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Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 74

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Capítulo 74: Coartada Perfecta

—Fuego libre —ordenó Marcus.

Los rifles de pulso estelar escupieron tres ráfagas de plasma concentrado directamente hacia el pecho del encapuchado. A esa distancia, en el espacio cerrado del laboratorio frigorífico, era imposible fallar. La carne y el hueso debían vaporizarse.

Pero el impacto nunca ocurrió.

Justo cuando los proyectiles azules estaban a un milímetro de tocar la lona amarillenta, el Fantasma Gris… se rompió.

No hubo un escudo de energía. La figura entera pareció sufrir un glitch informático. Su cuerpo se dividió en cientos de cubos microscópicos, como píxeles desincronizados en una pantalla rota. La imagen del encapuchado se partió exactamente por la mitad, el plasma atravesó el espacio vacío donde debía estar su torso, y con un sonido de estática digital, el Fantasma simplemente desapareció en el aire.

Marcus parpadeó, bajando el arma. Las alarmas de máxima seguridad del ITNL estallaron de inmediato, bañando el laboratorio en luces rojas estroboscópicas y sirenas ensordecedoras.

—¿Qué demonios fue eso? —gritó uno de sus hombres, retrocediendo—. ¡Los inhibidores de maná estaban al máximo! ¡No pudo teletransportarse!

—¡Abortar! —rugió Marcus, sabiendo que su ventana de oportunidad se había cerrado—. ¡El objetivo se evaporó, salgamos de aquí antes de que llegue la guardia de Valdrakhan!

Los tres mercenarios corporativos salieron corriendo del laboratorio, adentrándose en el largo pasillo del Ala Este. Sus botas resonaban contra el metal. Estaban entrenados para no entrar en pánico, pero la forma antinatural en la que esa cosa había desaparecido les había helado la sangre.

A mitad del pasillo, la luz de emergencia del techo sobre ellos parpadeó y estalló con un chispazo.

Plaf.

Luego, la luz a diez metros por delante de ellos también se apagó.

Plaf.

Una por una, en una secuencia rápida y rítmica, las luces del corredor fueron muriendo, persiguiéndolos en dirección a la salida hasta sumergirlos en una oscuridad absoluta.

Los mercenarios se detuvieron, formando un círculo defensivo, encendiendo las linternas tácticas de sus armas. Los haces de luz blanca cortaban el polvo suspendido en el aire.

—Señor… —susurró uno de los hombres.

En el extremo opuesto del pasillo, el haz de luz iluminó una silueta. La lona grisácea y amarillenta colgaba lánguidamente. El Fantasma Gris estaba de pie, bloqueando la salida.

Marcus levantó el rifle, pero antes de que pudiera apretar el gatillo, el Fantasma volvió a glitchearse. Desapareció de la luz.

Una ráfaga de viento frío golpeó la nuca de Marcus.

Ssssss-clic.

El sonido fue mecánico, sordo. Como el de una bomba de aire.

El hombre a la derecha de Marcus se desplomó sin emitir un solo sonido. Marcus giró desesperado, iluminando el espacio vacío, pero solo vio la lona amarilla moviéndose por el rabillo del ojo.

Ssssss-clic.

Su segundo hombre cayó de rodillas, los ojos en blanco, completamente paralizado, antes de golpear el suelo.

Marcus soltó un grito de guerra y disparó a ciegas, pero una mano con un guante oscuro y metálico surgió de la oscuridad y agarró el cañón de su rifle, apartándolo con una fuerza mecánica irresistible. La otra mano del Fantasma se acercó al cuello de Marcus.

No llevaba una jeringa con aguja. Era un inyector neumático de alta presión.

El cilindro frío presionó su arteria carótida.

Ssssss-clic.

Marcus sintió que un bloque de hielo líquido se inyectaba directamente en su torrente sanguíneo a través de los poros de su piel. Sus pulmones se detuvieron. Sus músculos se bloquearon al instante. Cayó al suelo, consciente, con los ojos abiertos, pero incapaz de mover un solo dedo.

Lo último que vio Marcus antes de que su visión se nublara fue al Fantasma Gris arrodillándose en la oscuridad, comenzando a desabrochar el equipo táctico de sus hombres caídos.

(Perspectiva de Jake)

Aria, Mila y yo llegamos al pasillo del Ala Este derrapando por la esquina, listos para una zona de guerra. Las alarmas seguían aullando, pero el corredor estaba envuelto en tinieblas.

Aria conjuró una esfera de luz estelar en la palma de su mano y la lanzó hacia adelante para iluminar la escena.

Nos detuvimos en seco.

No había Fantasma Gris. Y sorprendentemente, no había mercenarios.

Lo que había en el suelo, ordenado con una pulcritud espeluznante, eran tres montones de pertenencias. Trajes de sastre grises perfectamente doblados, camisas, zapatos, comunicadores de Cénit y tres rifles de pulso estelar. Faltaban los cuerpos. Se los habían llevado, dejando solo las cáscaras vacías.

—¿Qué… qué es esto? —susurró Aria, acercándose a las armas—. Desaparecieron.

—Esa frecuencia de nuevo —murmuró Mila, tocándose la sien y retrocediendo un paso—. Estuvo aquí hace menos de un minuto. Se llevó masa orgánica, Jake. Se llevó a tres hombres adultos sin dejar un rastro de arrastre.

El sonido de pasos apresurados y metálicos nos hizo girar.

Xander apareció por el otro lado del pasillo, flanqueado por seis guardias de élite del ITNL con armas desenfundadas. Y, caminando a un paso sorprendentemente tranquilo detrás de ellos, venía Silas Thorne.

Xander vio los uniformes corporativos y las armas ilegales en el suelo. Su expresión siempre neutral se endureció.

—Señor Thorne —dijo Xander, con una voz que prometía una celda de aislamiento—. Creo que me debe una explicación sobre por qué sus supuestos “filántropos” trajeron rifles de pulso estelar a un ala de contención restringida. Queda usted bajo arresto corporativo por…

—¡Dios mío! —lo interrumpió Silas.

El CEO de Cénit pasó por delante de Xander, con los ojos muy abiertos y las manos en la cabeza, actuando un horror y una indignación dignos de un premio de la Academia. Se arrodilló junto al montón de ropa y recogió un comunicador, mirándolo con fingida tragedia.

—¡Marcus! ¡Por el amor de Dios, ¿qué le han hecho a mi equipo?! —Silas se puso de pie, girándose hacia Xander con una furia impecable—. ¡Le exijo una explicación, joven! ¡Mis ejecutivos pidieron direcciones para ir a los sanitarios y ahora encuentro su ropa y equipo de seguridad tirados en este pasillo oscuro!

—Señor Thorne, no insulte mi inteligencia —replicó Xander, frío como el hielo—. Sus hombres estaban intentando robar el laboratorio.

—¡Mis hombres han sido secuestrados! —rugió Silas, señalando el pasillo vacío—. ¡Han sido abducidos y despojados en las instalaciones de máxima seguridad de su academia! Vinimos aquí en son de paz, con una donación humanitaria, ¡y ustedes albergan a un asesino o a un terrorista que hace desaparecer a las personas!

Me quedé boquiabierto. Era el guionazo perfecto. Un movimiento de judo legal absurdo pero inquebrantable.

Silas sabía perfectamente que sus mercenarios habían fallado y que habían sido neutralizados por algo superior. Pero al no haber cuerpos, no había crimen de intrusión demostrable por parte de Cénit. Solo había “víctimas”.

Xander apretó los labios. Se dio cuenta de la trampa al instante. Silas acababa de voltear el tablero.

—Si Solaria no puede garantizar la seguridad básica de los inversores internacionales —continuó Silas, alisándose el saco con falsa calma—, me veré obligado a contactar a Ginebra. Informaré a la ONU que el ITNL ha perdido el control de su propia isla y que mantienen células terroristas activas. Requeriremos una intervención internacional inmediata para encontrar a mis empleados.

El silencio fue sepulcral.

Silas no había venido solo a robar energía oscura. Había venido a buscar una excusa para que el mundo exterior invadiera Solaria, y el Fantasma Gris se la acababa de entregar en bandeja de plata.

Silas se giró y clavó sus ojos deslavados en mí. Me dedicó una levísima sonrisa torcida que nadie más vio.

—Tienen cuarenta y ocho horas para devolverme a mis hombres con vida —declaró el CEO—. O la Corporación Cénit y la ONU vendrán a desmantelar este lugar ladrillo por ladrillo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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