Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 27
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Capítulo 27: Episodio 26. La Nueva Conquista de Kael
Valyria, Dominus Lux, Academia Dominion…
El sol del mediodía estaba en su máxima expresión, iluminando todo a su paso. Las calles pavimentadas de Dominus Lux estaban repletas de personas. Muchos oficinistas se dirigían a distintos restaurantes a pasos apresurados antes de que se acabará su hora del almuerzo. Los niños divertidos mientras reian a carcajadas corrian en dirección a sus casas después concluidas las clases de ese día, muchos de ellos se quedaban en los puestos de dulces y helados compartiendo en grupos.
En medio de todo ese bullicio un imponente y majestuoso recinto escolar formado por varios grandes de edificio se erguia en esa zona. La fachada principal del edificio representaba la arquitectura clásica colonial, destacando por su simetría y el uso de ladrillo rojo con molduras y detalles en blanco. En el centro, la estructura está coronada por un elegante frontón triangular, que lucia con orgullo el imponente emblema de Dominion forjado en oro y plata y una cúpula blanca que alberga un destacado y sofisticado reloj. La planta baja presenta una serie de puertas en arco con paneles de vidriados, mientras las ventanas, numerosas y de guillotina, están distribuidas uniformemente a lo largo de todo el recinto.
La Academia de Dominion era la escuela principal y la única en Valyria. En ella estaban sin distinción de poder y estatus: los hijos de los nobles y el resto de los niños. En ella se formaban los próximos lideres de Dominion, los soldados del Ejército negro, o cuyo caso los herederos de grandes negocios. Se enseñaba sobre historia, cultura, política…pero sobre todo el dominio sobre los elementos. Los niños podían entrar desde los cuatro años, que era la edad donde se manifestaba el elemento.
Alrededor del recinto había grupos de niños elementales de diferentes edades. Todos lucían sus uniformes de manera respetuosa y solemne: una chaqueta negra con el emblema de Dominion bordado en dorado, debajo una camisa blanca impecable, y una corbata de rayas negras y doradas. Los niños tenían pantalón y las niñas faldas, ambos de cuadros negros y grises.
Dentro del recinto se respiraba respeto, pero en ese dia particular ese lugar se convirtió la personificación misma del respeto. En los anchos y largos pasillos de mármol blanco dos figuras caminaban con elegancia y poder: el Lord Venaris y el Primer General de Dominion, Ranuz Astrus. Todo aquel que los mira pasar hacían una gran reverencia: los estudiantes, maestros e instructores. Todos conocían a la perfección a las dos figuras de máxima autoriadad de todo Dominion, incluso en toda Elandar.
Ambos hombres detuvieron sus pasos frente a una gran puerta doble de roble que estaba abierta, monstrando en su interior un amplio salón blanco con grandes columnas de mármol blanco, estaba completamente vacio por dentro, lo poco que se podía observar estaba siendo cubiertos con mantos blancos. El Lord miraba todo con expresión serena con las manos cruzadas detrás de la espalda, Ranuz por su parte observaba todo el salón con una sonrisa llena de melancolía.
––Hace años que este lugar aún permanece vacio. ––dice el Lord suspirando con leve tristeza en la voz.
––Si. ––dice Ranuz con una sonrisa cargada de recuerdos. ––Quien hubiera imaginado que esos tres iban hacer los últimos estudiantes del programa de cuádruples…
Pero un pensamiento vino a Ranuz de manera fugaz “Ese día el maestro tuvo toda la razón acerca de esos tres dementes…”
Un pequeño flashback de hace nueve años atrás…
La mañana en la Academia de Dominion era tranquila, todo relucia brillante y limpio, la cosa más simple del lugar gritaba elegancia pura. Ginthar Ratruz, el Primer General de Dominion caminaba con seguridad en cada paso, vistiendo su uniforme de General con orgullo, al lado de él iba caminando con elegancia digna de un noble un pequeño Ranuz de once años, portando el uniforme del Ejército negro, con un detalle en particular, tres líneas doradas de forma horizontal lucían sobre el brazo de su chaqueta indicando su posición como el Primer Comandante del Ejército negro.
Ambos se detuvieron frente a una puerta doble de roble que estaba abierta en ese momento, sus ojos se enfocaron en tres niños que estaban ahí dentro formados en una perfecta línea en posición militar, los tres vestían un pantalón negro deportivo y un t-shirt blanco con el emblema de Dominion bordado en dorado en el pecho. Y ahí estaban ellos: Layne Virell de cinco años, Thanus Vicortix de siete años y Kara Marckri de nueve años. Los tres niños estaban escuchando con atención a su instructor.
––Este año tenemos mucha suerte de contar con tres cuádruples en el programa. ––dice Ginthar con gran orgullo en la voz. ––Al fin Arka decidió que Layne formará parte de este programa…es intenso, pero será muy bueno para ella…y para esos dos.
––Esos niños no resistirán los intensos entrenamientos del programa. ––dice Ranuz con desdén. ––Ni siguiera se ven que serán de utilidad para nuestro imperio, maestro.
Ginthar lo mira con leve picardía, aunque sea un niño, la mentalidad de Ranuz estaba a la par de muchas personas mayores. Se olvidaba que era un simple niño que tenía que disfrutar de sus años de infancia.
––Puede ser que tengas razón, Ranuz. ––dice Ginthar con una leve sonrisa divertida. ––Pero estoy seguro que esos niños serán tus compañeros de innumerables batallas…incluso me atrevería a decir que podrían ser los próximos Generales de Dominion.
––¿Acaso se volvió loco, maestro? ––Ranuz lo mira como si hubiera dicho una gran blasfemia. ––Estos chicos ni siguieran llegarán a formar parte del Ejército Negro.
Ranuz señala con un dedo la escena: Thanus tratando de crear una esfera de agua sobre su cabeza. Esta se descontrola y cae sobre él, mojándolo por completo mientras cae de trasero al piso visiblemente molesto, a la vez que Layne y Kara se rien sin parar agarrándose el abdomen, Thanus las asesina con la mirada.
––¡No se rian, idiotas! ––grita Thanus furioso. ––Ustedes dos no son mejor que yo…sobre todo tú. ––apunta a Layne con un dedo. ––Yo tuve que esforzarme mucho para estar en este lugar…no aceptaban niños menores de seis años en el programa… ¿Cómo es que tú si estás aquí?
Layne lo mira con desdén cruzada de brazo, mientras un brillo juguetón se posa en sus ojos.
––No tengo porque decírtelo…no es de tu incumbencia el porque yo estoy aquí. ––dice Layne con una chispa desafiante. ––Además, mi mamá es un alto mando de Dominion…saca tus propias conclusiones…niño rojo…
Thanus se enfurece más, y ambos se sostienen la mirada de manera desafiante a punto de matarse, mientras Kara los mira con pura diversión.
Ranuz suspira fastidiado ante la escena, a la vez que Ginthar se aguantaba la risa.
––Lo ve, maestro. ––dice Ranuz mientras va señalando a los tres niños. ––Una arrogante…un busca problema…y una payasa que no se toma nada en serio…ellos nunca serán parte de Dominion.
––No digas eso, Ranuz. ––Ginthar le pone una mano sobre el hombro del muchacho con gesto paternal. ––Esos tres muy bien podrían llegar a ser grandes personas…incluso darían sus vidas por ti…al igual que tú darias tu vida por ellos.
––¡Eso jamás, maestro! ––dice Ranuz con el orgullo herido. ––Esos tres dementes nunca serán mis compañeros…no necesito personas como ellos en mi vida.
––Nunca digas nunca, Ranuz. ––dice Ginthar con severidad en la voz. ––Algún dia eso pasará…ya lo verás…
Ranuz aprieta los puños con fuerza con la mirada encendida de fuego mientras observa como los tres niños no se toman muy en serio su entrenamiento.
En sus pensamientos un mantra comenzaba a sonar con fuerza: “Esos dementes nunca serán mis compañeros…nunca los considerare como verdaderos compañeros”
Fin del Flashback…de regreso al presente…
Ranuz suspira con nostalgia con una suave sonrisa mientras baja la mirada. En sus pensamientos se dice a si mismo: “El maestro tenia toda la razón…esos tres ahora son Generales…además de eso, puedo decir con orgullo que esos dementes son mis grandes compañeros…ellos darían su vida por mi…como yo daría la mia por ellos…mis amigos…”
––Los nacimientos de cuádruples son muy raros. ––dice el Lord sereno. ––Tuve mucha suerte en ese entonces de contar con tres de ellos en ese mismo año.
Ranuz asiente y ambos comienzan a caminar de nuevo por los amplios pasillos.
––Me sorprendí mucho cuando Arka me dijo que tenía una hija. ––dice el Lord con picardía. ––La tenia bajo el cuidado de una gran amiga suya…cuando Layne comenzó a manifestar sus elementos decidió traerla a vivir con ella…el caso de Kara es un completo misterio para mi…solo sé que Ginthar y Joshk la encontraron sola en una aldea de Edria…y Joshk la tomó bajó su tutela.
––Si…me acuerdo de ese dia en que mi padre la llevó a la casa. ––dice Ranuz con la cabeza erguida mientras una suave sonrisa adorna su rostro.
––Y Thanus…bueno… ––el Lord se encoge de hombros. ––Nunca imagine que un niño aldeano llegaría a tener cuatro núcleos elementales…pero, en fin, tengo mucha suerte de tener dos cuádruples supremos y dos avanzandos como mis cuatro Generales…por cierto…
El Lord mira con picardía a Ranuz a la vez que una sonrisa juguetona se posaba en sus labios. Ranuz lo mira con una ceja arquada completamente curioso.
––Ranuz…ya estás en edad de casarte al igual que Kara. ––el Lord le da un leve codazo en el hombro. ––¿Qué piensas de ella? Es una chica muy linda, ¿No te parece? Además, ya se conocen muy bien…estoy seguro que darían muchos hijos cuádruples.
Ranuz se paraliza, su rostro palidece de repente, mientras sus ojos se abren como platos.
––Mi…Lord… ¿Pero que dice? ––susurra Ranuz apenas audible completamente afectado por el comentario.
––Seria estupendo, Ranuz. ––dice el Lord más juguetón. ––Imaginate a ti y a Kara rodeados de muchos niños de cabello platinado y castaño.
Ranuz se imagina la escena: Kara feliz aferrada a su brazo de manera obsesiva, mientras cinco niños corren feliz a su alrededor. Ranuz siente como se desmaya mientras el Lord lo sostiene de un brazo con una chispa divertida en la mirada.
––¿Y que tal, Layne? ––dice el Lord con una sonrisa burlona, mientras el pobre Ranuz siente como el alma se le sale del cuerpo. ––Dentro de cuatro años estará en edad de casarse…me pregunto, ¿Qué clase de hijos darían dos cuádruples supremos?
––Mi…Lord…por favor no siga… ––dice Ranuz apenas audible.
––Claro, será difícil conquistar el corazón de Layne…pero, pensándolo mejor. ––dice el Lord con un dedo en el mentón pensativo. ––El verdadero reto será convencer a Arka para que de su permiso y bendición…esa mujer es un verdadero monstruo cuando se trata de Layne.
Ranuz siente como si estuviera cavando su propia tumba al imaginarse pedir el permiso de Arka para salir con Layne: Arka convertida en un verdadero demonio de diez metros, con cornillos filosos y garras espeluznantes, mientras devora al pobre de Ranuz.
El Lord divertido le da varias palmadas amistosas en la espalda del pobre General que ya no tiene alma en el cuerpo.
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Valyria, Bosque de Arka…
El sol estaba en el puesto más alto sobre las copas de los árboles, iluminando el claro del bosque donde Layne aún seguía entrenando con Nya. Ambas seguían descalzas, la tierra fresca bajo sus pies conectándolas directamente con la escencia del entorno. Layne, observaba con atención absoluta a Nya, que intentaba concentrarse de nuevo para invocar su primera espara de tierra después de varios intentos fallidos sin poder lograr nada.
Nya se encontraba de pie de frente a ella, jadeando suavemente mientras intentaba contener la frustración. El sudor le recorría la frente, sus manos temblaban apenas por el esfuerzo. Frente a ella, la tierra seguía tan estática como siempre. No importaba cuántas veces lo intentara: no lograba formar la espada. Golpeó con el pie el suelo con impotencia y bajó la cabeza, las lágrimas amenazaban con salir.
Layne, en cambio, mantenía una calma absoluta. Dio unos pasos hacia ella.
––No puedo hacerlo. ––susurra Nya apenas audible. ––No soy tan buena como tú…soy un estorbo.
––No tienes que lograrlo en un día. ––no habia dureza en la voz de Layne, era suave y tranquila, como alguien que ya habia estado ahí, en ese mismo punto exacto. ––Relaja los músculos, Nya…estás demasiado tensa, como si pelearas contra ti misma…no necesitas dominar la tierra…solo…sentirla…ella te escucha, pero tú no la estás escuchando a ella…respira lentamente…cierra los ojos…siente cómo vibra bajo tus pies…haz que fluya a través de ti.
Nya parpadeó, aún molesta, pero obedeció. Cerró los ojos, inspiró profundamente, aguantó unos segundos tratando de calmar todo su ser…y luego exhaló. Dejó que el aire arrastrara sus dudas e inquietudes. Se inclinó apenas, tocando el suelo con la palma de la mano. La tierra estaba fría, rugosa…viva.
Se concentró por completo, dejó de escuchar todo el ruido a su alrededor y se enfocó en escuchar solo a la tierra…entonces lo sintió…
Con un movimiento lento pero determinado, levantó la mano. La tierra se levantó con ella, obedeciendo a su voluntad.
Una espada comenzó a tomar forma. No era elegante ni perfecta. Tenía un filo irregular y parecía tan frágil como si pudiera romperse con un soplido…pero era real…hecha por ella.
––¡Mira esto! ––gritó con una mezcla de incredulidad y felicidad que le sacudía el alma mientras daba suaves brinquitos. ––¡Lo conseguí! ¡Hice una espada! ¡Layne, la hice! ¡Mira! ¡Es genial!
Layne la observó en silencio por un segundo que pareció eterno…y entonces sonrió. No una sonrisa cualquiera. Ni una de sus típicas sonrisas llenas de arrogancia. Fue una de esas que nacen desde el orgullo más profundo. Asintió lentamente, y sus ojos decían lo que su voz no necesitaba decir.
Desde su posición, Arka las observaba con suma atención con una sonrisa serena. Se levantó con la elegancia innata que la caracterizaba y se acercó a ellas, aún con el té frío en la mano.
––Bien hecho, pequeña. ––dice Arka con calidez. ––Será mejor que descansen un poco antes de la parte más intensa del entrenamiento…iré a buscar algo de comer.
Layne encontró la oportunidad perfecta, giró hacia ella con picardía en los ojos, como una niña con un plan escondido.
––Hey, mamá… ¿Pudes traernos dulces? ––dice divertida con un brillo juguetón en los ojos. ––Nya es nuestra invitada especial, sería lindo mimarla un poco, ¿No crees? …de seguro el maestro nunca le dio dulces.
Arka entrecerró los ojos con una sonrisa cómplice.
––Cariño, sé perfectamente lo que estás intentando. ––dice con voz suave y dulce, con leve reproche maternal. ––Pero aún es muy temprano para comer dulces…quizás más tarde…claro…si se lo ganan.
––Pero mamá…necesitamos azúcar en el cuerpo para un mejor entrenamiento. ––dice Layne, haciendo un puchero adorablemente exagerado.
Nya mira la escena divertida, conteniendo una carcajada ante la actitud tan infantil de Layne. Arka por su parte le dio un pequeño golpecito cariñoso en la frente.
––Más tarde…o nada. ––dice Arka, sus ojos iluminados de amor al ver el tierno puchero de Layne. ––Tú decides, Layne.
Layne suspiró, completamente derrotada, cruzándose de brazos como una niña pequeña cuando la obligan a dormir cuando el juego se pone más divertido.
––¿Por qué siempre tienes la última palabra? ––murmuró por lo bajo con evidente molestia.
La risa cálida de Arka llenó el claro. Era un sonido lleno de vida, de paz…y de amor.
Nya, en silencio, lo observaba todo. Aún no se acostumbraba a ver a Layne así: tan relajada, tan humana, tan…cálida. La escena parecía sacada de otro mundo. Un mundo que jamás habría imaginado encontrar en el corazón de dos de las mujeres más temidas que había conocido.
Arka le beso la frente a Layne con suavidad, y luego se fue alejando siguiendo el sendero hacia la casa hasta que su figura se perdió en el camino. Layne se dejó caer con suavidad sobre la hierba, y Nya se sentó a su lado. Hubo un silencio cómodo entre las dos, solo roto por la suave brisa y el sonido de la cascada. Nya observaba a Layne en silencio con gran admiración, mientras Layne permanecía con la vista fija en un punto, absorta en sus pensamientos.
Nya se dice para si misma en sus pensamientos: “Quiero ser igual de fuerte e increíble que ella…Layne es genial…he aprendido más de ella que del maestro…maestro, le prometo que me volveré muy fuerte ya lo verá, lo protegeré a usted y a los demás”
Nya enfoca su mirada al mismo punto que Layne copiando todo lo que la mayor hacia. Layne la miró de reojo con una leve sonrisa divertida. Ambas se quedan contemplando el cielo azul del mediodía.
Nya observó con atención la espada de tierra que sostenia con delicadeza entre sus manos con miedo a que desaparezca. Layne la observa con atención. Nya baja la mirada una sombra de tristeza cruza en su rostro.
––Me pregunto… ––la voz de Nya apenas es un susurro apenas audible. ––¿Qué estará haciendo ahora el maestro?
––¿Lo quieres mucho? ––dice Layne con suavidad.
––Si…lo quiero como si fuera mi propio padre, pero… –––una lágrima silenciosa se escapa de sus ojos. ––Tengo miedo de quitarle ese puesto a mi papá…su rostro cada vez es más borroso en mi mente… ––solloza lentamente tratando de ahogar el llanto. ––Mi mente se esta olvidando de los rostros de mis padres…tengo miedo de que si le digo “papá” los recuerdos de mi verdadero padre se borren por completo.
Layne solo la escucha estando ahí para la pequeña sin decir nada, dejando que Nya se desahogue por completo. Nya con los ojos húmedos la mira, ve que Layne esta imperturbable, serena, aunque una leve tristeza se escapa de sus ojos.
––Por cierto, ¿Dónde está tu papá? ––dice Nya bajito con miedo de haber indagado en una herida prohibida.
––Muerto. ––dice Layne con calma, casi con indiferencia.
––Lo lamento…no debí preguntar. ––dice Nya avergonzada.
––No te lamentes…después de todo nunca lo conocí realmente…bueno eso creo. ––Layne se encoge de hombro. ––Esa parte de mi vida esta enterrada en lo más profundo de mi ser y no quiero volver a vivirla.
––Entiendo…solo son tú y tu mamá, ¿cierto? ––dice Nya mientras se limpia las lágrimas del rostro con el dorso de la mano.
––Si. ––afirma Layne, una suave sonrisa se dibuja en su rostro. ––Ella es lo único verdaderamente importante en mi vida. ––Layne mira fijamente a Nya. ––Creéme cuando te digo que por ella traería el mismo infierno a la Tierra si algo malo le pasa a mi mamá.
Nya traga saliva entendiendo la gravedad de esas palabras…y que la Tierra estaría completamente perdida si a Arka le ocurre algo malo. Pero…habia una pregunta que estaba inquietando la mente Nya.
––¿Qué sientes por el maestro? ––pregunta Nya sin rodeo.
Layne quedó perpleja ante el cambio tan repentino de la conversación. Verdaderamente esa pregunta la tomó por sorpresa. Layne mira al frente a un punto fijo.
––Te seré sincera, Nya. ––la voz se vuelve suave casi melancólica. ––Quiero al maestro como un verdadero padre…después de todo lo conozco desde que tenia cuatro años…él me ha enseñado todo lo que sé acerca de política, estrategia e historia…realmente lo quiero mucho.
La mirada de Nya estaba llena de incredulidad. Después de todo lo que habia presenciado desde que conocio a Layne, era bastante difícil de creer.
––Pero… ¿Lo intentaste matar dos veces? ––dice Nya casi sin voz. ––Además me secuestraste delante de sus ojos…me arrebataste de sus manos… y dices que lo quieres…
––No hago nada por impulso. ––reflexiona Layne. ––Si lo hice fue para encontrarte a ti. ––mira a Nya directo a los ojos sin ningún remordimiento. ––Necesitaba a un Arcaneo por razones que aún no te contaré…sabia que el maestro ocultaba uno…por eso ataque asi la primera vez…para que salieras de tu escondite…y la segunda vez…bueno diría porque eres muy importante para el maestro y no podía permitir que esos cachorritos se hicieran cargo de alguien importante para él.
––¿A qué te refieres con eso? ––pregunta Nya sin lograr comprender aun las palabras de Layne.
––Se que sabes lo que le ocurrio a la familia del maestro. ––Layne mira un punto recordando la escena con dolor. ––Yo estaba ahí junto con los altos mandos de Dominion…presencié toda esa masacre con mis ojos…vi como le quitaban la vida a la mujer e hija del maestro delante de mis ojos…y no pude hacer nada para impedirlo…
––¿Y por qué no lo hiciste? ––dice Nya molesta, la furia nublando su juicio.
––Porque tenia miedo. ––Layne baja la cabeza mientras aprieta los puños por su propia incompetencia. ––Queria hacer algo…quería destrurilo todo en ese instante…pero…no pude…si lo hacia hubieran matado a mi mamá y eso no lo podía permitir, aunque me doliera lo del maestro.
––Y entonces, ¿Por qué me traiste contigo? ––pregunta Nya tratando de analizar y comprender las palabras de Layne.
––Para redimirme, quizás… ––murmura mientras la tristeza se filtra en sus palabras. ––El mundo afuera es muy cruel y despiadado, Nya…hay personas obsesionadas con los arcaneos…si se dan cuentan que dentro de ti habita el alma de uno, te podrían hacer cosas inimaginables…y esos cachorritos no podían haberte salvado…no quería que el maestro sufriera por otra perdida…cuando él me dijo que te uniste a esa pandillita, supe que ibas a correr peligro…por esa razón te traje conmigo…nadie podrá hacerte daño y asi podre proteger la única familia que le queda…
Nya bajo la mirada, las palabras de Layne estaban cargadas de afecto y dolor. Apretó sus puños con fuerza tratando de contener la marea de emociones que la estaban invadiendo por dentro. Jamás habría imaginado ver a Layne tan vulnerable, sumida en una gran tristeza y dolor. Nya no dijo nada solo pusa una mano sobre el hombro de Layne, que se sorprendió por el repentino tacto. Nya solo la miro en silencio con una leve sonrisa de comprensión, una sonrisa leve se poso en el rostro de Layne. Ambas enfocaron su mirada en cierto punto fijo del claro tratando de organizar sus pensamientos.
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Kaer´Marun, Aldea Tarzia…
La tarde en Kaer Marun se había teñido de tonos ámbar y dorado. El cielo, limpio y abierto, dejaba que el sol acariciara suavemente los caminos de tierra que se entrelazaban como venas por la vasta región. Kael, Brax y Lyra, los tres con mochila al hombro, caminaban con paso firme por uno de esos senderos, dejando atrás la aldea de Tarzia…y junto con ella grandes momentos.
Brax sostenía con ambas manos un mapa algo desgastado de Elandar. Lo mantenía abierto como si fuera un tesoro, mientras Lyra, a su lado, lo observaba con detenimiento. Kael caminaba tranquilo, del otro lado de Brax, con las manos detrás de la cabeza y una sonrisa distraída.
––Bien. ––dice Brax señalando con el dedo una marca en el mapa con una gran sonrisa. ––Si mantenemos este paso, mañana temprano estaremos cerca de Darlia.
––Y si no hay contratiempos. ––agregó Lyra mirando con reproche a Kael que silbaba desentendido. ––Podríamos estar en Daxon en menos de cinco días…quizás menos.
––Y luego en Edria. ––remató Brax, con una sonrisa cálida mientras sus ojos brillaban con ternura.
Lyra asintió con una pequeña sonrisa, a la vez que un suave rubor se asoma en sus mejillas y baja la mirada con vergüenza, pero sin dejar de sonreir. Mientras Kael, parecía estar en otro mundo ajeno a todo el caos emocional de alrededor.
––¿Pero no había una aldea cercana por aquí? ––pregunta Kael mirando todo a su alrededor como si buscara algo. ––La aldea donde buscamos los materiales para las armas…y donde rescatamos a Lyra.
––Hermano…sabes que no podemos ir a Vrenet. ––Brax frunció el ceño sin levantar la vista del mapa. ––Nos matarán si ponemos un solo pie en ese lugar…Layne mató a más de veinte de sus hombres…no nos van a perdonar tan fácil.
––¡Fue culpa de esa mocosa arrogante! ––Kael rodó los ojos con el ceño fruncido. ––Nosotros no hicimos nada malo.
––¿Nada malo? ––Lyra alzó una ceja, cortante. ––¡Luchaste contra ellos en su territorio! Nos siguieron hasta la casa del maestro… ¿Te parece poco? Si volvemos allá…seremos cadáveres antes de cruzar la entrada.
––No nos harán nada. ––Kael se encogió de hombros, completamente confiado. ––Ya no somos los mismos de antes…ahora somos nivel medio…tenemos armas…somos sin duda alguna los mejores de todo este lugar.
––Claro, eres el mejor capitán… ––Lyra lo miró con una mezcla de ironía y sarcasmo. ––En un lugar donde no hay nadie…hasta esa simple piedra de ahí es más útil que tú.
––¿Quieres comprobarlo? ––Kael la miró con una chispa de fuego en los ojos.
––¿Para vencerte como siempre? ––dice Lyra desafiante. ––¿Acaso no te cansas de perder?
Ambos se miraron fijamente, con las frentes casi rozándose, ignorando por completo al pobre de Brax que estaba en medio de esa guerra cruzada. Las chispas de su tensión prendiendo fuego invisible entre ellos. Brax suspiró fastiado, separó a ambos con las manos.
––¡Cese al fuego! ––dice Brax levantando las manos en señal de paz. ––Somos amigos, no enemigos…guarden esa energía para lo que viene…el camino es muy largo…y aún no hemos enfrentado lo peor.
Kael y Lyra resoplaron y se giraron con molestia, cruzándose de brazos como niños peleados. Brax los miró con resignación.
––Será un viaje muy largo… ––suspira Brax con cansancio, luego saca su cartera del pantalón y la abre. ––La suerte que el maestro nos dio algo de dinero…tenemos que administrarlo bien…nada de compras compulsivas…solo tenemos cien acrox y cincuenta centinals.
––Vaya, el maestro es un hombre muy pudiente. ––dice Lyra con asombro.
––¿Acaso eso es mucho dinero? ––dice Kael curioso mirando los billetes y las monedas de diferentes formas y colores, que tenían las imágenes de los elementos.
––¡Por supuesto que sí! ––dice Lyra con leve orgullo. ––Es demasiado, incluso para nosotros… ¿Acaso tú nunca habias visto dinero?
––No. ––dice Kael tranquilo con las manos detrás de la cabeza mirando al cielo.
––¿Y cómo comprabas comida…o ropa? ––pregunta Brax con ojos curiosos.
––Las robaba. ––una sonrisa arrogante con un brillo divertido en los ojos se asoma en el rostro relajado de Kael. ––En todo este tiempo me dedicaba a robar…no tenia tiempo para un trabajo honroso…no podía quedarme estancado en una aldea por mucho tiempo…asi que me dedique a robar…comida…ropa…cosas importantes para sobrevivir.
El descaro con que lo habia dicho Kael fue tan grande que Lyra y Brax abrieron los ojos como platos ante la desfachatez del chico, cuya sonrisa se agrandaba más recordando esos momentos de su vida.
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Mientras tanto, no muy lejos, en un bosque oculto entre Tarzia y Vrenet…
Sentada sobre una roca cubierta de musgo, con las piernas cruzadas con soltura, Kara Marckri observaba el cielo con expresión exasperada. Su largo y abundante cabello castaño caía libre sobre sus hombros hasta su cintura. Llevaba puesta una minifalda verde oscuro y una blusa blanca de tirantes ceñida al cuerpo con detalles azulados que resaltaban sus ojos color lila, ahora brillando con intensidad bajo la luz dorada del atardecer.
––Rayos… ––murmuró, tomando una hoja del suelo y partiéndola sin pensar. ––Estoy aquí cuando debería de estar en mi casa, con una taza de té caliente…pero no. ––actua de manera melodramática. ––Estoy aquí porque al demente de mi jefe se le ocurrió la brillante idea de ir aldea por aldea buscando entre las pandillas a los “cuádruples supremos” …
Bufó, claramente fastidiada mientras ponía el rostro sobre la palma de su mano.
––Ese tiempo encerrado en Ressan lo volvió más desquiciado…y lo peor de todo es que me encanta ese hombre… ––se hecho para atrás cayendo de espalda sobre la roca. ––Apenas llevamos tres aldeas…solo tres…y en la aldea de Tarzia, Layne arrasó con la pandilla principal…no queda ni rastros de ellos.
Rodó los ojos, mirando las nubes que pasaban sobre ella de diferentes formas y tamaños.
––Esto sería mucho más divertido si al menos tuviera compañía…
Entonces una chispa juguetona cruzó por su mirada, convirtiendo sus ojos de manera exagerada en foma de estrellas.
––¡Ya sé!
Marcó una frecuencia en su Moniky. Un par de segundos después, una voz familiar y despreocupada contestó: ––¿Kara?
––¡Mi amiga! ––exclamó Kara con entusiamo juguetón. ––¿Cómo estás? Sé que debes de estar muy aburrida… ¿Por qué no vienes a Kaer´Marun? …podemos hacer de las nuestras como en los viejos tiempos…enseñarles a estas pandillitas quiénes mandan de verdad.
La risa de Layne se escuchó por el Moniky, suave y juguetona: ––¿Te acuerdas de lo que pasó la última vez? Casi destruimos una aldea entera…y mamá me castigó un mes sin comer dulces… ¡Un mes, Kara! …sabes que yo no puedo sobrevivir mucho tiempo sin ellos.
––Bah. ––dice Kara con aire despreocupado. ––¿Qué sabíamos nosotras? Esa pandilla estaba bajo la protección del Lord, y ni idea teníamos…además fue en defensa propia… ¡Ellos nos ataron primero!
––Como sea. ––respondió Layne con un suspiro exagerado. –-No lo volveré a hacer…aprendí la lección…además, la mirada que me lanzó mi madre me heló por completo la sangre.
La voz de Arka se escuchó entonces, calmada y burlona: ––Qué exagerada eres, cariño…solo fue una mirada…de amor con regaño.
––¿Simple mirada? Mamá, sentí cómo si hubieras usado la Sinfonía Carmesí en mi. ––respondió Layne en tono dramático.
Arka soltó una suave carcajada en segundo plano. Luego, otra voz más suave, tierna e infantil interrumpió: ––Layne, mira esto…ya puedo controlarlo mejor.
––¡Bien hecho, Nya! ––respondió Layne con orgullo.
Kara frunció el ceño: ––¿Nya? ¿Quién es?
Layne respondió con tranquilidad: ––Mi prima…bueno, nos vemos Kara… ¡No hagas ninguna de tus locuras o el Lord y tu apreciado jefe te van a arrancar la cabeza! … ¡Bye!
Y la llamada se cortó.
Kara se quedó mirando el Moniky, dejando escapar un suspiro dramático. Luego se dejó caer hacia atrás sobre la roca, con los brazos abiertos.
––Ni siquiera mi mejor amiga quiere pasar tiempo conmigo… ¡Qué aburrido es esto!
Se quedó contemplando el cielo por unos segundos, luego suspira resignada.
—Bien… —murmuró para sí misma, mirando su Moniky. — será mejor que me mueva hacia la otra aldea…llamaré a mis chicos y que me vengan a buscar…quiero salir de esto rápido y volver a mi taza de té.
Pero justo cuando estaba a punto de presionar el botón, una voz masculina rompió el silencio como una melodía dramática: —Pero qué hermosura divina ven mis ojos mortales… no soy digno para presenciar tanta majestuosidad.
Kara giró el rostro con lentitud, ladeando apenas la cabeza, y su expresión cambió de indiferencia a diversión al ver a un joven de cabello negro y mirada chispeante caminando hacia ella como si estuviera entrando en una obra teatral.
Kael, galante, se acercó como si el bosque fuera un escenario hecho para él. Cada paso suyo era pausado, firme, y con el aura de alguien que sabía lo que provocaba. Cuando estuvo a un metro de distancia, se arrodilló con elegancia, le tomó una mano con suma suavidad y, con una sonrisa encantadora, dijo: —¿Acaso las diosas están descendiendo a visitar a estos simples mortales? Este mundo no es digno de que tú camines sobre él, mi amada…dame a mí ese honor…de ser el suelo donde pisen tus majestuosos pies.
Kara lo miró sorprendida al principio… pero luego sus labios se curvaron en una sonrisa coqueta y burlona. Había escuchado cientos de halagos… pero aquel tenía un toque teatral tan encantador, que no pudo evitar disfrutarlo.
—Vaya… —dice con una mirada felina. — jamás había escuchado un halago tan encantador…dime… ¿eres así con todas?
Kael alzó la mirada, directo a sus ojos morados, y con una chispa cálida y provocadora en los suyos, respondió: —Solo con diosas como tú…y en este mundo, créeme… no hay muchas…mis ojos se alegraron de seguir vivos solo por verte.
Kara rió bajito, divertida, jugueteando con un mechón de su cabello.
—¿Y qué hace mi diosa de la belleza sola por estos lugares tan peligrosos? —continuó Kael, con ese tono galante que no bajaba ni un segundo. —No debería estar sin un caballero digno que la proteja.
—Solo estoy de paseo… nada más —respondió Kara con tono despreocupado, aunque su sonrisa sugería que disfrutaba cada segundo de la escena.
En ese momento, Brax y Lyra aparecieron por el sendero, deteniéndose al ver el espectáculo.
—No… otra vez no, viejo… —suspiró Brax, llevándose la mano al rostro. —Te dije que no puedes ir enamorándote durante todo el camino… ¡Así no vamos a llegar nunca!
Kael, sin soltar la mano de Kara, dijo sin perder ni un gramo de drama: —No tengo la culpa de que el destino sea tan bondadoso conmigo, permitiéndome encontrar a una diosa en cada bosque.
—Vaya, sí que eres muy atrevido… —dijo Kara con una sonrisa ladeada, más intrigada que molesta. —Y por alguna razón…eso me fascina.
Kael inclinó levemente la cabeza, como un caballero de otro tiempo.
—Amada mía… para mí es un honor que me lo digas…por ti, haría y diría cualquier cosa…solo di la palabra… y moveré los cielos.
—No creas nada de lo que dice —bufó Lyra, fastidiada. —Es así con todas…hasta con las estatuas si lo dejas mucho tiempo solo.
Kael la miró por encima del hombro, con una sonrisa medio traviesa, medio orgullosa.
—A todas… menos a ti.
Lyra entrecerró los ojos y le lanzó una ráfaga de agua. Kael, con una risa ligera, la esquivó con una pirueta ligera, levantando a Kara de la roca en un elegante giro, como si bailaran en medio del bosque. Kara soltó una risa sincera, encantada.
—¿A dónde diriges tus pasos, mi diosa? —dijo Kael aún sosteniéndola con firmeza. —Yo seré tu guardián…donde tú vayas, yo iré contigo…para protegerte… o perderme en ti…aunque eso último no me molestaría en lo absoluto…solo deseo jamás ser encontrado.
Kara lo miró fijamente, con ojos encendidos de diversión.
—¿Incluso al infierno?
—Por ti, iría y volvería con una sonrisa… —dijo Kael, sin dudar, con esa voz templada que ahora se volvía más profunda. —Y no me detendría nunca.
Kara bajó lentamente la mirada, conteniendo otra sonrisa, pero sus ojos ardían de picardía.
—Eres más peligroso de lo que imaginé —susurró, apartándose suavemente de sus brazos. —Sabes… el fuego quema si no sabes cómo controlarlo.
Kael dio un paso al frente, sin perder la sonrisa.
—El fuego es más hermoso cuando está en su máxima expresión… y mejor… cuando quema todo a su paso.
—¿Y estás dispuesto… a quemarte en él?
—Me sentiría más vivo que nunca dentro de ese fuego.
Ambos se sostuvieron la mirada, intensa, prolongada, como si se hubieran olvidado del bosque, de Brax, de Lyra… y del mundo.
Finalmente, Kara rió bajito, giró sobre sus talones con elegancia y dijo: —Eres peligroso…será mejor que no me meta contigo…o acabaré arrepintiéndome.
Kael sonrió de lado, con ese aire de victoria sutil y segura.
—¿Y si mejor lo intentas…y te arriesgas conmigo?
Kara lo miró por encima del hombro con coquetería.
—Yo no me arriesgo, querido… sin nada que ganar.
—Me ganarás a mí. —Kael alzó los brazos con una reverencia. —¿Qué mejor premio que este fiel servidor?
ara lo observó detenidamente. Sus ojos lo recorrieron de pies a cabeza, sin disimulo, y pensó para sí:
“Es alto… musculoso…espalda ancha…manos grandes…sus ojos son hermosos…su cabello desarreglado no esta nada mal…tienes buenas piernas… no es tan feo…pero, si lo comparo con Ranuz, no le llega ni a los talones, obvio…Ranuz es un dios griego… pero está muy por encima de Thanus… y sus palabras, debo admitir, me fascinan más de lo que quisiera admitir.”
Rió para sí misma y murmuró, como quien deja caer una pequeña bomba en el aire: —Buen intento… pero aún es muy pronto para ese tipo de confianza. ¿No lo crees?
—Por ti… espero el tiempo que necesites.
—¿Y si me toma mucho… y te aburres esperándome?
—No te tomará tanto.
—¿Cómo estás tan seguro de eso?
Kael la miró, directo a los ojos, con una sonrisa firme, decidida, encantadora.
—Porque te daré razones más que suficientes…para que no quieras esperar tanto.
Kara bajó la mirada, fingiendo desinterés, pero el fuego en sus mejillas la traicionaba. Al final, volvió a alzar la cabeza y sonrió, genuina, cautivada… aunque no lo admitiría ni bajo tortura.
Lyra ya con el ceño fruncido, los brazos cruzados y la paciencia por el suelo, soltó con fastidio: —Kael, ya déjate de tonterías y vámonos…a este paso ni siquiera llegaremos a Darlia.
Brax, con el mapa todavía en la mano, asintió: —Sí, amigo, tenemos que llegar a Daxon, y si sigues así nos tomará semanas alcanzar Edria.
Ante eso, Kara ladeó la cabeza, sus ojos lila chispeando con curiosidad: —¿Edria? ¿Acaso irán a esa región?
Kael, aún sin apartar la mirada de ella, con esa sonrisa segura y encantadora, respondió: —Sí, mi amor…iremos a llevar una flor medicinal para el padre de mi amiga.
Kara lo observó con una ceja ligeramente arqueada, evaluándolo.
Pero Lyra frunció el ceño aún más y dijo con tensión en la voz: —¡Hey, Kael! ¿Por qué dices esa información? ¡Ni siquiera la conocemos! ¿Y si es una enemiga peligrosa? ¿Y si pertenece a una pandilla fuerte y nos ataca? ¿Y si es parte de la pandilla de esta aldea y se venga de sus compañeros?
Kael se encogió de hombros con despreocupación, aunque en su mirada seguía viva esa chispa provocadora por Kara.
—No, no nos va a atacar…ya lo hubiera hecho si quisiera…además… —sonrió ampliamente. — Es demasiado hermosa para pertenecer a esta aldea o a esos idiotas…ella… es algo más que eso, ¿cierto?
Kara esbozó una sonrisa de medio lado, divertida, y respondió con un tono enigmático: —Tu amiga puede que tenga razón… y sea alguien muy peligrosa.
—El peligro siempre me busca sin yo querer —dijo Kael, manteniéndole la mirada como si hablara de un destino inevitable. —Y yo nunca me opongo a él.
Ambos se sostuvieron la mirada por unos segundos cargados de tensión, donde la complicidad comenzaba a nacer.
—Además… —añadió Brax. —Ella se ve que no es de aquí ni de esta región…se ve… diferente…como una noble, ¿no es así?
Kara sonrió suavemente. Era una experta del engaño. Con gran orgullo manteniendo la fachada, dice: —Cierto…no soy de aquí…soy de Daxon, y me dirijo para allá.
—¿Una noble de Daxon en una aldea como esta? ¿Y sola por estos lugares? —preguntó Lyra, aún desconfiada. —No es muy… extraño todo esto.
—Solo estoy de paseo…me cansé de la sobreprotección de mis padres —respondió Kara encogiéndose de hombros con gracia. —Así que decidí escapar un rato y venir hasta aquí a buscar algo de diversión.
Kael dio un paso al frente, con la mirada tan firme como coqueta: —Si es así… yo te llevaré sana y salva hasta casa…no te dejaré sola en ningún momento…seré tu espada… y tu escudo…y si el destino se vuelve caprichoso…quizás algo más…
Kara lo observó con creciente interés. Había algo en la forma en que hablaba que la mantenía atenta, como si detrás de sus palabras galantes se escondiera algo que la intrigaba demasiado.
—Eres un cofre lleno de sorpresas… ––dice Kara con una mirada descarada. –– ¿Cuál es tu elemento?
—Soy un elemental de agua —dice Kael con orgullo—. El es Brax…elemental de tierra…y ella es Lyra, también de agua…los tres somos nivel medio… ¿Y tú, mi amada?
—Soy elemental de aire nivel medio. ––dice Kara con picardía.
—El agua y el aire se llevan muy bien —respondió Kael, con una sonrisa sugestiva. —Qué casualidad…y ambos de nivel medio… ¿por qué no te unes a mi pandilla? Te protegeré con mi vida.
Kara se cruzó de brazos, más entretenida que nunca: —¿Cómo? ¿Son una pandilla? ¿Cómo se llaman? ¿Cuál es su emblema?
—Bueno, sí somos una pandilla —dijo Brax con una leve risa arrascándose la nuca. —Pero estamos iniciando…aún no tenemos nombre ni emblema…este loco enamorado es nuestro líder y capitán.
Kara alzó las cejas, más intrigada todavía, y preguntó: —¿De qué aldea son? ¿Por qué no se quedan en una para dominarla, en vez de estar de forasteros? ¿O acaso son una pandilla conquistadora?
—¿Pandilla conquistadora? —preguntó Kael, genuinamente curioso.
—Disculpa, es que él es de una aldea muy remota… —dice Brax con una risa nerviosa. — No sabe mucho sobre Elandar.
Kara asintió, comprensiva. Y explicó: —Una pandilla conquistadora va de aldea en aldea, dominando territorios y aumentando su poder…su objetivo es expandirse hasta controlar toda una región…ese es el caso de Dominion: no hay otra pandilla en Valyria más que ellos…a diferencia de estas regiones… donde cada aldea tiene su propia pandilla.
Kael la observó con ojos brillantes y dijo como si revelara una profecía: —Eres muy inteligente, amor…nuestros hijos heredarán tu hermosura… y tu sabiduría.
Kara rió bajito, negando con la cabeza.
—Eres muy seguro de ti mismo… y eso me asusta…mucho.
—Que no te asuste el amor —respondió Kael, el descaro haciéndose más presente. —Yo estaré ahí para protegerte…se está haciendo de noche… y no es correcto que una dama ande sola…quédate con nosotros…te acompañaremos hasta Daxon…seré el guardian que cuide tus pasos.
Kara lo miró con cierta picardía y luego suspiró como si se rindiera ante la intriga: —Es una propuesta interesante…de acuerdo…solo porque siento un leve interés de saber más acerca de ti… y hasta dónde realmente eres capaz de llegar.
—Créeme… —dijo Kael, bajando la voz, acariciando con ella el aire. —Me atrevería a ir hasta el mismo Inframundo… solo por ti, mi amor.
Ambos se sonrieron con complicidad, como si el juego apenas estuviera comenzando.
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