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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Capítulo 7 Un duelo inesperado
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22: Capítulo 7: Un duelo inesperado.

(3) 22: Capítulo 7: Un duelo inesperado.

(3) Parte 3 Dos días pasaron como un suspiro.

En todo ese tiempo, Shizuki no había aparecido por el club.

La tarde caía lentamente sobre Seisen, tras otro día agotador de clases.

Las luces de los jardines comenzaban a encenderse una a una, proyectando destellos cálidos sobre los senderos vacíos.

Touma caminaba en silencio, sin rumbo fijo.

Sus pasos lo llevaron, sin darse cuenta, al patio trasero del edificio del club.

Allí, bajo la sombra de un cerezo fuera de estación, vio a Shizuki sentada sola en una banca de piedra.

Tenía un libro cerrado sobre el regazo y la mirada perdida en el cielo.

—¿Estás huyendo de tus admiradores?

—preguntó Touma con una sonrisa leve, acercándose.

—No.

Estoy disfrutando del único momento del día en que no hay ruido —respondió ella, sin girar la cabeza.

Touma se sentó a su lado sin pedir permiso.

Pasaron unos segundos en silencio.

A lo lejos, se escuchaba el murmullo de los aspersores automáticos activándose.

—No pareces nerviosa —dijo él al fin.

—¿Por qué debería estarlo?

—Mañana te enfrentarás a Eva.

Y todo el club depende de eso… —¿Y eso te preocupa?

Touma la miró de reojo.

—Me preocupa que estés cargando con demasiada presión tú sola… Shizuki cerró los ojos.

—No te preocupes, ya estoy acostumbrada a la presión.

—Sí, no tengo dudas al respecto… pero ya no estás sola.

Sabes que te apoyamos, pase lo que pase.

—Gracias.

Aunque lo dices como si ya hubiera perdido… —¡No, no!

No es eso —se apresuró a decir—.

Solo… no quiero que te exijas tanto.

Ella soltó una pequeña risa.

—Vamos, Touma.

No seas tan formal.

—Yo también tengo algo que defender —añadió, mientras sus ojos seguían el sol descendiendo en el horizonte.

Luego, sin mirarlo, extendió la mano hacia él.

—Pero ya que estás aquí… quiero que me apoyes desde las gradas.

En su palma descansaba un pequeño artefacto metálico con forma de auricular.

—¿Qué es esto?

—preguntó Touma, tomándolo con curiosidad.

—Es un intercomunicador Lancaster.

Seguramente durante el enfrentamiento necesitaré tu ayuda… en caso de que ocurra algo.

—Entiendo.

Pero… ¿qué podría pasar?

Shizuki lo miró con seriedad.

Luego sacó su reloj de bolsillo con delicadeza, sosteniéndolo con ambas manos.

—Como sabrás, Eva tiene ciertos recelos hacia mí por no haber elegido la División de Combate, como ella.

A pesar de que ambas tenemos el mismo potencial.

—No sabía eso… —Ni deberías.

Si te lo estoy contando, es porque confío plenamente en ti.

Touma asintió, sorprendido por su franqueza.

—Este reloj no es solo un adorno.

Es mi catalizador.

Funciona igual que las armas de Eva.

Guardó un breve silencio antes de continuar.

—Mi Astra Core se llama Golden Time.

Me permite detener el tiempo… por un instante.

Touma abrió los ojos, impresionado.

—¿Eso es cierto?

Es un poder increíble… —Sí, suena impresionante.

Pero… es peor de lo que imaginas.

—¿A qué te refieres?

Shizuki bajó la mirada.

—Tiene un costo muy elevado.

Cada vez que lo uso, si me excedo… pierdo recuerdos.

A veces importantes.

A veces recientes.

Touma la miró en silencio.

—Y lo peor —añadió ella—, es que si lo utilizo demasiado… pueden aparecer Nulvoids.

Luego de una pausa, le entregó su libro a Touma y se puso de pie con su elegancia habitual.

Estiró los brazos hacia adelante con un movimiento preciso y solemne.

—¡Materialize!

Lancaster Volt, Lancaster Pier.

En su mano izquierda apareció una enorme pistola de cañón ancho, y en la derecha, una delgada espada de estocada.

Ambas parecían hechas de plata, con filamentos de energía violeta recorriendo sus superficies como relámpagos atrapados en metal.

—Wow… ¡Qué belleza!

¡Y qué nivel de detalle!

—exclamó Touma, al borde de la exaltación.

—Gracias.

Son una reliquia familiar —respondió ella, restándole importancia con un tono casi rutinario.

—¿Y usas estas armas cuando detienes el tiempo?

—Exacto.

La pistola para ataques a distancia.

La espada para estocadas más precisas.

Cada segundo que obtengo… debo aprovecharlo al máximo.

—Con esas dos maravillas, ¿para qué necesitas mi ayuda?

No lo entiendo… Shizuki no respondió de inmediato.

En cambio, señaló el libro que le había entregado momentos antes.

—Ábrelo.

Busca el separador en la última página.

Touma asintió y siguió sus instrucciones.

Entre las hojas encontró un separador de tela fina, con letras bordadas en dorado: “Una fortuna nunca comprará un segundo de tu vida.” —¿Y esto… qué significa?

—Es mi mantra.

Mi abuelo solía repetírmelo todos los días —dijo ella, con una expresión melancólica—.

Yo no lo sabía… pero estaba enfermo.

Luchaba en silencio.

Touma bajó la mirada, observando el separador con cuidado, como si fuera una pieza frágil.

—No te cuento esto para que sientas lástima —añadió ella, en voz baja—.

Pero si durante el duelo pierdo mis recuerdos… esa frase me ayudará a saber lo que está ocurriendo.

Touma apretó el puño con firmeza y asintió.

—Está bien.

Prometo hacer todo lo que pueda desde las gradas.

Shizuki lo miró con una sonrisa sutil, mientras desmaterializaba sus armas.

—Gracias.

Veo que no me equivoqué contigo.

Luego hizo algo inesperado.

—¿Te gustaría ir a comer algo?

Esta vez yo invito.

Touma arqueó una ceja y sonrió.

—Por supuesto.

¿A dónde quieres ir?

—Hay un comedor que me gustaría probar… en Tenryu.

—Bien.

En marcha, entonces —respondió él, mientras ambos comenzaban a caminar juntos bajo la tenue luz del atardecer, rumbo a la ciudad.

En el extremo este del campus de Seisen, aislada del bullicio académico, se encontraba la galería de tiro avanzada.

Bajo la luz blanca de los paneles del techo y el zumbido constante del sistema SEI, Evangeline Strassburg mantenía una postura impecable.

El cabello recogido.

El uniforme sin una sola arruga.

La mirada, fija.

Apuntó.

Disparo.

Impacto perfecto.

Sin alterar el gesto, recargó.

Segundo disparo.

Otro impacto perfecto.

La simulación proyectaba modelos de Nulvoids en movimiento, con patrones erráticos y ataques sorpresa.

Eva no fallaba.

Cada disparo era un golpe quirúrgico a la amenaza.

—Registro: 100 % de precisión en 72 intentos consecutivos —anunció el sistema.

Eva bajó el arma por un instante.

Su rostro no reflejaba tensión… solo cálculo.

—Reiniciar simulación.

Modo “movimiento evasivo – humanoide”.

El sistema proyectó un nuevo blanco: una silueta simulada, más ágil, más impredecible.

Eva alzó su arma.

Cerró los ojos por un instante.

Respiró hondo.

—No lo hago por interés personal —murmuró, apenas audible.

Apuntó.

Sus manos no temblaban.

—No puedo permitir que un grupo así se limite a perder el tiempo… —Somos el futuro de la humanidad.

Disparó.

Impacto perfecto.

Al centro.

El sistema registró la acción.

Eva simplemente bajó el arma, giró sobre sus talones y se marchó sin mirar atrás.

La silueta cayó en la pantalla.

Y por un instante, el silencio de la galería pesó más que todos los disparos.

—Puedes eliminar a cien de esos muñecos digitales… pero sabes que eso no sirve de nada —dijo una voz masculina desde las sombras.

Eva giró levemente la cabeza.

Reiji Tsuguri estaba apoyado contra una de las paredes, con las manos en los bolsillos y esa actitud suya de “me da igual, pero igual vine”.

Parecía más un Yakuza aburrido que un estudiante modelo.

—Reiji… qué sorpresa.

Pero por favor, no ensucies las paredes.

Compórtate como alguien civilizado.

—Tch, qué fastidiosa eres… —resopló él—.

Solo vine porque Leon estaba preocupado.

Quería asegurarse de que no te autodestruyas por exceso de perfeccionismo.

Eva soltó un suspiro breve.

—No necesito vigilancia.

—Eso lo dices tú.

Aunque, si me dejas, con gusto tomo tu lugar.

Me encantaría enfrentarme a Akari Tsubasa.

Dicen que es una fiera cuando se emociona.

Y no permiten a los de segundo año combatir con los de primero… Eva lo miró con severidad.

—Esto no es un juego Reiji, es un Duelo de Validación.

Si quieres enfrentarte a Tsubasa, te sugiero que esperes al festival deportivo o al Torneo Seisen.

Desvaneció uno de sus rifles.

—Eso, claro… si el director les permite participar.

Reiji alzó una ceja, divertido.

—¿Estás preocupada?

—Estoy siendo realista.

—En todo caso, la próxima vez inclúyenos en tus planes.

No seas tan… “emocional” —dijo Reiji, dejando caer la palabra con sorna.

Eva se detuvo.

Se giró con precisión marcial y se plantó frente a él.

Medía apenas un metro cincuenta, pero si alguien se atrevía a subestimarla por eso… solo lo hacía una vez.

—Para tu información, esto no es un capricho.

Y lo sabes muy bien.

Nuestro trabajo es corregir a los estudiantes que pierden el rumbo.

—¿Entonces esto no tiene nada que ver con Tokisaki?

—preguntó él, ladeando la cabeza—.

¿Con que se negara a unirse a la División de Combate?

—Ella se negó.

Ese es otro asunto —respondió Eva, con tono frío—.

Detesto a los perezosos.

Y sin mirar siquiera hacia la galería, levantó su rifle.

Un único disparo de luz atravesó el aire, barriendo todos los blancos en línea recta con una fuerza devastadora.

Al terminar, su arma se desvaneció en partículas de energía.

El silencio llenó la sala.

—Geh zurück in dein Zimmer, kleines Kind.

(Vuelve a tu dormitorio, pequeño niño.) Eva tomó una toalla, se secó la frente con la misma compostura con la que daba órdenes, y se dirigió sin prisa al vestuario.

—Ya te había dicho que no sé hablar alemán… —murmuró Reiji.

Ella simplemente lo ignoró.

Reiji se quedó solo, girando una moneda entre los dedos, observando los restos calcinados de los blancos.

—Lo que usted diga, jefa… Y así, mientras la noche caía sobre Seisen, dos convicciones opuestas se preparaban para colisionar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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