Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 La grieta invisible Parte 2
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4: La grieta invisible (Parte 2) 4: La grieta invisible (Parte 2) Durante las semanas que siguieron a la visita al club de ocultismo, la Academia Altamira continuó funcionando con su habitual fachada de orden y excelencia.
Clases, entrenamientos, anuncios holográficos del torneo flotando en los pasillos como promesas brillantes.
Pero bajo esa superficie pulida, algo se estaba tensando.
Sophia lo sentía.
Cada vez que revisaba sus notas de combate o ajustaba sus rutinas de entrenamiento con Jake, la advertencia de Raven regresaba a su mente como un eco persistente: la frontera entre lo puro y lo corrompido.
No era una frase poética.
Era una línea real, peligrosa.
Fue esa inquietud la que la llevó a la biblioteca antigua, una sección que pocos estudiantes frecuentaban.
Allí, entre estanterías selladas con campos de restricción y archivos que solo podían consultarse con autorización especial, empezó a escarbar.
Registros de incidentes.
Casos olvidados.
Nombres borrados de los listados públicos.
Aprendices prometedores que habían “abandonado la academia” tras fallos catastróficos durante pruebas estelares.
Combates suspendidos.
Arenas evacuadas.
Profesores desaparecidos de los registros oficiales.
Un patrón emergía.
No era la fuerza bruta lo que había destruido a esos estudiantes.
Era la falta de control.
Sophia encontró la referencia una noche, cuando ya casi todos los sectores de estudio estaban en silencio.
Regla 17B.
El texto era frío, clínico: “Todo competidor debe haber aprobado la prueba de control básico de Energía Estelar antes de participar en cualquier evento de confrontación.
El incumplimiento implica descalificación inmediata.” Al principio frunció el ceño.
Recordaba vagamente la prueba: un ejercicio técnico, casi tedioso, enfocado en la estabilidad interna más que en el combate real.
—Una formalidad —murmuró para sí.
Siguió leyendo.
Los anexos eran peores.
“La Energía Estelar en estado crudo amplifica vulnerabilidades emocionales y cognitivas.
En individuos no certificados, puede atraer resonancias externas, generar corrupción progresiva o abrir vectores de posesión temporal.” Sophia cerró el archivo con un escalofrío.
Entendía el riesgo.
Lo entendía de verdad.
Pero también sabía algo más: su entrenamiento con Jake había sido intenso.
Preciso.
Real.
Sentía la Energía fluirle con una claridad que muchos de sus compañeros jamás alcanzarían.
Además, había algo más importante.
Blackthorn.
El torneo cerrado.
El patrocinio.
El club de ocultismo.
Si había una amenaza real, estaba ahí.
Y alguien tenía que unir las piezas.
Después, pensó.
Haré la prueba después.
Los días pasaron.
El anuncio de las preliminares llegó envuelto en fanfarria y expectación.
La academia bullía.
Algunos estudiantes entrenaban hasta el agotamiento; otros exhibían una confianza excesiva, intoxicados por la idea de gloria.
Sophia entrenó con Jake la noche anterior.
—Estás distraída —dijo él, observándola mientras ella canalizaba Energía en las palmas.
—Estoy bien —respondió, demasiado rápido.
Jake no insistió.
Confiaba en ella.
Eso fue lo que más le dolió después.
El día de las preliminares, el coliseo de Altamira vibraba como un organismo vivo.
Gradas repletas, luz celestial bañando la arena diseñada para resistir impactos imposibles.
El aire olía a sudor, tierra removida y ambición.
Sophia caminó hacia su cuadrante con el corazón golpeándole el pecho.
Vio a su oponente: un gigante de músculos densos y cicatrices viejas.
Sonrió.
Puedo con esto.
Sintió la Energía Estelar despertar en su interior, cálida, obediente.
—Combatientes, prepárense —anunció el árbitro.
El mundo se estrechó.
Cada latido.
Cada respiración.
Entonces— —¡Esperen!
La voz cayó como un martillo.
Sophia parpadeó.
El árbitro observaba una tableta holográfica flotante, su expresión endureciéndose.
—Sophia Johnson —dijo finalmente—.
Queda descalificada.
El silencio fue absoluto durante medio segundo.
Luego, el coliseo estalló.
—¿Qué…?
—susurró ella, incapaz de procesarlo.
—Violación de la Regla 17B —continuó el árbitro—.
No ha completado la prueba de control básico de Energía Estelar.
Su participación no está permitida.
El suelo pareció hundirse.
Las miradas.
Los murmullos.
Las risas ahogadas.
El gigante cruzó los brazos, sonriendo con suficiencia.
Sophia sintió cómo la Energía que había acumulado se dispersaba en chispas erráticas, inútiles.
El calor de la vergüenza le subió por el cuello, quemándola desde dentro.
Desde el cuadrante opuesto, Jake lo vio todo.
Sintió algo romperse en su pecho.
Sophia giró y huyó de la arena.
Minutos después, cuando Jake finalmente se plantó frente a Raven Lockhart, la atmósfera estaba cargada de electricidad.
Raven lo observó en silencio.
Luego levantó la mano.
—No pelearé hoy —dijo—.
Me retiro.
Sus ojos oscuros brillaron un instante.
—Nos veremos pronto, Jake.
La victoria fue declarada.
Y por primera vez, Jake entendió que había derrotas que dolían mucho más que cualquier combate perdido.
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