Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Capítulo 9 La calma después de la tormenta 1
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26: Capítulo 9: La calma después de la tormenta (1) 26: Capítulo 9: La calma después de la tormenta (1) Parte 1 —¡Eso fue una locura!
—exclamó Akari, estirando los brazos con energía, aún con los ojos brillando como si tuviera rayos corriendo por las venas—.
¡Definitivamente esto merece una buena cena!
—Sugiero ir a El Faro de Nami —propuso Jake, revisando su app de reservas con aire de experto—.
La vista nocturna junto al mar es preciosa y su ramen de mariscos es legendario.
—Mmm… suena bien —asintió Hina, aunque su tono era más apagado de lo habitual—.
¿Vamos todos?
—Yo iré más tarde —interrumpió Shizuki, consultando la hora en su reloj de bolsillo—.
Necesito asearme y cambiarme.
—Ohhh, ¿la princesa se va a poner elegante?
—bromeó Jake, alzando una ceja con tono teatral.
—Estoy sudada… y mi uniforme terminó dañado en el combate.
—Shizuki tecleó algo en su móvil con la precisión de siempre—.
Un baño decente y un cambio de ropa son más que necesarios.
Y, sinceramente, les sugiero que ustedes también lo consideren.
—¿Eh?
—Todos miraron sus uniformes arrugados, manchados y en general, poco presentables.
—No querrán entrar a un restaurante vestidos de esa forma ¿o sí?
—añadió Shizuki, lanzándoles una mirada crítica, como si ya hubiera juzgado y condenado su sentido de la moda.
—Tiene un punto… —murmuró Touma, rascándose la mejilla—.
¿Qué les parece si nos encontramos allá a las 20:00?
—Me parece bien —dijo Hina, con una leve sonrisa.
Luego miró a Akari—.
¿Vienes con nosotras?
Tal vez tengamos algo que puedas usar.
—¿Eh?
¡Que sea una luchadora no significa que no tenga ropa bonita!
—Akari infló las mejillas como un hámster indignado—.
¡Pero está bien, pasaré por su cuarto después de arreglarme!
¿Sí?
—Perfecto —asintió Hina.
Y así, las tres chicas se alejaron rumbo a los dormitorios femeninos, intercambiando murmullos y sonrisas.
En ese instante, como invocada por un guion divino, una elegante limusina se deslizó hasta la acera, tan silenciosa que parecía flotar.
Shizuki se detuvo con su porte habitual: recta, serena, inalcanzable.
El mayordomo abrió la puerta con una leve reverencia.
—Milady —dijo con voz baja, perfecta y precisa.
Shizuki asintió y subió sin decir palabra.
La puerta se cerró con un clic suave, y la limusina desapareció entre el tráfico como un espejismo.
Touma la observó en silencio.
Jake se le acercó por el hombro.
—Dime que no te gusta un poquito esa chica.
—¡Tú cállate!
—resopló Touma, dándose vuelta para que no le vieran la cara roja.
—Tienes razón, una chica como ella jamás se fijaría en un flacucho sin aspiraciones en la vida —añadió Jake, encogiéndose de hombros.
—Ya deja de decir ridiculeces y vayamos a cambiarnos… y en tu caso, un buen baño tampoco vendría mal.
Apestas —dijo Touma, con una sonrisa burlona.
—Sí, sí…
qué considerado de tu parte.
Entre bromas, los dos se alejaron rumbo a los dormitorios, con la brisa marina acariciando el ambiente.
Unas horas más tarde, ya con ropa limpia y mensajes de confirmación enviados, la noche cayó sobre la ciudad de Tenryu.
El cielo, de un azul profundo, brillaba con las primeras estrellas, mientras las luces de la costa se reflejaban en el mar tranquilo.
Touma, con el cabello aún húmedo, se miró al espejo antes de salir.
El Faro de Nami, un restaurante junto a la playa, los esperaba con su terraza iluminada por faroles y antorchas, entre mesas de madera clara y sombrillas que danzaban con la brisa del océano.
—Este lugar… está mejor de lo que esperaba —comentó Touma, mirando alrededor con cierta sorpresa.
—Te lo dije siempre leo las reseñas—dijo Jake con orgullo, pasando junto a una fuente decorativa con carpas doradas—.
La comida es de lujo y, además, mira esa vista.
Ambos se acercaron a la zona exterior del restaurante.
Algunas mesas ya estaban ocupadas por parejas y pequeños grupos.
—¿Qué te parece aquella de allí?
—preguntó Touma, señalando una mesa algo apartada del resto de los comensales.
—Está un poco lejos, pero se ve bien —asintió Jake.
—Conociendo a Shizuki es la mejor opción.
Tomaron asiento y touma dejó escapar un suspiro mientras se quitaba la chaqueta ligera que llevaba sobre el hombro.
—Sabes… después de todo el caos de hoy, esto no está nada mal.
—¿Te refieres a ver cómo casi destruyen la arena dos chicas que parecen salidas de un RPG de acción?
Sí, diría que una buena cena es lo mínimo que nos merecemos.
Touma sonrió.
—¿Crees que vendrán todos?
Hina es seguro, la conozco mejor que nadie.
—Seguro.
Akari no se pierde una comida ni, aunque caiga un meteorito, Mirai es demasiado responsable como para dejar plantado a nadie, y Shizuki… bueno, ella dijo que vendría.
Y si lo dice, lo cumple.
—Tienes razón.
Mientras esperaban, un camarero joven se acercó con una sonrisa profesional.
—¿Desean ordenar algo?
—Gracias, estamos esperando a los demás —respondió Touma—.
Pero podrías traernos algunos refrescos mientras tanto.
El camarero asintió y se retiró con elegancia.
—Y dime, ¿qué te pareció el duelo de hoy?
—preguntó Jake, apoyando los codos en la mesa con expresión seria.
—Ambas son impresionantes —dijo Touma sin dudar.
—Sí… no esperaba menos de la presidenta.
Sus movimientos, su dominio, su nivel… realmente son de otro mundo.
Jake se cruzó de brazos, pensativo.
—Y Shizuki… también estuvo a la altura.
La verdad, me sorprendió bastante.
—A mí siempre me pareció una chica increíble —murmuró Touma, bajando la mirada, como si buscara algo entre sus pensamientos—.
Ojalá fuera tan fuerte como ella… así podría proteger lo que de verdad me importa.
Jake lo miró de reojo y esbozó una leve sonrisa.
—Vamos, no te pongas así.
Al menos tienes salud… o eso creo.
Y quién sabe, quizá algún día tu Astra Core decida despertarse.
Touma rió por lo bajo.
—Sí, claro.
Como tus posibilidades de ganarle a Misaki Toudou en una simulación.
—Oye, eso estuvo de más.
Además soy el mejor piloto de toda América, sin duda si estuviéramos allí la vencería fácilmente.
—Me agrada esa confianza americana, pero creo que mi comentario fue justo y necesario —replicó Touma, mientras reía.
Jake chasqueó la lengua, resignado.
Unos minutos después, las luces del restaurante parpadearon levemente cuando tres figuras se acercaron desde la entrada principal.
—Ahí vienen —avisó Jake, girando la cabeza.
Hina y Mirai caminaban lado a lado, ambas con vestidos sencillos en tonos pastel que les daban un aire dulce, como si acabaran de salir de una cafetería temática de ensueño.
Hina llevaba uno color lavanda con pequeños detalles de encaje, mientras que Mirai optó por uno rosa pálido con una chaquetita blanca de punto.
Sus sonrisas suaves y tímidas completaban la imagen.
—Wow…
se ven como protagonistas de un comercial de perfumes —susurró Jake, con una ceja alzada.
—Sí…
—Touma asintió, sin poder quitarles los ojos de encima.
Y entonces, Akari apareció detrás de ellas.
Llevaba un abrigo con capucha que tenía orejas redondeadas, una carita bordada y un pompón que colgaba en la espalda como si fuera una colita.
Abajo, unos jeans ajustados y una camiseta con un estampado de conejitos karatekas.
—¡Hoooola!
¿Llegamos tarde?
—dijo, saludando con una manita agitada.
La capucha del abrigo le daba una sombra adorable sobre los ojos.
Touma parpadeó.
Jake se quedó congelado unos segundos.
—¿Es eso… un panda?
—preguntó en voz baja.
—O un oso… pero definitivamente esponjoso —murmuró Touma, boquiabierto.
Akari se detuvo frente a ellos con total normalidad.
—¿Qué pasa?
¿Tengo algo en la cara?
—No, no…
—Jake se aclaró la garganta—.
Es solo que…
esto es un golpe visual.
—¿Eh?
¿No les gusta?
¡Este abrigo es mi favorito!
Lo compré en una feria de cosas kawaii en Harajuku —dijo Akari, inflando las mejillas—.
Además, ¡es cómodo y cálido!
¡Miren, tiene bolsillos con forma de patitas!
Metió las manos dentro y las sacó haciendo garras.
—¡Rawr!
Touma se llevó una mano al rostro, conteniendo la risa.
—Estás… más feroz que nunca.
—¡Exacto!
—Akari asintió orgullosa—.
¡Es el equilibrio perfecto entre ternura y poder destructivo!
—Te ves muy linda, Akari —comentó Hina con una sonrisa sincera.
—S-sí…
m-muy adorable —añadió Mirai, casi en un susurro.
—¿Ves?
¡Ellas sí lo entienden!
—dijo Akari, cruzándose de brazos mientras la capucha del osito se le ladeaba un poco, haciéndola ver aún más ridículamente adorable.
Jake suspiró con resignación y señaló la mesa.
—Bueno, vengan y siéntense, antes de que el abrigo empiece a atraer mapaches del bosque.
Akari le sacó la lengua.
—Celoso porque tú no puedes hacer que un panda te quede bien.
Todos rieron mientras tomaban asiento.
El ambiente se volvió más cálido, más cercano.
Touma observó cómo se acomodaban.
Shizuki aún no había llegado.
—¿Y la princesa de hielo?
—preguntó Jake, hojeando el menú.
—Dijo que llegaría directo —respondió Touma—.
Ya sabes cómo es.
Puntual, elegante y…
misteriosa.
—Clásico.
Justo entonces, una figura se detuvo en la entrada.
Shizuki avanzó con pasos serenos, envuelta en un vestido lila que caía como seda sobre su silueta, adornado con un delicado arreglo de flores plateadas a un lado del cabello.
No llevaba joyas.
No las necesitaba.
Ella era toda una joya.
Cada mirada del restaurante se giró hacia ella, como si el mundo hubiera pulsado pausa.
Touma tragó saliva y Jake dejó caer el menú.
—…Definitivamente no estamos en la misma liga —murmuró Hina.
Shizuki solo alzó la mirada, y durante un segundo, el mar pareció guardar silencio ante su belleza.
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