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Ashes Of Dominion: Sangre y Elementos - Capítulo 8

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8: Episodio 7.

Secretos Ocultos 8: Episodio 7.

Secretos Ocultos En la región de Valyria ya cayendo la noche Layne regresaba a casa.

Caminaba con tranquilidad por el sendero del bosque privado donde vivía con su madre, un refugio ideal para la tranquilidad y paz que solo el bosque podría darles, caminaba con elegancia y calma sabiendo que no había nadie ahí que pudiera meterse con ella, y en sus manos, había una enorme bolsa llena de dulces que había comprado al llegar a Dominion Lux la capital principal de Valyria, los cuales comían uno tras otro.

Layne ya había cruzado todo el sendero y ya se podía ver su casa, era una casa pequeña y acogedora iluminada por varias luces y a su alrededor se podía ver un inmenso jardín bien cuidado, cuando Layne habré la puerta de su casa, en la cocina estaba una figura femenina, Arka Virell.

Una mujer esbelta y hermosa, su piel aceitunada, sus ojos azules profundos y su cabello bien arreglado corto rubio platinado, estaba cocinando con maestría mientras movía una salsa, vestía con una túnica cómoda color rosado pastel.

Arka la escuchó entrar y alzó la voz con dulzura: —Bienvenida a casa, cariño.

—¡Ya regresé, mamá!

—respondió Layne alegremente mientras masticaba un dulce.

Arka se giró y frunció el ceño al ver la bolsa.

Caminó hacia ella con esa mezcla de ternura y autoridad que solo una madre puede tener.

—Layne… sabes que no puedes comer tantos dulces.

Entrégame la bolsa… ahora, señorita.

Layne infló los cachetes como una niña y la miró con ojos de corderito.

—Pero mamá… estoy estresada, ¡y los dulces son mi única terapia emocional!

Arka no cambió la expresión.

Layne sabía que cuando se ponía así, era imposible convencerla.

Con un suspiro dramático, le entregó la bolsa.

Arka sonrió, acariciándole la mejilla.

—La cena estará lista en veinte minutos.

Ve a darte un baño mientras yo guardo esto.

Layne obedeció y subió por las escaleras con resignación mientras Arka se reía bajito por la actitud de su hija.

Ya en la bañera, con el vapor llenando el ambiente, se sumergió hasta el cuello y murmuró para sí misma: —Ese viejo cascarrabias… definitivamente lo está escondiendo.

Sentí la energía, aunque era muy cambiante para ser un Arcáneo completo.

¿Será un semi-dios?

Rayos… eso no me sirve para mi plan.

Frunció el ceño, cerró los ojos y apretó los puños bajo el agua.

—No importa.

Aunque falle cien veces, seguiré intentando.

Y al fin encontrare uno de ellos.

Esa misma noche en la región de Kaer` Marun, en la aldea de Tarzia en la montaña Hollow, Kael y Brax yacían exhaustos sobre el suelo del jardín.

Sus cuerpos cubiertos de heridas leves, sus brazos ya no respondían y las piernas temblaban.

Los 6 golems seguían de pie, con sus ojos de piedra brillando con burla.

—Malditos…

—gruñó Brax con el rostro contra el suelo—.

¡Se están burlando de nosotros!

—¡Rían mientras puedan, imbéciles!

—jadeó Kael, levantando apenas la cabeza— Yo seré quien ría… ¡en sus tumbas de arena!

El anciano chasqueó los dedos y los golems se deshicieron en arena.

—Muy bien.

Por hoy estuvieron… aceptables.

Mañana el entrenamiento será mucho peor.

Los muchachos lo miraron entre el agotamiento y la felicidad.

—Pueden descansar en esa habitación del fondo.

Ya no la uso.

Pueden vivir ahí hasta que termine su entrenamiento.

Kael y Brax asintieron agradecidos, pero antes de retirarse, el anciano aun con dudas y curioso preguntó mientras miraba a Kael: —Por cierto, chico… ¿acaso tienes familia?

Para querer entrenar así y destruir Dominion, debes de tener a alguien por quien pelear.

Kael, sorprendido por la pregunta, tardó un momento en responder.

—Sí…bueno.

Tenía… una hermana.

La secuestraron hace 10 años cuando era apenas una niña de cuatro años.

Desde entonces, he estado buscándola.

Y lo haré hasta el último aliento aunque me cueste la vida.

—¿Y si está muerta?

¿Y si solo persigues un fantasma?

Kael bajó la mirada, y luego sonrió con tristeza.

—Entonces iré a su tumba, me arrodillaré y le diré: “Tu hermano te buscó por todas partes… y al fin te encontró.” Y sí… me arrepentiré el resto de mi vida por haber llegado tarde.

Pero no me perdonaría jamás si no lo intentara.

—¿Y si está viva… y no quiere ser encontrada?

¿Y si tiene otra familia que la ama y la cuida?

¿La dejarías ir?

Kael guardó silencio unos segundos.

Luego, con voz baja pero firme: —Seré feliz por ella.

Y si no me reconoce… mejor.

Solo quiero saber que está bien.

Eso… ya sería suficiente para mí.

El anciano asintió lentamente.

Se giró y antes de entrar, dijo: —Estoy seguro de que… ella está bien.

—Gracias, maestro… —susurró Kael.

—Tómense un baño.

Hay uno dentro.

Haré la cena.

…………………………………………………..

La cena había terminado en la casa de Layne.

Layne, sentada con los brazos cruzados, jugaba con la cuchara vacía entre los dedos.

Su mirada, aunque serena, guardaba una chispa de frustración contenida.

Arka la observó detenidamente, con ese ojo clínico que solo una madre puede tener.

Se limpió la comisura del labio con un paño de lino blanco y, con voz cálida pero firme, dijo: —Bien, cariño… ahora puedes contarme todo.

Layne la miró aliviada, casi con una sonrisa.

—Al fin, mamá.

Ya era hora.

Arka soltó una pequeña risa mientras dejaba la servilleta sobre el plato vacío.

—Sabes que no me gusta hablar de misiones mientras comemos.

Podríamos perder el apetito, y eso no es bueno para una adolescente en pleno desarrollo.

Layne suspiró, resignada.

—Usted siempre tiene una frase para todo, señora mía… Arka sonrió triunfante mientras tomaba la taza de té.

—Siempre, amor.

Layne se inclinó hacia adelante, su tono más serio.

—El maestro… sí está ocultando a un Arcáneo.

Lo sentí.

Pero aunque su energía era cálida y completamente distinta, estaba descontrolada por un momento era muy fuerte y luego simplemente se desvanecía por completo como si no existirá nada.

Arka entrecerró los ojos.

—¿Estás diciendo que podría ser un semidiós o podría ser algo diferente?

¿Y si no es un Arcáneo?

Layne negó con la cabeza lentamente.

—Es difícil de decir, no podría ser un semi su energía estaba muy descontrolada, no se supone que un semi la controla a la perfección.

Y ese poder era descomunal estoy segura que algo está ocultando el viejo —Quizás aún sea muy joven —intervino Arka—.

Y si el maestro lo está cuidando, puede ser precisamente por eso.

Layne se quedó pensativa, la mano en el mentón.

—Podría ser… —¿Y cuál sentiste que era su elemento dominante?

—Tierra.

Estoy casi segura.

Lo sentí… en la vibración del suelo bajo mis pies.

Era puro, salvaje, y cálido.

Arka se levantó con lentitud, caminando hacia la ventana.

Miró al bosque con una expresión decidida.

—Será mejor que le haga una visita al maestro yo misma… Quiero confirmar esto con mis propios ojos.

Layne se giró, sorprendida.

—¿En serio vas a ir?

¿Y si alguien de Dominion se entera de que estuviste allí sin una misión oficial?

Arka respondió sin vacilar, sin girarse.

—Sabes bien que no somos esclavas de Dominion.

Somos libres… mientras lo seamos con prudencia.

Y si se trata de buscar a un Arcáneo a espaldas de Lord Venaris… entonces caminaré con sigilo, pero caminaré igual.

Layne sonrió, aunque aún con algo de inquietud.

—Entonces será mejor que usemos palabras claves cada vez que hablemos por el moniky.

No quiero terminar con un rastreador plantado en el oído.

Arka asintió.

—Buena idea, cariño.

Layne, divertida, inclinó la cabeza y preguntó con picardía: —Oye, mamá… ¿y mis dulces?

Arka sonrió como una reina traviesa.

—Escondidos.

Y más te vale no destruir la casa tratando de buscarlos como las otras veces.

Layne suspiró, vencida.

Ambas rieron bajito recordando esos momentos, como si el mundo fuera solo suyo por un instante.

………………………………………………………..

En la montaña Hollow, Kael y Brax comían con un entusiasmo feroz, como si la cena fuera un banquete imperial.

—¡Es la primera vez en mi vida que como algo tan bueno!

—dijo Kael con lágrimas en los ojos— Maestro, ¿es usted un chef secreto o algo así?

El viejo, sentado en silencio bebiendo su té, levantó una ceja.

—Niño… esto es solo una sopa con arroz.

No es la gran cosa.

—¡Pero es la mejor sopa con arroz que hemos comido jamás!

—añadió Brax con la boca llena.

El anciano los observó largo rato, como si sus palabras activaran algo que llevaba años enterrado.

—Por cierto, maestro —dijo Kael con curiosidad—, ¿cuál es su nombre?

El viejo lo miró fijamente.

Sus ojos se estrecharon.

—Ginthar Ratruz.

Brax se enderezó de inmediato.

—¡Ese nombre lo escuché muchas veces cuando era recluta del Ejército Negro!

Usted… usted era el primer general de Dominion, ¿no es así?

El silencio se hizo denso por unos segundos.

Luego, Ginthar habló.

—Sí.

Tienes razón, chico… Pero eso ya es agua pasada.

Kael se inclinó hacia adelante.

—¿Maestro… puede contarnos qué ocurrió?

¿Por qué se fue?

¿Por qué odia tanto a Dominion?

Ginthar guardó silencio.

Las brasas de la chimenea chispeaban como si escucharan también.

Finalmente, el anciano se puso de pie.

—Es una historia muy larga… Los chicos, al unísono: —¡Tenemos tiempo para escucharla!

El viejo maestro los miró con ojos distintos esa noche.

Ya no eran dos niños testarudos.

Eran dos jóvenes que, a pesar de su debilidad, tenían algo que pocos conservaban: corazón.

Ginthar caminó hacia la chimenea, tomó un leño y lo echó al fuego.

Las llamas iluminaron su rostro endurecido por las guerras y el tiempo.

—Escuchen bien, porque no la repetiré… Así comenzó la historia.

La historia de un hombre que fue leal al imperio… y que perdió todo por creer en algo más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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