Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 7 Un duelo inesperado 1
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20: Capítulo 7: Un duelo inesperado (1) 20: Capítulo 7: Un duelo inesperado (1) Parte 1 Touma caminaba con Hina por los jardines de Seisen luego de la clase de Eleonor Duval.
La tarde era tranquila, aunque Hina no dejaba de quejarse del ensayo práctico con nanobots.
Al llegar al antiguo edificio donde se encontraba el “Club de Literatura y Cine”, Touma se detuvo justo frente a la puerta.
Puso una mano sobre la manija… y sonrió nerviosamente.
—Olvidé decirte que… puede que el club se vea un poco diferente.
—¿A qué te refieres con diferente?
—preguntó ella, arqueando una ceja, claramente sospechosa.
—¿Recuerdas que el sábado fui con Shizuki a Tenryu?
—Sí, lo recuerdo muy bien —resopló Hina, inflando las mejillas como si estuviera lista para morderlo.
—Bueno… digamos que ella decidió que el club necesitaba un “nuevo estilo”.
—Kisaragi Touma… quítate de esa puerta ahora mismo.
Touma se hizo a un lado con expresión resignada, y Hina abrió la puerta con toda la fuerza de alguien que ya sabe que no le va a gustar lo que verá.
Y entonces lo vio.
El antiguo club, que solía tener estantes polvorientos, un sofá de tela medio hundido y un televisor tan viejo que tenía entrada para VHS… había desaparecido.
En su lugar, había un salón completamente transformado.
El piso brillaba como recién pulido.
Las paredes estaban decoradas con estanterías minimalistas llenas de libros de pasta dura.
Donde antes había un viejo televisor, ahora había una pantalla de última generación de más de 60 pulgadas.
Justo debajo, una consola nueva brillaba con sus luces LED encendidas.
A un lado de la sala, dos flamantes máquinas de arcade “Fighting X” rugían con música de fondo, listas para un torneo improvisado.
Y en el rincón de la cocina, ahora había una heladera nueva, microondas inteligente, y una cafetera que parecía capaz de preparar desde espresso hasta pociones alquímicas.
—¿Q-qué es esto…?
—balbuceó Hina, con los ojos muy abiertos—.
¿Nos invadió una celebridad?
—No exactamente… —dijo Touma, rascándose la nuca—.
Shizuki tenía algunos contactos.
Y una tarjeta de esas que solo vemos en las películas.
—¿Esto es una sala VIP de hotel cinco estrellas o un club escolar?
¡¿Y esa cafetera hace latte art?!
¡¿TOUMA?!
—¡¿Cómo iba a decir que no?!
¡Ya la había comprado todo antes de que me preguntara!
Hina giró lentamente hacia él, con los ojos en modo “he cometido un error al confiar en ti”.
Justo cuando estaba por decir algo más, se escuchó una voz suave, casi musical.
—¿Les gusta el nuevo diseño?
Traté de mantenerlo funcional.
Shizuki apareció con paso elegante, un libro bajo el brazo y expresión neutral, como si todo fuera completamente normal.
—Funcional… —repitió Hina, señalando la consola, el aire acondicionado nuevo y la heladera de doble puerta—.
¿Qué parte de esto es funcional?
—El sofá es ergonómico —respondió Shizuki con toda la seriedad del mundo—.
Y el dispensador automático de té mejora nuestra productividad.
Touma intentó ocultar una sonrisa.
Hina no sabía si estaba a punto de explotar… o mudarse ahí para siempre.
Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe y entraron Jake y Akari, ambos con expresiones de asombro total.
—¡Whoa!
¡Qué cambio radical, amigo!
Seguro esto fue obra de la “Princesa de Hielo” —dijo Jake, dejando caer su mochila al suelo mientras recorría la sala con la mirada.
Shizuki, sentada con elegancia en su nuevo sofá azul oscuro, cruzó las piernas con toda la compostura del mundo.
—Tomaré eso como un cumplido… Pero déjenme aclarar algo: este sofá es únicamente mío.
El resto del mobiliario es del club.
¿Entendido?
—Ugh, territorial como siempre… —murmuró Akari, mientras se servía algo del dispensador de té sin pedir permiso.
—A mí me gustó mucho la cafetera… puedo preparar té o café si así lo desean —dijo Mirai con una vocecita tímida, desde la mesa principal.
Parecía tan pequeña y silenciosa que casi se confundía con el fondo.
Hina se sobresaltó al notarla.
—¿¡Mirai!?
¿Desde cuándo estás ahí?
—Qué pregunta tan rara… si venía caminando detrás nuestro— respondió Touma, como si fuera obvio.
Mirai bajó la mirada con un leve rubor.
—Siempre me pasa… En ese momento, un golpe seco en la puerta interrumpió la charla.
Acto seguido, esta se abrió de par en par con una precisión casi dramática.
La figura inconfundible de la presidenta del Consejo Estudiantil, Evangeline Strassburg, apareció en el umbral, envuelta en una presencia que imponía respeto.
—Veo que han hecho algunos cambios a esta vieja y abandonada sala… —comentó con voz tranquila, mientras su mirada recorría cada rincón de la nueva decoración.
Hina se adelantó con una sonrisa tensa.
—Bienvenida al Club de Literatura y Cine, presidenta Strassburg.
¿A qué se debe su visita?
Eva entró con paso lento y controlado, pasando los dedos por el mobiliario nuevo, como si evaluara una obra de arte sin emoción alguna.
—El propósito de mi visita es informarles que he presentado formalmente al director Rheinhardt una solicitud de disolución de su club.
El silencio cayó de golpe sobre la sala.
—¿¡Qué quieres decir con “disolución”!?!
—preguntó Hina con el ceño fruncido.
—Además de haber adquirido mobiliario nuevo sin consultar al Consejo Estudiantil —prosiguió Eva—, este club carece de propósito.
No contribuye en absoluto a la misión principal de Seisen: proteger a la humanidad.
—¡Pero si este club ya existía desde antes!
—replicó Touma con seriedad.
Eva se detuvo frente a él.
A pesar de ser más baja que Touma, su sola presencia bastaba para intimidar.
—Existía, porque se le permitió a su ex presidenta por sus contribuciones en ingeniería.
Ustedes… no tienen ese mérito.
—Con esa lógica, tampoco deberían existir los clubes de deportes, arte o música —intervino Jake, cruzado de brazos.
—¡Exacto!
Este club fue el único que me aceptó sin problemas.
¡Hasta los clubes deportivos me rechazaron!
—se quejó Akari, levantando el puño con frustración.
Eva suspiró con calma.
—Entiendo que mis palabras les resulten confusas, pero— El suave sonido de un libro cerrándose interrumpió la frase.
Shizuki se levantó con elegancia desde su sofá, dejando el libro sobre la mesa con un gesto casi ceremonial.
Dio un paso al frente, quedando justo frente a Eva.
—Dime exactamente qué reglamento estamos rompiendo.
Eva entrecerró los ojos.
—Según el estatuto de creación de clubes, ustedes no tienen un profesor adjunto asignado.
—¿Estás segura?
Porque según yo, el profesor a cargo es Gen Kirishima.
Puedes corroborarlo tú misma en la base de datos —dijo Shizuki, con una sonrisa fina.
Eva consultó el panel holográfico de su pulsera.
Tras unos segundos, frunció apenas el ceño.
—Aun así, tampoco solicitaron autorización del Consejo para la adquisición de inmuebles o remodelación.
Sin perder la compostura, Shizuki sacó un pequeño sobre de su bolso y colocó varios documentos sobre la mesa.
—Como tesorera del club —y, de paso, responsable de la renovación— aquí tienes todas las boletas de compra.
Todo está a mi nombre.
Cada gasto fue cubierto con mi propio dinero.
Eva entrecerró los ojos nuevamente.
—Según el estatuto— —Según el artículo 18 del estatuto estudiantil —interrumpió Shizuki sin levantar la voz—, “siempre y cuando el club financie por cuenta propia los cambios dentro de su espacio designado, no requiere autorización expresa del Consejo Estudiantil.” Shizuki ladeó apenas la cabeza, sin quitarle los ojos de encima.
—¿Alguna objeción, señorita Strassburg?
Eva permaneció en silencio unos segundos.
Sus dedos se cerraron con suavidad sobre panel digital mientras sus ojos azules analizaban los documentos.
Finalmente, la pantalla se cerró tras un leve destello.
—Veo que están bien informados.
—Me gusta tener claras las reglas para no quebrantarlas —dijo Shizuki, con una sonrisa tan sutil como peligrosa.
Touma sintió un escalofrío.
No sabía si temer por el club… o por la integridad psicológica de Eva.
La presidenta giró levemente el rostro hacia él, ignorando por completo el comentario de Shizuki.
—En ese caso, procederemos con una revisión de legitimidad por desempeño.
Es un recurso legal que permite evaluar si un club merece su existencia dentro de Seisen.
—¿Eso existe?
—preguntó Jake, alzando una ceja.
Eva levantó la vista.
—El “Duelo de Validación” será en tres días, en la arena de combate.
Cada parte erigirá a un miembro activo para luchar.
Las reglas del sistema SEI protegerán la integridad física de los participantes.
—¿Y si ganamos?
—preguntó Akari, con una sonrisa que ya prometía golpes.
—El club quedará formalmente legitimado y recibirá protección del Consejo.
—¿Y si perdemos?
—preguntó Mirai, bajito, desde su rincón.
—El club será disuelto —respondió Eva sin inmutarse.
Durante un momento, nadie habló.
El silencio fue tan pesado como una sentencia.
Hasta que Shizuki dio un paso adelante.
—Aceptamos.
—¿Eh?
¿Ya?
—preguntó Touma.
—No hay razón para dudar.
Si quieren ponernos a prueba… responderemos en su mismo idioma —afirmó Shizuki, cruzando los brazos con calma imperial.
Eva asintió lentamente.
—Nos vemos en tres días, entonces.
Y con eso, dio media vuelta y salió del club sin decir una palabra más.
Cuando la puerta se cerró, Akari fue la primera en reaccionar.
—¡Uoooh!
¡Esto será genial!
¡¡Finalmente puedo golpear legalmente a alguien!!
Jake levantó la mano.
—¿Puedo ser el presentador oficial del duelo?
¿Con micrófono y todo?
Touma se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro.
—Esto se salió de control demasiado rápido… Shizuki, sentada a su lado, tomó su libro y lo abrió de nuevo.
—Relájate.
Solo es una pequeña evaluación.
¿Qué podría salir mal?
Touma la miró fijamente.
Shizuki sonreía ligeramente… y eso lo preocupaba más que cualquier otra cosa.
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