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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 28

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28: Capítulo 10 – Nuestro tiempo robado (1) 28: Capítulo 10 – Nuestro tiempo robado (1) Parte 1 El timbre del ingreso a clase sonó con pereza, como si también él quisiera quedarse dormido.

Touma suspiró y caminó por los pasillos de la Academia Seisen, mochila al hombro, con el cabello aún algo desordenado.

—Hina, buenos días —saludó, al verla en la entrada del salón.

—Hum.

Fue todo lo que obtuvo como respuesta.

Intentó no tomárselo a pecho.

Quizás no lo había oído bien.

Claro.

Eso debía ser.

Más tarde, durante el receso, se acercó mientras ella guardaba su cuaderno.

—¿Quieres que te compre algo en la tienda?

Hoy hay bollitos de mermelada.

—Hum.

La misma nota, misma entonación.

Ni una mirada.

“Tres ‘hums’ seguidos ya es oficialmente territorio hostil”, pensó, bajando un poco los hombros.

Al final del día, con el aula vacía, Touma abrió la puerta del Club de Literatura y Cine.

La luz cálida de la tarde se colaba por la ventana, y las estanterías repletas de libros hacían eco de una tranquilidad familiar.

Solo había una persona adentro.

Jugando en la máquina de arcade con ira contenida.

—¿Puedo entrar, o también me vas a recibir con un “hum”?

—preguntó Touma, apoyado en el marco de la puerta.

Hina no respondió de inmediato.

Siguió golpeando los botones con más fuerza de la necesaria.

—No he decidido todavía.

Touma sonrió con timidez y se dejó caer en el sofá frente a ella.

—Oye… si tienes algo que decirme, prefiero que lo hagas con palabras.

—¿Y si no quiero?

—Entonces me quedaré aquí esperando, en silencio.

Como castigo emocional.

Ella cruzó los brazos y, por primera vez en todo el día, lo miró directamente.

—¿Qué fue lo que pasó anoche con esa gata rompehogares?

Touma la miró, visiblemente confundido.

—¿A qué te refieres?

—Vamos, no te hagas el tonto.

Te conozco desde los cinco años —dijo, apretando los botones con un golpe final, justo cuando la pantalla del juego mostraba un “You Win” dramático, seguido de los créditos.

—Si te refieres a mi charla con Shizuki…

solo me contó algo personal.

—Ohh, seguramente algo que no puedes contarme, ¿verdad?

Él simplemente bajó la mirada.

—Lo sabía… esa gata.

Vino a separar nuestra hermosa familia… snif snif.

De fondo, comenzó a sonar música triste.

—¿Acaso pusiste esa música con tu celular?

—Tch.

Al menos finge que me tienes compasión —dijo, retomando su expresión seria por un instante.

—Qué cambio tan repentino… —Es que…

—respondió, regresando a su dramatismo mientras subía el volumen de la música—.

Ya no pasas tiempo conmigo.

Has abandonado a la única que siempre ha estado a tu lado… snif snif.

—¿Qué diría mi padre si supiera esto?

—agregó, dejándose caer en el sofá con teatralidad exagerada.

Touma solo rodó los ojos.

—Bueno, bueno… te lo compensaré.

—¡Jeje, justo lo que quería oír!

—dijo ella con una sonrisa, sacando unas tarjetas de juego del bolsillo.

—¡Vamos a los arcades de la zona comercial!

—Sabía que tenías todo planeado… por eso no hay nadie en el club hoy.

—Ejem —carraspeó ella, desviando la mirada—.

No sé de qué me hablas.

Touma solo sonrió.

Y, sin decir más, ambos salieron juntos del salón del club, rumbo al distrito comercial de la ciudad de Tenryu.

La tarde en Tenryu City tenía ese brillo suave de los días despejados.

En el distrito comercial, la música de fondo se mezclaba con voces, risas y luces de neón.

Touma caminaba junto a Hina, sin apuros.

Ella masticaba una paleta en forma de estrella, con expresión triunfante.

—No puedo creer que todavía vendan estas —dijo él, mirando el envoltorio.

—Obvio que sí.

Es lo único que me mantiene joven.

—Tienes dieciséis años… —¡Y tú te comportas como si tuvieras cuarenta!

Entraron al salón de arcade.

Las luces parpadeaban con colores intensos y las melodías electrónicas les dieron la bienvenida como viejos amigos.

Hina fue directo al clásico: Dance Idols EX.

—Vamos, muéstrame si te quedan reflejos, anciano.

—¿Me estás retando a un duelo de baile?

—Exacto.

Y si pierdes, pagas los helados con carita de gato.

—Eso es trampa.

—La vida es una trampa, Touma.

La partida comenzó.

En pantalla, ambos avatares se movían al ritmo de una canción rápida.

Hina marcaba los pasos con precisión afilada, mientras Touma…

sobrevivía.

Al final, un marcador gigante lo dejó claro: “¡Victoria!” —Tendría que haberme rendido en el primer paso —murmuró Touma, apoyándose contra la máquina.

—¡Te lo dije!

Que no ibas a durar ni una ronda —respondió Hina, girando sobre sí misma con una sonrisa genuina.

Cerca de la salida, compraron dos helados.

Touma eligió uno de limón y Hina uno de uva.

Se sentaron en una banca del segundo piso, donde podían ver el movimiento del centro comercial desde arriba.

Las escaleras mecánicas, los niños corriendo, las parejas paseando.

—Es raro, ¿no?

—dijo Touma, tras un rato.

—¿A qué te refieres?

—Volver a hacer esto contigo.

Se siente como… algo de otra vida.

—Tal vez —respondió ella, mirando su helado sin comerlo—.

Pero también se siente como lo más normal que hemos hecho en semanas.

—Sí… al inicio, cuando me arrastraste a Seisen, pensé que sería como cualquier otro instituto.

Nunca imaginé que veríamos a personas tan poderosas como Eva y Shizuki.

Ella bajó la mirada hacia el suelo, con un dejo de melancolía.

—Qué gracioso… vine aquí pensando en que podríamos seguir juntos, con tranquilidad.

Disfrutar de las vistas de Okinawa.

Él la abrazó con fuerza, como un compañero de club deportivo.

—Vamos, no te pongas así.

—Es cierto que tenemos menos tiempo juntos, pero hemos hecho muchos amigos.

Ella lo apartó con un empujón suave.

—No te me estés pegando, estás todo sudado —dijo con seriedad, y luego añadió en voz más baja—.

Sí, es cierto… pero ya no es lo mismo.

Por un instante, una imagen de Shizuki cruzó por su mente.

—Solo… no quiero que nos separemos.

Eso es todo.

—Hinata Fujimura —dijo Touma con una seriedad inesperada—.

He sido tu amigo casi toda mi vida.

Siempre hemos estado juntos, y nada de eso va a cambiar.

Ella sintió un verdadero alivio.

Tal vez no era suficiente para calmarlo todo, pero sí para sostenerse un poco más.

—Además —añadió él, intentando romper el momento con una sonrisa—, el Coronel Fujimura no creo que me deje ir tan fácilmente.

—Je, pues claro.

¡Mi papá vendría a buscarte con el ejército si me abandonas!

—dijo, tratando de sonar como una niña pequeña.

Touma rió, más tranquilo.

El sol se ocultó y dio paso a una noche estrellada.

Por un momento, el mundo pareció menos complicado.

Hina recostó su cabeza sobre su hombro, mientras ambos observaban las estrellas, y finalmente murmuró… —Desearía que esto fuera así para siempre —dijo, mientras simulaba atrapar una estrella fugaz con la mano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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