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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 55

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Capítulo 55: El Consejo de Hierro

La democracia en Lunavia no murió con un golpe de estado ruidoso, ni con tanques en las calles; murió con un simple ping de servidor y un anuncio burocrático por la megafonía general a las 06:00 AM.

La niebla seguía ahí, pegada a los edificios de hormigón como una segunda piel húmeda, cuando las pantallas de todo el campus se encendieron al unísono. No era el canal habitual de noticias estudiantiles. Era una transmisión de frecuencia cerrada, con el sello gris y austero del Comité Académico de Solaria.

—”Atención. Debido a la confirmación de amenazas geopolíticas externas y la inestabilidad energética detectada en el Sector Cero, se suspenden los estatutos de autonomía provisional. Se convoca a un proceso de selección inmediato para la conformación de un Consejo Estudiantil de Emergencia. Los perfiles han sido preseleccionados por aptitud táctica y estabilidad psicológica bajo los estándares del ITNL.”

No hubo campañas. No hubo debates en el ágora ni carteles pegados con engrudo en las paredes. Fue una selección quirúrgica. La votación fue digital, obligatoria y rápida. Y el resultado, predeciblemente, fue el miedo. La mayoría del cuerpo estudiantil, aterrorizada por los rumores de la flota china y los drones estadounidenses, votó por la única opción que prometía orden y supervivencia.

Antes del mediodía, cinco nombres parpadearon en las pantallas gigantes del atrio. Cinco estudiantes. Ninguno era conocido por su carisma o su retórica. Todos eran conocidos por su disciplina académica inquebrantable y su lealtad a los protocolos de seguridad.

Mientras el resto de la escuela intentaba digerir el cambio de régimen en los comedores y pasillos, los cinco elegidos fueron escoltados no al despacho presidencial, sino al Búnker Táctico 4, una instalación subterránea que el Clan Vauren usaba para operaciones de “calibración”.

Allí, bajo la luz fría y clínica de los halógenos, Reiss Vauren los esperaba. No llevaba su uniforme de gala, sino ropa de entrenamiento de combate cercano, negra y funcional. Detrás de él, proyectado en una pantalla táctica de alta resolución, giraba un modelo tridimensional de la isla y, superpuesto en rojo, el patrón de fluctuación de la marca de Jake.

Los cinco —tres chicos y dos chicas, con uniformes tácticos recién entregados— se alinearon con precisión militar.

—Olviden lo que creen saber sobre el liderazgo estudiantil —dijo Reiss, su voz resonando con autoridad en las paredes de hormigón reforzado—. Ustedes no están aquí para organizar festivales o gestionar la cafetería. Ustedes son la primera línea de defensa inmunológica de Solaria.

Hizo un gesto y el holograma cambió, mostrando una simulación de onda expansiva que cubría todo el archipiélago.

—La amenaza externa es real —continuó Reiss, señalando los puntos de la flota estadounidense en el mapa—. Pero la amenaza interna es crítica. La anomalía designada como “Zephyr” no es un mito. Es el evento de energía estelar más grande registrado en la historia. Y tenemos un problema: Jake Evernight.

Uno de los elegidos, un estudiante de cuarto año llamado Kael, levantó la mano. Su expresión era gélida, analítica.

—¿Evernight es la fuente de Zephyr, comandante?

—No —corrigió Reiss con dureza, caminando frente a ellos—. Zephyr es el océano. Jake es la grieta en la presa. Él no contiene a Zephyr; él es el catalizador que permite que Zephyr entre en nuestra realidad. Su marca es un punto de conexión inestable. Si Jake pierde el control, si su nivel de estrés o su uso de energía supera el umbral de seguridad, Zephyr se manifestará a través de él.

Reiss se detuvo, mirándolos a los ojos uno por uno.

—Su misión no es eliminarlo. Su misión es la supresión. Deben evitar que Jake se convierta en la puerta abierta que destruya esta isla. Si él activa la energía estelar en combate, ustedes deben cerrarle el paso. No con palabras. Con fuerza cinética aplicada.

Lo que siguió no fue una clase teórica. Fue una sesión de acondicionamiento físico y energético brutal.

El ITNL había desarrollado un estilo de combate híbrido: Artes de Supresión Estelar. No se trataba de lanzar rayos de luz ni de demostraciones espectaculares. Era un sistema de combate cuerpo a cuerpo diseñado para interrumpir el flujo de energía del oponente mediante golpes precisos en los nódulos nerviosos y descargas cortas de estática disruptiva.

—¡Concéntrense en la interrupción! —ladró Reiss mientras Kael derribaba a su compañera, una chica llamada Kotori, usando una proyección de energía inversa que entumeció su brazo al contacto—. No golpeen la carne. Golpeen el canal. Si cortan el flujo sanguíneo de la energía, el usuario colapsa.

Ryan, el más joven de los cinco, practicaba contra un dummy de entrenamiento reforzado. Sus golpes eran secos, económicos, sin desperdicio de movimiento. Cada impacto liberaba un destello azul pálido, casi invisible, diseñado para causar parálisis muscular instantánea.

—Su prioridad es la contención —instruyó Reiss, caminando entre ellos como un depredador—. Jake Aris debe ser mantenido bajo vigilancia constante. Si su marca pasa del estado “latente” al estado “activo”, ustedes intervienen. Lo rodean, lo aíslan y neutralizan su capacidad de canalización antes de que Zephyr responda a su llamada.

—¿Y si se resiste? —preguntó Kotori, recuperando el aliento y limpiándose el sudor de la frente.

—Entonces recuerden que protegen a tres mil estudiantes —respondió Reiss, sombrío—. Un brazo roto sana. Una isla consumida por el vacío de Zephyr, no. Tienen permiso para usar fuerza letal de grado bajo si la integridad del entorno está en riesgo.

La instrucción era clara: Jake no era su enemigo personal. Era un riesgo biológico de Nivel 4, y ellos eran el equipo de materiales peligrosos.

Desde la pasarela superior del atrio, observé cómo los monitores transmitían la primera declaración del nuevo Consejo. Hablaban de “seguridad”, de “cooperación estricta con el Comité”, de “tiempos difíciles que requieren disciplina absoluta”.

La frustración me quemaba la garganta, un sabor ácido y metálico. No era solo rabia; era una impotencia asfixiante. Había intentado jugar según las reglas, buscar firmas, construir un consenso democrático. Y en una mañana, el sistema simplemente había cambiado el tablero, usando mi propia existencia como excusa.

—Te están cercando —dijo Aria, apareciendo a mi lado con pasos silenciosos. Su voz era un susurro tenso, cargado de preocupación—. Kael, Kotori, Ryan… todos tienen expedientes perfectos con el ITNL. Son leales al dogma, no a la gente. No dudarán.

—Son carceleros glorificados —mascullé, apretando el puño sobre la barandilla. La marca en mi antebrazo reaccionó, vibrando con una intensidad que tuve que reprimir conscientemente. Sentía la energía estelar queriendo responder a mi ira, pero sabía que eso era exactamente lo que ellos esperaban.

—Son peligrosos, Jake. Reiss los está entrenando específicamente para anularte. He visto los protocolos de supresión en la red segura. Están diseñados para colapsar tu sistema nervioso si intentas canalizar. Quieren asegurarse de que no provoques a Zephyr.

Miré hacia abajo. Los estudiantes caminaban con la cabeza gacha, aceptando la nueva realidad. La democracia había sido reemplazada por una tecnocracia militarizada, y lo peor era que muchos se sentían aliviados. El miedo a lo que venía de fuera era mayor que el deseo de libertad.

—¿Qué hacemos? —preguntó Aria, mirando mi marca, que latía suavemente bajo la manga de mi chaqueta—. Si intentas algo, te caerán encima los cinco. Y si te defiendes con todo lo que tienes… les darás la razón. Te convertirás en el peligro que dicen que eres.

Esa era la trampa perfecta. Si no hacía nada, me sometían. Si peleaba y usaba mi poder, confirmaba que era el catalizador de Zephyr y justificaba mi propia neutralización.

—Esperamos —dije, sintiendo cómo la presión en mi pecho aumentaba—. No voy a darles la excusa que buscan. No hoy.

Pero el tiempo, nuestro recurso más escaso, se agotó esa misma tarde.

Una vibración grave, profunda y sostenida, sacudió los cimientos de Lunavia. No fue un terremoto. Fue el desplazamiento de miles de toneladas de acero cortando el agua a velocidad de combate.

Corrimos hacia la terraza norte, el punto más alto del edificio administrativo, ignorando las advertencias de los altavoces. El viento soplaba fuerte, dispersando momentáneamente la niebla que nos había cegado durante días.

Y entonces lo vimos.

En el horizonte, recortadas contra el cielo gris plomo del atardecer, las siluetas eran inconfundibles. No eran barcos pesqueros. No eran cargueros comerciales perdidos.

Era una fuerza de tarea naval completa.

Destructores clase Arleigh Burke con sus radares girando. Fragatas con bandera de la OTAN. Y en el centro, inmensa y aterradora, la silueta plana de un portaaviones estadounidense escoltado por buques de apoyo. Estaban justo en el límite de las aguas territoriales, una línea de acero gris esperando una sola orden para convertir Lunavia en polvo.

—Están aquí —susurró Aria, llevándose la mano a la boca. El terror en sus ojos era absoluto.

Miré hacia abajo, al patio principal. El nuevo Consejo de los Cinco ya estaba allí, movilizándose con una eficiencia escalofriante. No miraban al mar.

Me miraban a mí.

Kael estaba en el centro, con Kotori y Ryan flanqueándolo. Alzó la vista hacia la terraza y sus ojos se encontraron con los míos. No había miedo en su mirada. Había cálculo. Estaba evaluando mi nivel de amenaza, esperando a que la presión de la flota enemiga me hiciera estallar. Estaban listos para derribarme antes de que yo pudiera disparar un solo rayo de energía contra los barcos.

La marca en mi brazo ardió con una furia blanca. La energía estelar quería responder. Quería defender la isla. Pero estaba atrapado entre dos muros letales: la flota que venía a destruirnos desde fuera, y el consejo que estaba listo para encadenarme desde dentro.

Apreté los dientes hasta que me dolieron la mandíbula. La pinza se había cerrado. Y yo estaba justo en el centro, siendo el detonante que todos querían controlar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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