Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 58

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas
  4. Capítulo 58 - Capítulo 58: Zona de Exclusión Cinética
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 58: Zona de Exclusión Cinética

El aire alrededor de mi mano levantada no se rompió. Se densificó.

Frente a mí, a dos kilómetros de distancia, el portaaviones USS Gerald R. Ford era una ciudad flotante de acero gris. Podía ver el movimiento frenético en su cubierta: cazas preparándose para el despegue, personal de tierra corriendo con chalecos de colores, oficiales en el puente gritando órdenes que mis oídos mejorados captaban como susurros lejanos.

Cerré el puño.

No fue un ataque. Fue un gesto de propiedad.

El espacio entre mi mano y el buque insignia se distorsionó visiblemente, como el aire sobre el asfalto caliente. No toqué el barco. No lo hundí. Simplemente ejercí presión sobre el vacío, dejando que el sonido del metal crujiendo bajo una fuerza invisible llegara a la costa segundos después. Fue un gemido grave, profundo, el sonido de un titán de acero dándose cuenta de que ya no era el depredador más grande del océano.

Bajé la mano. La advertencia había sido entregada.

Ahora tocaba la lección.

No volé con la gracia de un pájaro. Me lancé al vacío como un proyectil balístico. La energía estelar en mi traje negro reaccionó a mi voluntad, anulando la resistencia del viento, convirtiéndome en una mancha oscura que cruzó la bahía en silencio absoluto.

El objetivo no era el portaaviones. Era demasiado grande, demasiado impersonal.

Mi objetivo era la fragata de asalto que encabezaba la formación, la USS Higgins. Su cubierta estaba llena de operativos tácticos: SEALs y Marines con equipo de abordaje, listos para saltar a lanchas rápidas y tomar la playa de Lunavia.

Aterricé en la proa.

El impacto no abolló el metal. Lo hizo vibrar. El sonido fue seco, como un libro pesado cayendo sobre una mesa de madera.

Treinta rifles automáticos se giraron hacia mí al unísono.

—¡Contacto en cubierta! —gritó un oficial—. ¡Fuego a discreción!

El tiempo se ralentizó. No porque yo lo quisiera, sino porque mi percepción ahora operaba a la velocidad de la luz estelar. Veía los dedos de los soldados tensándose en los gatillos. Veía el miedo dilatando sus pupilas.

No les di tiempo a disparar.

Me moví.

No fue teletransportación. Fue aceleración pura. Crucé los diez metros que me separaban del primer grupo antes de que el sonido de mi aterrizaje terminara de disiparse.

El primer soldado, un hombre enorme con blindaje completo, intentó levantar su arma. Le agarré el cañón del rifle con una mano y lo aparté como si fuera de papel. Con la otra, le di un golpe seco en el plexo solar. No usé energía explosiva. Solo fuerza cinética aplicada con precisión quirúrgica. El hombre se dobló, el aire abandonando sus pulmones en un silbido agónico, y cayó de rodillas, inconsciente antes de tocar el suelo.

El segundo intentó golpearme con la culata. Giré sobre mi eje, mi abrigo negro trazando un arco perfecto, y conecté una patada baja en su pierna de apoyo. El hueso no se rompió, pero la articulación cedió. Cayó.

Era como caminar entre maniquíes.

No había ira en mis movimientos. No había odio. Solo una eficiencia fría, mecánica. Esquivaba golpes que parecían venir en cámara lenta. Desviaba cañones. Noqueaba hombres entrenados para matar con toques precisos en el cuello, en la sien, en el hígado.

Eran bots en un nivel de dificultad bajo.

En la playa, Kael se puso de pie, sacudiéndose el polvo del uniforme. Su manga direccionadora seguía humeando, inútil. A su lado, Kotori y Ryan miraban hacia el mar con la boca abierta, incapaces de procesar lo que veían.

No necesitaban binoculares. A esa distancia, la fragata era un escenario iluminado por las luces de emergencia. Veían una sombra negra moviéndose entre los uniformes de camuflaje, una danza de violencia donde nadie moría, pero nadie quedaba en pie.

—No los está matando —murmuró Kael, sus ojos entrecerrados analizando el patrón—. Los está… desmontando.

—¿Por qué no nos disparan? —preguntó Ryan, con la voz temblorosa—. La flota tiene misiles Tomahawk. Podrían volar esa fragata y a Jake con ella.

—Fuego amigo —respondió Kael, con una mezcla de horror y admiración técnica—. Jake se ha metido en la boca del lobo. Está en su barco, rodeado de sus hombres. Si el portaaviones dispara un misil, matará a cien de los suyos para acabar con uno de nosotros.

Kael apretó los puños. Entendió la jugada al instante. Jake no había atacado a ciegas. Había anulado la ventaja tecnológica de la flota estadounidense convirtiendo el campo de batalla en una pelea de bar de la que no podían escapar.

—Es un jaque mate táctico —dijo Kael—. Y ni siquiera está sudando.

En el centro de mando del ITNL, el silencio era absoluto.

Reiss Vauren miraba la pantalla principal, sus manos aferradas al borde de la mesa de control con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

Los monitores mostraban la telemetría de la fragata. Los signos vitales de los soldados estadounidenses se apagaban uno a uno: no muertos, sino neutralizados. Inconscientes.

—Comandante —dijo un técnico, con voz vacilante—. El Almirante de la flota de la OTAN está en línea abierta. Exige saber qué clase de activo hemos desplegado. Amenaza con una escalada nuclear táctica si no retiramos al “hostil”.

Reiss soltó una risa nerviosa, casi histérica.

—¿Retirarlo? —masculló—. ¡Ni siquiera yo sabía que podía hacer eso!

Miró la pantalla, viendo cómo Jake lanzaba a un Marine por la borda con la facilidad de quien tira una bolsa de basura.

Reiss estaba atrapado. Si ordenaba al Consejo atacar a Jake, estaría ayudando a los invasores. Si ayudaba a Jake, declaraba la guerra formal a Estados Unidos. Y lo peor era que no tenía información. ¿Era Jake? ¿Era Zephyr? ¿Era una fusión de ambos?

—No respondan al Almirante —ordenó Reiss, secándose el sudor frío de la frente—. Mantengan los escudos sobre la isla. No podemos hacer nada. Esto ya no está en nuestras manos.

En la fragata, el último soldado cayó.

El silencio volvió a la cubierta, roto solo por el gemido de los heridos y el sonido del mar golpeando el casco.

Me quedé de pie en el centro del caos, rodeado de cuerpos inmóviles. Mi respiración era tranquila, rítmica. No había cansancio. La energía estelar fluía por mi traje, alimentándome, reciclando mi propia fatiga.

No sentía lástima. No sentía orgullo. Solo sentía la claridad absoluta de la misión.

Levanté la vista hacia el puente de mando de la fragata. A través de los cristales blindados, vi al capitán y a sus oficiales mirándome con terror puro. Tenían las manos sobre las armas de cinto, pero sabían que eran inútiles.

No subí a por ellos. No hacía falta.

Me giré lentamente hacia el resto de la flota. Hacia el portaaviones, hacia los destructores que ahora giraban sus cañones hacia mí, dudando, calculando si valía la pena sacrificar a su propia tripulación para detenerme.

Extendí los brazos a los lados, abriendo mi postura, ofreciendo un blanco perfecto. Mi abrigo negro ondeó con la brisa marina.

Disparen, pensé, proyectando mi voluntad hacia ellos. Atrévanse a romper sus propias reglas.

Pero no lo hicieron. El miedo a lo desconocido, el miedo a matar a sus propios hombres, los paralizó.

La primera fase estaba completa. Había demostrado que su fuerza bruta era irrelevante en mi dominio.

Sin dejar de mirar al portaaviones, flexioné las rodillas. El metal de la cubierta se dobló bajo mis botas.

La flota no estaba neutralizada. Solo estaba en pausa. Y yo apenas estaba calentando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo