Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas - Capítulo 75
- Inicio
- Todas las novelas
- Astral Edge: El Último Heredero de las Estrellas
- Capítulo 75 - Capítulo 75: Puntos Ciegos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 75: Puntos Ciegos
La Sala de Servidores Central del ITNL estaba a veinte metros bajo tierra, refrigerada a exactamente dieciséis grados Celsius. Era un santuario de luces LED parpadeantes y zumbidos de procesadores cuánticos.
Para Xander, el líder interino del Consejo Estudiantil, era el único lugar en toda la isla donde el mundo tenía sentido.
Sentado frente a un panel de seis monitores holográficos, Xander no mostraba ni una sola gota de sudor, ni un músculo tenso. Mientras el campus exterior era un hervidero de rumores por el “incidente” en el Ala Este y el ultimátum de la Corporación Cénit pendía sobre sus cabezas como una guillotina, Xander respiraba con una lentitud calculada. Su respuesta al estrés extremo no era el pánico; era la supresión total de su humanidad. Se convertía en una máquina analítica.
Tecleó una secuencia de anulación de seguridad y accedió a los registros biométricos de ingreso del puerto de Lunavia.
Silas Thorne había registrado a su delegación como “consejeros humanitarios”. Xander desplegó las fotografías tridimensionales de los tres desaparecidos.
No tenían el aspecto de matones a sueldo, ni de soldados endurecidos por la radiación. Eran estéticamente perfectos. Silas los había elegido cuidadosamente para que encajaran en las portadas de revistas financieras, ocultando a monstruos tácticos detrás de rostros impecables.
El primero era Marcus, el Jefe de Seguridad. La pantalla mostraba a un hombre en su madurez, de mandíbula cuadrada y facciones fuertes, con el cabello grisáceo peinado de manera impecable. Tenía un par de cicatrices finas que no lo afeaban, sino que le daban un aire rudo y sumamente atractivo. Parecía un actor de cine interpretando a un veterano de guerra heroico.
El segundo hombre era el antítesis de Marcus. Sus registros lo llamaban Julian. Era joven, probablemente en sus veintitantos, con un rostro de rasgos finos, casi andróginos, y una piel de porcelana. Su cabello rubio caía desordenado sobre sus ojos en un estilo meticulosamente casual. Tenía el aspecto de un idol del pop, alguien que firmaría autógrafos, no alguien que portaba un rifle de pulso estelar. Sin embargo, sus métricas de tiempo de reacción muscular eran inhumanas.
Y luego estaba la mujer.
Xander amplió el perfil de Vivienne. Tenía unos veintiocho años. Su cabello oscuro estaba cortado en capas irregulares que enmarcaban un rostro de una belleza frágil y desoladora. Lo que más destacaba en su fotografía de ingreso era su expresión. Tenía unas ojeras tenues que delataban un cansancio profundo, crónico. Y sonreía. Pero era una sonrisa cabizbaja, carente de cualquier brillo o esperanza. Era la expresión de alguien increíblemente hermosa que llevaba años muerta por dentro, resignada a seguir órdenes.
—Modelos de pasarela con licencias para matar —murmuró Xander, su voz carente de inflexión—. Silas no escatima en gastos de relaciones públicas.
Xander minimizó los perfiles y abrió el archivo de video encriptado de las cámaras de seguridad del Ala Este, justo en los segundos previos al apagón general provocado por el Fantasma Gris.
Reprodujo el video a velocidad normal. Los tres “filántropos” corrían por el pasillo. Las luces comenzaban a estallar. Se detenían. Formaban un círculo defensivo. El Fantasma aparecía al fondo. Apagón.
Xander rebobinó.
Esta vez, ajustó la reproducción a cero coma cero cinco fotogramas por segundo, aplicando un filtro térmico y de seguimiento ocular a los rostros de Marcus, Julian y Vivienne en los dos segundos exactos en que el Fantasma Gris se materializó bajo la última luz parpadeante.
Xander entrecerró los ojos. Sus dedos volaron sobre el teclado holográfico, trazando líneas rojas desde las pupilas dilatadas de los tres mercenarios corporativos hacia la dirección a la que estaban mirando.
El resultado lo dejó en un silencio sepulcral.
Los tres mercenarios no estaban mirando al Fantasma Gris.
En el video, la figura encapuchada estaba al final del pasillo, a la altura del suelo. Sin embargo, la mirada de Marcus estaba clavada en el techo, a su izquierda. Julian apuntaba su rifle hacia una pared vacía a su derecha. Y Vivienne, con su rostro hermoso y cansado, miraba directamente hacia arriba, encogida de hombros, como si algo masivo estuviera cayendo sobre ella.
Sus ojos y sus armas rastreaban objetivos que no existían en el pasillo.
—Interferencia cognitiva de grado militar —dedujo Xander, sintiendo el primer atisbo de peligro real revolviendo su estómago—. No usa ilusiones ópticas. Hackea el córtex visual. Les hizo ver una amenaza que no estaba ahí para inmovilizarlos por la espalda.
El Fantasma Gris no era solo sigiloso. Era una pesadilla neurológica andante.
Xander cerró todos los archivos de golpe, borrando los cachés de su investigación. Si Silas Thorne se enteraba de lo que el Fantasma podía hacer, subiría su precio por la isla. Y si la seguridad oficial del ITNL salía a cazar a esta entidad, terminarían disparándose entre ellos por culpa de las alucinaciones.
Las reglas del Consejo Estudiantil, los protocolos de Kael, la diplomacia de Kotori… nada de eso servía contra un enemigo que operaba fuera de la realidad visual.
Xander necesitaba una herramienta ilegal. Necesitaba a alguien que pudiera rastrear transmisiones invisibles, navegar en la oscuridad digital y que, sobre todo, ya estuviera metida hasta el cuello en problemas.
Tomó su comunicador personal y marcó un código cifrado que saltaba la centralita de la academia.
La línea dio un solo tono antes de que alguien respondiera del otro lado con un susurro apresurado.
—¿S-sí? Área de Comunicaciones Estudiantiles. Diga…
—Kaori —la cortó Xander, con su tono gélido habitual—. Sé que has estado intentando violar los firewalls de contabilidad del campus durante las últimas veinticuatro horas buscando facturas de perfumes franceses.
Hubo un silencio ahogado al otro lado de la línea. Se escuchó el sonido de algo cayéndose al suelo, probablemente una libreta.
—Y-yo… líder Xander, puedo explicarlo, es una investigación periodística por el bien de…
—Silencio —ordenó Xander, inyectando plomo en su voz—. No me importa tu primicia. Te ofrezco inmunidad total y el acceso libre a los servidores que quieras. A cambio, vas a desaparecer del radar oficial a partir de este segundo y vas a trabajar directa y exclusivamente para mí. Necesito que rastrees una señal alienígena, y necesito que mantengas a Jake Aris y a su grupo completamente ciegos a lo que estamos haciendo. ¿Entendido?
Kaori tragó saliva de forma tan ruidosa que el micrófono lo captó.
—S-sí, señor. ¿A quién estamos cazando?
—A un fantasma —respondió Xander, y cortó la llamada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com