Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 34
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34: Capítulo 1: Una chica enérgica en pijama de ¿osito?
(3) 34: Capítulo 1: Una chica enérgica en pijama de ¿osito?
(3) Parte 3 Hina y Mirai llegaron corriendo por los pasillos de la enfermería de Seisen.
Allí, sentada en una banca, con los ojos hinchados por el llanto, estaba Akari.
A su lado, intentando consolarla sin mucho éxito, estaban Jake que parecía incómodamente fuera de lugar y Shizuki, que mantenía su expresión serena habitual, aunque su mirada se posaba con atención protectora en Akari.
—¡Akari, mírame!
¿Touma está bien?
—preguntó Hina, con el rostro lleno de preocupación.
Akari apenas levantó la cabeza.
—No fue mi intención… está con la médica ahora.
Sin esperar más, Hina abrió la puerta.
Dentro, Touma estaba sentado en una cama, sacando la lengua como si estuviera en una revisión rutinaria.
A su lado, una niña rubia, de no más de 1.40 metros, vestía una bata médica que le quedaba exageradamente grande.
En su cuello colgaba un estetoscopio, y en sus manos sostenía un bastón con forma de varita mágica decorada con una cruz roja.
—¿Una niña jugando a la enfermera?
—preguntó Hina, desconcertada.
La niña ni se inmutó.
En cambio, alzó su bastón con energía.
—¡Magical Cure!
¡Heal!
—gritó, y un aura verde comenzó a brillar alrededor de Touma, curando los pequeños golpes y moretones con eficacia sorprendente.
—¿Ya estás bien, pequeño Touma?
—preguntó ella con voz dulce.
—Sí, doctora.
Me siento mucho mejor.
Gracias por curarme —respondió él con una sonrisa genuina.
La niña se retiró el estetoscopio con dignidad y comenzó a escribir en una pequeña pizarra clínica con dibujos de ositos.
Todo en ella, desde la voz hasta los gestos, resultaba… terriblemente adorable.
—¿Están jugando al doctor?
—insistió Hina, acercándose—.
Qué tierna… ¿Dónde está la verdadera doctora, pequeña?
La niña se congeló.
Lentamente, giró la cabeza.
De su cuerpo comenzó a emanar una aura oscura y humo sutil.
—Tch… ¿A quién le dices niña, mocosa?
¡Tengo 14 años, ¿sabes?!
Hina se agachó con una sonrisa, completamente ignorando la amenaza.
—Aww, qué linda.
Cree que es doctora.
¿Dónde está tu mami?
Touma comenzó a hacer gestos con las manos frenéticamente.
No sigas.
NO sigas.
Pero era demasiado tarde.
—¡¿CÓMO TE ATREVES?!
—gritó la niña, apretando el bastón como si fuera a invocar la ira de los cielos—.
¡Soy la médica en jefe de Seisen!
¡Doctora Lieselotte Weiss!
Hina pestañeó, aún sin procesar.
—¿Doctora…?
Lieselotte estaba al borde del colapso mágico.
Literalmente, las luces parpadeaban, el aire vibraba y su bastón temblaba de indignación.
—¡SENSEI!
¡DOCTORA EN JEFE!
—gritó con la voz más aguda y potente que su cuerpecito le permitía—.
¡CON LICENCIA DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD!
¡Y UN DOCTORADO EN BIOMAGIA CELULAR, GRACIAS!
Hizo girar su bastón como una varita mágica de destrucción burocrática.
—¡SOY LA GENIO DE SUIZA!
¡LA PRODIGIO DEL ALPES!
¡LA PEQUEÑA MILAGRO MÉDICO!
Hina dio un paso atrás, atónita.
—¡RECIBÍ MI TÍTULO UNIVERSITARIO A LOS DIEZ AÑOS!
¿¡DIEZ AÑOS, ENTIENDES ESO!?
Golpeó el suelo con su bastón.
Un pequeño campo de energía se expandió por el suelo con forma de cruz médica.
—¡MIENTRAS TÚ APENAS APRENDÍAS A MULTIPLICAR, YO ESTABA CURANDO PERSONAS!
Hina, medio en shock, levantó las manos en son de paz.
—¡Okay, okay, perdón, doctora Weiss!
¡Mi error!
¡No se enfade o le saldrán arrugas!
Touma, en completo silencio en silencio pensó.
“Y aún así me curó con una técnica llamada ‘Magical Cure Heal’…” —Doctora Lotte… ¿ya me puedo retirar?
—preguntó, intentando bajar la tensión con una sonrisa diplomática.
—Sí, por supuesto.
Ya estás sano.
Aunque tu fatiga no se irá del todo, probablemente mañana te sientas contracturado —respondió, mientras le extendía una pequeña receta médica escrita con plumón de colores.
—Tómate unos analgésicos por la mañana y, si puedes… cómprale un libro de modales a tu novia.
Touma se sonrojó al instante.
—¡N-no somos novios!
¡Solo amigos!
—respondió rápido, con las orejas rojas.
Lotte lo miró un segundo, y el mechón rebelde de su cabello erizándose como signo de exclamación.
—Hmm… eso cambia las cosas.
Llámame en unos días.
O ven a verme de nuevo si te sientes mal.
Le guiñó un ojo con total seriedad profesional.
—Me agrada la gente que sí tiene modales —añadió, sacándole la lengua a Hina como una niña pequeña.
Touma y Hina salieron de la enfermería, con Hina aún con cara de “¿qué acaba de pasar?” y Touma intentando no tropezar de los nervios.
Desde la puerta, la pequeña doctora agitó el brazo para despedirse con una sonrisa triunfal.
Al salir de la enfermería, todos los que esperaban en el pasillo se giraron ansiosos.
—¡Qué exagerados son!
Estoy bien, solo tenía un par de rasguños —dijo Touma, alzando una mano como si nada.
—Es que el tonto americano nos mandó un mensaje como si fuera una emergencia de vida o muerte —dijo Shizuki con calma, señalando a Jake con un leve movimiento de cabeza.
—¡Arruinaron mi sueño al despertarme!
Ahora saben lo que se siente —protestó Jake, indignado.
—Mira, la tesorera del consejo estudiantil —dijo Shizuki de pronto, seria, señalando hacia el pasillo.
Jake se giró de golpe, con los ojos brillando.
—¿¡Dónde!?
Pero no había nadie.
—Pff… tonto americano —dijo Shizuki, sin cambiar el tono, como si fuera una simple observación científica.
—Ja… ja… qué graciosa, princesa de hielo… —murmuró Jake, mientras Shizuki ya lo ignoraba elegantemente.
Touma se agachó frente a Akari, que aún estaba sentada en la banca.
—¿Estás bien, Akari?
Ella asintió lentamente, limpiándose las lágrimas.
—Sí… solo estaba preocupada… de que ya no quisieras volver a verme.
Touma le sonrió con dulzura.
—No te preocupes.
No voy a odiarte por ser fuerte.
Yo también debería esforzarme más y tratar de seguirte el ritmo.
—Así que… arriba esa cara.
Akari lo miró un segundo, y luego sonrió tímidamente.
—Ya sé —dijo Touma—.
¿Por qué no vamos todos a Tenryu a pasar el día?
Todos asintieron con entusiasmo, como si fuera la idea más natural del mundo.
Y así, sin más, el grupo se retiró del Instituto Seisen, rumbo a un merecido descanso.
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