Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- Astral Resonance - Susurros de las estrellas
- Capítulo 16 - 16 Capítulo 5 El Club de Literatura y Cine 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capítulo 5: El Club de Literatura y Cine (3) 16: Capítulo 5: El Club de Literatura y Cine (3) Parte 3 —Bien, hora de elegir la película —dijo Jake, estirándose con entusiasmo—.
¡Yo voto por acción explosiva sin argumento!
—¡Yo quiero romance!
—saltó Akari, levantando la mano como en una clase.
—¿Y comedia no es una opción?
—murmuró Hina mientras revisaba las películas disponibles en la vieja colección.
—¿Eso es… un reproductor de discos?
—preguntó Touma, acercándose con interés al rincón del salón.
—Lo activé hace rato —dijo Mirai en voz baja—.
Funciona… más o menos.
Entre risas, discusiones y comentarios cruzados, el grupo se dispersó alrededor del televisor viejo, debatiendo qué ver.
En medio del pequeño caos, Shizuki permanecía sentada en su sofá, con su libro cerrado sobre el regazo, observando en silencio.
Touma notó su expresión distante.
Mientras los demás seguían enfrascados en sus elecciones, él se deslizó hasta sentarse cerca de ella, dejando un espacio prudente entre ambos.
—¿No vas a votar por alguna película?
—preguntó él en voz baja.
Shizuki tardó un momento en responder.
—Ninguna me interesa particularmente —respondió con suavidad—.
Aunque… me parece fascinante ver cómo se esfuerzan tanto por algo tan trivial.
Touma esbozó una sonrisa.
—Eso es parte de la gracia.
No importa qué elijan, igual van a terminar hablando encima de la película o quedándose dormidos.
Ella giró levemente el rostro hacia él.
—¿Y tú?
¿Qué habrías elegido?
—¿Yo?
—Touma miró hacia el grupo por un segundo y luego volvió la vista al frente—.
Algo tranquilo.
Una de esas películas que nadie recuerda, pero que dejan una sensación cálida al final.
Aunque no creo que gane con eso.
Shizuki bajó la mirada.
—Eso suena… agradable.
Hubo un breve silencio entre ambos.
Un silencio que no era incómodo, sino liviano, compartido, como si sus pensamientos caminaran en paralelo.
Touma giró un poco para verla mejor.
—¿No te molesta todo este ruido?
Pensé que preferías estar sola.
Ella dudó por un momento antes de responder.
—Sí, normalmente.
Pero este lugar… —desvió la mirada hacia los demás, que ahora discutían si una película de samuráis contaba como “romántica”— no es como los otros.
Aquí no necesito hablar mucho… y aun así, no me siento sola.
Touma la miró sorprendido.
No porque fuera una gran revelación, sino porque por primera vez Shizuki parecía bajar la guardia.
Aunque fuera solo un poco.
—Hina no va a estar feliz con eso —dijo él en tono de broma.
Shizuki esbozó una ligera sonrisa.
—Lo sé.
Por eso trato de no provocarla demasiado.
—No parece que fuese así, por cierto.
Ella rió, suave y apenas audible.
—Tal vez… un poco.
Touma no supo qué decir después de eso.
El silencio volvió entre ellos, pero ahora era diferente.
Cómodo.
Del otro lado del salón, Jake levantó un disco cualquiera y gritó: —¡Perfecto, decidí por todos!
¡Comedia romántica escolar de los noventa!
—¡¿Qué clase de elección es esa?!
—se quejó Hina.
—¡Vamos, seguro tiene un opening pegadizo!
—añadió Akari.
La película empezó con una animación saturada de colores, música exagerada y un protagonista con el peinado más anticuado del mundo.
Todos soltaron una carcajada.
Touma y Shizuki, sin decir nada más, simplemente miraron la pantalla.
Por unos segundos, parecían ajenos al ruido del club.
Solo dos personas compartiendo un momento simple, tranquilo… y suyo.
La película seguía avanzando con su típica trama exagerada y personajes sobreactuados, pero en ese instante ya nadie le prestaba verdadera atención.
Las risas se habían calmado, las voces bajaron el volumen, y el ambiente —aunque aún lleno de vida— se volvió más relajado, más suave… casi íntimo.
Shizuki permanecía en silencio, con las piernas cruzadas y el libro cerrado sobre su regazo.
—Touma —dijo de pronto, en voz muy baja, lo suficiente como para que solo él pudiera oírla.
—¿Hmm?
—Es la primera vez que estoy en un grupo donde nadie espera nada de mí —dijo, mirando al frente, sin expresión.
Touma giró levemente hacia ella.
—¿A qué te refieres?
Ella mantuvo su mirada en la pantalla.
—Siempre fui “la chica misteriosa”, “la extranjera”, “la alumna perfecta”.
Si alguien se me acercaba, era por una de dos razones: para que resolviera algo por ellos… o para declararse.
—Hizo una pausa, breve—.
Ambas cosas me aburren.
Touma bajó un poco la vista, asimilando esas palabras.
—¿Y aquí?
—Aquí es distinto.
—Sus dedos jugaron suavemente con la esquina del libro—.
Nadie me pide que sea especial.
Nadie me exige nada.
Solo… existo.
Y por alguna razón, eso es más cómodo de lo que imaginé.
Touma asintió, sonriendo de lado.
—Supongo que este club sí tiene algo especial, después de todo.
Ella soltó una risa leve, apenas perceptible.
—Puede ser.
Se hizo una pausa breve, hasta que Touma señaló el libro que tenía aún entre las manos.
—Por cierto, siempre te veo con ese mismo libro.
¿Te gusta tanto?
Shizuki bajó la mirada hacia la portada.
Su expresión cambió ligeramente, como si ocultara algo detrás de esa serenidad habitual.
—Lo llevo conmigo porque… a veces, no recuerdo si ya lo leí antes.
Touma la miró, confundido.
—¿Cómo?
Ella giró el rostro lentamente hacia él, sus ojos grises brillando con una calma extraña.
—Mi Astra Core no es como el de los demás.
Es… inestable.
A veces, cuando lo uso, algo en mí se desordena.
Como si mi mente se fragmentara y partes de mí quedaran atrás.
Touma sintió un escalofrío suave recorrerle la espalda.
No por miedo… sino por el peso de sus palabras.
—Y el libro… —…me ayuda a saber si algo cambió.
Si ya lo leí, pero lo siento como nuevo… entonces sé que algo no está bien.
—Lo cerró con lentitud—.
Es mi forma de medir cuánto sigo siendo yo.
Por un momento, Touma no supo qué decir.
Pero entonces, con una sonrisa tranquila, comentó: —Bueno… si alguna vez te olvidas del final, siempre puedo contártelo.
Ella lo miró.
No con frialdad, ni con arrogancia… sino con una expresión serena, cálida.
—Gracias.
Pero si un día no recuerdo quién eres… espero que me lo cuentes también.
Touma asintió.
—Prometido.
Ambos volvieron a mirar la pantalla, sin más palabras.
Y aunque el resto del grupo reía, discutía o comía en voz alta, entre ellos dos, el silencio era perfecto.
Un vínculo se había formado.
Invisible.
Intangible.
Pero presente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com