exhausta, Ginthar sin pensarlo dos veces corrió rápido hacia ella y la sostuvo entre sus brazos.
––¡Nya! Te dije que no salieras, aun no estas lista para este mundo, no controlas tu fuerza.
La niña lo miro con lágrimas en los ojos y dice con su voz entrecortada por los sollozos. –– Lo siento maestro, él quería salir cuando lo sintió en peligro…––bajo la cabeza–– Yo también quería salvarlo maestro, me asusté mucho pensando que usted podía morir sino llegaba a tiempo.
––Tranquila Nya––dice Ginthar tratando de tranquilizarla–– Todo está bien, ya paso.
Layne entrecerró los ojos, el hielo en sus pupilas parecía latir con inteligencia peligrosa, su mente comienza a maquinear como un perfecto reloj suizo, imaginándose diferentes escenarios estratégicos.
––Lo sabía, no es un Arcaneo completo. ––Layne camina lentamente hacia ellos. ––Es un hibrido, esta niña es mitad Arcaneo y mitad humana, ¿acaso eso es posible? En todos mis años de estudios nunca me mencionaste que algo así podría ocurrir.
––Ella está siendo poseída por el espíritu de un Arcaneo. ––dice Ginthar observando a Nya–– Parece ser que el cuerpo original del Arcaneo fue destruido antes de regresar a la Tierra Sagrada, su espíritu quedo atrapado dentro de ella, sus padres murieron por culpa de una pandilla en Ressan, la encontré en aquella época cuando comenzó mi traición a Dominion. ––mira a Nya con ternura–– La oculte aquí, sabía lo que el Lord era capaz de hacer si descubría su existencia.
Layne cruzo los brazos, su rostro no tenía emoción alguna, y dice–– Ya veo…
Ginthar se levantó, sosteniendo a Nya en brazos, se colocó con firmeza absoluta frente a Layne sin miedo en su mirada solo determinación y una ferocidad de protección paternal.
––No dejare que la toques––dice Ginthar con firmeza–– Ni tú, ni nadie le pondrán un dedo encima, tendrán que pasar sobre mi cadáver.
Kael, aun débil, se incorporó lentamente y se colocó al lado de Ginthar, Brax y Lyra lo siguieron con determinación en sus miradas, no entendían del todo, pero sus cuerpos se movieron antes que sus mentes.
Layne observo la escena con tranquilidad, luego con un suave y elegante movimiento de las manos deshizo su espada de hielo, las partículas de escarcha se desvanecieron con el viento.
––Maestro será mejor que no digas eso, en cualquier momento puedo venir y tomar esta niña a la fuerza si es necesario, no eres rival para mí y eso quedo más que claro. –– Layne dio media vuelta dirigiéndose hacia la salida–– Esta niña aun no me sirve, pero volveré por ella cuando aprenda a controlar su fuerza––hizo una pausa, dejando que la tensión subiera––Y cuando eso pase el mundo se volverá muy divertido e interesante.
Alzo una mano en señal de despedida. ––Estaré por un tiempo por aquí, será mejor que no se les ocurra nada, sabré todo antes de que ocurra. –– Entonces, detuvo sus pasos y giro lentamente hacia Kael, sus ojos se volvieron fríos y afilados, el aire bajo de temperatura, su voz era veneno elegante. –– Y tu… Te hare comer cada una de tus palabras.
Kael apretó los puños, aunque temblaba, alzo el rostro con fuerza, y dice con firmeza–– La próxima vez que nos enfrentemos seré mejor y estaré a tu nivel.
Layne sonrió con malicia pura, y dice–– Ni naciendo mil veces serás igual que yo–– se inclinó levemente la voz como el más puro acero–– Jamás me superaras… Kael.
Ese nombre, pronunciado por sus labios, no fue una simple advertencia, fue una sentencia de muerte y todos los sintieron, Kael sintió un frio mortal recorrerle todo el cuerpo.
El aire se mantuvo tenso mientras Layne se disponía a marcharse, su figura imponente, altiva, parecía flotar sobre la gravedad del lugar, la brisa fría acariciaba su cabello azabache mientras el silencio reinaba… por unos segundos.
Un estruendo de pasos violentos y apresurados interrumpió esa calma.
En la entrada del claro del jardín de Ginthar, aparecieron un grupo numeroso, al menos veinte hombres y mujeres, sus rostros estaban furiosos y sedientos de venganza, cada uno portaba el dominio de algún elemento a nivel medio.
Uno de ellos, el más corpulento, levanto la voz con desprecio––¡Así que aquí se escondían! ¡Los malditos idiotas que se atrevieron atacarnos en nuestro territorio! –– escupió en el suelo–– Los seguimos hasta esta montaña… La cuál será su última morada.
––¡Maldita sea! Son la pandilla que nos atacó en Vrenet. ––dice Brax nervioso con el ceño fruncido.
––Tenemos que pelear––dice Lyra, ve a su alrededor. ––Parece que solo seremos tu y yo, Brax.
Brax mira a su alrededor y ve a Kael aun tambaleante que intenta incorporarse con dificultad, su respiración era pesada, su cuerpo aun resentido por la técnica de Layne. Ginthar estaba igual que Kael, pero aun así estaba dispuesto a proteger a Nya con su vida.
––Tienes razón. ––Brax suspira resignado. ––Estos dos están hecho polvo.
Y entonces…
Layne, aun sin moverse, con la misma expresión arrogante y confiada, sonrió. Esa sonrisa era una promesa de pura destrucción y una muerte anunciada.
––Vaya, vaya… ––dijo, como si la escena la divirtiera a las mil maravillas–– Parece que tendré que intervenir esta vez, que curioso y divertido se está volviendo esto.
Ginthar la miro desconcertado y precavido, y dice––¿Qué estás pensando hacer Layne?
Ella no lo miro, su voz sonó serena, pero cortante––Maestro, tú no estás en condiciones de para pelear, y esos cachorros tuyos tampoco. ––Volteo por un segundo hacia Kael y los demás con desdén. ––Alguien tiene que proteger a la niña Arcanea. ––sonrió más ampliamente con arrogancia. ––Y como yo la necesitare más adelante, supongo que… debo encargarme, pero no me malinterpretes, no lo hago por ustedes, lo hago por mí.
––¿Tú? ¿Una mocosa sola? ¿Te harás cargo de nosotros? ––dice uno de los pandilleros dando un paso al frente, riendo burlonamente, miro alrededor. ––Somos más de veinte, nivel medio, te aplastaríamos sin dudar y sin remordimientos, aunque sería un desperdicio matar a un bombón como tú.
Layne rio, no un simple bufido, una risa profunda, elegante, peligrosa y siniestra, con la mirada afiliada como una perfecta espada de acero puro en su máxima expresión.
––¿Acabar conmigo…? ––su voz bajo una octava, afilada como un cuchillo. ––¿Sabes quién soy? ––dio un paso adelante, el suelo crujió bajo sus pies descalzos. ––Soy la personificación del mismo infierno. ––sus ojos destellaron con un tono asesino–– Y cometiste el peor error de tu vida al subestimarme.
El pandillero intento replicar, pero no tuvo tiempo.
Con un simple gesto de su dedo, Layne comenzó a extraer del pandillero todo el oxígeno de su cuerpo, el hombre colapso de inmediato, asfixiado por una presión invisible, murió sin siguiera gritar con los ojos y la boca abiertos.
Silencio absoluto.
Uno de los pandilleros retrocedio con los ojos desorbitados, y dijo balbuceando––¡Eso es… eso fue… nivel avanzado de aire…!
Layne negó lentamente con el dedo índice con una elegancia cruel, y dice con una voz casi sensual y juguetona–– No querido, yo soy mucho más que eso.
De pronto, el suelo tembló, y emergieron dos golems de tierra cubiertos de fuego de cuatro metros de altura y junto a ellos dos lobos de dos metros completamente de fuego, rugieron con violencia como bestias primitivas.
Layne con una sonrisa sádica dice––Acaben con ellos mis niños.
Los lobos y los golems se lanzaron contra la pandilla, lo que siguió fue una masacre coreografiada. Los golems destruyeron, aplastaron y quemaron, mientras los lobos arrancaban extremidades sin importar nada, los gritos de los pandilleros eran ensordecedores, inhumanos, horriblemente crueles ante los ojos humanos.
Kael y los demás miraron la escena perplejos completamente atónitos, Ginthar le tapo los ojos a Nya para que la pequeña no presenciara tal escena.
En menos de cinco minutos…
Los veintes pandilleros yacían muertos, sangre, humo y ceniza fue lo que quedo de aquella masacre.
Layne se giró lentamente hacia Ginthar y su grupo, su rostro era el de una emperatriz cruel y orgullosa, su mirada se posó directamente sobre Kael.
––¿Ahora lo entiendes cachorrito? ––su voz goteaba veneno y satisfacción. ––Estos sí son verdaderos golems de combate, ni con toda tu fuerza, ni en mil vidas, podrías contra uno solo de ellos.
Kael intento incorporarse, herido en más de un sentido, pero Ginthar lo sujeto del hombro con firmeza.
––No lo hagas… ––le susurro con gravedad––No la provoques, esta vez sí podría matarte, y yo no poder detenerla.
Layne giro el rostro con arrogancia, sacudiendo su cabello hacia atrás, el fuego a su alrededor comenzaba a disiparse como si respondiera a su voluntad.
––Muy bien, mi trabajo aquí termino. ––esta vez se dispuso a irse––Maestro te encargo todo este desastre.
Avanzo lentamente hacia la salida, justo antes de cruzar el umbral, Ginthar alzo la voz:
––Le dirás a Arka, ¿verdad?
Layne se detuvo, sin mirar atrás, su voz sonó suave pero poderosa.
––Por supuesto. ––sonrió con malicia––Sabes que entre mi madre y yo no existe ningún secreto, tengo que decirle que al fin lo encontré.
Y entonces desapareció entre el humo, la montaña… Y el miedo.
El aire se mantenía denso y enrarecido incluso después de que Layne desapareciera entre la niebla de la montaña. Las brasas aún flotaban en el ambiente como si el fuego mismo se negara a morir.
Kael, derrotado y frustrado, dejó caer todo su peso sobre las rodillas y golpeó el suelo con rabia. La tierra tembló débilmente bajo su puño cerrado.
––¡DEMONIOS! ––grito Kael con frustración y rabia creciente. ––¡Esa maldita mocosa… lo volvió hacer! ––espeto con los dientes apretados–– Es frustrante, tengo que ser más fuerte, tengo que demostrárselo, demostrarle de lo que soy capaz de hacer. ––miro a la nada, con los ojos ardientes de impotencia y furia. ––Ella no tiene sentimientos, dudo que siguiera ame a alguien––hizo una pausa y escupió las palabras. ––Ni siguiera a Arka.
Ginthar que seguía a su lado, giro el rostro hacia él con expresión severa, y dice––No vuelvas a decir algo como eso nunca más Kael.
Kael lo miro, pero no retrocedió, y dice con los puños apretados mientras se incorpora––Maestro, ¿no escucho todo lo que dijo y su manera de expresarse? ––lo miro directo a los ojos––Nos humillo, incluso a usted casi lo mata, no le importo quien era usted y lo que una vez significo en su vida, mato a todas estas personas sin que le temblara el pulso––señalo a donde estaban los 20 pandilleros muertos. ––Es un verdadero monstruo sin corazón, esa chica no es humana es un demonio.
Ginthar cerró los ojos por un momento, su voz salió más baja, pero cargada de gravedad.
––Layne es como es porque este mundo la obligo serlo––Ginthar le sostuvo la mirada a Kael. ––Si demuestras debilidad en Dominion, te aplastan sin misericordia, allí los sentimientos son un lujo que solo se permiten los muertos.
Kael bajo la mirada aun con sus puños cerrados, Ginthar le pone una mano en el hombro mientras con la otra aún seguía cargando en brazos a Nya, que tenía su cabecita sobre el hombro de aquel hombre quien consideraba un padre, y lo mira con severidad, pero con preocupación.
––Ni se te ocurra decir que Layne no merece ser hija de Arka, y tampoco insinúes que Layne no la ama o que Arka estaría mejor sin ella––lo señalo con el dedo de la otra mano como advertencia––Si Arka te hubiera escuchado decir algo como eso, te aseguro muchacho que tú también estarías con esos muertos de ahí, pero en peores condiciones. ––sus ojos se endurecieron y su voz fue más grave––Arka no perdona a quien se mete con su hija y Layne haría arder el mundo entero si alguien se atreve a tocar o lastimar a Arka.
Kael guardo silencio, sus labios se apretaron con vergüenza, Lyra y Brax que habían escuchado todo se mantuvieron expectantes sin interferir ni decir nada.
Ginthar suspiro, su cuerpo visiblemente agotado, miro a Nya que ya se había sucumbido al sueño y estaba plácidamente dormida, Ginthar la mira con ternura y luego sus ojos se posan en Lyra.
––Sostenla un momento por mí. ––dice Ginthar mientras entrega en los brazos de Lyra a la niña dormida.
Lyra la toma con sumo cuidado casi reverente como si se tratara de un tesoro muy apreciado y frágil, Nya sin despertarse se acurruca en los brazos cálidos de Lyra como si fuera un bebe, y Lyra no puedo evitar sonreír con ternura y cariño.
Ginthar las observa y sonríe, pero luego dirige su mirada a los cuerpos caídos.
––Me encargare de este desastre, cuiden a Nya en mi ausencia. ––Ginthar se dirige a donde están los cuerpos.
Brax da un paso adelante y dice––Maestro, no podrá hacerlo usted solo y menos en estas condiciones.
Ginthar lo mira por arriba del hombro y dice con seriedad escalofriante––Muchacho, estos no son los primeros muertos que entierro. ––siguió caminado–– He matado y enterrado a miles en todos mis años de servicio a Dominion.
El maestro levanto la mano derecha, y con un movimiento el aire comenzó a obedecerlo, con ambas manos hizo ligeros movimientos y los cuerpos de los veintes pandilleros comenzaron a envolverse en una esfera de aire comprimido.
Lyra, Brax y Kael lo miraban expectantes con genuino asombro. Ginthar comienza a caminar a la salida con la esfera moviéndose detrás de él.
––Volveré pronto, manténganse aquí y ya no causen más problemas. ––Ginthar sin mirar atrás se marcha ante la atenta mirada de los chicos.
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En el sendero de la bajada de la montaña, Layne aun descalza descendía en silencio, cada pisada sobre la roca fría le devolvía a la realidad, pero en su mente resonaban con eco las palabras de Kael.
“No mereces ser hija de alguien como Arka…”
Layne se detuvo en seco, cerró los ojos con fuerza y apretó sus puños, el silencio de la montaña fue interrumpido por un leve suspiro y un recuerdo vino a su mente para rescatarla del abismo de emociones que estaba sintiendo en ese momento, y en medio de ese silencio, una imagen llego como un rayo inesperado:
Arka sonriéndole con ternura y orgullo, mientras acaricia su mejilla con suma delicadeza.
Layne sonrió débilmente, y con un suspiro ahogado, dice––Tienes razón, cachorro––murmuro para sí misma. ––No merezco ser hija de alguien como ella, pero fue ella quien me eligió a mí, y eso para mí es más que suficiente para merecerla como madre.
Reanudo su descenso, más tranquilas, la brisa le acariciaba el rostro con suavidad, y por primera vez desde que llego a esa montaña su expresión parecía en paz.
––Yo no sería nadie sin ella. ––susurro para sí misma. ––No recuerdo nada de mi vida antes del secuestro, ni siguiera el rostro, el nombre ni la voz de mi hermano. ––aprieta los puños con furia. ––Recuerdo cuando estaba en esa maldita mazmorra, y esos idiotas me golpeaban día y noche sin descanso…
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Flashback, hace 10 años…
En una aldea remota de la región de Ressan, en el cuartel general de la pandilla principal del lugar, en una mazmorra donde el aire húmedo y rancio se mezclaba con el hedor a oxido y sangre seca, el único punto de luz era una vela diminuta que temblaba con cada corriente de aire, proyectando sombras deformes sobre las paredes de piedra.
En una esquina, encadenada al muro con grilletes demasiado pequeños para sus muñecas, estaba Layne, con apenas cuatro años de edad, su cuerpo pequeño estaba cubierto de moretones y profundas cortadas, su ropa desgarrada apenas le cubría la piel, y su cabeza permanecía baja, los mechones sucios pegados por el sudor y la sangre, tenía apenas una semana desde que fue secuestrada arrebatada de las manos de su hermano mayor.
Layne había perdido toda esperanza de ser rescatada por alguien, había perdido la noción del tiempo, no sabía que día era, o si era de día o de noche, ya no le importaba lo que hacían con ella, estaba cansada de vivir, quería morir, lo había intentado varias veces, pero fue inútil, como si el mismo universo conspirara para mantenerla con vida por alguna razón.
De pronto, el chirrido pesado de la puerta metálica de la celda de Layne se abrió e interrumpió el silencio, uno de los pandilleros entro tambaleante sumido en el alcohol, con una sonrisa torcida y lasciva, con los ojos inyectados de deseo enfermizo, se lamia los labios y dejo escapar una risa grave.
––Una pequeña niña nunca está nada mal para entretenerse un poco… ––su voz era un veneno viscoso. ––Hey, niña, ¿quieres jugar un poco conmigo y mi amiguito?
Layne lo miro con los ojos abiertos, el pánico clavándosele en el pecho, un sudor frio recorrió su espalda, las lágrimas comenzaron a salir humedeciendo sus mejillas mientras retrocedía contra la pared todo lo que las cadenas le permitían, el hombre empezó a bajarse los pantalones con un gesto lascivo sin apartar su mirada pervertida del pequeño cuerpo de la infante.
Y entonces, un silbido agudo corto el aire.
Desde la oscuridad detrás de él, una daga afilada de tierra atravesó limpiamente su cuello, un chorro de sangre caliente salpico el suelo, el pandillero apenas tuvo tiempo de abrir los ojos antes de desplomarse, muerto.
Layne jadeo asustada y se encogió sobre sí misma, cuando levanto la vista, la vio.
Una figura femenina emergió de las sombras con una elegancia imposible de ignorar, llevaba un impecable traje militar blanco con falda, adornado con detalles dorados que brillaban débilmente bajo la luz, su cabello rubio platinado, corto y perfectamente arreglado, reflejaba un destello frio, sus ojos azules profundos se fijaron en la niña con una mezcla de diversión y curiosidad.
––Molestando a una pequeña niña… ––su voz era suave, pero había filo en cada palabra. ––Que cachorrito tan perverso.
Se acercó con pasos firmes, cada tacón resonando en el suelo de piedra, y se agacho con elegancia natural frente a Layne.
––Pequeña hay algo en ti que me intriga demasiado. ––dice la mujer con voz melódica. ––La tierra me ha estado gritando desde que llegue aquí que dentro de ti se oculta algo, pero no sé qué será, y me gustaría averiguarlo.
Layne la miro temblando, y dice casi en un susurro apenas audible. ––¿Quién es usted?
––Eso dependerá de ti. ––la mira directo a los ojos con tranquilidad. ––Puedo ser tu salvación como tu perdición, la decisión es tuya. ––con una sonrisa apenas perceptible dice––Tranquila, no vine a hacerte daño como este idiota de aquí, así que no te preocupes por eso, pero si quiero algo de ti.
––¿Qué quiere?
––Lo que hay dentro de ti, quiero ver si eres alguien poderoso.
––¿Por qué? ––pregunto Layne con la voz rota.
––Bueno es sencillo, estoy muy aburrida de ver tantos cachorritos tiernos, y quiero saber si dentro de ti puedo encontrar a una leona salvaje. ¿Qué dices, pequeña, vendrás conmigo?
Layne frunce el ceño, insegura, dice––¿Por qué debería aceptar?
––Ternura… ––la mujer soltó una risa breve. ––Solo tienes dos opciones: venir conmigo y convertirte en alguien fuerte o simplemente morir aquí, junto a esta escoria que casi te hace un daño indebido, tú decides.
La niña guardo silencio, bajando la cabeza, la mujer la observo con paciencia, y para subrayar sus palabras, tomo un pequeño cuchillo de su cinturón y con fuerza tratando de no hacerle daño en las manos de la niña rompió los grilletes.
Las muñecas de Layne quedaron libres, pero sangraban, ella las froto con suavidad, como si intentara recordar lo que era ni estar atada.
––Y bien, ¿Qué dices? ––insistió la mujer.
––Estoy cansada––dijo Layne con la voz quebrada en un susurro. ––Cansada de que abusen de mí, de que me traten peor que a un trapo sucio, no se usted haría lo mismo… o peor.
La mujer se incorporó, manteniendo la compostura impecable.
––Puedo hacer de ti alguien capaz de darle una buena paliza a esta vida que tanto daño te hizo, o puedes simplemente morir aquí, y listo… ya no existes más, y nadie podrá hacerte daño nunca más.
Layne mantuvo la cabeza baja, dudando, la mujer suspiro y le dio la espalda y comenzó a caminar hacia la salida de la celda.
––Que lastima, siento que tienes un gran potencial, pero bien si así lo quieres, puedes morir…
No termino la frase, sintió unas pequeñas manos sujetar con fuerza la suya, se detuvo en seco sorprendida por el tacto y miro hacia abajo, allí estaba Layne, ahora a su lado, con los ojos enrojecidos pero firmes.
––¿En serio me hará alguien fuerte, para acabar con idiotas como ese?
Una suave sonrisa iluminó el rostro de la mujer.
––Si, te hare la persona más fuerte y admirable de todo Elandar. ––la mujer se puso de cuclillas frente a ella, la mira directo a los ojos––Por cierto, mi nombre es Arka Virell, ¿y el tuyo?
––Layne.
––¿Layne?, suena bien, y ¿tienes familia?
La niña murmuro––Mis padres murieron y creo que mi hermano también, cuando me llevaron se quedaron golpeándolo muy fuerte, quizás esta muerto.
Arka inclinó ligeramente la cabeza en un gesto sincero, y dice––Lamento escuchar eso, de ahora en adelante estarás bajo mi tutela y protección, yo te entrenare, hay algo en ti que verdaderamente me tiene muy intrigada y quiero saber que es.
Sin decir nada más, ambas salieron tomadas de la mano, el calabozo iba quedando atrás a cada paso que daban, Arka la miro de reojo mientras caminaban, Layne mantenía la cabeza baja, pero apretaba su mano con fuerza.
––Si que eres fuerte… ––murmuro Arka, con una mirada en la que brillaba algo más que simple curiosidad.
Saliendo del pasillo del calabozo, el aire se volvía pesado, denso, como su la misma oscuridad quisiera aferrarse a sus cuerpos, el hedor era insoportable: sangre seca, vísceras abiertas y carne quemada impregnaban cada respiro. A lo largo del corredor, los cuerpos de los pandilleros yacían mutilados hasta lo grotesco: torsos abiertos, rostros irreconocibles, miembros colgando de hilos de carne, ojos vidriosos fijos en el vacío. Algunos todavía temblaban con espasmos involuntarios, como si la misma muerte no hubiera terminado de reclamarlos.
Arka que aún mantenía sujetando con firmeza la mano de Layne, la miro de reojo para medir su reacción.
––Quizás esta no sea una apropiada escena para que la vea una niña… ––comento con un dejo irónico.
Pero al girar por completo la cabeza hacia la niña, arqueo una ceja con sorpresa: Layne miraba cada cadáver sin un rastro de miedo, sus ojos seguían cada herida, cada gota de sangre, como si memorizara el patrón del dolor que había conocido toda su corta vida.
––Esos… ––susurro con voz quebrada, pero sin lágrimas. ––Eran los que siempre me golpeaban hasta que se cansaban.
Arka entrecerró los ojos, evaluando cada matiz en esa respuesta.
––Y ya nadie se atreverá a golpearte, te lo puedo asegurar.
Layne levanto la vista hacia ella, y dice––¿Y si usted se enoja y me golpea hasta matarme?
Arka soltó una risa baja, burlona pero cargada de seriedad, y su mirada adquirió un brillo frio.
––Tengo un código, no golpeo ni mato niños, así que puedes estar tranquila… por ahora, nunca se sabe lo que pueda pasar en el futuro, así que nunca bajes la guardia. ––le guiña un ojo con picardía.
Layne volvió la vista hacia los cuerpos y murmuro, casi para sí misma––¿Yo también podré hacer eso? ¿Matarlos así?
Una sonrisa sádica curvo los labios de Arka, y dice––Si, y de formas mucho más creativas y divertidas.
La niña asintió lentamente, fue entonces cuando Arka se percató que su ropa estaba tan desgarrada que apenas le cubría el cuerpo, se detuvo, y soltó su mano y, sin más, se quitó la chaqueta militar blanca para colocarla sobre los hombros de Layne.
Arka con voz cálida, dice––Hace frio afuera, y no es correcto que una niña muestre tanta piel a esta edad.
Layne sujeto con fuerza el abrigo; el aroma de Arka era intenso con aroma floral y un toque dulzón que le resultaba extraño pero reconfortante.
––Mi cuerpo está muy sucio, podría mancharla y dañarla. ––susurro Layne.
––No importa, tengo varias en casa. ––respondió Arka, volviendo a tomar su mano.
Avanzaron en silencio hasta la salida, afuera dos figuras con uniformes militares azul oscuro y detalles dorados esperaban firmes, frente a ellos, cinco pandilleros encadenados de rodillas, con el rostro sucio y heridas frescas y profundas.
El soldado se irguió con respecto y hablo con tono marcial. ––Jefa, como nos lo pidió, dejamos a estos cinco vivos.
Layne al verlos se puso detrás de las piernas de Arka, que al notarlo levanto las cejas y enfoco su mirada en los cinco pandilleros.
Uno de ellos miro a Layne y sonrió con asco, y dice––Así que la mocosa sigue con vida, pensé que esta mañana ibas amanecer muerta después de la paliza que te dimos ayer, me cansé de tantas patadas que te di…
Los otros se rieron, y otro añadió––Pensé que Jony ya estaría…” divirtiéndose” contigo, estaba tan ansioso por tenerte…
No pudieron decir más. Arka clavó el pie en el suelo y, en un instante, gruesas dagas de piedra emergieron bajo las plantas de los pandilleros, atravesando carne y hueso. Los cinco gritaron como bestias heridas, las cadenas tintineando con desesperación.
Layne observaba cada espasmo, cada gesto de dolor, con una mezcla de asombro y una chispa nueva en sus ojos.
—Se atreven a lastimar a una niña… —la voz de Arka se volvió un filo helado— y encima se jactan de ello como si fuera un premio, que asco me dan.
Con un movimiento de mano, lanzó cuchillas de fuego que se incrustaron en sus espaldas. El olor a carne quemada llenó el aire, y los gritos se volvieron desgarradores. Después, decenas de pequeñas dagas de piedra se dispararon directo a sus ojos, reventando pupilas y derramando sangre caliente sobre sus mejillas.
Arka chasqueó los dedos, y cinco golems de piedra de un metro surgieron del suelo. Avanzaron con pasos pesados y comenzaron a golpear a los pandilleros con fuerza creciente: cada impacto quebraba huesos, arrancaba gritos, y hacía vibrar las cadenas. El sonido de carne y hueso cediendo bajo el peso de la piedra era brutal, casi rítmico.
El hombre y la mujer militares observaban con total calma; sabían que interrumpir no era una opción.
—Layne… —dijo Arka sin apartar la mirada del castigo— esto es solo una pequeña muestra de la golpiza que tú le puedes dar a la vida.
La mujer militar habló con un tono neutral:
—Jefa… ¿no cree que esto es demasiada violencia para que una niña lo vea?
Arka sonrió apenas, pero su voz seguía cargada de filo.
—Esta niña ha vivido una violencia real… a manos de esta escoria. Esto… ahora mismo… es la mayor obra de arte que haya visto.
La mujer asintió, mientras Layne miraba la escena con los ojos muy abiertos. Sus labios, al principio tensos, comenzaron a curvarse lentamente… hasta formar una pequeña sonrisa torcida. Y en esa sonrisa, Arka supo que algo oscuro había empezado a crecer en ella… y no habría vuelta atrás.
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El aire estaba impregnado de humo y el crepitar del fuego devoraba cada rincón de aquel lugar, Arka, aun sosteniendo firmemente la mano de Layne, caminaba con paso seguro hacia la salida de esa aldea, los dos militares avanzaban detrás de ellas, sin apartar la vista de su líder. A sus espaldas, los cinco pandilleros ardían vivos, retorciéndose y gritando con un dolor tan desgarrador que se mezclaba con el rugido de las llamas.
Layne, antes de cruzar el umbral, giró la cabeza por encima del hombro. Observó cómo las figuras ennegrecidas se consumían lentamente, y una sonrisa helada se dibujó en su rostro infantil. Arka la notó de reojo y, por un instante, la sombra de una leve sonrisa asomó en sus labios.
—No le dirán a nadie acerca de esta niña —dijo Arka a los soldados, con un tono que era más orden que advertencia—. Si me ven con ella en Dominus Lux, en el cuartel, o en cualquier otro lugar, y alguien les pregunta quién es… dirán que es mi hija. ¿Entendido?
—Sí, señora —respondieron al unísono la mujer y el hombre, con respeto absoluto.
Layne parpadeó, confundida. —¿Su… hija? —preguntó.
—Es la forma más adecuada para explicar por qué estás a mi lado, y para que nadie te moleste ni haga preguntas innecesarias —respondió Arka, sin titubear.
Layne bajó la mirada, como si las palabras pesaran más de lo que podía sostener.
—¿No te gusta la idea? —preguntó Arka, ladeando un poco la cabeza.
—No es eso —susurró Layne—. Es que… ya no recuerdo la voz ni el rostro de mi mamá, no recuerdo nada de ella… solo el momento en que… —sus manos se cerraron en puños— le cortaron la cabeza.
—Es normal —dijo Arka, su voz se suavizó apenas—. El trauma que viviste fue muy fuerte, eso hace que tu subconsciente entierre los recuerdos… pero quizás puedas recuperarlos cuando estés lista.
—Si recupero esos recuerdos… ¿ella volverá a la vida? —preguntó Layne, alzando por fin la mirada.
—Nadie vuelve a la vida —sentenció Arka con frialdad.
Layne la sostuvo con los ojos, serena, pero con un brillo apagado. —Entonces no es necesario que la recuerde, quiero olvidarme de todo, no solo enterrarlo, quiero arrancar todos estos momentos de mi vida hasta ahora, y que nunca hubieran existido.
—Una segunda vida —murmuró Arka, interesada—. Con recuerdos nuevos… ajenos a los antiguos, la tierra no me mentía cuando me dijo que eras alguien especial, ahora siento mucha más curiosidad acerca de ti.
Layne, con una calma impropia de su edad, preguntó—Entonces… ¿cómo debo decirle a usted?
—Cuando estemos en público, y haya muchas personas, me dirás “mamá”. —Arka hizo una pausa—. Cuando estemos solas… puedes decirme Arka o maestra. Pero nada de “señora”, que no soy vieja.
Layne asintió.
—Aunque… —añadió Arka— sonaría raro que me digas una cosa en privado y otra en público, no se vería real, será mejor que, desde ahora, me llames siempre “mamá”, así nos acostumbramos a la idea. Aunque… para serte honesta… esa palabra no significa nada para mí.
—A mí tampoco me importa —dijo Layne, sin cambiar el tono—. Ya no significa nada para mí.
Arka la miró con una leve sonrisa divertida. —Será mejor que te traten todas tus heridas. ––Se giró hacia la soldado. —Gina, dile a la doctora que la espero en mi departamento en media hora.
—Sí, señora —respondió Gina, firme.
—Bien, Layne… a partir de mañana serás mi hija y yo tu mamá, espero que estés lista para todo… tendrás un gran entrenamiento.
Layne asintió, pero sus ojos parecían estar mirando hacia un lugar lejano, atrapada en sus propios pensamientos, Arka la observó en silencio, como si midiera cada gesto, pero no dijo nada más.
Siguieron caminando hasta el caimun blindado que las esperaba, dispuesto a llevarlas rumbo a la región de Valyria, hacia la capital: Dominus Lux.
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En la región de Valyria, en Dominus Lux, el caimun se detuvo frente a un imponente complejo residencial, una estructura elegante de cristal oscuro y acero, con un diseño tan moderno que parecía ajeno al resto de la ciudad. Las luces blancas y doradas del vestíbulo contrastaban con la penumbra de la calle.
Antes de que Layne pudiera levantarse, Arka sacó una gorra negra y se la colocó con firmeza. —Para que no llamemos tanto la atención —comentó sin más.
Layne no dijo nada, sus ojos seguían fijos en el suelo del vehículo.
Arka giró la cabeza hacia los dos soldados. —Ustedes ya pueden irse, mañana le daré mi reporte al Lord.
Gina y el otro militar asintieron con respeto, sin cuestionar la orden.
Arka salió primero, y luego se inclinó para tomar a Layne por la cintura con una delicadeza que incluso a ella misma la sorprendió, la bajó hasta que sus pies tocaron el pavimento, no le dio importancia a ese gesto y, sin soltar su mano, la condujo hacia la entrada.
Tras subir varias escaleras y cruzar pasillos silenciosos, llegaron al apartamento de Arka. Ella abrió la puerta. —Puedes pasar. ––dijo sin más.
Layne asintió y dio un paso al interior, observando todo con genuino asombro.
En ese momento, una mujer mayor, con el cabello cano recogido en un moño impecable y un traje de doctora perfectamente planchado, se acercó con paso ágil.
—¿Ahora qué hiciste, jovencita? —preguntó con un tono de familiaridad, como quien regaña a una vieja conocida—. ¿Qué herida grave te provocaste por ser tan temeraria?
Arka soltó una risa breve y divertida. —Solo he cometido una pequeña locura —dijo, haciéndole una seña para que entrara.
La doctora cruzó el umbral y, al ver a Layne de pie con la chaqueta militar colgando sobre los hombros y la gorra cubriéndole el cabello, frunció el ceño. Se acercó de inmediato y comenzó a revisarla, al descubrir los moretones, cortes profundos y heridas mal cerradas, su expresión se endureció.
—Sé que no fuiste tú —dijo, clavando la mirada en Arka—. Tienes un código claro: no lastimar niños. ¿De dónde salió esta niña tan destrozada?
—La rescaté de una pandilla de Ressan —respondió Arka cerrando la puerta con un golpe seco—. Hacían lo que querían con ella, y a partir de ahora, si alguien te pregunta, es mi hija, así evitamos preguntas fuera de lugar.
La doctora asintió, suspirando. —Me has ayudado tantas veces con mi hija… no puedo traicionarte, la atenderé de inmediato.
Miró a Layne con suavidad. —Acuéstate en el sofá, mi cielo.
Layne buscó con la mirada a Arka, ella asintió, y la pequeña obedeció, se acomodó como pudo, dejando escapar un suspiro leve de dolor.
La doctora juntó las manos, y sobre el cuerpo de la niña apareció una gran burbuja de agua cristalina que la envolvió como una manta líquida. —No te preocupes, no te ahogarás. Estarás bien —dijo con voz calmada.
Layne se relajó poco a poco, y cuando el agua cubrió también su cabeza, cerró los ojos. La doctora los imitó, concentrándose, moviendo las manos con precisión.
—Varias costillas rotas… órganos internos con daño leve… —murmuró—. Vaya… esta niña tiene cuatro núcleos elementales.
Arka arqueó una ceja. —¿Estás diciendo que es un cuádruple?
—Sí, y uno de ellos… el del agua, es claramente dominante, es más fuerte que los demás.
—Con que su elemento principal es el agua… —comentó Arka, pensativa.
Mientras el agua limpiaba el cuerpo de Layne y sus heridas iban cerrándose, Arka no apartaba la mirada.
—¿Por qué dirás que es tu hija? —preguntó la doctora.
—Porque esta niña ha sufrido demasiado para que las escorias de este mundo la pisoteen, si estará bajo mi tutela, será de la mejor manera.
—Si saben que es tu hija, nadie se atreverá a meterse con ella, lo pensarán dos veces antes de hacerlo, pero… ¿qué dirás a los que te conocen bien?
—Fácil, nadie realmente me conoce bien, diré que estaba bajo el cuidado de una gran amiga, mi trabajo me impedía estar con ella, pero como ya está en la edad de manifestar su elemento, decidí traerla conmigo, así de simple.
—Es creíble —admitió la doctora—. Y si no me equivoco… solo tiene cuatro años, diría que hace dos semanas los cumplió. ––Con una sonrisa pícara, agregó—Has tomado bajo tu cuidado a una niña en plena edad de la destrucción infantil, te deseo suerte.
—Esta niña es diferente al resto —respondió Arka sin apartar la vista de Layne. —Ha visto y vivido cosas que nadie de su edad debería.
—No importa lo que haya vivido, el instinto humano es más fuerte, y esta pequeña no será la excepción, te dará muchos dolores de cabeza, evita que coma demasiados dulces o controlar su energía será imposible… y no me refiero a la elemental.
Arka sonrió con un toque de ironía. —Te aseguro que eso no me pasará.
—Y yo te aseguro que sí —replicó la doctora, con una sonrisa burlona—. Lo vivirás… y me atrevería a decir que lo vas a disfrutar.
—Solo fingiremos ser madre e hija, no significa nada para nosotras.
—No sabrás en qué momento dejará de ser fingido —dijo la doctora, segura—. Llegará el día en que querrás a esta niña como si fuera tuya.
Arka cruzó los brazos. —No, no la querré, es solo una niña… que será entrenada para ser una perfecta arma.
—Y llegará el momento en que esa arma será lo más importante en tu vida —sentenció la doctora.
Arka soltó una risa baja, pero no dijo nada más.
Después de unas horas de arduo trabajo, la burbuja que cubría el cuerpo de Layne se disipaba poco a poco, dejando al descubierto la piel ahora limpia y los vendajes perfectamente colocados, la doctora, agotada, pasó el dorso de la mano por su frente y exhaló.
—Bien… hice todo lo que pude, gasté mucha energía elemental tratando sus heridas y órganos, arreglé las costillas, pero… dormirá toda la noche, tiene que descansar al menos una semana —advirtió con tono firme—. ¿Escuchaste bien? Nada de entrenamientos ni esfuerzos forzados.
Arka asintió, obediente. —De acuerdo.
La doctora, mientras guardaba unas botellas pequeñas en su bolso, añadió —Te dejaré unas medicinas y sus instrucciones, si pasa algo, me avisas de inmediato.
—No te preocupes, estará bien —respondió Arka, cruzándose de brazos—. Yo me he cuidado sola toda mi vida y no estoy mal… ¿o sí?
La doctora negó con reproche, sin quitarle la mirada. —Un niño es más delicado que un adulto, le puede dar fiebre intensa y morir si no se atiende, esta noche tienes que mantenerte observándola.
Arka suspiró, resignada. —De acuerdo… haré lo que digas.
Antes de irse, la doctora sonrió con un matiz divertido. —Si no sabes cómo cuidarla, me avisas y te doy indicaciones, tengo experiencia de sobra: tres hijos y cinco nietos.
—Lo recordaré.
La doctora se despidió con un gesto de la mano. —Cuida bien de esta niña, Arka… después de todo, ahora es tu hija.
La puerta se cerró tras ella, dejando un silencio suave en la habitación.
Arka se giró hacia el sofá. Layne dormía profundamente, su respiración tranquila y acompasada, la ropa desgarrada que llevaba no era más que un recordatorio de todo lo que había sufrido.
Arka frunció el ceño. —Será mejor que me deshaga de eso.
Entró en su cuarto y buscó entre sus cosas una de sus blusas holgadas de algodón, cómoda y suave, volvió al sofá, y con una delicadeza que ella misma no creía poseer, retiró las prendas rotas de Layne para vestirla con la blusa.
—Ahora sí estás mejor —murmuró.
Miró la ropa vieja con desprecio y la arrojó al basurero de la cocina, con un chasquido de sus dedos, la tela se encendió en llamas hasta quedar en cenizas.
—Este será el inicio de tu segunda vida, Layne Virell… —se detuvo un momento pensativa. ––Layne Virell––repitió despacio, probando el nombre—. Vaya, no suena nada mal. ––dice con una suave sonrisa, luego niega divertida.
Se acercó de nuevo al sofá y se quedó de pie, dudando. —No puedo dejarte dormir aquí, será mejor llevarte a la cama… Aunque… nunca he cargado a un niño —masculló, recordando de pasada cómo Gina solía cargar a su pequeña.
Con cuidado, puso sus manos bajo el cuerpo de Layne y la levantó, el peso era ligero, pero sentía la fragilidad en cada respiración Arka la observó más de cerca.
—Sí que eres una ternura… muy diferente a la niña de hace un momento.
La llevó a su cuarto y la depositó sobre la cama con sumo cuidado, arropándola y acomodando las sábanas, sin pensarlo, apartó un mechón de su frente y le acarició la cabeza.
—Es impropio de mí… pero no significa nada.
Una leve sonrisa se escapó de sus labios antes de darse la vuelta.
—Bien… será mejor que tome un largo baño, hoy ha sido demasiado largo para mi gusto.
Se detuvo un momento para mirar a Layne otra vez.
—Ella dijo que dormirá toda la noche… Mejor dejo la puerta del baño medio abierta, nunca hay que bajar la guardia.
Mientras se preparaba para entrar al baño, negó con una media sonrisa.
—¿Qué pasa conmigo? Desde cuándo me preocupo así por alguien que no sea yo… Algo me debió afectar la cabeza en ese lugar.
Echó una última mirada hacia atrás, Layne seguía profundamente dormida, la sonrisa de Arka se suavizó, aunque no quiso admitirlo.
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El vapor del baño todavía flotaba suavemente en el aire cuando Arka, con el agua hasta los hombros, descansaba la cabeza en el borde de la bañera, sus ojos permanecían cerrados, intentando dejar que el calor relajara cada musculo, pero algo, o más bien alguien, no le permitía desconectarse por completo de todo, abrió los ojos apenas, lo suficiente para ver a través de la puerta entreabierta la silueta pequeña de Layne sobre la cama, acurrucada en las mantas, con el cabello revuelto y el pecho subiendo y bajando lentamente.
Arka soltó un suspiro con los ojos cerrados, y dice ––Vaya… parece que no me voy a poder relajar del todo.
Se levantó de la bañera, el agua resbalando por su impecable piel, y se envolvió en una toalla antes de ponerse una bata ligera de dormir, caminó descalza hasta el dormitorio, echando una última mirada a la niña que seguía profundamente dormida.
––Sera mejor dormir temprano hoy. ––murmuró para sí con una leve sonrisa apenas perceptible.
Con pasos silenciosos, comenzó a cerrar las puertas y ventanas del apartamento, moviéndose como una sombra para no hacer el mas mínimo ruido, apago las luces de la sala y la cocina, dejando que la penumbra se adueñara del lugar, y volvió a su cuarto cerrando la puerta tras de sí.
Allí se detuvo en seco, miro la cama vacilante, con el ceño levemente fruncido.
––Esto es muy nuevo para mí, siempre he dormido sola. ––pensó, con un amago de sonrisa irónica. ––Ni siguiera tengo mascotas, pero bueno, las cosas nuevas a veces no hacen daño, ¿cierto?
Con sumo cuidado de no despertar a Layne, se deslizo hasta el colchón quedando junto a ella. Layne dormía boca arriba, el ceño apenas fruncido como si incluso en sueños estuviera peleando contra algo, se movía un poco aun en sueños, con los labios apretados. Arka se giró de lado, apoyando una mano en su mejilla y observándola con detenimiento, como si quisiera memorizar cada facción.
––Tranquila… ––susurro con un tono tan cálido que parecía envolver la habitación. ––Estas segura, nadie se atreverá hacerte daño nunca más, no mientras yo este a tu lado.
Como si esas palabras hubieran atravesado la barrera del sueño, los rasgos de Layne comenzaron a relajarse poco a poco, Arka lo noto y, sorprendida deja escapar una breve sonrisa.
––Así que me escuchaste, no es así Layne. ––le acaricia con suavidad la cabeza. ––Confía en mí, estarás bien.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la niña, y Arka sintió un leve nudo en el pecho.
––Que hermosa es cuando sonríe… ––pensó para sí misma –– Tenía que haber hecho sufrir mas a esa escoria que se atrevió a lastimarla, esta sonrisa no debe borrarse nunca, yo misma me hare cargo de eso, nadie más se atreverá a lastimarla, si lo hacen el infierno será muy agradable para ellos para lo que yo les hare.
Se quedó observándola un buen rato, sin darse cuenta esa pequeña niña que había rescatado para convertirla en la mejor arma, se estaba robando su corazón poco a poco, sin que se diera cuenta Layne ya estaba adueñándose del frio corazón de Arka.
El sueño venció a Arka, se quedó dormida de lado frente a Layne, entonces la pequeña todavía en sueños, se movió y se aferró con fuerza a la bata de Arka, enterrando su rostro contra su pecho.
Arka abrió los ojos con genuina sorpresa por el repentino contacto, permaneció inmóvil por unos segundos, después su expresión se suavizo, miro a Layne y la rodeo con cuidado con un brazo acunándola contra sí, protegiéndola como si fuera el tesoro más apreciado y delicado del mundo.
La respiración de Layne era pausada, tranquila, en paz, como si aquel fuera, sin duda alguna, el lugar más seguro del mundo. Un lugar donde sabía que nadie podría hacerle daño, nunca jamás, no mientras su nueva mama estuviera allí con ella.
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Fin del flashback… Regreso al presente…
Layne, ya estaba saliendo de la montaña, miro al cielo con una cálida sonrisa, el viento soplo con suavidad en sus mejillas como una tierna caricia, y el sol atravesó las nubes con calidez.
––¿Quién hubiera imaginado que aquella mujer la más fría y sádica de toda Valyria se volvería tan cálida y maternal por una simple niña?
Layne hizo una breve pausa, cerró los ojos un momento.
––Y para nuestra sorpresa nunca llegamos a fingir ser madre e hija, ya no era necesario. ––una suave sonrisa adorna su rostro. ––Ella es mi mamá, la mujer que me dio mi segunda vida, la vida que más atesoro, gracias a ella.
Layne salió por completo de la montaña. Esa montaña que se había convertido en testigo de ver la parte más tierna y vulnerable de la chica más sádica y arrogante de toda Elandar, cuya ancla en este mundo era la mujer que una vez la había salvado por completo, a la mujer a la cual consideraba su verdadera madre.
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