Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 6 Una cita en Tenryu 2
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18: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (2) 18: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (2) Parte 2 La tienda de artículos para el hogar era mucho más grande de lo que Touma esperaba.
Techos altos, música suave de fondo y pasillos interminables repletos de muebles que parecían sacados de un catálogo de decoración.
Shizuki caminaba delante de él con pasos medidos, como si estuviera inspeccionando un museo.
Con cada sofá que observaba, entrecerraba los ojos con juicio silencioso, como si calculara la proporción entre elegancia y utilidad en su mente.
—¿Tienes algo en mente?
—preguntó Touma, al ver que ya llevaban varios minutos y ninguno parecía satisfacerla.
—Busco algo que se vea bien en el club… pero sobre todo, algo que no me duela ver todos los días —respondió con total seriedad.
—…Eso suena razonable.
Ella se detuvo frente a una sección con sofás de tonos neutros: marfil, gris perla, azul celeste.
Colocó una mano sobre el respaldo de uno con tapizado aterciopelado y lo presionó levemente con los dedos.
—Demasiado blando.
Me haría perder la postura al leer —dictaminó.
Touma comenzó a mirar a su alrededor también.
Después de unos segundos, señaló uno de diseño clásico, de líneas elegantes y color azul oscuro con detalles en madera oscura.
—¿Y ese?
Tiene buen respaldo, el diseño no rompe con el estilo del club… y parece cómodo para leer.
Shizuki se acercó.
Lo inspeccionó en silencio, lo tocó, lo probó… y luego, asintió una sola vez.
—Aceptable.
—…¿Eso es un sí?
—Sí.
—¡Vaya!
Estoy aprendiendo tu idioma —bromeó Touma.
Ella lo ignoró elegantemente, caminando con paso firme hacia el mostrador y miró al vendedor con seriedad.
—Quiero el juego de sillones modelo 503, el juego de mesa de roble 105 con sus respectivas sillas… y el sofá individual número 300.
—Por favor, envíenlo a la Academia Seisen, al Club de Literatura —dijo con total naturalidad, como si estuviera acostumbrada a hacer ese tipo de pedidos a diario.
Entonces sacó una tarjeta oscura, sin logotipo visible.
Solo una banda plateada en uno de los bordes y su nombre grabado con discreción en el centro: “Tokisaki S.” El encargado se quedó en silencio por un momento.
Luego tragó saliva y asintió de inmediato con una reverencia profesional.
—E-enseguida, señorita Tokisaki.
Será despachado hoy mismo, sin costo adicional, por supuesto.
Touma parpadeó.
—¿Eso era… una tarjeta?
—No es importante —respondió Shizuki, guardando el recibo con total normalidad.
—Para ti no, pero ese tipo parecía a punto de arrodillarse —murmuró Touma mientras salían del local.
—Seguro solo exageraba.
No le des importancia —respondió Shizuki con calma—.
Ahora vayamos a la librería.
—Bien… solo procura no comprarte toda la librería.
Después de la compra, caminaron unas cuadras más hasta llegar a una librería antigua, ubicada en una esquina con ventanales de madera y un letrero de estilo clásico.
En la vitrina, libros de poesía, historia y literatura universal convivían con ediciones especiales en japonés e inglés.
Al entrar, el aire cambió.
Olía a papel viejo, madera barnizada y calma.
—Aquí está —murmuró Shizuki, como si acabara de regresar a casa.
Mientras ella recorría los estantes con la misma elegancia con la que analizaba sofás, Touma se mantuvo a una distancia respetuosa.
Observaba cómo sus dedos se deslizaban por los lomos de los libros, cómo entornaba los ojos cada vez que encontraba algo que le interesaba.
—Tú también puedes mirar algo, no hace falta que me sigas —dijo de pronto, sin mirarlo.
—Ah, ¿cómo supiste que estaba mirando?
—No me gusta que me observen.
Pero tampoco me molesta… si eres tú.
Touma se quedó en silencio.
No sabía si eso había sido un cumplido… o una trampa mental.
Después de un rato, Shizuki se acercó con dos libros en la mano.
—Ya terminé.
—¿Eso es todo lo que querías hacer hoy?
—preguntó él, mientras pagaban.
Ella asintió, pero por primera vez en todo el día, pareció dudar.
—Sí… o al menos, eso creía.
No tengo planes después de esto… ¿Qué es lo que hacen normalmente los jóvenes?
Touma la miró con una ceja levantada.
—No lo digas como si fueras una anciana… —Es solo que nunca he salido a caminar de esta manera.
No sé qué se hace en estos casos —admitió, bajando ligeramente la mirada.
Touma sonrió con confianza.
—No te preocupes.
¿Qué te parece si recorremos un poco la ciudad?
Sé que no te gustan los lugares bulliciosos, así que déjamelo a mí.
Sin decir más, comenzó a caminar con paso tranquilo.
Guiado discretamente por Ellie, llevó a Shizuki al Acuario de Tenryu, un mirador submarino construido con tubos de vidrio reforzado que atravesaban la costa.
El Acuario de Tenryu era una de las joyas escondidas de la ciudad.
No era enorme ni especialmente turístico, pero su estructura en forma de túneles de vidrio que se adentraban en el mar le daba una atmósfera silenciosa, como si el mundo se hubiera sumergido bajo el agua.
El interior estaba envuelto en una luz azulada y serena.
Bancos de peces de colores nadaban con movimientos hipnóticos por encima y a los lados del túnel.
Pequeñas mantarrayas deslizaban sus alas con elegancia, como si danzaran en cámara lenta.
Shizuki caminaba a un ritmo pausado, con los brazos cruzados detrás de la espalda.
Sus pasos eran suaves, su mirada se movía con curiosidad sincera, pero sin perder ese aire contenido que la caracterizaba.
Touma la observaba de reojo, sin decir mucho.
A veces, acompañar en silencio era suficiente.
—Es curioso —dijo ella, rompiendo la calma—.
Nunca pensé que algo tan simple… pudiera ser tan hermoso.
—¿Verdad que sí?
Si quieres, algún día podríamos ir al de Tokio.
Aunque… es una ciudad bastante bulliciosa.
No sé si sería de tu agrado.
—Por supuesto… me encantaría verlo contigo alguna vez—respondió ella, apoyando la mano contra el vidrio mientras admiraba el paso tranquilo de los peces.
—Bueno, entonces… vamos a la siguiente parada —dijo Touma con una sonrisa animada.
Salieron del acuario en silencio, caminando juntos en dirección al centro de Tenryu.
La siguiente parada fue una pequeña sala de cine en la planta baja de un centro comercial.
Shizuki eligió una película de animación europea, “solo porque se veía tranquila”, según sus palabras.
Touma la observó con una sonrisa leve mientras compraban los boletos.
Durante la función, Shizuki no dijo ni una palabra.
Mantuvo las manos sobre la falda, sin tocar las palomitas que Touma le había ofrecido.
Pero sus ojos no se apartaron de la pantalla.
Su expresión no cambió… pero Touma supo que estaba disfrutándola.
Al salir, simplemente dijo: —Fue… agradable.
Y viniendo de Shizuki, eso era equivalente a una reseña de cinco estrellas.
—Bueno, sí, fue una buena elección.
El director es famoso por hacer películas con buena trama y estilo —comentó Touma, algo nervioso—.
Si hubiese sido por mí, probablemente habríamos terminado viendo una pésima película de tiburones.
Shizuki giró el rostro con un leve gesto curioso.
—Veo que sabes bastante de esas cosas.
—Pues… uno de mis pasatiempos son las películas.
Cuando era niño, quería ser director de cine —respondió, con una mezcla de orgullo y vergüenza.
Shizuki no respondió enseguida.
Solo lo miró de reojo, en silencio, como si acabara de descubrir una faceta completamente distinta de él.
—Y dime, Shizuki… además de leer novelas policiales, ¿qué otras cosas te gustan?
—preguntó Touma, curioso.
Ella hizo una breve pausa, como si realmente tuviera que pensarlo.
Nunca se había detenido a reflexionar sobre eso.
—Pues… me gustan las cosas dulces, disfrutar de un buen té… y ver obras de arte.
—Digno de una dama británica —comentó él con una sonrisa.
Shizuki soltó una pequeña risa, suave y breve.
—No tiene nada que ver con mi nacionalidad.
También soy japonesa, ¿sabes?
—Detalles, detalles… —respondió Touma con tono despreocupado, mientras seguían caminando juntos por la vereda.
—Hablando de eso… ¿te gustaría almorzar algo antes de seguir?
—preguntó él, mirando a su alrededor.
Shizuki bajó la vista hacia su vestido blanco, con una expresión calculadora.
—Siempre y cuando no sea algo que arruine mi vestido.
¿Qué tienes en mente?
—Em… bueno, la idea de hamburguesas grasientas queda descartada.
¿Qué tal si comemos ahí?
—dijo, señalando un pequeño comedor con fachada modesta pero acogedora.
—Puede que no sea un lugar lujoso, pero tiene buenas reseñas.
Yo invito.
Shizuki observó el local durante unos segundos.
Luego asintió con una media sonrisa.
—No todo en la vida se trata de lujos, Kisaragi.
A veces, lo simple también puede ser… lindo —dijo, dándole una mirada rápida antes de encaminarse al local.
Touma la siguió, algo sorprendido por el comentario.
—¿Eso fue un elogio?
—murmuró para sí.
—No lo repitas en voz alta, por favor —añadió Shizuki sin mirarlo, como si hubiera leído su mente.
Ambos entraron al local, donde el aroma a platos recién preparados y la calidez del ambiente completaban una escena inesperadamente cómoda.
Era una salida sencilla.
Pero para alguien como ella, acostumbrada a la distancia, lo cotidiano podía ser casi… extraordinario.
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