Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 6 Una cita en Tenryu 1
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17: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (1) 17: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (1) Part 1 Touma estaba de pie en la plaza central del área comercial de Tenryu City, vistiendo ropa más casual de lo habitual, similar a la que solía usar cuando iba a los arcades con Hina.
Esta vez, sin embargo, el día era diferente.
Estaba esperando a Shizuki Tokisaki.
Día anterior – Jardines de Seisen Touma caminaba tranquilamente por los jardines del campus, de camino al edificio donde se encontraba el club.
—Ese profesor Kirishima me va a matar del aburrimiento… —murmuró, recordando el eterno bostezo viviente que era su profesor.
Fue entonces cuando la vio.
Shizuki caminaba en círculos cerca de una pérgola, haciendo leves gestos con las manos, como si estuviera… ¿ensayando una conversación?
—¡Hey, Shizuki!
—saludó Touma, alzando la mano con naturalidad.
Ella se irguió de golpe, como si la hubieran atrapado en plena actuación.
—Touma… qué sorpresa.
No esperaba verte por aquí —dijo con una rigidez inusual, claramente incómoda… o nerviosa.
—Sí, justo iba al club.
¿Vienes?
—También me dirigía hacia allá… —respondió ella, recuperando su compostura—.
Pero antes quería preguntarte algo.
¿Estás libre mañana?
Touma se detuvo un segundo.
—¿Mañana?
Eh… sí, creo que sí.
Es sábado… —Su agenda está vacía para mañana, Touma-sama.
De hecho, siempre está vacía, pero quería recordárselo —susurró Ellie en su oído con su tono burlón.
Touma resopló.
—Pensaba ir a conocer un poco más la ciudad, quizás.
Shizuki asintió con la seriedad de quien acababa de recibir una señal divina.
—Qué coincidencia.
Yo también quería salir a explorar.
Necesito visitar una librería y comprar algunas cosas para el club.
Pensé que, como vicepresidente, podrías acompañarme.
—Está bien.
¿Invitamos a los demás?
La mirada asesina que le lanzó fue más clara que cualquier respuesta verbal.
—No creo que sea buena idea.
No me gusta llamar tanto la atención.
—Entiendo, entiendo —dijo Touma, levantando ambas manos como si se rindiera.
Shizuki dejó escapar una sonrisa ligera, como si hubiera ganado una pequeña victoria personal.
—Deberíamos intercambiar números —dijo, sacando su celular del bolso.
Touma miró el teléfono.
Era blanco, con detalles brillantes y una imagen de un conejito blanco en la pantalla.
Claramente no combinaba con su imagen elegante y refinada.
—Ese teléfono… ¿es tuyo?
—preguntó él, sin pensar.
—No te dejes engañar por las apariencias.
Los conejos son criaturas astutas —respondió ella, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Touma simplemente sonrió mientras intercambiaban los contactos.
—Entonces… ¿una cita?
Shizuki lo miró de reojo, sin cambiar la expresión.
—No lo es.
Te espero a las 09:00.
No llegues tarde, no me gusta esperar —dijo mientras guardaba su reloj de bolsillo con un movimiento elegante, como si acabara de sincronizar una agenda diplomática.
Touma se quedó en silencio.
No sabía si eso acababa de ser una broma… o una amenaza formal de carácter internacional.
De vuelta al presente… —Para ser alguien que se jacta de ser puntual… ya lleva quince minutos de retraso —dijo Touma, mirando la hora en su celular con cierto fastidio.
—Quizás está demorada por el tráfico —comentó Ellie, con una risita suave y burlona.
Touma miró alrededor.
Las calles estaban tranquilas, con apenas algunos turistas paseando.
No se veía ni un solo auto.
—Es más probable que se haya arrepentido… —Lo dudo —respondió Ellie con tono seguro—.
Basado en su perfil de comportamiento y el tiempo invertido en preparativos… no parece del tipo que cancele a último momento.
Aunque, debo decir, el margen de error emocional es impredecible en los humanos.
Touma suspiró y estaba a punto de decir algo más cuando un elegante automóvil negro con ventanillas polarizadas se detuvo suavemente frente a la plaza.
—¿Y eso?
La puerta trasera se abrió con precisión, revelando a un distinguido caballero de cabello blanco, monóculo y porte impecable.
Llevaba guantes blancos y un bastón adornado con detalles metálicos.
Con una leve reverencia, abrió la puerta con gesto formal.
—Joven señorita, hemos llegado a destino.
Del interior del auto emergió Shizuki Tokisaki.
Y por un momento… el tiempo pareció detenerse de verdad.
Vestía un delicado vestido blanco, sencillo pero de corte elegante, ceñido en la cintura con un lazo fino.
Su cabello plateado, ahora ligeramente suelto, caía con naturalidad sobre sus hombros.
Llevaba un sombrero claro con detalles florales, y unos zapatos bajos a tono.
Ella desprendía un aura serena, sofisticada… y completamente distinta a la chica del uniforme impecable con aire frío que Touma conocía del campus.
—¿Eh…?
Touma no pudo evitar quedarse en blanco unos segundos.
Su cerebro procesaba lentamente lo que sus ojos veían.
—Esa es su idea de ropa casual —murmuró, como si necesitara convencerse a sí mismo.
—Según mis registros visuales… sí —dijo Ellie—.
Aunque debo admitirlo, se ve… sorprendente.
Shizuki caminó hacia él con paso tranquilo.
Al llegar, sacó su reloj de bolsillo, lo abrió con elegancia y lo miró apenas.
—Trece minutos con cuarenta y siete segundos.
Me preocupé por haber llegado tarde —dijo con seriedad, como si no hubiera bajado de una limusina en modo princesa.
Touma la miró incrédulo.
—¿Perdón?
¡Si eres tú la que llegó tarde!
—¿Lo estoy?
—respondió con total calma, cerrando el reloj y guardándolo de nuevo—.
En ese caso, discúlpame.
¿Te hice esperar mucho?
Touma suspiró.
A esta altura, ya no sabía si debía frustrarse o rendirse.
—Nah… solo un poco.
Ella asintió con naturalidad, como si no hubiera una diferencia horaria entre sus mundos internos.
Un par de horas antes… Shizuki se encontraba frente al espejo de cuerpo entero en su habitación.
Sobre la cama, tres conjuntos distintos yacían perfectamente doblados.
Uno demasiado formal.
Otro demasiado simple.
Otro… rosa.
—Ridículo… —murmuró para sí, dejando el tercero a un lado.
Se miró al espejo, luego al reloj sobre la cómoda.
—No tengo por qué preocuparme por esto… no es una cita —se dijo.
Pero por alguna razón, su reflejo no parecía del todo convencido.
Suspiró.
—Solo es un paseo.
Eso es todo.
Nada más.
Y sin pensarlo mucho más, eligió el vestido blanco.
El más neutral.
El más… elegante sin esforzarse.
Y aún así, mientras lo abotonaba, no pudo evitar sentir cómo su corazón latía apenas un poco más rápido.
Solo un poco.
De regreso al presente… —Por cierto, ese vestido te queda muy bien.
—Gracias… —dijo Shizuki, bajando la mirada por un segundo antes de recomponer su expresión.
—¿Y a dónde quieres ir primero?
—preguntó Touma, algo nervioso.
—Me gustaría visitar una tienda grande de artículos para el hogar.
Quiero ver un juego de sofás para reemplazar los del club… Preferiría uno donde pueda leer cómodamente —dijo con total seriedad, como si se tratara de una misión de vida o muerte.
—¡Entendido, vamos entonces!
—dijo él con una sonrisa, animado por la naturalidad con la que ella lo decía.
Mientras tanto, agazapadas detrás de unos arbustos cercanos, Hina y Mirai espiaban la escena con rostros muy distintos.
—Lo sabía… era esa gata rompehogares.
Por eso Touma estaba tan nervioso ayer —susurró Hina con los ojos entrecerrados y el puño apretado.
—Qui… quizás solo quieren comprar algunas cosas para el club… —intentó justificar Mirai con voz tímida, aunque ni ella estaba del todo convencida.
Hina volvió a enfocarse en la escena.
Touma y Shizuki conversaban tranquilos, sin que pareciera haber tensión entre ellos.
Más bien lo contrario: se notaban cómodos.
Demasiado cómodos.
—Estaremos observando… —murmuró Hina, con una intensidad digna de una película de espionaje.
—¿Eh?
—dijo Mirai, encogida detrás del arbusto.
—Nada, sigamos a distancia segura.
Pero si esa chica se atreve a tocarle el brazo, haré una intervención.
Rápida.
Silenciosa.
Efectiva.
Mirai solo asintió, aunque no estaba segura de a qué se refería con “intervención”.
Del otro lado de la calle, ajenos a todo, Touma y Shizuki continuaban su paseo por el centro comercial de Tenryu.
A su alrededor, la ciudad se movía con su energía tranquila: cafeterías abiertas, vitrinas relucientes, puestos de dulces y souvenirs.
—Esa tienda de allá parece interesante —dijo Touma, señalando una boutique de artículos para el hogar.
—Perfecto.
Empecemos por ahí —respondió Shizuki, ajustando el lazo de su sombrero con un gesto casi imperceptible.
Caminaron sin prisa.
Y aunque no hablaban todo el tiempo, el silencio entre ellos no era incómodo.
Era simple.
Natural.
Touma la miró de reojo.
A pesar de la distancia que siempre había sentido entre ellos, en ese momento… no parecía tan lejana.
La forma en que su vestido se movía con la brisa, la elegancia sin esfuerzo, y ese aire de tranquilidad que solo ella sabía imponer.
—No camines tan rápido… —dijo Shizuki, en voz baja, sin mirarlo directamente—.
No quiero tener que correr con este vestido.
Touma sonrió suavemente.
—Está bien.
Como ordenes, señorita.
Ella giró el rostro apenas, y durante un segundo, algo parecido a una sonrisa se dibujó en sus labios.
Y mientras el sol brillaba sobre la ciudad, detrás de un poste de luz, Hina y Mirai continuaban su misión de observación a una distancia prudente.
—Esto no ha terminado —susurró Hina con seriedad.
Mirai solo apretó más su gorrito contra la cabeza y suspiró.
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