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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 53

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Capítulo 53: Descubrimiento Global

Esta es la versión definitiva, Manuel. Un tono más crudo, cinematográfico y cargado de esa tensión eléctrica que pide una historia de este calibre. Sin inventos, solo la pura e inevitable energía estelar.

Capítulo 3 – El Despertar de la Marca

Desperté con un sobresalto violento que me arrancó el aire de los pulmones. Durante un segundo eterno, la habitación giró sobre su propio eje antes de estabilizarse en una realidad que empezaba a detestar. Era mi cuarto en Lunavia. Las mismas paredes agrietadas que narraban la historia de mi encierro, la ventana rota que el viento nunca dejó de azotar y el colchón hundido, testigo mudo de mis noches de insomnio desde que el campus dejó de ser un refugio para convertirse en una tumba.

Todo estaba igual. Y, sin embargo, el mundo se sentía fundamentalmente roto.

Me senté. El brazo derecho me pesaba con una densidad antinatural. No era dolor; era algo mucho más inquietante: un latido lento, visceral y constante, como si mis huesos hubieran sido sustituidos por plomo líquido mientras dormía. Lentamente, bajé la vista.

La marca tribal había muerto. En su lugar, algo nuevo y aterradoramente perfecto había nacido. El diseño caótico de antes, ese enredo de nudos y raíces salvajes se había purgado. Ahora era una figura geométrica, limpia, una comilla invertida de un negro tan profundo que parecía absorber la poca luz que entraba por la ventana. Abrazaba la cara interna de mi antebrazo desde la muñeca hasta el codo. No había perdido su poder; lo había concentrado. Parecía más viva, más intencional. Como si la energía estelar finalmente hubiera decidido dejar de jugar a los garabatos y se hubiera tallado a sí misma con la precisión de un cirujano.

La toqué. La piel estaba caliente, pero no era un calor febril. Era una vibración. Un pulso rítmico que se sincronizaba milimétricamente con mi corazón. No era una amenaza externa; era una presencia que reclamaba su territorio. La marca había dejado de ser una cicatriz para convertirse en una declaración de guerra.

No tuve tiempo de procesar el cambio. El comunicador sobre la mesa estalló en una secuencia de parpadeos urgentes. Mensajes de Reiss. De aliados. De canales de inteligencia que deberían haber estado enterrados en la red profunda.

Abrí el primero. La voz de Reiss sonó a través del altavoz, tensa, cargada de una estática que delataba su propia desesperación.

—”Jake. El Pentágono detectó la anomalía. Sus satélites militares captaron un pico de energía estelar residual del campus hace 48 horas. No tienen una imagen clara, pero están cazando. Noruega, Brasil, Japón, Islandia y Suiza están en alerta máxima. La Unión Europea se mueve en las sombras, pero la presión diplomática está a punto de reventar. No respondas a nada. Mantén el perfil bajo. El ITNL ya está usando este pico para justificar el Pacto de contención.”

Deslicé el siguiente mensaje. Un contacto en Japón, breve y gélido:

—”Satélites chinos en movimiento. Sondas cibernéticas detectadas en nuestras redes periféricas. Si hay una filtración de datos de la energía estelar, la intervención será inmediata. Contención o exposición total. No hay tercera opción, Jake.”

Cerré los ojos, sintiendo cómo el pulso en mi brazo se aceleraba. No era ardor todavía; era una expansión. Sentía el fuego frío extendiéndose por mis venas, tanteando mis límites, reclamando más espacio en mi sistema circulatorio.

Aria entró sin llamar. El cabello le caía suelto sobre los hombros y sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, delataban una batalla interna que apenas estaba empezando. Se detuvo en seco al verme sentado, con la marca vibrando bajo la luz pálida.

—¿Estás bien? —preguntó, aunque ambos sabíamos la respuesta.

—No —respondí con una sinceridad que me supo a sangre.

Ella cruzó la habitación y se sentó a mi lado. No me tocó, pero su cercanía física actuó como un ancla en medio de la tormenta.

—Lo saben —dijo en un susurro—. Estados Unidos tiene los datos del pico energético. Si filtran el origen, estamos expuestos. Ya no seremos estudiantes, Jake. Seremos objetivos.

Asentí. El ardor en la marca empezó a trepar desde el antebrazo hacia el hombro, un ascenso lento e inexorable. Aria notó el cambio de color en mi piel y posó su mano justo sobre la nueva comilla negra. No fue un gesto de consuelo; fue una sujeción, como si intentara evitar que yo saliera volando o que algo dentro de mí terminara de romper el envase.

—No dejes que te coma —me dijo, clavando sus ojos en los míos—. Sea lo que sea que esté mutando ahí dentro… no dejes que te consuma.

En el umbral de la puerta apareció Sophia. Llevaba la mochila al hombro, pero su postura era diferente, más rígida, como si estuviera cargando el peso de una nación entera.

—Retrasé la salida —soltó con voz ronca—. Dos días más. No voy a marcharme mientras el mundo se nos cae encima. No los voy a dejar solos con esto.

La miré y encontré algo que no esperaba: una determinación gélida. Ya no había rastro de la chica que dudaba.

—Si los americanos o los chinos vienen —sentenció ella—, no van a encontrar una escuela de refugiados. Van a encontrar una guerra.

El silencio que siguió fue denso, casi sólido. Mi pecho empezó a arder en respuesta a sus palabras. La energía estelar no retrocedía ante la mención de la guerra; al contrario, parecía alimentarse de ella. Parecía disfrutar la posibilidad del conflicto.

De pronto, un nuevo mensaje parpadeó en la pantalla. Venía de un canal anónimo, sin remitente. Solo tres frases que hicieron que el mundo se detuviera:

“Zephyr intriga diplomática. Los que detectan el pico preguntan por el origen. Dicen que no es terrestre. Dicen que es antiguo. Dicen que es inevitable.”

La marca en mi brazo latió con una fuerza que me hizo apretar los dientes. Reconoció el nombre. Reconoció la amenaza. Y por primera vez, sentí que la energía estelar en mis venas no quería protegerme, sino que estaba lista para arrasar con todo lo que se atreviera a interponerse en su camino o al menos eso pensé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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