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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 1 Una chica enérgica en pijama de ¿osito
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32: Capítulo 1: Una chica enérgica en pijama de ¿osito?

(1) 32: Capítulo 1: Una chica enérgica en pijama de ¿osito?

(1) Parte 1 —¡¡¡TOUMAAAAAAA!!!

La puerta del cuarto 307 del ala masculina estalló con un estruendo tan brutal que tres aves en el techo del edificio salieron volando.

Literalmente.

Estalló.

A las seis de la mañana.

—¡¿¡QUÉ DEMONIOS!?!

—gritó Jake Maverick, levantándose de golpe desde la litera superior con una camiseta de Space Rockerz medio puesta.

—¡Buenos díaaas~!

—canturreó Akari, una figura diminuta vestida con un pijama con forma de osito rosado, completo con orejitas en la capucha, patitas acolchadas y una cremallera que parecía diseñada para un infante.

Touma, medio enterrado en su sábana y aún con los ojos medio cerrados, murmuró: —No… por favor… —y se escondió aún más entre las sábanas.

Jake, con su japonés dudoso y aún medio dormido, le lanzó una zapatilla a la cabeza.

—Kisaragi, deja de simular que duermes.

Akari te está buscando.

Touma cayó al piso, envuelto como una oruga en su sábana, y empezó a desplazarse lentamente hacia el borde de la cama.

En ese instante, chocó con algo—o alguien.

Sacó la cabeza del capullo textil y allí estaba ella.

Akari, con su pijama de osito, tan tierna como una postal…

y tan peligrosa como una catástrofe natural.

—Hoy es nuestra sesión de combate.

No olvides que lo prometiste —dijo con una sonrisa radiante, mientras lo levantaba con una sola mano como si fuera una pluma.

—¡Déjame cambiarme al menos!

—gritó Touma, retorciéndose como una oruga atrapada.

—¡No hay tiempo que perder!

¡Te vestirás con tu exo en el camino!

—¡Al menos dame mis lentes!

¡No puedo ver sin ellos!

Ella recogió los lentes del escritorio, le lanzó un beso en el aire y salió disparada del dormitorio masculino rumbo a la arena de combate, llevándose a Touma como si fuera un saco de papas viviente.

Jake suspiró, dejándose caer de nuevo en su almohada.

—Buena suerte, soldado… Te recordaremos como un héroe —dijo con ironia.

Se cubrió hasta la cabeza con la manta.

—Maldita sea, justo interrumpieron mi sueño con la tesorera… —gruñó antes de regresar mentalmente a su fantasía donde competía con Misaki Toudou en una batalla de mecas… En la arena de entrenamiento de la Academia Seisen, dos figuras ya estaban presentes desde temprano.

Uno era el veterano de guerra mexicano Rodrigo Valverde, musculoso, de voz firme, con una gorra militar que no se quitaba ni para dormir.

A su lado, como una sombra silenciosa, se encontraba el piloto chino Zhao Wei, elegante, inexpresivo, y con el aura de alguien que podría desmontar un meca con un destornillador… y luego prepararte té.

Ambos siempre entrenaban juntos.

Eran una imagen inseparable.

—¡Aloha, sensei~!

—dijo Akari, saludando con una ternura tan explosiva que habría derretido el acero del hangar.

Rodrigo levantó la vista desde su tablero táctico y le sonrió.

—¡Ho, Akari!

Veo que vienes a entrenar de nuevo con Kisaragi.

Detrás de ella, Touma seguía envuelto en sus sábanas, más arrastrado que caminando.

Sus ojos suplicaban ayuda, como un cachorro abandonado en una tormenta.

Rodrigo lo miró con una mezcla de simpatía y humor.

—Muchacho de investigación, bienvenido.

No sabía que los de la división técnica madrugaran tanto.

—Yo tampoco… —murmuró Touma, aún a medio despertar.

Akari levantó la mano, como si estuviera en clase.

—Sensei, ¿puedo usar un exo de práctica para Touma?

—Por supuesto —respondió el hombre, y luego giró hacia su compañero—.

Zhao, ¿serías tan amable de llevar al joven a los vestidores y asignarle un exo de entrenamiento?

Zhao Wei, como siempre, no dijo una sola palabra.

Solo asintió con solemnidad, dio media vuelta… y con la misma eficiencia con la que pilotaba, se llevó a la “oruga” Kisaragi arrastrando al vestidor, como si fuera parte del protocolo.

Touma solo alcanzó a lanzar una mirada de auxilio a Akari antes de desaparecer por la puerta.

Ella le respondió con una sonrisita dulce, y agitó una mano como si lo despidiera rumbo al campamento de verano.

Una vez en el vestuario, el instructor Zhao dejó a Touma sobre una banca —la clásica que usaban todos los reclutas nuevos— y caminó hacia un armario metálico sin decir una palabra.

De allí sacó un uniforme de entrenamiento limpio, del tipo que usaban los estudiantes de la división de combate, y lo dejó cuidadosamente al lado del medio envuelto Touma.

—Te dejaré cambiarte tranquilo.

Cuando estés listo, llámame por el intercomunicador.

—Te daré un exo prototipo que creó la profesora Duval especialmente para combatir con Akari —dijo con voz neutral, y salió del vestuario sin más.

El silencio reinó por un instante.

Touma se quedó mirando el uniforme, todavía sin comprender del todo lo que acababa de oír.

—¿Prototipo…?

—repitió en voz baja mientras se colocaba sus Astra Lens.

—¿Ellie?

¿Estás ahí?

—Así es, Touma-sama.

Siempre estoy aquí.

Incluso cuando sueñas con Shizuki por las noches~ —respondió su IA personal, con una voz suave y burlona.

—¡Eso fue solo una vez!

¡Y no fue lo que piensas!

¡No me tomes el pelo!

—se defendió, rojo hasta las orejas.

—Si tú lo dices… yo te creo.

Después de todo, solo soy tu humilde asistente.

Tehe~.

Touma resopló y comenzó a vestirse con el uniforme de combate.

—¿Sabes algo sobre este prototipo?

—Por lo general, la profesora Eleonor Duval mantiene sus creaciones fuera del sistema central de NovaTech.

—Imagino que esta vez quiere probar una resistencia optimizada para… digamos, “el estilo de contacto directo de Tsubasa Akari”.

—Ya veo… Te encargo que me asistas como siempre, Ellie.

No quiero terminar convertido en un puré humano.

—No te preocupes, Touma-sama.

No dejaré que la tierna osito de gomita te haga trizas.

—Sabes que no me transmites confianza, ¿verdad?

Una vez listo, Touma salió del vestuario hacia la siguiente sala.

Llamó al instructor Zhao para recibir el famoso exo.

Pero quien apareció… no fue Zhao.

—¿Eleonor-sensei?

—preguntó, sorprendido al ver a su profesora de investigación personal, la carismática científica griega, entrando con una taza de café en una mano y un bostezo en los labios.

—Buenos días, Kisaragi —dijo con voz suave, aún medio dormida—.

Qué pereza levantarse un sábado tan temprano… pero en fin, el conocimiento nunca descansa, ¿cierto?

Se estiró como un gato y le entregó un pequeño dispositivo.

Normalmente, los exo de práctica venían en forma de triángulo.

Este era un cuadrado negro con bordes pulidos y un pequeño sello azul con las letras “ED1”.

—Este es el prototipo ED1… o EDIE, si prefieres algo más adorable —dijo con esa voz suya que hacía que incluso leer una receta científica sonara seductor.

—¿Recuerdas el modelo alemán de Evangeline Strassburg?

Touma lo recordó al instante.

El duelo de la presidenta con Shizuki había sido legendario.

—Sí… parecía una valquiria nórdica.

—Bueno, esto es algo similar, pero más defensivo.

Ya lo verás —respondió, dándole un empujoncito con el dedo índice hacia la salida.

—Buena suerte, muchachito —añadió con una sonrisa pícara, antes de desaparecer por donde vino.

Touma se quedó allí, con el EDIE en la mano, sin desayuno, sin manual de instrucciones, y sin idea de lo que estaba a punto de enfrentar.

—No son ni las siete de la mañana… ¿y ya soy un ratón de laboratorio con orejas de osito rondando por ahí?

Suspiró mientras se colocaba el exo.

—Pero bueno… ¿qué podría salir mal?

—Spoiler: todo.

– dijo Ellie desde sus lentes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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