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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 67

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Capítulo 67: Nivel Pesadilla y la Frecuencia del Abismo

El Domo Geodésico de Entrenamiento Número 4 parecía un estadio de gladiadores recubierto de paneles hexagonales blancos. Estábamos en la clase de “Supervivencia Táctica en Entornos Hostiles”, una de las nuevas materias obligatorias impuestas por el régimen de Alice.

Éramos cuatro en el equipo: Aria, Mila, yo y Kaori, quien había logrado que el profesor la dejara participar como “Operadora de Reconocimiento y Documentación” (es decir, se quedó en la zona segura de cristal blindado con su cámara).

El “profesor” no era un humano. Era el S.E.A. (Sistema de Evaluación Autónoma), una Inteligencia Artificial del ITNL proyectada como un holograma azul flotante en el centro de la arena.

—Escaneando parámetros biométricos del Escuadrón 7 —anunció la voz robótica del S.E.A., haciendo un barrido de luz roja sobre nosotros—. Ajustando dificultad base…

La luz roja pasó por Aria. Luego por Mila. Finalmente, se detuvo en mí.

El láser rojo se quedó congelado en mi pecho durante tres largos segundos. El holograma de la IA parpadeó. Hubo un pitido agudo, seguido de un sonido de engranajes mecánicos moviéndose detrás de las paredes.

—Anomalía de potencial detectada. Ajustando protocolo. Nivel de amenaza del escuadrón: Excepcional. Calibrando simulación a: Nivel Pesadilla.

—¿Nivel qué? —preguntó Aria, materializando su energía en forma de dos dagas de luz brillante.

Antes de que pudiera responder, el suelo tembló. Las paredes del domo se abrieron y escupieron una docena de drones de combate clase Titán, del tamaño de furgonetas pequeñas, armados con cañones de energía aturdidora. El problema de la energía aturdidora a ese nivel es que, si te da, te rompe tres costillas antes de dormirte.

—¡Jake, usa tu… oh, cierto! —gritó Aria, recordando mi contrato. Si yo lanzaba un solo ataque, la pulsera biométrica me delataría y estaría expulsado antes de tocar el suelo.

Los drones cargaron sus cañones, apuntando la mayoría hacia mí. La IA me había identificado como la amenaza principal.

—Jake, quédate atrás —dijo Mila, dando un paso al frente con una calma escalofriante, ajustándose los guantes tácticos—. Nosotras limpiamos el ruido.

—Negativo —dije, sintiendo que la adrenalina limpiaba mi mente. No podía usar magia, pero había estado en una guerra real. Esta IA solo seguía patrones matemáticos—. Aria, flanco izquierdo, su punto ciego está en los rotores traseros. Mila, los escudos frontales repelen energía, pero no absorben impacto cinético. Usa la física. ¡Rompan la formación!

No esperé a ver si me hacían caso. Corrí.

Un rayo de energía azul pulverizó el suelo donde yo había estado una fracción de segundo antes. Me lancé en picada, rodé sobre mi hombro y me deslicé detrás de una barricada de concreto holográfico.

—¡Entendido, Capitán! —gritó Aria. Con una agilidad letal, saltó sobre el fuego cruzado, lanzando una ráfaga de luz que cegó a los sensores de tres drones.

Mila no saltó. Corrió directamente hacia un dron que me apuntaba. Cuando el cañón disparó, ella se deslizó por debajo, agarró la pata del tren de aterrizaje del dron, y usando el propio impulso de la máquina y un cálculo perfecto de palanca, lo estrelló contra el suelo. ¡CRACK! Metal torcido.

—¡Uno para la ciencia! —anunció Mila, sin perder la respiración.

—¡Yo llevo dos, biomecánica! —le gritó Aria desde el otro lado de la arena, apuñalando el núcleo de un dron cegado—. ¡Y estoy protegiendo mejor a Jake!

—Eso es subjetivo —replicó Mila, pateando los restos de su dron hacia otro que se acercaba—. Mi técnica es más eficiente energéticamente.

Estaban compitiendo. En medio de una simulación de Nivel Pesadilla, mis dos guardaespaldas estaban llevando la cuenta.

—¡Menos charla y más destrucción! —grité desde mi barricada—. ¡Patrón de ataque Delta! ¡Vienen cuatro por el centro!

Mientras ellas destrozaban las máquinas, yo me movía. Sin una sola chispa de energía estelar, dependía puramente de mi velocidad humana, mis reflejos y mi lectura del campo de batalla. Anticipaba las trayectorias de los disparos viendo cómo se alineaban los cañones de los drones. Esquivaba por milímetros, deslizándome bajo rayos paralizantes y atrayendo el fuego para dejar a Aria y Mila con ángulos de ataque perfectos.

Desde la cabina de cristal, Kaori transmitía todo al foro de la escuela.

—¡No lo van a creer, gente! —se escuchaba su voz amplificada por los altavoces—. ¡El Rompeolas no está usando poderes! ¡Está jugando ajedrez 4D con la IA y usando a sus compañeras como piezas de artillería! ¡Y la tensión entre Aria y la chica nueva es palpable!

La IA se desesperó.

—Protocolo de Aniquilación Simbólica activado —zumbó la máquina.

El dron principal, un monstruo blindado, descendió directamente sobre mí, ignorando a las chicas. Cargó un cañón central que brillaba con una luz roja cegadora. No había tiempo para que Aria o Mila llegaran. No había cobertura.

El disparo salió.

El tiempo pareció ralentizarse. El instinto de supervivencia me golpeó como un martillo. La sombra en mi interior, esa que había hundido la flota, exigió salir. La marca en mi brazo ardió bajo la tela. Por un solo microsegundo, las compuertas de mi autocontrol temblaron. Mátalo, susurró la voz. Desármalo. Bórralo.

Apreté los dientes hasta que me dolieron las mandíbulas y obligué a la energía a retroceder. Me negué a romper el contrato.

En lugar de atacar, usé la fuerza de mis piernas para impulsarme hacia arriba y hacia la izquierda en un salto mortal casi suicida. El rayo rojo pasó a milímetros de mi estómago, evaporando el aire a mi alrededor con un calor brutal. Aterricé de costado, rodando pesadamente sobre el suelo del domo, justo cuando Aria y Mila llegaron al mismo tiempo.

Aria cortó el cañón del dron. Mila le destrozó el núcleo de estabilización con una patada de hacha. El Titán cayó pesado e inerte.

—Simulación completada. —anunció la IA, volviendo a su color azul pacífico—. Tasa de supervivencia: 100%. Calificación: Sobresaliente.

El domo quedó en silencio, roto solo por nuestras respiraciones agitadas. Aria corrió hacia mí y me ayudó a levantarme, revisando que no tuviera quemaduras.

—¿Estás bien, idiota? —me regañó, aunque sonreía con orgullo—. Esa fue la peor idea que has tenido hoy, pero tus tácticas no estuvieron mal.

—Estoy entero —jadeé, sacudiéndome el polvo del uniforme, que milagrosamente seguía intacto.

Mientras caminábamos hacia la salida, donde Kaori saltaba de alegría detrás del cristal, noté que Mila se había quedado atrás. No estaba celebrando su victoria táctica. Estaba parada exactamente en el lugar donde yo había esquivado el rayo final, mirando el aire con el ceño fruncido.

Cuando pasé a su lado, Mila agarró mi brazo. Su agarre fue fuerte, urgente.

Su habitual expresión de aburrimiento científico había desaparecido. Estaba pálida. Sus ojos grises, siempre tan analíticos, me miraban con una mezcla de fascinación y absoluto terror.

Se inclinó hacia mí, bajando la voz para que Aria no pudiera escucharla.

—Jake… —susurró Mila, y su voz temblaba—. Cuando ese rayo te iba a dar… dijiste que eras un vacío. Un silencio absoluto.

—Lo soy —respondí, sintiendo un escalofrío—. No usé nada de energía, Mila. Mi pulsera está verde.

—No usaste energía —corrigió ella, apretando mi brazo—. Pero por un microsegundo… dejaste de estar en silencio.

Mila tragó saliva, mirando hacia los lados como si temiera que el aire nos escuchara.

—La frecuencia cambió, Jake. Fue solo un instante, pero me perforó los oídos. Sonó exactamente igual a las lecturas residuales que nos mostraron en clase sobre la masacre del Torneo. Sonó como… como Zephyr. ¿Qué tienes ahí dentro?

Me quedé paralizado, mirando a la chica que acababa de descubrir el secreto que me estaba comiendo vivo. Antes de que pudiera responder, la puerta del domo se abrió.

Allí estaba Reiss Vauren, con un traje de viaje impecable y su eterna taza de café. Nos miró con frialdad.

—Buen entrenamiento, Aris —dijo Reiss secamente—. Empaca algo ligero. La ONU adelantó la cumbre. Nos vamos a Ginebra en tres horas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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