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Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 6

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6: Episodio 5.

La montaña del viejo general 6: Episodio 5.

La montaña del viejo general La aldea estaba en fiesta.

Las casas se llenaron de luz y risas.

Por primera vez en años, la gente comía sin miedo, hablaba sin susurrar, y los niños jugaban sin mirar por encima del hombro.

Todo gracias a Kael y Brax… y sobre todo Dominion por acabar por completo con la pandilla principal de la aldea.

Brax recibía cestas de frutas y pan de los aldeanos, inclinando la cabeza con gratitud.

—Gracias… gracias de verdad.

A unos metros, Kael ya estaba rodeado de varias chicas, haciendo gala de su galantería exagerada: —Oh, ¿cómo podrá este pobre forastero marcharse sin antes grabar en su memoria la dulzura de sus sonrisas?

¡Sois peligrosamente encantadoras!

Las chicas reían, y algunas hasta suspiraban por los ojos marrones dorados de Kael y su sonrisa encantadora.

Brax, con los brazos cruzados, suspiró profundamente.

Se acercó lentamente y tomó a Kael del cuello del abrigo.

Kael (sin dejar de sonreír): —¡Tranquilo, viejo!

Solo estaba socializando con estas encantadoras, hermosas y dulces señoritas…

Brax lo arrastró sin piedad, mientras Kael extendía los brazos dramáticamente.

—¡No me olviden, damas!

¡Volveré…!

¡Se los prometo… y me casare con una de ustedes o quizás con todas!

¡Tengo mucho amor que dar!

Brax (molesto): —Tienes que concentrarte más, así no podemos avanzar si sigues coqueteando con todas las chicas de las aldeas que visitamos.

Kael (divertido): —Me concentro mejor con esas bellezas a mi lado, ¿no has oído del poder de la motivación?

Luego se puso más serio por un instante.

—Por cierto… ¿tú puedes hacer eso de crear espadas de tierra como aquel tipo?

Brax (confundido): —¿Qué?

Kael (haciendo gestos con las manos): —¡La espada!

¡El tipo que nos enfrentó transformó la tierra!

¡Fue increíble!

Brax se detuvo y lo soltó.

Kael cayó de trasero al suelo.

Brax (serio): —No.

Eso ya es nivel medio, Kael.

Nosotros apenas estamos en lo básico.

Se necesita años de práctica, precisión… y foco.

Kael (suspirando): —Estamos buscando tipos fuertes para nuestra pandilla… pero nosotros apenas y dominamos lo mínimo.

Entonces, se iluminó como si una idea se hubiera encendido.

—¡Ya lo tengo!

¿Y si buscamos a alguien que nos enseñe?

Tiene que haber un maestro o un loco poderoso por aquí.

Brax (sarcástico): —¿Ah sí?

¿Y a quién piensas preguntarle?

En ese momento, un anciano de bastón caminaba lentamente junto a ellos.

Kael lo detuvo por los hombros con entusiasmo dramático.

Kael (con ojos brillantes): —¡Oiga, viejo sabio!

¿Conoce a alguien que nos pueda enseñar a dominar nuestros elementos?

El anciano lo miró como si le preguntaran si aún vendía dinosaurios.

—Sí, conozco a alguien… Pero no les va a gustar.

—¡Nos encantará!

—dijo Kael emocionado.

—Vive en esa montaña —dijo señalando un pico envuelto en nubes—.

Fue uno de los cuatro grandes generales de Dominion.

Un imbécil arrogante, egocéntrico, amargado… Odia a todos los seres vivientes.

Incluso a las piedras, creo.

Ese idiota domina los cuatro elementos.

Quizás le puede funcionar… claro si salen con vida de esa montaña.

Kael casi da un salto.

—¡Perfecto!

¡Gracias, viejo sabio!

Le dio una palmada en la espalda al anciano y salió corriendo arrastrando a Brax.

Brax: —¿¡Vamos a ver a un ex general de Dominion!?

¿Estás loco?

Kael (riendo): —¡Loco no!

¡Motivado!

Monte Hollow – La casa del ex general La montaña parecía arrancada de una leyenda.

A cada paso, la vegetación se volvía más extraña, las rocas más afiladas.

Finalmente, una pequeña casa con un jardín inmenso apareció ante ellos.

Flores azules, pilares flotantes de tierra y agua girando en equilibrio.

Pero apenas dieron el primer paso hacia la gran entrada…

¡FWOOM!

¡Lanzas de roca envueltas en fuego salieron disparadas desde el suelo con precisión milimétrica.

Ambos esquivaron ágilmente, aunque una rozó la mejilla de Brax, dejando una línea de sangre.

—¡¿Qué demonios fue eso?!

—gruñó Brax.

Entonces, de entre las sombras del jardín, emergió un hombre alto, cabello corto, de mirada como cuchillas y barba corta grisácea.

Vestía una túnica gris vieja, pero su postura era recta, como si el tiempo no lo tocara.

Viejo (con voz dura como granito): —¿Quiénes son ustedes?

¿Qué hacen en mi propiedad?

Kael (levantando ambas manos con una sonrisa de paz): —¡No dispare, maestro!

Somos Kael y Brax.

Dominamos el agua y la tierra a nivel básico.

Queremos aprender de usted.

Viejo (entrecerrando los ojos): —¿Y por qué debería?

¿Acaso me conocen?

Brax (con respeto): —Nos dijeron que fue uno de los cuatro generales de Dominion…

¡BOOM!

Una bola de aire comprimido golpeó a Brax directo en la cara, lanzándolo al suelo.

Viejo (furioso): —¡No vuelvan a mencionar a esos malditos aquí!

¡No soy parte de ese mundo!

¡Lo que más amé me fue arrebatado por esa basura!

Kael (con el rostro serio): —Nosotros tampoco los queremos, viejo.

Queremos destruir a Dominion.

Formar la pandilla más fuerte.

Acabar con todos esos monstruos.

Viejo (riendo con desprecio): —¿Ustedes?

¿Dos niñatos con un solo elemento?

¡Dominion controla los cuatro elementos como si fueran parte de su cuerpo!

Ni mil años de entrenamiento bastarían para vencerlos.

Kael (mirándolo a los ojos con fiereza): —Tal vez.

Pero no lo sabremos si no lo intentamos.

Pruébenos.

Si no pasamos su prueba, nos vamos.

Pero si lo logramos… nos entrena.

El viejo se detuvo.

Sus ojos verdes se clavaron en los ojos marrones dorados de Kael.

Por un segundo… vio un destello.

Una chispa familiar.

Un color.

Un espíritu.

Viejo (susurrando): —Esos ojos…

Ella tiene esos mismos ojos.

Pero no su mirada…

Que peculiar.

Kael (curioso): —¿Ella…?

Viejo (sacudiendo la cabeza): —Olvídalo.

No valen la pena.

Este mundo no vale nada.

Ya no hay nada por lo que luchar.

Y cerró la puerta en sus narices.

Silencio.

El viento soplaba fuerte en la montaña.

Kael apretó los puños, pero no con rabia.

Con determinación.

Kael (mirando la puerta): —Está equivocado.

Brax (frunciendo el ceño): —¿Qué vas a hacer?

Kael (decidido): —Vamos a quedarnos aquí.

Hasta que ese viejo idiota entienda que sí vale la pena seguir luchando.

Entonces Kael gritó, con el alma en cada palabra: —¡Te equivocas, viejo!

¡Aún hay mucho por lo que luchar en este mundo!

¡Personas que viven con miedo cada día, sin saber si verán la luz del siguiente!

¡¡Aún hay razones para seguir luchando!!

La puerta no se movió.

Brax, cansado, se cruzó de brazos.

—Olvídalo, Kael… No vale la pena.

Busquemos a alguien más.

Kael apretó los puños y alzó la voz con más fuerza: —¡Aún no me doy por vencido!

Inspiró profundo y soltó desde lo más profundo de su pecho: —¡Me oíste, viejo!

¡Hay gente por la que vale la pena pelear!

¡Hay niños que pueden ser salvados, familias enteras que pueden vivir en paz!

¡Yo sé que no soy fuerte!

¡Sé que no soy suficiente aún!

¡Pero eso no evitará que lo intente una y otra vez hasta lograrlo!

Un crujido seco sonó… la puerta se abrió lentamente.

El viejo salió con el rostro imperturbable y la mirada como piedra.

—¿Y si no lo logras?

Kael, con los ojos ardiendo en determinación, respondió sin titubeo: —Entonces, al menos podré decir que lo intenté.

Que no fui como todos esos cobardes que se arrepienten por no haber hecho nada.

El anciano lo observó en silencio.

—Confías demasiado en ti mismo, muchacho…

—Pero aun así —añadió— no pienso enseñarles nada.

Aprendan por su cuenta si tanto quieren sufrir.

Kael no se movió.

Miró el jardín con admiración.

—Entonces, viejo, si no te molesta… entrenaremos aquí mismo.

No sé por qué, pero este lugar me inspira a luchar sin detenerme.

El anciano arqueó una ceja.

—Hagan lo que quieran.

Pero les advierto algo: mis lanzas no dejarán de atacarlos… y mucho menos mis gólems.

Brax retrocedió.

—¿¡Gólems!?

—¿Qué son esos?

—dijo Kael, curioso.

El suelo vibró.

Del jardín, el anciano levantó seis colosos de tierra, con ojos brillando con energía elemental.

El anciano (con una calma que helaba la sangre): —Los gólems son criaturas vivas hechas de tierra.

Su fuerza depende de la mía… y como sabrán, yo no soy precisamente débil.

Kael sonrió de oreja a oreja.

—Perfecto.

¡Mándalos todos!

¡Los destruiré uno por uno!

La batalla comenzó.

Ambos chicos se lanzaron contra los gólems, esquivando lanzas envueltas en fuego que emergían del jardín como si tuvieran vida propia.

Brax usaba pilares de tierra para defenderse, mientras Kael invocaba látigos de agua con todas sus fuerzas.

Caían.

Volvían a levantarse.

Se estrellaban contra muros de roca.

Rodaban por el suelo.

Sangraban.

Y seguían.

Lo intentaban con todas sus fuerzas, pero ningún gólem caía, pero ni Kael ni Brax se detuvieron seguían luchando sin importar las veces que eran vencidos.

Desde la entrada, el viejo los miraba.

Y por un instante, su rostro de piedra se quebró en una ligera sonrisa de respeto.

—Hmph… Así que aún quedan de esos jóvenes tercos que no aceptan vivir de rodillas… No dijo más.

Pero sus ojos ya no los miraban con desprecio.

Los miraba con… curiosidad.

Fue entonces cuando la atmósfera cambió.

El viento se detuvo.

Las lanzas que emergían del suelo comenzaron a ser interceptadas por una figura esbelta que avanzaba con gracia y seguridad.

Su rostro cubierto por una capucha, pero su postura transmitía poder absoluto.

Las lanzas ni siquiera la rozaban.

Ella las atrapaba en el aire y las hacía trizas, incluso jugaba con ellas dándoles vueltas con los dedos.

Dos gólems corrieron hacia ella.

Ella los esquivo con facilidad y luego con un leve movimiento con sus manos creo dos rocas gigantes y las lanzo sobre los gólems destruyéndolos.

Un tercero intentó golpearla.

Ella saltó con agilidad felina, giró en el aire y, con una espada de hielo cristalino partió al gólem en dos.

Kael y Brax se quedaron paralizados.

—¿Q-qué… qué fue eso?

—susurró Kael con los ojos como platos.

La figura avanzó, con una sonrisa divertida, y se detuvo frente al anciano.

La figura: —Vaya, viejo… No has cambiado nada, ¿no es así?

El anciano frunció el ceño.

—Layne… Aún sigues igual de temeraria.

Layne sonrió con frialdad.

—Tú me enseñaste parte de lo que sé, maestro.

Incluso hasta llegar a reemplazarte como general.

Pero no estoy aquí por nostalgia ni por charlas del pasado.

Estoy aquí por algo que estas escondiendo en este lugar.

El viejo apretó los dientes: —No sé de qué me hablas.

Layne (afilando la mirada): —Sí sabes.

El Arcáneo que está escondido en este lugar.

Y estoy bastante segura de que lo tienes cerca.

¿Me equivoco, maestro?

Kael, aun jadeando, no pudo contenerse.

—¡Eso fue increíble!

¡¿Cómo hiciste todo eso?!

¡Esa espada de hielo… jamás pensé que el agua pudiera usarse así!

Brax (admirado): —No solo usó agua… también controló tierra.

Es… es una dualista.

Kael (fascinado): —¡Enséñanos tú!

¡El viejo este no quiere!

¡Tú sí sabes cómo pelear en serio!

Layne los miró de reojo con altivez.

—¿Y estos son tus nuevos cachorros, maestro?

Ladran demasiado… y no muerden nada.

Niños, váyanse.

Los adultos tenemos cosas importantes que discutir.

Kael (molesto): —¿¡Niños!?

¡Pero si tú pareces más joven que nosotros!

Layne movió sutilmente el pie y con un solo gesto hizo que el suelo se levantara bajo Kael, creando una lanza de roca que lo lanzó volando varios metros.

—¡KAEL!

—gritó Brax, corriendo hacia él.

El anciano la miró con una mezcla de fastidio y decepción.

—Eres igual de sádica que siempre, Layne.

No has cambiado nada.

Layne (con sonrisa oscura): —En este mundo, o eres sádico… o lo son contigo.

¿Se te olvidó?

Por tu debilidad, por atreverte a rebelarte ante Lord Venaris, te arrebataron todo.

Hasta tu familia.

El viejo bajó la mirada por un segundo, pero cuando la alzó, sus ojos brillaban como el metal afilado.

—Lo que buscas… no lo encontrarás.

Porque no existe.

Los Arcáneos dejaron este mundo hace más de cincuenta años.

Ahora viven en su tierra sagrada.

Este mundo no les pertenece.

Layne sonrió, esa sonrisa que anuncia tormentas.

—Tú lo sientes igual que yo.

El ambiente aquí… está cargado.

Y lo que siento en la tierra me dice que hay un Arcáneo oculto.

Uno de tierra.

Uno muy poderoso.

Y ese silencio del viejo… valía más que mil palabras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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