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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 Capítulo 2 Salida con amigos y un osito sin pijama 3
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37: Capítulo 2: Salida con amigos y un osito sin pijama (3) 37: Capítulo 2: Salida con amigos y un osito sin pijama (3) Parte 3 Aquel oso frenético sembraba el terror entre los visitantes del zoológico.

La gente corría en todas direcciones, tropezando entre sí.

Pero un grupo de niños, paralizados por el miedo, seguía inmóvil en círculo, abrazados entre ellos, mirando al animal que se acercaba a toda velocidad.

En ese instante, el gran oso alzó su garra con violencia.

Los niños gritaron con fuerza… Pero alguien se interpuso.

Akari, con su delicado vestido aún reluciente, bloqueó la garra del oso como si estuviera deteniendo a un peluche revoltoso.

—¡Salgan de aquí, niños!

—gritó, mientras contenía también la otra pata con esfuerzo.

Pero los niños no se movían.

El miedo los tenía atados al suelo.

Fue entonces cuando una voz suave, familiar, resonó en el aire: —¡Mundo Maravilloso!

¡Conejitos rescatadores~!

Una marea de conejitos celestes, mágicos y veloces apareció por debajo de los niños, levantándolos suavemente y alejándolos del peligro como si flotaran.

Akari se giró un instante y vio a Mirai, con su varita brillante y una sonrisa dulce.

—¡Gracias, Mirai!

Pero en ese momento de distracción, el oso volvió a moverse: una de sus garras se soltó y rasgó parte del vestido de Akari, dejando un tajo en la tela.

Ella volvió a sujetarlo, apretando con fuerza sus patas delanteras para inmovilizarlo de nuevo.

—¡Osito malo!

¡Arruinaste mi vestido nuevo!

—dijo haciendo un puchero.

—Aun así… no quiero lastimarte… —agregó, apretando los dientes—.

¡¿Dónde están los guardias del zoológico?!

Como un rayo, Shizuki apareció a un costado, apuntando con su enorme pistola plateada.

—¡Shizuki, no lo mates!

—gritó Akari, preocupada.

Ella no respondió de inmediato.

Solo la miró… con esa misma expresión fría e imperturbable de siempre.

Por un segundo, pareció como si la estuvieran por acusar de crimen ambiental.

—Stun Volt —dijo al fin, y disparó.

Un proyectil eléctrico violeta surcó el aire y golpeó al oso justo en el lomo.

El animal cayó al suelo con un quejido bajo, completamente inconsciente pero ileso.

—Qué grosera —comentó Shizuki, guardando su arma sin cambiar de expresión—.

Jamás se me ocurriría herir a un pobre animal.

En ese momento llegaron los guardias del zoológico.

El oso gruñó con tristeza…

y él mismo se puso las esposas.

Luego empujó suavemente a los guardias para que lo llevaran de vuelta a su hábitat.

Su expresión decía claramente: “Estaba más seguro allá…”, como un cachorro regañado que solo quería volver a su rincón.

Los niños regresaron corriendo, con los ojos brillando de emoción.

—¡Gracias, señorita!

¡Usted es muy fuerte!

—dijo una pequeña, mirando a Akari con asombro.

—Je je… ya lo sé —respondió Akari, inflando el pecho con orgullo—.

No olviden comer sus verduras si quieren ser así de fuertes.

¡Je je!

—Gracias a ustedes, señorita dulce… y señora tenebrosa —añadió otro niño, señalando a Mirai y a Shizuki.

La británica cayó de rodillas, vencida por el apodo.

—Parece que la señora tenebrosa fue derrotada fácilmente —murmuró Jake, cruzándose de brazos.

Touma se acercó a Akari con una sonrisa.

—¿Estás bien?

—Sí, pero… el osito rompió el hermoso vestido que me eligió Shizuki —respondió, mirando a su amiga, que seguía en modo derrotada.

—Mientras estés bien, siempre podemos conseguir otro.

Y así, todos juntos siguieron con su día… como si nada hubiera pasado.

Porque, siendo honestos, vencer a un oso descontrolado no era algo tan extraño para los estudiantes de Seisen.

************************************************************************ Esa misma noche, en la casa de los Tsubasa… —¡¡¡¿¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!???

El estruendo de pisadas retumbó por las escaleras.

Una puerta corrediza se abrió de golpe y un muchacho pelirrojo apareció en el living como una bala.

—¡Mamá!

¿¡Sabías que Akari tiene novio!?

¡En las noticias están hablando de ella!

La madre, recostada en el sofá viendo una novela con una mascarilla en el rostro, ni se inmutó.

—No digas locuras, Makoto.

Debe ser tu imaginación.

Nadie en su sano juicio saldría con tu hermana.

—¡Lo digo en serio!

—Makoto sacó su celular y empezó a mostrarle las fotos que Akari le había enviado.

En todas se la veía feliz junto a Touma: comiendo crepe, abrazando un osito, mirando marmotas… parecía un álbum de parejas.

—Hmm… qué joven tan apuesto.

¿Estás seguro de que no es una edición de esas con filtros de amor?

—¡Mamá, esto es serio!

En ese momento, pasos pesados resonaron desde la cocina, como si un monstruo saliera de su cueva.

—¿Qué acabas de decir, Makoto?

El aire se volvió denso.

Un hombre enorme, pelirrojo como Akari pero el triple de alto, apareció con aura demoníaca.

—Papá… hay un idiota saliendo con Akari.

¡Tengo que ir a Okinawa ya mismo!

—¿¡Quién se atreve a tocar a mi princesa!?

—bramó, apretando los puños mientras exudaba vapor oscuro como jefe final de videojuego.

La madre, sin despegar los ojos del televisor, cambió el canal a las noticias.

—Es verdad, están hablando de ella y sus compañeros.

“Adolescentes del Seisen detienen a un oso y salvan el día.” En la pantalla aparecían Akari y Touma siendo entrevistados.

—¡Ese es!

¡Ese es el mocoso que sale con Akari!

—¡Voy a hacerlo trizas!

—gruñó el padre, alzando el brazo como para invocar un suplex legendario.

Pero antes de que alguien actuara, la madre agarró un bate decorativo de encima del televisor.

Con precisión, les dio un golpe seco a cada uno en la cabeza.

—¡Ustedes no se van a meter con la felicidad de mi hijita!

—su voz cambió de golpe… Ya no era una madre dulce, sino la líder de una pandilla.

—¿O quieren que les recuerde por qué me temían en Tokio, ah?

Con una sonrisa peligrosa, señaló con su bate un recorte de diario colgado en la pared.

Como si fuera un trofeo de guerra.

El titular decía: “Aira Yamada, el Terror Carmesí siembra el caos en Shibuya.” En la foto, una versión adolescente y bajita de ella posaba con una chaqueta de cuero, gafas oscuras y una expresión de villana de anime en miniatura.

Ambos se inclinaron al instante, temblando.

—S-sí, mamá… —S-sí, querida… —Así me gusta.

—Ahora vayan a la tienda por helado.

Quiero de frutilla.

Y vuelvan rápido.

—¡Sí, señora!

—gritaron los dos, saliendo como si huyeran de un campo de batalla.

La señora Tsubasa volvió a mirar la pantalla con ojos brillantes.

—Qué linda se ve mi hija… ¡No puedo esperar a conocer a su novio!

¡Su Boda, debo ver vestidos de novia!

¡Ya quiero nietos~!

Y así, entre el delirio casi cósmico de la madre Tsubasa, la familia entera comenzó a convencerse de que su pequeña Akari ya tenía toda una vida amorosa… Y en algún rincón de Okinawa… Touma Kisaragi acababa de ganarse a toda una familia sin saberlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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