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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Resonancia Parte 2
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6: Resonancia (Parte 2) 6: Resonancia (Parte 2) Los días posteriores al anuncio del torneo no trajeron la euforia que Jake había imaginado.

Altamira seguía vibrando de actividad, pero bajo la superficie algo se había fracturado.

Conversaciones en voz baja.

Miradas esquivas.

Listas de clasificación proyectadas en los pasillos que cambiaban cada mañana.

Y, entre ellas, un nombre ausente que Jake no podía ignorar.

Sophia Vale.

Descalificada.

El motivo oficial se repetía como un mantra burocrático: fallo en la prueba de control básico de Energía Estelar.

Nada más.

Ninguna explicación adicional.

Ningún derecho a réplica.

Jake no lo aceptaba.

Por eso estaba allí.

La biblioteca central de Altamira se alzaba como un santuario silencioso, muy distinto al bullicio del resto de la academia.

Columnas de cristal ahumado sostenían un techo abovedado donde flotaban constelaciones holográficas lentas, casi hipnóticas.

Los estantes se perdían en la distancia, cargados de tomos antiguos encuadernados en materiales que ya no se usaban en Solaria: cuero estelar, metal vivo, fibras orgánicas que respiraban débilmente.

Jake estaba sentado frente a una mesa baja, rodeado de libros abiertos que no terminaba de leer.

Diagramas de flujos energéticos.

Tratados sobre armonización corporal.

Registros de torneos pasados, algunos con anotaciones censuradas.

Nada encajaba.

Entrenaban para luchar.

Para resistir.

Para vencer.

Entonces, ¿por qué Sophia?

El sonido de una silla deslizándose lo sacó de sus pensamientos.

El profesor Aldrich se sentó frente a él sin previo aviso, como si siempre hubiera estado destinado a ocupar ese lugar.

Su presencia imponía calma.

No por autoridad, sino por una serenidad casi incómoda, como un lago demasiado quieto.

—Muchos están confundidos, Jake —dijo el profesor con voz suave, observando los libros esparcidos—.

No eres el único.

Jake apretó la mandíbula.

—No lo entiendo, profesor.

Entrenamos para luchar, y descalifican a Sophia por algo que parece irrelevante frente a la batalla.

Aldrich entrelazó los dedos sobre la mesa.

El leve resplandor de las runas grabadas en sus anillos pulsó una vez… y se apagó.

—La Energía Estelar no es un instrumento ofensivo, Jake —respondió—.

Es una herramienta para la evolución personal.

Jake frunció el ceño, pero no interrumpió.

—El torneo no medía el daño que podían infligir —continuó Aldrich—, sino su equilibrio.

Resistencia, agilidad, control emocional… estabilidad física y mental.

Muchos, cegados por la fuerza bruta, descuidaron su propia armonía.

El profesor inclinó ligeramente la cabeza.

—La prueba de control básico no es una mera formalidad; es una barrera contra la corrupción que hemos visto devorar a generaciones pasadas.

Sin ella, un competidor podría desatar fuerzas que no solo lo destruyan a sí mismo, sino que contaminen la arena entera… atrayendo entidades oscuras como las que Blackthorn parece conocer demasiado bien.

El nombre cayó como una piedra en el agua.

Jake levantó la mirada de golpe.

—¿Entidades… como las de Aetheria?

—preguntó, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta.

Aldrich no respondió de inmediato.

Sus ojos, viejos y agudos, se fijaron en Jake con una atención distinta.

—El cosmos tiene memoria —dijo al fin—.

Y la Energía Estelar responde a quienes no la respetan.

Jake soltó una risa breve, incrédula.

—¿Equilibrio?

—repitió—.

Entonces… ¿por qué no nos advirtieron?

El profesor no se inmutó.

—Porque los aprendizajes más valiosos se descubren en el fracaso.

Silencio.

—Controlar la Energía Estelar implica controlar la propia existencia —añadió—.

El enfrentamiento más importante no es contra otros, sino contra uno mismo.

Jake apoyó los codos en la mesa.

El peso que llevaba días oprimiéndole el pecho empezó a cambiar.

No desapareció.

Se transformó.

Por primera vez desde Aetheria, no sintió rabia.

Sintió dirección.

La Energía Estelar ya no se le presentaba como un arma.

Ni siquiera como un don.

Era algo más íntimo.

Un eje.

Una resonancia entre su cuerpo, su mente… y el vacío que había aprendido a temer.

—Gracias, profesor —dijo finalmente—.

En las próximas rondas… lo entenderé todo.

Aldrich asintió con una leve sonrisa, casi imperceptible.

—Eso espero.

Cuando el profesor se levantó y se perdió entre los estantes, Jake permaneció en silencio.

Cerró los libros uno a uno.

No necesitaba más respuestas por ahora.

Necesitaba dominio.

Porque si quería enfrentarse a lo que se ocultaba tras la máscara de Zephyr Blackthorn…primero debía ser dueño de su propio silencio.

Y en algún lugar, muy por debajo de la biblioteca, algo antiguo vibró una sola vez.

Como si hubiera escuchado su decisión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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