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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 45

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Capítulo 45: Sombras de Autonomía

En las profundidades del bunker subterráneo de coordinación militar de Lunavia, el aire era frío y metálico, cargado del zumbido constante de servidores y hologramas. Reiss Vauren estaba al frente de la mesa de mando, rodeado por oficiales del clan Vauren y representantes del comité del ITNL. Su uniforme aún llevaba rastros sutiles de la batalla: una venda mal disimulada en el antebrazo, el olor residual a ozono en la tela. Había sangrado junto a Jake, Aria y los demás esa noche, había visto a Raven transformarse en un vector de destrucción estelar. Eso no se borraba con protocolos.

El holograma central mostraba el campus de la ex-Academia Altamira: un perímetro circular de energía azulada pulsante —el Velo de la Llama Eterna— que contenía estrictamente el área. No era un escudo nacional; era una barrera quirúrgica, diseñada para aislar y suprimir fluctuaciones estelares dentro del campus. Si fallaba, el pulso podía propagarse a la red energética de Lunavia, o peor: ser detectado por satélites extranjeros.

—Señores —comenzó Reiss, su voz firme pero cargada de gravedad—. Las elecciones al consejo que Jake impulsa no son un ejercicio académico. Son una amenaza latente a la seguridad nacional. El Velo de la Llama Eterna no protege Lunavia entera; protege el campus. Es un contenedor. Si el consejo permite prácticas bélicas, hostiles o incluso deportivas de energía estelar sin supervisión estricta, corremos el riesgo de otro incidente como el de Raven.

Un oficial del clan frunció el ceño.

—Raven fue un caso extremo. ¿Un consejo estudiantil podría replicar eso?

Reiss activó una simulación: líneas rojas que partían del campus hacia el exterior, representando posibles fugas energéticas.

—Raven no fue el origen; fue el catalizador. Zephyr —o lo que quede de él— es el origen del caos, latente en la red estelar. Un entrenamiento descontrolado, una fluctuación intencional o accidental, y el Velo podría sobrecargarse. Si colapsa, no solo se pierde el campus: la anomalía se propaga a la infraestructura energética de Lunavia. Hospitales, defensas perimetrales, incluso los nodos que nos mantienen ocultos del mundo. Satélites de EE.UU. o China detectarían el pico en minutos. Con la revelación global en curso, eso no sería “ayuda humanitaria”; sería pretexto para intervención. Nuestros aliados —Noruega, Brasil, Japón, Islandia, Suiza— nos respaldan ahora, pero no pueden sostener una escalada abierta indefinidamente.

Una mujer del comité intervino.

—El Pacto de Contención Estelar que proponemos para el consejo es simple: prohíbe cualquier práctica estelar bélica, hostil o combatiente. Incluso deporte. El consejo debe firmarlo obligatoriamente para existir. No es represión; es contención. Paz sostenible para que Solaria sobreviva.

Reiss bajó la mirada un segundo, recordando la sangre compartida con sus amigos.

—He peleado con ellos. Los respeto. Pero no puedo permitir que su idealismo abra una grieta que destruya todo lo que salvamos esa noche. Filtramos los rumores ahora para sembrar duda. Si el consejo se forma, lo atamos al pacto. Es protección, no control.

La reunión terminó con aprobaciones silenciosas. Reiss se quedó mirando el holograma del Velo, un anillo de llama eterna que contenía el caos en un solo punto. No fallaré de nuevo, pensó.

Arriba, en las calles de Lunavia, los rumores se propagaban como fuego lento. “El comité del ITNL quiere meter mano en las elecciones antes de que votemos”, susurraban en plazas y refugios. Arte callejero lo reflejaba: una pared cerca del campus mostraba una estrella encadenada con la frase “¿Autonomía o Supervisión?”. En otra, una figura pacífica rodeada de escudos con “Paz o Extinción”. La ciudad vibraba entre la esperanza de reconstruir y el resentimiento hacia la refundación estatal que muchos veían como una apropiación disfrazada.

Jake caminaba por un rincón olvidado del campus: un jardín derruido con bancos cubiertos de enredaderas y bancos astillados. Los rumores lo habían alcanzado esa mañana, y el peso se sentía como una losa.

Aria lo alcanzó, pasos firmes.

—Jake. Detente un momento.

Él se detuvo, pero no se giró del todo. La marca pulsó vagamente, un eco de los desacuerdos del foro anterior.

—Es ridículo —murmuró—. Quieren influir antes de que empecemos. Como si no confiáramos en nosotros mismos.

Aria se colocó a su lado, mirando el mismo horizonte roto.

—Quizás no confíen en lo que podríamos hacer sin límites. —Hizo una pausa, luego extendió los brazos y lo abrazó brevemente: un gesto platónico, de apoyo entre compañeros que habían visto demasiado—. No estás solo. Lo sabes.

Jake correspondió el abrazo un instante, sintiendo el calor humano contra el pulso vago de su marca. Se separaron sin palabras innecesarias.

Sophia los encontró poco después, saliendo de un edificio auxiliar con una mochila al hombro. Parecía más resuelta.

—Oigan —dijo, bajando la voz—. Lo de irme… es definitivo. Mis padres insisten en que me quede con familiares en Noruega. Dicen que es más seguro, y yo… necesito distancia de todo esto. De la energía estelar. Cada vez que la siento en mí, me acuerdo de lo que pasó. Pero confío en que ustedes mantendrán el consejo en pie. No dejen que los rumores los frenen.

Jake asintió, la marca latiendo con el desacuerdo interno.

—No lo haremos.

Pero en una pared cercana, un mural fresco apareció: una sombra estelar devorando una estrella, con la inscripción garabateada debajo: “Zephyr: El Origen del Caos”.

Y el pulso en la marca se hizo más insistente, como si algo se despertara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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