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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 La grieta invisible Parte 1
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3: La grieta invisible (Parte 1) 3: La grieta invisible (Parte 1) El interior del edificio los recibió con una penumbra espesa, casi tangible.

No era una simple falta de luz: era como si el lugar hubiera aprendido a conservar la sombra.

Unos pocos rayos de sol se filtraban por las ventanas altas y polvorientas, cortando el aire en haces oblicuos que iluminaban motas suspendidas, flotando como ceniza estática en cámara lenta.

El olor era lo primero que se imponía.

Incienso antiguo, cera derretida y algo más… metálico, apenas perceptible, como ozono después de una tormenta que nunca terminaba de estallar.

El recinto estaba atestado de estanterías de madera oscura, arqueadas por el peso de tomos encuadernados en cuero agrietado y pergaminos amarillentos cuyos bordes parecían mordidos por el tiempo.

Algunos símbolos grabados en los lomos no pertenecían a ningún alfabeto que Jake reconociera.

Otros, peor aún, despertaban una sensación incómodamente familiar.

En el centro de la estancia, una mesa de roble macizo servía de núcleo.

A su alrededor, seis estudiantes vestidos con túnicas negras conversaban en susurros bajos y siseantes.

Las voces se apagaron al unísono cuando la puerta gimió sobre sus bisagras.

Todas las miradas se alzaron.

Uno de ellos dio un paso adelante.

Era un chico de rasgos afilados, demasiado precisos para resultar del todo humanos.

Sus ojos eran tan oscuros que parecía que la luz se perdía en ellos, como si carecieran de pupila.

No había tensión en su postura, ni hostilidad explícita… pero su presencia imponía un orden silencioso.

Una autoridad fría, asentada, como si el lugar le perteneciera.

El líder, pensó Jake.

Sintió cómo su Energía Estelar se replegaba instintivamente, como un animal que detecta a otro depredador.

—¿Puedo ayudarlos en algo?

—preguntó el chico.

Su voz era calmada, medida, pero vibraba con una tensión metálica, como una cuerda de violonchelo estirada al límite.

Jake tragó saliva, sin apartar la mirada.

—Hemos oído que… vas a participar en el Gran Torneo Estelar —dijo—.

Queríamos saber más sobre ti.

Y sobre este club.

El chico ladeó la cabeza apenas unos grados, evaluándolo.

Luego sonrió.

No fue una sonrisa auténtica: fue un gesto mecánico, estudiado, que no alcanzó a tocarle los ojos.

—Mi nombre es Elian —respondió—.

Aunque aquí me conocen como Raven Lockhart.

Hizo una breve inclinación de cabeza, casi ceremonial.

—Y sí, participaré.

Sophia dio un paso al frente antes de que Jake pudiera decir nada más.

Su voz salió firme, sin titubeos.

—Sabemos que usan la Energía Estelar —dijo—.

Y no como se enseña en las aulas.

Queremos entender qué buscan realmente.

Por un instante, el aire pareció tensarse.

Raven recorrió a Sophia con la mirada y luego volvió a Jake.

Esta vez, su atención se detuvo un segundo más de lo necesario.

—La Energía Estelar —dijo finalmente, comenzando a rodear la mesa con pasos lentos— no es solo una herramienta para encender luces o ganar combates.

Es la esencia misma del flujo de la existencia.

Se detuvo frente a Jake.

Estaban tan cerca que Jake pudo percibir el aroma a sándalo impregnado en la túnica del chico.

—Aquí —continuó Raven en voz baja— exploramos aquello que los profesores prefieren ignorar.

Se inclinó ligeramente hacia él.

—Buscamos el límite.

Un escalofrío recorrió la espalda de Jake.

—¿El límite de qué?

—preguntó, sabiendo que no le gustaría la respuesta.

Raven sonrió otra vez, esta vez con un destello de algo genuino… y perturbador.

—La frontera exacta entre lo que es puro —susurró— y lo que puede ser corrompido.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Corrompido.

Para Jake no era un concepto académico.

Era el cielo desgarrándose sobre Aetheria.

Era el violeta devorándolo todo.

Era la misma vibración que había sentido al ver la máscara de Zephyr Blackthorn.

—¿Y el torneo?

—preguntó Jake—.

¿Por qué te interesa?

Raven soltó una risa breve, seca.

—Porque el torneo es una grieta —respondió—.

Un punto de presión.

Un lugar donde las reglas se tensan… y donde ciertas puertas pueden abrirse.

Sophia frunció el ceño.

—¿Puertas hacia qué?

Raven no respondió de inmediato.

En su lugar, se giró hacia la mesa y apoyó la mano sobre un símbolo grabado en la madera: una estrella deformada, rodeada por un círculo incompleto.

—Ten cuidado, Jake Evernight —dijo de pronto, sin mirarlo—.

Algunos entran a la arena por gloria.

Otros… por necesidad.

Jake se tensó.

—¿Cómo sabes mi nombre?

Raven retiró la mano.

—Porque el cosmos recuerda —respondió—.

Y porque hay llamas que nunca se apagan del todo.

Se giró por última vez.

—Si de verdad quieren respuestas… busquen la Llama Eterna, más allá del Bosque de las Sombras.

Las velas parpadearon.

Durante una fracción de segundo, Jake juró ver una sombra ajena proyectarse detrás de Raven.

Una que no coincidía con su cuerpo.

Parpadeó.

La sombra ya no estaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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