Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Capítulo 8 Cuando las convicciones chocan 3
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25: Capítulo 8: Cuando las convicciones chocan (3) 25: Capítulo 8: Cuando las convicciones chocan (3) Parte 3 El aire en la arena exterior de Seisen vibraba.
Todos los estudiantes guardaban silencio, conteniendo el aliento.
Eva continuaba presionando con sus drones de asalto, que giraban a su alrededor en formaciones estratégicas.
Pero Shizuki, con la elegancia que la caracterizaba, esquivaba cada ataque con movimientos gráciles, como si estuviera danzando en un reloj de engranajes invisibles.
—¡Vamos, Shizuki!
¡Demuéstrale a la presidenta loli quien manda!
—gritó Touma desde las gradas, con una energía renovada.
Por un instante, Eva perdió el ritmo.
Su rostro enrojeció levemente, y sus drones vacilaron en su formación.
—¿¡Quién dijo eso!?
—preguntó, intentando mantener la compostura.
Su visor le había mostrado el origen del grito mostrando la ficha del alumno.
Aprovechando la distracción, Shizuki giró con precisión y disparó dos proyectiles certeros.
Los drones explotaron en destellos de luz, dejando a la multitud boquiabierta.
Eva carraspeó, volviendo a su postura firme, pero el rubor en sus mejillas era imposible de disimular.
—Kisaragi Touma… juro que pagarás por eso —murmuró entre dientes, mientras sus ojos azules centelleaban de frustración.
—Espero que no tomes eso como excusa cuando pierdas —respondió Shizuki con frialdad, sin apartar la vista de su oponente.
Eva apretó los dientes, controlando su expresión.
—No creas que eso te da ventaja… En ese instante, las turbinas del EXO en su espalda se soltaron, desarmándose en piezas que flotaron en el aire como fragmentos metálicos.
Con movimientos precisos, los nanobots se reorganizaron, formando nuevamente sus seis drones de combate.
Los drones se elevaron a gran altura, girando sobre sí mismos mientras sus núcleos se cargaban con energía luminosa.
La tensión en el ambiente se volvió eléctrica.
—¡No más escapes!
¡Esto termina ahora!
—Bifröstregen!!
Desde el cielo, los drones comenzaron a descargar una lluvia de proyectiles multicolores.
Era como si un arcoíris hubiera sido disparado en miles de fragmentos mortales.
Shizuki, en cambio, dejó que su pistola se desvaneciera.
Sacó su reloj de bolsillo y lo sostuvo con firmeza.
—Clock Tower!!
Un sonido seco de segundero resonó en toda la arena.
Tic…
tac…
tic…
tac… Shizuki comenzó a moverse.
No corría.
No huía.
Cada vez que el segundero hacía un clic, ella aparecía en una nueva posición, esquivando con precisión quirúrgica cada disparo, como si leyera el futuro.
Su figura era un destello entre las líneas de luz, elegante, serena… y letal.
—¡Ya me tienes harta esquivando!
—gruñó Eva, frustrada.
—Si quieres, puedes rendirte —dijo Shizuki con tono serio, aunque el cansancio era evidente en su rostro.
—Jamás he huido de un combate… hoy no será la excepción.
—Hora de recibir el juicio de Odín.
Los drones de Eva regresaron, girando en espiral alrededor de su figura como una danza mecánica.
Los nanobots de su EXO se desintegraron desde el torso, dejando ver nuevamente su uniforme académico.
Pero esta vez, la energía se concentró en sus brazos, ensamblándose en una estructura pesada y sólida.
—Sistema Jörmungandr… eso sí que es excederse —susurró un estudiante.
—¿¡Va a usar eso en un duelo de validación!?
—exclamó otro desde las gradas.
Eva permanecía en silencio.
Extendiendo su brazo derecho, un enorme cañón dorado, casi el triple de su tamaño, se materializó con precisión quirúrgica.
Su mirada no mostraba dudas.
Solo convicción.
—Presidenta… ¿realmente piensas disparar eso?
—murmuró Leonhardt, el vicepresidente, con la ceja arqueada.
—Nuestra loli va en serio… —comentó Reiji con una sonrisa burlona.
Del otro lado, firme y silenciosa como una estatua, Shizuki Tokisaki observaba sin pestañear.
La brisa ondeaba suavemente su cabello plateado, y su reloj brillaba como una estrella lejana.
—Así que ese es tu último as bajo la manga… —susurró Shizuki, con tono sereno pero firme.
—Ya te lo dije antes —respondió Eva, su voz ahora imperturbable—.
Sigo firme en mis convicciones.
—Los estudiantes de Seisen debemos proteger a la humanidad…Y eso también significa protegernos entre nosotros.
Shizuki negó con la cabeza, y por un momento, miró hacia las gradas.
Sus ojos se encontraron con los de Touma.
—Alguien me enseñó… que la libertad y la paz son cosas por las que vale la pena luchar.
—Proteger el club… es como proteger a mi familia —añadió, mientras un recuerdo fugaz de su abuelo, sonriéndole bajo un cielo estrellado, cruzaba su mente.
—Toda mi vida he seguido protocolos, etiquetas… escuchando cómo las personas señalan cada uno de tus errores.
—Estudiantes de Seisen… —hizo una pausa, respirando hondo—.
Ustedes tienen todo el derecho, y la libertad, de hacer lo que crean correcto.
—No se conviertan en herramientas… El cañón de Eva terminaba de cargarse.
La energía se concentraba, vibrando como un sol artificial.
—Impacto inminente en 10 segundos.
Aumentando el poder de la barrera al 100% —anunció SEI con su tono robótico neutro.
—No me dejas otra opción… —murmuró finalmente Shizuki.
Su rapier apareció, rodeada de una electricidad densa y vibrante.
Giró por completo el mecanismo de su reloj.
Una resonancia mágica explotó en su cuerpo.
Patrones violetas se proyectaron bajo sus pies formando una gran estructura.
El aire se distorsionó, como si el tiempo mismo dudara.
—¡Clock Tower!
¡Big Ben… —dijo ella, y el mundo pareció contener el aliento.
Fue apenas un susurro, pero Ellie, desde los lentes de Touma, lo escuchó.
—Touma-sama… ¡Es una habilidad de nivel dimensional…!
Ambas van a lanzar ataques que podrían borrar media ciudad.
Eva apuntó.
—Recibe el juicio de Odin!!!
—dijo Eva con toda la seriedad posible.
Shizuki no se movió.
A su alrededor, el tiempo comenzaba a fracturarse en pulsos irregulares.
Mientras a su alrededor se alzaba una torre gigante formando el Big Ben.
Ambas brillaban, una con la luz del sol… la otra con la sombra de una supernova.
Los núcleos Astra resonaban con fuerza descomunal.
SEI activó automáticamente el protocolo de contención: [RIESGO DE SOBRECARGA.
DETECCIÓN DE ATAQUES NIVEL 5.
ACTIVANDO CÓDIGO ROJO] Y entonces… ¡CLACK!
El chasquido resonó como una campana fúnebre.
—Zero Zone.
Una onda gris, opaca y silenciosa, se expandió por la arena como una niebla densa, devorando la magia a su paso.
El gigantesco cañón de Eva se desintegró en partículas de luz, como si jamás hubiese existido.
La alemana perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo con un thud seco, su expresión atónita.
Al otro lado, el aura de Shizuki se quebró en un destello sordo.
La gran torre del reloj desapareció, y su espada se desvaneció en un suspiro de luz violeta.
Ambas quedaron congeladas en su sitio, sin palabras.
Una ráfaga de viento barrió el campo silencioso.
Y entonces… una figura apareció caminando con desinterés, manos en los bolsillos, el cabello despeinado y la camisa medio fuera del pantalón.
—Que sea un duelo de validación no les da el derecho de destruir la arena… —murmuró Gen Kirishima con tono apático, mientras sus ojos ojerosos recorrían los restos mágicos que flotaban en el aire.
Un aplauso rompió el silencio.
—¡Bravo!
¡Magnífico espectáculo!
Bien hecho, Gen.
Si no intervenías, me hubiera visto obligado a hacerlo yo mismo.
—La voz del director Vergil resonó mientras aparecía entre una nube de humo y barajas flotantes.
Gen lo miró de reojo, sin emoción.
—Ya lo dije… tus trucos no me impresionan.
—Oh, pero no son trucos, querido Gen —respondió Vergil con una sonrisa enigmática mientras hacía flotar una carta ardiente sobre su palma—.
Solo… magia que tú aún no puedes anular.
El director carraspeó teatralmente y se acercó a las dos combatientes con las manos entrelazadas tras la espalda.
—Muy bien, jovencitas.
Declaro este duelo… un empate oficial.
Por lo tanto, el Consejo Estudiantil deberá retirar el pedido de disolución del club.
A menos, claro está… —su voz se volvió más grave— que deseen un duelo conmigo.
La tensión en el aire creció, pero Eva negó con la cabeza sin vacilar.
—Eso no será necesario.
Acepto el resultado.
Shizuki se acercó a ella, sin perder la compostura, y extendió la mano con elegancia.
—Fue un buen duelo.
Eva dudó por un instante, pero finalmente tomó la mano con firmeza y se incorporó.
Sus miradas se cruzaron, no con enemistad… solo respeto mutuo.
La voz metálica de SEI resonó en toda la arena: —Duelo de validación: finalizado.
Resultado: empate.
El Consejo Estudiantil retira los cargos.
Una ola de murmullos y vítores estalló entre los estudiantes.
El nivel de combate, la tensión… todo había sido digno de una batalla entre titanes.
—¡Eso fue increíble!
—gritó alguien.
—¡No sabía que Tokisaki podía luchar así!
—¡La presidenta es un monstruo, pero de los buenos!
Mientras la multitud estallaba en emoción, el grupo de Touma respiró aliviado.
—¡Nunca dudé ni un segundo de la gata rompehogares!
—dijo Hina orgullosa, como si ella hubiese ganado la pelea.
—Pff, jaja… por favor, Hina.
Eso ni tú te lo crees —respondió Mirai con una risa atrevida.
—Sin duda, la princesa de hielo ha demostrado su fuerza.
Y estoy convencido de que solo es la punta del iceberg —dijo Jake, evaluando el duelo con seriedad.
—Es cierto… ahora tengo otro tipo de mirada sobre ella —agregó Akari, aún impresionada.
Touma, que estaba parado, se dejó caer pesadamente sobre su asiento, asimilando todo.
—Sin dudas… me ha dejado sin palabras.
—Y tú que no le tenías fe, Ellie —murmuró.
—Jajaja, Touma-sama… nunca dije que no tenía fe.
Simplemente, sus probabilidades no eran buenas —respondió la IA con picardía.
En ese instante, una figura a su lado —que no había percibido hasta el momento— se levantó y pasó caminando frente a él.
Era una joven de cabello negro azabache, con un vestido elegante color negro.
Al pasar, sintió un aroma dulce como el de una flor.
No logró ver su rostro.
—¿Esa también es una estudiante de Seisen?
—¿Quién?
—preguntó Ellie, desconcertada.
—No es nada… olvídalo.
Momentos después, fuera de la arena, mientras los estudiantes se dispersaban, el grupo esperaba a Shizuki, quien apareció con una expresión serena… casi como una sonrisa.
—Les dije que no perdería —dijo con elegancia—.
Así que… me deben una buena cena de festejo —añadió, mirando directamente a Touma.
—Por supuesto.
Esto hay que celebrarlo —respondió él, aún impresionado.
Y así, el Club de Literatura y Cine fue salvado por Shizuki… Pero este no sería su último encuentro.
En el vestuario femenino Evangeline se duchaba, quitándose el sudor de la pelea mientras reflexionaba en silencio.
“Shizuki Tokisaki… el año pasado, cuando la enfrenté, no era tan fuerte.” “¿O sí lo era, y simplemente nunca lo demostró?
¿Qué cambió en ella?” En su mente apareció una imagen inesperada: Kisaragi Touma, gritando desde las gradas.
“¡Demuéstrale a la presidenta loli tu fuerza!” —¡A quién le dices loli…!
—murmuró con un sonrojo, golpeando suavemente la pared.
Por primera vez en mucho tiempo… alguien había captado su atención de una forma diferente.
No por respeto, ni por miedo.
Sino… por algo más.
“¿Será este el sentimiento que impulsa a Tokisaki?” —Debo descubrir qué es este sentimiento… —susurró.
Y así, mientras el agua de la ducha seguía cayendo sobre sus hombros, las preguntas no dejaban de cesar en su mente.
Había sido un día muy largo… y su cabeza, un mar de dudas.
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