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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Resonancia Parte 1
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5: Resonancia (Parte 1) 5: Resonancia (Parte 1) La derrota de Sophia no quedó confinada a la arena.

Se filtró.

Como una vibración residual que recorría los pasillos de Altamira, alterando el ritmo habitual de la academia.

Las conversaciones se apagaban cuando ella pasaba.

Las miradas se deslizaban hacia otro lado.

No había burlas abiertas —Altamira no toleraba eso—, pero el juicio silencioso era peor.

Sophia dejó de asistir a los entrenamientos públicos.

Jake lo notó el primer día.

Luego el segundo.

Al tercero, el vacío se volvió insoportable.

La encontró en el gimnasio auxiliar, un espacio olvidado bajo las gradas antiguas.

No había público allí, ni hologramas motivacionales, ni supervisión constante.

Solo madera gastada, sacos de impacto rasgados y un silencio pesado.

Sophia golpeaba.

No con técnica.

No con ritmo.

Golpeaba como si intentara arrancarse algo del pecho.

—Te vas a lastimar —dijo Jake desde la entrada.

Ella no se giró.

—Eso ya pasó —respondió, y descargó otro golpe que hizo crujir el soporte del saco.

Jake avanzó despacio.

Sentía la Energía Estelar en ella… desordenada.

No violenta, pero sí fracturada, como un campo magnético mal alineado.

—No fue justo —dijo él—.

Lo sabes.

Sophia soltó una risa seca.

—Fue exacto.

—Por fin se volvió—.

Yo ignoré la prueba.

Pensé que podía saltarme el sistema porque entendía cosas más grandes.

Se llevó una mano al pecho.

—Y el sistema me recordó que no soy especial.

Jake apretó los dientes.

—No eres eso.

No eres un error administrativo.

—No —corrigió ella—.

Soy una advertencia.

El silencio volvió a caer.

Jake comprendió algo entonces: no podía salvarla con palabras.

Ni con rabia.

Ni siquiera con promesas.

Solo podía cambiar él.

Esa misma noche, pidió acceso a la Prueba de Control Básico.

El formulario holográfico lo observó durante un segundo extra, como si evaluara algo más que datos biométricos.

Solicitud aceptada.

La prueba no se realizaba en la arena.

Se llevaba a cabo en la Cámara de Resonancia, una sala sellada bajo la academia, construida sobre antiguos nodos energéticos.

Jake descendió solo, acompañado únicamente por un supervisor silencioso y las paredes de cristal opalescente que vibraban con una frecuencia baja.

—Aquí no se mide poder —dijo la voz automatizada—.

Se mide coherencia.

El centro de la cámara se iluminó.

Jake dio un paso adelante.

Y el mundo desapareció.

No hubo visión de Aetheria.

No hubo monstruos.

Lo que apareció fue peor.

Silencio.

Un vacío interno donde la Energía Estelar no respondía automáticamente.

Donde no había latido ajeno al suyo.

Jake intentó canalizar… y falló.

Por primera vez en años, no sintió flujo.

Sintió miedo.

El sistema reaccionó de inmediato.

La cámara amplificó ese micro desbalance.

La Energía comenzó a vibrar de forma errática, no externa, sino desde dentro.

Jake cayó de rodillas, sudor frío recorriéndole la espalda.

—Respira —se dijo—.

No empujes.

Recordó las palabras del maestro Hiroshi.Si cierras el puño con miedo, se apaga.

Jake abrió la mano.

No físicamente.

Internamente.

Dejó de intentar controlar.

Dejó de resistir el recuerdo de Aetheria.

Permitió que la pérdida existiera sin convertirse en arma.

La vibración cambió.

La Energía Estelar regresó… lenta, estable, silenciosa.

La cámara se aquietó.

Prueba completada.

Cuando salió, Jake no se sentía más fuerte.

Se sentía más vacío.

Y más claro.

Esa misma noche, Zephyr Blackthorn observaba el campus desde una terraza privada, a kilómetros de distancia.

La máscara púrpura reflejaba datos que no figuraban en ningún registro oficial.

—Interesante… —murmuró.

Uno de los indicadores parpadeó.

Resonancia activa detectada.Sujeto: Jake Evernight.

Blackthorn inclinó ligeramente la cabeza.

—Así que al fin aprendiste a escuchar.

Detrás de él, en una pantalla secundaria, una silueta enmascarada aguardaba órdenes.

—Prepárate —ordenó Blackthorn—.

La siguiente fase requiere presión directa.—¿El torneo?

—preguntó la figura.—No —respondió—.

Algo más personal.

En la academia, sin saberlo, Jake regresaba al gimnasio auxiliar.

Sophia estaba sentada en el suelo, exhausta.

Él se sentó a su lado.

—Hice la prueba —dijo simplemente.

Ella lo miró.

No con alivio.

Con algo más cercano al miedo.

—Entonces… —susurró— ya estás dentro de verdad.

Jake no respondió.

Porque en el fondo, ambos sintieron lo mismo: El torneo ya no era el peligro.Era solo el escenario.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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