Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas
- Capítulo 16 - 16 Hierro en la Sangre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Hierro en la Sangre 16: Hierro en la Sangre El primer punto fue suyo.
Jake Evernight, hijo de Aetheria, había irrumpido como un vendaval.
Aplausos, murmullos, ojos brillantes.
Su energía fluyó con instinto puro, golpeando como un rayo.
Todos lo sintieron.
Algunos incluso pensaron que Reiss se vería forzado a retroceder.
Pero eso fue antes de que la calma entrara al combate.
Antes de que Reiss Vauren comenzara a bailar.
Ahora, el marcador estaba 2 a 1.
Y Jake se tambaleaba.
La diferencia no era el poder, ni siquiera la velocidad.
Era el control.
Jake lo sentía.
Cada movimiento suyo salía con un segundo de retraso.
Como si el cuerpo empezara a traicionarlo.
Como si todo se volviera más espeso, el aire cargado de una densidad invisible que le oprimía los pulmones y le entumecía las extremidades.
Y Reiss… no parecía afectado en lo más mínimo, su presencia un ancla inquebrantable en el caos.
—Tu aura es intensa —dijo Reiss, sin tono ofensivo, su voz un eco sereno que cortaba el zumbido de la multitud—.
La forma en que respondiste en la primera ronda… no cualquiera lo logra.
Jake no respondió.
Apenas respiraba, el pecho subiendo y bajando con esfuerzo, el sudor perlando su frente como gotas de plomo que le quemaban la piel.
Estaba sudando más de lo que le gustaría admitir, y su brazo derecho ya tenía una línea roja por la última estocada mal defendida, un ardor que le subía por el hombro como veneno lento.
Reiss no se acercaba.
Lo observaba, su mirada fija y analítica, midiendo cada inhalación, cada temblor muscular.
Había algo extraño en su quietud.
No era arrogancia.
Era concentración.
Como quien estudia el viento antes de lanzar la lanza, anticipando no solo el golpe, sino el eco que dejaría en el aire.
—Hay una diferencia entre tener potencial y saber cómo usarlo —añadió Reiss, con serenidad, sus palabras pesando como un juicio implícito—.
No lo tomes como crítica.
Lo estás aprendiendo.
Jake sintió que esas palabras pesaban más que un golpe, un corte invisible en su orgullo que le revolvía el estómago.
Apretó los dientes, el rechinar resonando en su cráneo.
Se obligó a cargar de nuevo, envolviendo sus puños en esa energía blanca suya, caótica y brillante, un torrente que le ardía en las venas como fuego líquido.
Saltó, giró, lanzó un corte descendente, canalizando la fuerza no en un estallido bruto, sino en una onda concentrada que buscaba perforar las defensas.
Reiss bloqueó.
Con una sola mano, redirigiendo el flujo con un giro sutil del antebrazo, disipando la energía como si fuera niebla.
El impacto retumbó, pero él apenas dio un paso atrás, el suelo crujiendo bajo sus botas como huesos viejos.
Jake cayó con una rodilla en tierra, temblando, el impacto reverberando en sus huesos como un eco interminable.
Su aura chispeaba.
Agotada.
Desordenada, fragmentos de luz erráticos que le picaban en la piel como agujas.
Y ahí, en ese instante, lo entendió.
Reiss no lo subestimaba.
No lo miraba por encima.
Lo estaba tomando en serio.
Y eso era lo más aterrador de todo, un respeto que lo obligaba a confrontar sus propias limitaciones.
Jake tragó saliva, el sabor metálico de la sangre en su boca.
Estaba jadeando.
El sudor le bajaba desde la nuca hasta la espalda, empapando su camiseta rota en un costado, pegándose a la piel como una segunda capa asfixiante.
No puedo seguir así…
Si me lanzo de nuevo sin pensar, me va a aplastar, pensó, el pánico subiéndole por la espina como dedos helados.
Levantó la vista.
Reiss seguía ahí, con esa postura recta, sin arrogancia.
Solo ese silencio cortante que lo obligaba a escucharse a sí mismo, un vacío que amplificaba el latido de su corazón.
Jake dio dos pasos hacia atrás.
Por primera vez, eligió no atacar, el aire entre ellos cargado de una tensión palpable que le erizaba la nuca.
Reiss inclinó apenas el rostro.
No lo subestimaba.
Lo analizaba, sus ojos perforando como rayos.
—Estás pensando —dijo con tono tranquilo—.
Eso es bueno.
Jake no respondió.
Solo alzó las manos de nuevo, esta vez con los dedos más abiertos, los hombros relajados, las rodillas ligeramente flexionadas, ajustando su centro de gravedad para fluir en lugar de chocar.
La respiración bajó un ritmo.
Inhaló hondo, sintiendo el flujo de la energía estelar no como un arma externa, sino como una extensión de su pulso interno.
Él no me gana porque sea más rápido.
Me gana porque yo estoy luchando contra él…
y contra mí mismo, reflexionó, el peso de esa verdad oprimiéndole el pecho.
Jake entrecerró los ojos, el sudor cayéndole por la sien como una lágrima caliente.
Cada vez que lanzo energía estelar de frente, él la redirige, no la bloquea.
¿Cómo demonios lo hacen con tanta facilidad?
pensó, analizando los patrones como un rompecabezas que se armaba en su mente.
Fue entonces cuando recordó algo que Hiroshi le había dicho semanas atrás, mientras entrenaban entre ruinas, el eco de esas palabras reverberando ahora como un salvavidas.
“No intentes derribar una puerta que puedes abrir si giras la manija.” —¿Qué pasa si no concentro la energía en un solo punto?
—murmuró en voz baja, el aliento entrecortado— ¿Qué pasa si no golpeo…
sino que rodeo?
Jake extendió ambos brazos, no al frente, sino a los lados.
Su energía estelar empezó a emanar de su cuerpo, no como un torrente, sino como hilos sutiles, serpenteando en espirales lentas que crepitaban en el aire como electricidad viva.
Reiss se mantuvo firme, pero bajó la mirada un instante al suelo.
Observaba las corrientes, su expresión cambiando sutilmente, un tic en la mandíbula revelando cálculo.
Jake tensó la espalda, bajó su centro de gravedad, y se lanzó en diagonal, con una pisada fuerte de la pierna izquierda y un giro controlado del torso, canalizando la energía no en un estallido, sino en una red que buscaba envolver.
El codo derecho avanzó primero, trazando una curva que obligó a Reiss a levantar su defensa, el aire silbando con la fricción.
Pero en ese instante, Jake pivotó sobre la pierna trasera y rotó la cadera completa, deslizando la pierna contraria como un látigo en dirección a sus costillas, infundiendo la energía en un flujo circular que se colaba por las grietas.
Reiss alcanzó a bloquear con su antebrazo, pero un haz fino de energía estelar, como una cuchilla de aire, salió del tobillo de Jake al contacto, perforando la defensa con precisión quirúrgica.
El golpe no lo tiró.
Pero lo hizo retroceder, un paso forzado que crujió el suelo.
Jake no se detuvo.
Siguió moviéndose, con pasos más bajos, usando su energía no como un martillo, sino como una red envolvente que anticipaba y redirigía, el sudor volando de su cuerpo con cada giro.
La pierna izquierda bajó en ángulo, el brazo derecho giró en arco inverso.
Una estocada veloz, pero no frontal.
Una técnica recién inventada, aún sin nombre, pero que se sentía como la bifurcación de una corriente: una que no choca…
sino que se cuela por las fisuras invisibles.
El filo le rozó el hombro a Reiss.
Por primera vez, dejó marca.
Una quemadura leve.
No sangraba, pero era visible, un rastro rojo que humeaba ligeramente.
Jake cayó con una rodilla, respirando agitado, el pecho ardiendo con el esfuerzo.
Pero con los ojos encendidos, un fuego de resolución que le calentaba las venas.
—¿Ves eso?
—espetó entre jadeos, la voz ronca— No necesito gritar para que me escuches.
Reiss se tocó la marca.
La energía residual aún vibraba en su piel, un picor que le tensaba los músculos.
—Tampoco necesitas un nombre elegante para lo que acabas de hacer —dijo, con media sonrisa que no llegaba a sus ojos—.
Eso fue precisión.
Jake se incorporó lentamente, sacudiendo los brazos, el agotamiento pesando en sus hombros como cadenas.
—Llámalo…
Tajo cruzado.
Porque no va de frente.
Va donde no estás mirando.
Reiss se acomodó los hombros.
Había dejado de caminar con soltura.
Ahora medía sus pasos, el suelo bajo ellos aún crepitaba con energía estelar residual, un zumbido que le erizaba la piel.
—Jake Evernight… —dijo con una voz más grave, el timbre vibrando en el aire—.
No subestimé tu fuerza.
Pero reconozco que… no había visto tu ingenio.
—Y yo no había visto a alguien tan difícil de derribar —respondió Jake, el aliento entrecortado—.
No en cuerpo… sino en voluntad.
Ambos respiraban con fuerza, el aire entre ellos cargado de un respeto mutuo que pesaba como plomo.
Y por primera vez… la balanza parecía tambalear, un equilibrio precario que le aceleraba el pulso a Jake.
El silencio en la arena era tan profundo que se escuchaban las chispas, un crepitar sutil que amplificaba la tensión.
La energía estelar de ambos se agitaba como banderas en una tormenta, fragmentos de luz danzando en el aire espeso.
Jake estaba con un corte en la ceja, respirando entrecortado, la sangre goteando por su mejilla como una lágrima caliente, pero sus ojos estaban despiertos.
En su centro.
Ya no titubeaban, un foco de claridad en el caos.
Reiss se lamió la comisura de los labios, secándose una gota de sudor con el dorso de la mano, el gesto revelando fatiga acumulada.
—Tercer punto.
El que lo gane, pasará a la próxima ronda.
¿Preparado?
—Más que eso.
Estoy despierto —Jake sonrió, mostrando los dientes, el gesto tenso en sus labios—.
Al fin.
Y entonces todo se rompió.
Reiss se movió primero, pero no de frente.
Se desvaneció a la izquierda, tocó el suelo con la palma y saltó como una sombra invertida, directo al cuello de Jake con una patada descendente en espiral, canalizando su energía en un flujo rotatorio que buscaba desestabilizar el equilibrio interno.
Jake cruzó los brazos, bloqueó el impacto…
pero las piernas cedieron y resbaló hacia atrás, clavando los talones en el suelo, el dolor subiendo por sus muslos como fuego.
¡Su técnica de salto se apoya en el brazo inverso!
pensó, el análisis cortando el pánico.
Jake se impulsó de lado.
No había tiempo para atacar.
Solo esquivar, ajustando su flujo para contrarrestar la inercia.
Reiss ya venía otra vez.
Cada movimiento era una secuencia orquestada, como una danza letal.
No había desperdicio, cada paso calculado para explotar vulnerabilidades, redirigiendo el momento con precisión.
Una patada, un giro, una finta, un barrido.
Todo venía en combo, un asalto que le oprimía el pecho a Jake.
Jake jadeaba, el pecho ardiendo con cada inhalación, el sudor cegándolo parcialmente.
No es más fuerte que yo… pero no deja de leerme.
Me analiza mientras me golpea.
Como si supiera qué estoy pensando…
antes que yo mismo, reflexionó, el miedo enredándose con la determinación.
Jake apretó los dientes.
Dio un salto hacia atrás.
Pero mientras volaba en el aire, cruzó las manos en el pecho y formó una onda circular de energía estelar, que lanzó al suelo justo donde aterrizaría, no como un ataque directo, sino como una disrupción táctica.
¡BOOM!
La explosión no fue ofensiva.
Fue táctica.
El humo se elevó, cubriendo su descenso, un velo que nublaba la visión y le picaba en los ojos.
Jake no necesitaba verlo.
Ya había memorizado el patrón de Reiss, internalizando los ritmos como un mapa mental.
Giró el torso.
Estiró el brazo izquierdo.
Abrió la palma, canalizando la energía en un vórtice sutil.
Y cuando Reiss entró por el flanco, directo al corazón de la nube… la palma lo esperaba, redirigiendo su flujo con un contraflujo que lo desequilibraba desde dentro.
¡Ahora!
—¡Desviación!
—gritó Jake, la voz ronca cortando el humo.
Una corriente rotatoria lo envolvió y usó la energía de Reiss contra él, cambiando su trayectoria en el último segundo.
Reiss cayó sobre una rodilla, con una expresión sorprendida, el impacto reverberando en su cuerpo como un eco doloroso.
Jake no desperdició el momento.
Se lanzó con el hombro, no para golpear, sino para colisionar con su centro de gravedad, infundiendo la energía en un pulso concentrado que explotaba vulnerabilidades internas.
Reiss trastabilló.
Por primera vez, el equilibrio le fallaba, un crac en su compostura que le aceleraba el pulso a Jake.
Jake rodó, se levantó en una sola acción, flexionó el brazo, y lanzó una esfera comprimida de energía estelar directa al torso, no como un proyectil bruto, sino como una onda que se infiltraba y expandía desde dentro.
Impacto limpio.
La explosión fue contenida, pero eficaz.
Reiss fue arrastrado un par de metros hacia atrás, la camiseta quemada en el centro, el dolor subiendo por su pecho como un incendio controlado.
Jake cayó de rodillas, respirando como si hubiera corrido tres kilómetros sin parar, el agotamiento oprimiéndole como un torno.
El humo se disolvía lentamente, revelando el daño.
Reiss se puso de pie, tocándose el pecho.
Tenía quemaduras.
Y sangre, un rastro rojo que le manchaba la piel.
Pero sonreía.
Una sonrisa mínima.
Tranquila, un reconocimiento que pesaba en el aire.
—No esperaba menos —dijo—.
Supiste adaptar cada error.
Cada tropiezo.
Jake, aún agitado, lo miró desde el suelo, el pecho subiendo y bajando con esfuerzo.
—No fue por ti —contestó, la voz entrecortada—.
Fue por mí.
Tenía que aprender a escucharme en medio del ruido.
El árbitro levantó la mano, cortando la tensión como un filo.
—¡Punto final para Jake Evernight!
¡Marcador definitivo: 3 a 2!
Hubo un segundo de silencio.
Un segundo en el que nadie respiró, un vacío que succionaba el aliento colectivo.
Y luego, el estallido.
El público gritó, silbó, se puso de pie.
Algunos no podían creerlo.
Otros lo esperaban en secreto.
Pero todos lo sintieron: Jake Evernight acababa de firmar su nombre con fuego, un clamor que reverberaba en sus oídos como un veredicto.
Reiss, de pie, con el pecho aún marcado por la última explosión, bajó la mirada.
No de derrota.
De respeto, un gesto que le calentaba el pecho a Jake.
Jake, jadeando, con los ojos empañados de cansancio y emoción, apenas podía sostenerse en pie.
Pero lo hacía.
Como un árbol que se niega a caer después de la tormenta, las piernas temblando con el esfuerzo acumulado.
Reiss se acercó.
Le tendió la mano, el gesto pesado con significado.
—Nunca subestimes lo que aún no ha florecido —le dijo—.
Hoy ganaste.
No por ser el hijo de nadie… sino por decidirlo.
Jake la tomó, temblando, el contacto un ancla en el caos.
—Gracias por no frenarte —respondió, la voz ronca—.
Necesitaba que me empujaras al borde.
—Eso hacen los guerreros que respetan a otro —dijo Reiss, inclinando la cabeza, un gesto que sellaba el momento.
Cuando soltaron las manos, el estadio aún coreaba el nombre de Jake.
Pero él no lo escuchaba.
En su cabeza, había una sola cosa: No soy el mejor.
Pero estoy en camino.
Y esta vez…
lo estoy escribiendo con mi propia sangre.
Las antorchas del coliseo estallaron en una llamarada pálida, y la multitud se inclinó hacia el abismo de las plataformas con hambre en los ojos, el aire cargado de un zumbido eléctrico que erizaba la piel.
El combate entre Jake Evernight y Reiss Vauren aún estaba fresco en sus retinas, pero los sistemas ya estaban recalibrados.
El cuadrante superior izquierdo del campo descendió en tres niveles, revelando las tres plataformas circulares, separadas por campos de energía: una roja, una verde, y una azul.
El estruendo era bestial, un rugido colectivo que reverberaba en el pecho.
“Bienvenidos a la siguiente ronda del Torneo Astral.” La voz del árbitro resonó como un trueno refinado, cortando el caos.
“Tres combates.
Seis combatientes.
Tres llaves en juego.
Observen bien…
porque alguno de estos nombres resonará por eras.” [PLATAFORMA ROJA] – Lyra Vex vs Bran Volk Lyra apareció como un destello púrpura entre los haces de luz, con el cabello plateado amarrado en una coleta tan tensa como su concentración, el aire a su alrededor crepitando con una tensión sutil.
Sus guantes marcaban runas en espiral que se iluminaban con una energía afilada, casi como si su aura buscara cortar la misma realidad, un flujo que le picaba en las palmas como electricidad viva.
Frente a ella, Bran Volk ajustaba las correas de su armadura de torso desnudo.
Alto.
Imponente.
Su piel curtida parecía piedra pulida por tormentas, venas prominentes que pulsaban con una fuerza contenida.
Bran (voz ronca, fija en sus ojos): —No subestimo lo que veo.
Pero no me rendiré, aunque me atravieses con todo tu brillo.
Lyra (sin pestañear): —Eso es lo que quiero.
Alguien que aguante.
¡TIIING!
El gong resonó y el duelo comenzó.
Bran se lanzó como una avalancha, sus pasos estremecían la plataforma, canalizando su energía en un flujo interno que endurecía sus músculos como acero forjado.
Lyra giró sobre sí misma, deslizando su palma hacia delante —una estela de cortes invisibles emergió al instante, hilos de energía que se colaban por las defensas, rozando el brazo de Bran y dejando una línea sangrante que ardía como fuego.
Lyra (mentalmente): “Los Veintitrés Hilos Cortantes están activos…
aún no bloquea, solo aguanta.
Tiene una resistencia insana, absorbiendo el daño como si lo transformara en combustible.” Bran rugió, y del suelo arrancó un trozo de piedra reforzada, lanzándolo como un proyectil infundido con su aura, un impacto que silbaba en el aire.
Lyra saltó hacia atrás, deslizando su bota sobre el borde y activando un patrón de runas en su talón, redirigiendo el momento para desvanecerse en un parpadeo y reaparecer detrás de Bran con un solo dedo extendido, canalizando un corte preciso que explotaba vulnerabilidades internas.
—Segundo corte.
Una línea surgió en la espalda de Bran como una grieta en mármol, un dolor sordo que le subía por la espina.
Pero el gigante solo sonrió, su cuerpo adaptándose, endureciéndose.
Bran: —Eso…
eso sí dolió.
Y entonces, por primera vez, Bran canalizó su energía: sus venas comenzaron a brillar rojo-naranja, como un volcán por estallar, un calor que le quemaba desde dentro y endurecía su estructura molecular.
Bran: —“Ignis Frame.” Lyra (abriendo los ojos con fuerza): —Oh…
no estás aquí para jugar.
[PLATAFORMA VERDE] – Kael Riven vs Nia Skell Kael caminó hacia el centro con el aire de un príncipe exiliado.
Su lanza de tres puntas giraba con soltura en su palma, sin mostrar esfuerzo, un flujo que anticipaba trayectorias invisibles.
Nia, por otro lado, bajó la cabeza y permaneció en silencio, como si las luces del coliseo fueran demasiadas, sus dedos temblando… hasta que sus pies tocaron la piedra, activando un cálculo interno que la estabilizaba.
Ahí se transformó, su mente expandiéndose como una red.
Kael (incrédulo): —…Eres tú la que invocó los cubos espectrales ayer.
Pensé que era un error de sistema.
Nia (voz apagada): —No soy un error.
Soy el experimento que sobrevivió.
El suelo debajo de ella se abrió en un rompecabezas de bloques flotantes.
Plataformas cúbicas de cristal giraban a su alrededor.
Cada una proyectaba una trayectoria futura…
cálculos flotaban en el aire, analizando variables en tiempo real.
Kael lanzó su lanza, infundiendo energía para perforar defensas.
Instantáneamente, dos cubos interceptaron la trayectoria, descomponiendo la lanza en partículas de datos, redirigiendo el flujo a un vacío inofensivo.
Kael (sonriendo): —Interesante.
Nia (aún sin mirarlo): —Estrategia: supresión de rango medio.
Comenzando análisis de desestabilización motora.
Kael no era tonto.
Sabía que estaba siendo escaneado, leído, desmenuzado, cada movimiento diseccionado como un código.
Kael (mentalmente): “¿Qué tipo de mente puede analizar una pelea en tiempo real…
y reescribirla?” Activó su propio protocolo.
El suelo se oscureció bajo sus pies mientras se impulsaba con una explosión centrífuga, redirigiendo la energía para crear un vórtice que explotaba patrones predecibles.
“Lanza Astra”, gritó, un pulso que buscaba sobrecargar los cálculos.
Nia apenas levantó un dedo.
Los cubos giraron en un espiral caótico, creando un domo defensivo que absorbía y redistribuía la fuerza.
El impacto fue brutal.
Las plataformas estallaron en una lluvia de cristal, pero detrás del humo…
Nia aún estaba ahí, ilesa.
Sonriente, ajustando variables internas.
Nia: —Nuevo patrón detectado.
Adaptando contramedida.
[PLATAFORMA AZUL] – Vahn Elric vs Drayk Halden Este no parecía un combate…
sino un entierro.
Vahn caminaba como un monje.
Lento, casi flotando.
Sus ropajes eran oscuros con símbolos arcanos y su mirada…
vacía, un vacío que succionaba el aliento.
Drayk, por otro lado, tenía las manos en los bolsillos.
No sacó arma.
No hizo reverencia, su presencia un desafío crudo.
Drayk (murmurando): —Mátame rápido, brujo.
Tengo cosas más interesantes que ver que tus rezos.
Vahn alzó la mirada por primera vez.
Vahn: —La energía estelar no mata.
Absorbe.
Disuelve.
Transforma.
De inmediato, el cielo sobre la plataforma azul se oscureció.
Una cúpula de constelaciones emergió del campo, un velo que alteraba percepciones.
Drayk resopló, sacó las manos…
y reveló dos cuchillas cortas, infundidas con un flujo que cortaba no solo carne, sino enlaces energéticos.
Drayk: —Perfecto.
Luz de estrellas, las odio.
Se lanzó como una víbora.
Su velocidad era animal, un asalto que explotaba brechas mentales.
Vahn movió solo dos dedos y creó un círculo de energía, un escudo que redirigía intenciones.
Drayk lo atravesó con brutalidad…
y su cuchilla rozó la mejilla de Vahn.
Un solo corte, un ardor que le recordaba la fragilidad.
Drayk (riendo): —¿No lo viste venir?
Vahn (sin inmutarse): —No necesitaba verlo.
Una runa brilló bajo el pie de Drayk.
¡BOOM!
Una onda lo lanzó hacia atrás como un proyectil, un pulso que atacaba no el cuerpo, sino el equilibrio psíquico.
El campo tembló, el aire vibrando con ecos invisibles.
Vahn: —Grabé tu movimiento desde que cruzaste la barrera.
Ya no me pertenece este cuerpo…
solo el cálculo.
Drayk escupió sangre.
Rio, el sabor metálico en su boca avivando su rabia.
—Eso fue buena…
Pero te aseguro que no tienes runas suficientes para detenerme otra vez.
Y se volvió a lanzar, esta vez en zigzag.
Una sombra veloz contra un mago que apenas respiraba, buscando sobrecargar el sistema con caos impredecible.
[EN LAS GRADAS] Jake Evernight miraba con atención los tres combates.
A su lado, algunos compañeros recién clasificados compartían miradas, tensos, el sudor colectivo pegándose al aire.
Jake (pensando): “Cada uno…
es una tormenta contenida.
Este torneo…
no es un simple juego.” El coliseo rugía, y los campos de energía vibraban con el alma de los combatientes, un pulso colectivo que le aceleraba el corazón.
El Coliseo se envolvía en pulsos de energía inestables.
Cada plataforma ardía con sus propios demonios.
El público no sabía en cuál fijar sus ojos.
No había respiro.
No había tiempo para pestañar, el aire cargado de un olor a ozono quemado y sangre fresca.
[PLATAFORMA ROJA] – Lyra Vex vs Bran Volk Bran estaba envuelto en fuego.
No una llama común, sino un aura volcánica que deformaba el aire alrededor, endureciendo su estructura interna para absorber impactos.
El suelo se derretía con cada uno de sus pasos, un calor que le quemaba las plantas de los pies.
Ignis Frame: Nivel 2.
Lyra jadeaba.
Varias de sus runas estaban desactivadas.
Sangraba del brazo derecho, un corte que le ardía como ácido.
Lyra (pensando): “Ya desactivó quince de los hilos… está aprendiendo…
y su resistencia… es monstruosa, transformando el dolor en un ciclo de regeneración.” Bran sonrió.
—Me tienes contra las cuerdas…
pero sigo aquí.
Y eso te debe molestar.
Lyra cerró los ojos.
Y murmuró: —Corte 24.
Punto de gravedad.
Una sola línea.
Casi invisible.
Pero el suelo bajo Bran colapsó.
No por daño físico, sino porque Lyra alteró la masa en un microsegundo: cayó con una fuerza 5 veces mayor que su peso, un peso que le aplastaba los huesos desde dentro.
¡CRACK!
Bran se arrodilló, su pierna quebrada bajo su propio cuerpo, el dolor subiendo por su espina como un rayo.
Bran (gritando): —¡NO…
AÚN NO!
Y en un último aliento, lanzó su puño envuelto en magma, un pulso que buscaba sobrecargar las runas.
Lyra no lo esquivó.
Lo recibió, redirigiendo el flujo para disiparlo internamente.
El impacto la mandó girando por el aire, el dolor reverberando en su pecho.
El árbitro, alzando el brazo, gritó en sincronía con el clamor de los asistentes: —¡VICTORIA PARA…
LYRA VEX!
Lyra se levantó lentamente, el labio roto, una sonrisa torcida en su rostro, el triunfo amargo en la boca.
[PLATAFORMA VERDE] – Kael Riven vs Nia Skell Kael estaba sin lanza.
Su brazo izquierdo colgaba desarticulado, un entumecimiento que le subía por el hombro.
Nia flotaba entre los cubos, como una marioneta de cálculos, analizando y adaptando en ciclos infinitos.
Kael (mentalmente): “Cada vez que ataco…
ella ya lo ha visto.
Pero hay algo que no puede prever…
el instinto.
El caos impredecible.” Kael dio un paso adelante.
Otro, ajustando su flujo para crear irregularidades.
Nia lo miró con una ceja alzada.
—¿Rendición?
Kael sonrió.
—Rebote invertido.
Y se lanzó hacia uno de los cubos a toda velocidad.
Justo antes del impacto, activó una vieja técnica: desvió su energía para rebotar de forma diagonal contra el cubo, girando por debajo de la predicción de Nia, explotando el azar en el sistema.
Por primera vez…
Nia frunció el ceño, un crack en su matriz.
Kael emergió por su flanco ciego y, usando su propia armadura como proyectil, embistió con el hombro desnudo, un pulso que sobrecargaba los cálculos desde dentro.
Los cubos colapsaron como una red rota, fragmentos cristalinos cortando el aire.
Kael (gimiendo): —Instinto, niña.
Nia cayó de rodillas.
Agotada.
Desconectada, el vacío en su mente un peso opresivo.
Árbitro: —¡Kael Riven AVANZA A SEMIFINALES!
Kael alzó el brazo con dificultad, el dolor latiendo como un segundo corazón.
—Eso fue…
jodidamente hermoso.
[PLATAFORMA AZUL] – Vahn Elric vs Drayk Halden El duelo más silencioso…
pero el más mortal.
Drayk jadeaba, la mitad de su cuerpo cubierto por energía negra, un flujo que corroía sus propias defensas.
Vahn había dejado de moverse.
Solo sus ojos se mantenían abiertos, flotando a centímetros del suelo, manipulando percepciones internas.
Drayk: —Me llevaste al límite, brujo…
…y aun así no sangraste.
Vahn: —Sangré por dentro.
Donde no puedes cortar.
Drayk intentó un último movimiento, una estocada dirigida al corazón, infundida con un pulso que disolvía enlaces.
Pero cuando su cuchilla lo tocó…
Drayk (desesperado): —…
¡¿Qué demonios?!
Vahn (calmo): —Te reflejé.
Cada golpe, cada intención.
Ahora estás atrapado en ti mismo, un bucle que ataca tu propia psique.
Drayk cayó de espaldas.
Con la mente atrapada en un bucle ilusorio, el terror subiéndole por la garganta como bilis.
Árbitro: —Vahn Elric, por supresión psico-astral, es el ganador.
[ZONA DE LOS CLASIFICADOS – Anuncio del Sorteo] El aire estaba pesado, cargado de sudor y energía residual que picaba en la piel.
Cuatro combatientes se alineaban bajo los reflectores: Jake Evernight Lyra Vex Kael Riven Vahn Elric Una esfera flotante descendió.
El sistema de emparejamiento aleatorio comenzó su sorteo.
Cifras giraban, luces rebotaban, y la tensión podía cortarse con un suspiro, un nudo colectivo en el estómago.
“Emparejamientos listos.” La voz del árbitro retumbó con solemnidad.
SEMIFINAL 1: Jake Evernight vs Vahn Elric SEMIFINAL 2: Lyra Vex vs Kael Riven El Coliseo rugió, un clamor que reverberaba en los huesos.
Jake entrecerró los ojos, el corazón latiéndole con fuerza.
Jake (mentalmente): “Vahn…
Elric.
Ese tipo no pelea.
Él desmantela almas.” Vahn lo miró, inexpresivo.
Como si ya supiera cómo terminaría el combate, un presagio que le helaba la sangre a Jake.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com