Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 6 Una cita en Tenryu 3
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19: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (3) 19: Capítulo 6: Una cita en Tenryu (3) Parte 3 Luego de almorzar, Touma continuó llevando a Shizuki por distintos rincones de la ciudad.
Visitaron museos, centros comerciales e incluso echaron un vistazo a una boutique de ropa que ella encontró “interesante”, aunque nunca admitió haber disfrutado el paseo.
En uno de esos recorridos, mientras Shizuki entraba al tocador, Touma aprovechó para escabullirse en una pequeña tienda de chucherías que había visto al pasar.
Era un local discreto, casi escondido entre edificios, con toldos a rayas y una campanita que sonaba alegremente cada vez que alguien cruzaba la puerta.
—¡Bienvenido!
—saludó la dependienta con una sonrisa amable.
—Hola.
Quisiera llevar estas tres cosas, por favor… y si fuera posible, ¿podría envolverlas como regalo?
—pidió Touma mientras colocaba sobre el mostrador dos colgantes de conejito blanco y un prendedor de cabello con el mismo motivo.
La vendedora, con manos rápidas y hábiles, los envolvió con delicadeza y los guardó en una pequeña pero elegante bolsa de regalo.
—Bien, se lo daré más tarde —murmuró Touma, guardando con cuidado la bolsita en su mochila.
Shizuki regresó poco después, encontrándolo sentado en una banca cercana, con expresión relajada.
Sin decir mucho, reanudaron el paseo.
Caminaron en silencio un rato más, dejando que el tiempo fluyera entre ellos de forma tranquila, casi natural.
Finalmente, llegaron a una colina que ofrecía una vista despejada del mar.
Era uno de los puntos más altos de la ciudad, con una barandilla blanca y bancos de madera alineados frente al horizonte.
Un lugar perfecto para ver el atardecer.
Touma compró dos crepes en un carrito cercano y le entregó uno a Shizuki.
—Es de fresa con crema.
No mancha tanto… creo —dijo Touma, entregándole una crepe.
Shizuki lo recibió con una leve sonrisa.
—Pensaste en todo.
—No es nada.
Solo suelo prestar atención a las conversaciones, eso es todo —respondió él, intentando sonar casual.
Se sentaron en uno de los bancos.
Frente a ellos, el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rosados, mientras el sol descendía lentamente hacia el horizonte.
La brisa marina era suave, y el murmullo de las olas llegaba apenas como un suspiro lejano.
Durante un largo rato, no dijeron nada.
Solo comían en silencio, mirando el paisaje.
Shizuki fue la primera en hablar.
—Gracias por acompañarme hoy.
Touma la miró de reojo.
—Fue divertido.
Aunque… siento que viste más de mí que yo de ti.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Me mostraste lo que te gusta, cómo piensas, hasta cómo eliges un sofá.
Yo solo… quise acompañarte.
Shizuki bajó la mirada.
—Tal vez… eso es lo que necesitaba.
—¿Solo eso?
¿Estar acompañada?
—No.
Solo… tener un día normal.
Con alguien que no esperara nada de mí.
Touma no respondió de inmediato.
En lugar de eso, metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño paquete envuelto.
—No es gran cosa, pero… quería que tuvieras algo para recordar este día —dijo, extendiéndoselo con una sonrisa algo torpe.
Shizuki lo recibió con una mezcla de sorpresa e incredulidad.
Desató el lazo con cuidado y, al abrirlo, encontró dos pequeños colgantes de conejito blanco y un prendedor de cabello con el mismo motivo.
—Uno de los colgantes es para tu celular, para que combine con tu funda y tu fondo de pantalla.
El otro es para tu bolso… y bueno, el prendedor… creo que te quedaría bien.
Shizuki sonrió levemente.
—Son muy bellos… muchas gracias —dijo, mientras colocaba el colgante de conejito en su celular y guardaba el resto con cuidado en su bolso.
Entonces vio cómo su auto comenzaba a subir por la colina.
Era hora de regresar.
—Gracias por este día, Touma.
Me ha hecho pensar en muchas cosas.
Desearía poder seguir disfrutando, pero tengo otros asuntos que atender —añadió, señalando con sutileza el vehículo que se acercaba.
—Me alegra que lo hayas disfrutado.
Podemos salir de nuevo en otro momento… quizás con los demás, hacer algo diferente —sugirió él, con una sonrisa.
Shizuki asintió con naturalidad.
—Sí.
Me encantaría.
Luego dirigió una mirada hacia un arbusto cercano y alzó un poco más la voz.
—Y ustedes dos, sé que están ahí.
Ya pueden salir.
Hina y Mirai emergieron lentamente de su escondite, cubiertas de hojas y ramitas, con expresiones entre culpables y avergonzadas.
—¿Cómo supiste que estábamos ahí?
—preguntó Touma, sorprendido.
Shizuki simplemente sacó su reloj de bolsillo, lo abrió por un instante, y luego lo guardó de nuevo con elegancia.
—Llamémosle… intuición —dijo con una media sonrisa, como si ocultara más de lo que dejaba ver.
—Tiene razón, Touma-sama.
Según mis registros, las han estado siguiendo desde que salieron de Seisen… pero no lo consideré relevante.
Tehe~ —susurró Ellie al oído con su clásica risita traviesa.
—No los estábamos siguiendo, gata rompehogares… simplemente salimos a caminar y casualmente los vimos… —murmuró Hina, con el descaro de una actriz de bajo presupuesto.
Touma la miró con incredulidad.
“Hina, esa mentira te la crees tú solamente…” En ese momento, el auto de Shizuki se detuvo suavemente, y su mayordomo descendió con la misma elegancia de siempre.
Abrió la puerta trasera con un gesto impecable.
—William, justo a tiempo —dijo Shizuki con tono calmado.
Antes de retirarse, se paró frente a Touma y, con una elegancia natural, hizo una breve reverencia.
—Gracias por esta no cita.
Espero con ansias la próxima.
—Por supuesto.
La próxima vez prepararé un mejor itinerario —respondió Touma, con una sonrisa confiada.
Ella asintió con sutileza, y antes de subir al auto, se acercó a Hinata y le entregó un pequeño paquete.
Luego saludó a Mirai con un gesto breve y subió al vehículo con la misma gracia con la que había llegado, desapareciendo en el ocaso.
Hina, aún desconcertada, abrió el paquete.
Dentro había un libro.
La portada era colorida, con ilustraciones dignas de una clase de primaria.
El título: “Aprenda modales con dibujos”.
Hina apretó los dientes.
—Esa maldita… ¡definitivamente me las va a pagar!
—murmuró, mientras en su mente visualizaba a Shizuki riendo con esa clásica risa de aristócrata malvada: “O-hohoho~” —Vamos, vamos, no te lo tomes a mal —dijo Touma, intentando suavizar el ambiente—.
¿Qué tal si vamos un rato a la zona de recreación?
Jake me mandó un mensaje, dice que está en las jaulas de bateo.
Hina lo tomó del brazo con naturalidad y le sonrió.
—¡Sí, vamos!
Quiero divertirme un rato.
—¡Hey, no te me estés pegando así!
—protestó Touma, aunque no con demasiada fuerza—.
¿Qué dices, Mirai?
¿Vienes?
—S-sí… por supuesto —respondió ella con voz suave, tan tímida como un conejito.
Y así, los tres se alejaron caminando hacia la zona comercial, donde Jake los esperaba.
Mientras el auto avanzaba en silencio por las calles iluminadas de Tenryu, el interior se mantenía en una calma casi ceremonial.
Shizuki miraba por la ventanilla, con una mano apoyada en su mejilla y la otra sujetando su celular, donde colgaba ahora un pequeño conejito blanco.
William, al volante, rompió el silencio con su tono sereno.
—¿Descubrió lo que quería, señorita?
Shizuki no respondió de inmediato.
Observó su reflejo en el vidrio por unos segundos, luego desvió la mirada hacia el cielo estrellado.
—No puedo darte una respuesta precisa —dijo con voz suave—.
Pero puedo decirte que… me divertí.
William asintió sin mirarla, como si ya esperara esa respuesta.
—Eso es suficiente, entonces.
Shizuki apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos, mientras el auto seguía su rumbo bajo el cielo nocturno.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía prisa por llegar a casa.
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