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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Capítulo 3 Una sombra entre bambús 2
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39: Capítulo 3: Una sombra entre bambús (2) 39: Capítulo 3: Una sombra entre bambús (2) Parte 2 Un helicóptero militar descendía con precisión sobre el gigantesco portaviones de NovaTech, anclado en las afueras de Okinawa.

Dentro de la cabina, cuatro adolescentes lucían uniformes de vuelo con escudos bordados en el pecho.

El primero, un joven de cabello plateado, ostentaba el emblema de Israel.

A su lado, uno de cabello castaño llevaba el símbolo de la India, mientras que el tercero, de cabello negro, portaba con orgullo el escudo del Perú.

Y entre ellos… Una joven de cabello negro azabache, trenzado con un listón rojo, observaba con ojos brillantes la colosal estructura del portaviones.

Su expresión era relajada, casi divertida, como si acabara de llegar a un parque de diversiones futurista.

—Sería increíble pilotar algo así en el espacio… Sería… sublime —exclamó con entusiasmo.

—No vinimos de paseo, Li.

Estamos aquí por la beca —respondió el joven israelí sin apartar la vista de su libro, con un tono seco y calculado.

—Oh, vamos, deberías relajarte un poco.

Has estado tenso durante todo el vuelo.

Apenas toquemos tierra, vamos directo a las aguas termales —rió el muchacho de la India, con una sonrisa tan amplia como contagiosa.

El joven peruano bufó con expresión severa.

—Qué manera tan superficial de ver las cosas… Esta es nuestra oportunidad para representar a nuestros países.

No para jugar a ser turistas.

Los otros dos lo miraron con una mezcla de escepticismo y diversión.

—Todos sabemos que en realidad has venido por las chicas japonesas.

Solo que, ahora que Li está aquí, te haces el desentendido —comentó el israelí en tono monotono.

—Ejem… ¡Por supuesto que no!

Estoy aquí por la cultura —carraspeó el peruano, visiblemente sonrojado.

El indio le dio un codazo cómplice.

—Sí, sí… por la “cultura”.

No te preocupes, Li no te va a juzgar.

—Déjenme en paz —gruñó el peruano, escondiendo la cara.

Pero Li Meiyun ni siquiera los escuchaba.

En su mente, solo había un pensamiento.

Volar.

Pilotar.

Sentir el rugido del reactor, la presión del aire contra el casco, la vibración de los motores bajo sus pies.

No lo hacía por prestigio, ni por reconocimiento.

Ni siquiera por orgullo nacional.

Ella simplemente amaba volar.

A pesar de ser una joven hermosa —de esas que en otras historias provocan guerras por una sonrisa—, Meiyun nunca se había preocupado por su apariencia, ni por cómo la percibían los demás.

No había espacio para el amor en su vida, solo para su meca.

********************************************************************************************* Mientras tanto, en la oficina principal del Seisen, el director Vergil repasaba en silencio unos reportes sobre su escritorio.

La subdirectora Ayaka entró con paso firme y expresión controlada, como siempre.

—Director, traje los informes de los pilotos extranjeros, como me pidió.

—Oh, Ayaka…

mi fiel compañera.

Qué eficiente como siempre.

—No me llame así.

Suena como si fuera… un perrito bien entrenado.

—Lo siento, lo siento… —dijo él, alzando una ceja con aire distraído.

—Es que acabo de imaginarlo.

Sacar de un sombrero una pequeña Ayaka… —Con un traje de conejo, de esos peludos de fiestas infantiles.

—¡¿De esos que tienen las mejillas redondas y ojos de peluche gigante?!

—exclamó ella, horrorizada.

—Sí, sí.

Solo tu carita visible en el centro.

Y diciendo “¡No me miren así!” mientras caminas torpemente.

—Serías la sensación en cualquier evento de bienvenida.

Ayaka agitó las manos como si pudiera disipar físicamente la imagen mental que sabía que él estaba teniendo.

—¡No soy una niña, director!

—Ya, ya… pero igual serías muy fotogénica.

—En fin —dijo ella, retomando la compostura con un suspiro.

—Traje lo que me pidió.

Al parecer, este año NovaTech está ofreciendo una nueva beca de piloto.

Vergil volvió la mirada hacia los papeles con los rostros de los candidatos.

—Y eso que ya tenemos a Todou y Maverick… en fin, supongo que nunca sobran pilotos.

Su atención se desvió hacia una imagen en particular: una joven de cabello rojo brillante.

—Lo que no entiendo es qué tiene que ver esta pequeña pelirroja en todo esto… —¿Se refiere a Tsubasa?

—preguntó Ayaka, ajustándose los lentes con precisión.

—Exacto.

Además, hay cuatro pilotos…

pero cinco contenedores y nadie me ha informado nada.

—A menos que se trate de un nuevo meca, no tiene sentido.

—Cada unidad cuesta millones.

No se hacen por capricho.

—¿Cree que lo que hay en el quinto contenedor es un prototipo experimental?

Vergil giró una carta que tenía sobre el escritorio.

De su reverso apareció una taza de té humeante, con cuchara incluida.

—Los directivos de NovaTech me pidieron que permitiera a Tsubasa competir en el evento de Seisen y no me han revelado de que se trata dicho evento.

—Ademas Tsubasa no es piloto.

Ni siquiera está inscrita en el programa de combate avanzado.

—Quizás crean que su Astra Core merece ser observado más de cerca… —No sería la primera vez que NovaTech intenta algo así —dijo él, tomando la taza con suavidad.

—Así que espero que estés atenta.

No me gusta que experimenten con mis estudiantes.

Ayaka asintió en silencio.

Luego, se levantó de su asiento y caminó hasta el gran ventanal de la oficina.

Desde allí, la vista del instituto Seisen se extendía imponente, bañado por la luz del atardecer.

—Una cosa es defender a la humanidad —dijo Vergil, con tono firme.

—Pero otra muy distinta…

es usar a las personas como conejillos de indias.

Sus ojos se entrecerraron con gravedad.

—No mientras yo sea director.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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