Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 52
- Inicio
- Todas las novelas
- Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas
- Capítulo 52 - Capítulo 52: Fragmentos del Torrente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 52: Fragmentos del Torrente
Despierto, pero no despierto.
No hay ojos que abrir. No hay músculos que tensar. Solo existe la sensación de estar suspendido en un lugar que no es vacío ni oscuridad, sino una dimensión donde la nada tiene textura. Es un frío que quema, pero no en la piel; quema en las venas. Es como si alguien hubiera inyectado hielo líquido en mi torrente sanguíneo y luego le hubiera prendido fuego desde adentro.
La energía estelar late como olas en un océano interno: suben, revientan contra mis costillas y retroceden, dejando una espuma gélida que se filtra por cada terminación nerviosa. Siento cada pulso como un martillo neumático golpeando exactamente el mismo punto, una y otra vez. No es dolor físico, es una presión psicológica. Es el universo recordándome que habita dentro de mí y que yo soy un recipiente demasiado pequeño.
Y entonces, la voz regresa.
Es mi propia voz, pero con una frecuencia que me hace vibrar los huesos. El tono es idéntico, la cadencia es la mía, pero está impregnada de una rabia que yo siempre he mantenido bajo llave. Habla con la altanería de un dios que ya leyó el guion, vio el final de la película mil veces y está harto de que el protagonista siga fingiendo sorpresa.
—Tu poder no es tuyo, Jake. Es un truco. Un cebo perfectamente colocado para que juegues al héroe y fracases de la forma más divertida posible.
La energía estelar responde antes que mi mente. Un latido más profundo, más oscuro, como si ese océano interno reconociera la verdad en las palabras de su verdugo.
—¿Por qué alguien con tu linaje se arrodilla ante humanos débiles? —continúa la voz, con un aburrimiento que corta más que un insulto—. ¿Por qué te doblegas ante insectos que no tienen ni la décima parte de la potencia que llevas en las venas? El sistema de ese mundo miserable solo recompensa el odio puro. El sacrificio brutal. Despellejar enemigos o dejar que te despellejen a ti. Esa es la única escalera al poder real. Y tú… tú sigues aferrado al escalón más bajo, mendigando aceptación.
Intento hablar. Mi voz suena como estática distorsionada en este limbo.
—No busco poder. Busco…
—¿Equilibrio? —me interrumpe con un desprecio que congela el aire—. Qué predecible. ¿Por qué no tomaste el control del consejo cuando tuviste la oportunidad? ¿Por qué no te lanzaste a la presidencia para terminar con esa farsa de democracia adolescente? ¿Qué esperas, Jake? ¿Que el universo te dé una medalla por ser el “buen chico” que contiene su energía estelar mientras los demás se despedazan?
El océano interno se agita con violencia. Las olas chocan contra mis pulmones. Siento que voy a ahogarme en mi propio poder.
Fragmentos de una Pesadilla
De pronto, la realidad se astilla. Recuerdos intrusivos me asaltan como puñaladas. La niña de nuevo. Pelo corto. Ojos que parecen galaxias tristes. “¿Estás bien?”. Su susurro se clava en mi nuca. Y luego, el trauma: el Episcopado. La palabra me golpea la cara con la fuerza de una explosión.
—¡EL EPISCOPADO! —grité con una desesperación que ahora me resulta ajena. ¿Qué era? ¿Dónde estaba? ¿Por qué el simple hecho de recordarlo me hace sentir que mi alma se está descosiendo?
La voz no me da tregua. No me deja espacio para respirar.
—La energía estelar está rota, Jake. Es una fuerza absurda. Mírala: es como las armas de ese planeta tuyo. Solo sirven para una cosa: matar. No cambian a las personas; las doblegan por el miedo. Las subordinan por puro instinto de supervivencia. Cualquier ser capaz de albergar este poder y usarlo para un beneficio local, personal o enfocado… es una anomalía que debe ser borrada de la existencia.
Siento que la energía estelar se expande. No como una amenaza, sino como un acuerdo absoluto. Es como si el océano dentro de mí estuviera gritando: Tiene razón. Tiene toda la maldita razón.
—¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres de mí? —ruego en la oscuridad.
La voz ríe. Es una risa cansada, agotada de ver siempre la misma tragedia.
—No voy a responder eso. No todavía. Lo que quiero es que dejes de fingir. Que admitas que eres el héroe de una historia que ya terminó mal mil veces antes de que tú nacieras. ¿Por qué no aniquilaste a tus enemigos cuando tuviste la oportunidad? ¿Por qué sigues esperando que el mundo te dé permiso para ser lo que ya eres?
—Porque no soy como ellos —respondo, y mi propia voz me suena a mentira.
La risa de la voz se vuelve una burla hiriente.
—Claro. Porque eres “mejor”. Porque te contienes. Porque te sacrificas. Y cada vez que te contienes, te haces más débil. Cada sacrificio te acerca un paso más al colapso. Y cuando fracases… oh, Jake, será un espectáculo. Verte perderlo todo. Una y otra vez. Cada ciclo más brutal que el anterior. Sin piedad. Porque te lo mereces por ser tan cobarde con tu propio poder.
La energía estelar ya no fluye; ahora hierve. El fuego helado me recorre las manos, los pies, la columna. La marca en mi brazo no late; vibra con una frecuencia que amenaza con desgarrar mi piel. Siento que el océano interno está a punto de estallar por mis ojos, por mi boca, por cada poro de mi cuerpo.
La voz susurra ahora con una ternura que me da más miedo que su rabia:
—Fracasa una vez más, héroe. Es lo único que sabes hacer bien.
Y entonces, el torrente se desborda.
No es una explosión que destruye hacia afuera; es una inundación que consume hacia adentro. Siento que ya no contengo el poder; el poder me contiene a mí. El océano interno me arrastra hacia el fondo, asfixiándome con la esencia de un millón de soles muertos.
Oscuridad otra vez.
Pero esta vez es distinta. Esta vez, la oscuridad tiene mil ojos. Y todos me están mirando con hambre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com