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Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 Capítulo 4 El camino del hermano mayor 1
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40: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (1) 40: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (1) Parte 1 En el dojo familiar de los Tsubasa, la madera crujía con cada estocada.

Makoto respiraba con fuerza, el shinai aún en alto, mientras su oponente caía derrotado.

—¡Veintitrés victorias consecutivas, Makoto-kun!

¡Eres un monstruo!

—No soy un monstruo —respondió él, guardando el arma con solemnidad—.

Solo soy un hermano mayor… preocupado.

El silencio llenó el salón.

Luego, uno de los alumnos murmuró.

—¿Otra vez soñaste que alguien alejaba a tu hermana?

¿Touma dijiste que se llamaba su…

novio?

Makoto apretó el shinai con tanta fuerza que crujió.

—¡Eso no fue un sueño!

¡Fue una profecía en forma de selfie!

Se giró con determinación, sacando de su bolsillo una fotografía de Akari con su vestido rosa, sonriendo mientras sostenía un oso de peluche.

Y junto a ella… Touma, también sonriendo.

—¡Mira esa cara!

¡Es la sonrisa de un ladrón de hermanitas!

Los demás no sabían si reír o correr.

Un joven de cabello azul, sentado en posición de loto, lo miró con seriedad.

—¿Has pensado en ver a un psicólogo?

Para serte franco, tu caso es digno de estudio.

—¿Que vaya a Okinawa dices?

—repitió Makoto con voz grave.

—…¿acaso escuchaste algo de lo que dije?

Makoto ignoró la lógica y miró hacia la salida del dojo, donde el mar brillaba a lo lejos.

—¡Gracias, Tanaka!

Sabía que eras un amigo confiable… ¡vamos al aeropuerto ahora mismo!

El joven solo suspiró.

—Está bien, pero al menos báñate, ¿quieres?

Y prepara una valija.

—¿Tan mal huelo?

Tanaka tecleaba algo en su celular con habilidad inhumana.

—¿Qué estás haciendo?

¿Tu simulador de citas otra vez?

Tanaka lo miró con calma absoluta.

—¿Cómo pensabas ir a Okinawa?

—Hehe… no lo había pensado —admitió Makoto, con la típica sonrisa de hermano mayor que actúa antes de pensar.

—Lo sabía.

Siempre igual de imprudente… —El amor por mi hermanita no entiende de imprudencias.

Tanaka soltó un largo suspiro.

—Báñate y prepárate para tres o cuatro días.

Esta noche nos vamos a Okinawa.

Le mostró la pantalla del celular, con las reservas hechas.

Makoto dio un salto y lo abrazó con fuerza.

—¡Gracias!

¡Sabía que lo entenderías!

Corrió de inmediato hacia el interior de la casa.

—Tonto… —murmuró Tanaka, con una sonrisa—.

Como si pudiera dejarte así, preocupado por Akari.

Marcó un número desde su móvil.

—¿Sí, amo Tanaka?

¿Qué se le ofrece?

—Alfred, ven a buscarme.

Salimos en unas horas.

—A la orden.

Tanaka colgó, y miró hacia el mar, donde el atardecer teñía el horizonte de un naranja cálido.

—Bueno… tomarse un descanso de vez en cuando no viene nada mal.

************************************************************************************** Mientras tanto, en la ciudad de Tenryu, Touma Kisaragi —un despistado por naturaleza— caminaba por las calles del distrito comercial.

—Espero que la próxima tienda tenga el pijama que busca Akari… —suspiró, mirando hacia el cielo.

—Touma-sama, si me hubieras hecho caso, probablemente ya estarías de regreso en los dormitorios en vez de dar vueltas sin rumbo —dijo Ellie con su tono habitual de reproche digital.

—No entiendes el concepto, Ellie.

—¿Concepto?

Touma se ajustó los lentes como si estuviera por revelar una verdad ancestral.

—Lo importante… es el viaje en sí.

—¿Eh?

—Así es.

Podría comprarlo en línea si quisiera.

Pero entonces me perdería de la verdadera aventura.

—¿La verdadera aventura es… perder el tiempo caminando?

Touma casi tropieza con la realidad.

—¡Te equivocas!

A lo que me refiero es que… las cosas tienen mejor sabor cuando uno se esfuerza por conseguirlas.

[…] —Ellie?

—Lo siento, Touma-sama.

A veces no comprendo las emociones humanas… pero supongo que tienes razón.

Touma se detuvo frente a la última tienda del pasaje comercial.

La fachada parecía más una casa de antigüedades que un local de ropa.

Detrás de la vidriera, se apilaban muñecos robots de los años 80, cartuchos de videojuegos polvorientos y toda clase de chucherías fuera de moda.

—¿Estás seguro de entrar allí, Touma-sama?

—preguntó Ellie con desconfianza—.

No hay registros oficiales de esta tienda en la red.

Solo una reseña… en Mikupedia.

—Eso suena a calidad garantizada —respondió Touma con solemnidad, y cruzó la puerta sin miedo.

El interior era una mezcla entre una juguetería retro y un local de segunda mano de otra dimensión.

—¡Buen día, joven!

¡Bienvenido a Expresso Espacial!

Si no lo tenemos… ¡lo buscamos!

Ese es mi lema.

Touma observó al hombre con cautela.

Era como una versión playera del profesor Kirishima, camisa roja floreada, peinado en forma de ola y una sonrisa que brillaba más que la iluminación del lugar.

—Buenos días, señor.

Busco este pijama de osito… modelo para niños del año 1995 —dijo, mostrando una imagen en su celular.

El hombre levantó una ceja.

—Hmm… no creo que te quede, muchacho.

—¡No es para mí!

¡Es para alguien más!

Solo necesito saber si lo tiene.

—¡Ah!

¡Eso cambia todo!

El hombre desapareció entre estanterías y cortinas de cuentas, murmurando: —Si no me falla la memoria… eso era una edición especial entre My Little Bear y UmiClon del 95… —Eso es correcto, Touma-sama —intervino Ellie—.

El actual modelo de UmiClon es solo una réplica.

El que busca es el original que tenía Akari.

Después de unos minutos, el hombre emergió triunfal con una caja envuelta en plástico.

—¡Aquí está!

Edición limitada, Oso Rosa, talla S… perfecto estado.

—Eso sí… cuesta 15.000 yenes.

Touma tragó saliva.

—¿¡Q-qué!?

El hombre lo miró con curiosidad.

—Si no te gusta el precio, podemos regresar a 1995 y comprarlo por 1,000 yenes —dijo mientras quitaba una manta que cubría un auto.

Debajo de la polvorienta lona descansaba un Toyota Trueno (RT86).

—Con esta belleza y 5,000 yenes, te llevo a buscarlo.

—Ya veo… —dijo Touma, como si analizara seriamente la propuesta.

—No dudaste ni por un segundo, Touma-sama.

—Vamos, Ellie.

Conozco a una chica que detiene el tiempo y otra que destruye mechas a puño limpio.

Sin mencionar que tengo una IA autoconsciente en mis lentes…

—¿Por qué deberías dudar de su palabra?

—respondió Ellie, resignada.

—Tienes razón.

Ignora mis comentarios, Touma-sama.

Luego volvió a mirar al vendedor.

—¿Ese auto realmente puede viajar en el tiempo?

El hombre rió con fuerza, sujetándose el estómago.

—¡Qué gracioso eres, muchacho!

Claro que sí, si te subes… ¡viajarás directo a los 80!

Es un viaje al recuerdo.

—Lo sabía.

Solo es un auto común y corriente.

—Ejem… —Por un momento pensé que de verdad podía llevarme al pasado…

—Y puede.

El auto es solo para ir sentado.

Ambos se quedaron viéndose, confundidos.

—No entiendo… ¿es una máquina del tiempo o no?

—Claro que no.

Esa tecnología no existe… que yo sepa.

—Pero mi Astra Core me permite viajar por el tiempo.

—¿Y eso qué tiene que ver con el auto?

—Porque me gusta viajar con estilo —dijo el hombre, guiñando un ojo.

Un destello brillante salió de su sonrisa.

.

.

.

Touma abrió su cartera y dejó los 15,000 yenes sobre el mostrador.

—Envuélvalo para regalo, por favor, Doc.

El hombre simplemente se encogió de hombros.

—Le quitas lo divertido a la vida, muchacho —dijo mientras envolvía el pijama con cuidado.

Touma tomó la bolsa con su compra y se dirigió lentamente hacia la salida.

—¡Hasta la próxima!

Si necesitas algo, ya sabes.

Si no lo tengo…

¡lo busco!

—gritó el vendedor, levantando la mano.

Una vez fuera de la tienda, Touma suspiró.

—Viejo extravagante… por un momento me hizo caer en sus bromas.

—Bueno, nunca lo sabremos, Touma-sama.

Aunque no existen registros en NovaTech de un Astra Core con esas capacidades… hubiera sido interesante investigarlo.

—Ellie, no me digas que le crees.

Solo nos tomó por ingenuos.

—¿Y en qué basas esa suposición?

—Si realmente tuviera ese poder, habría viajado en el tiempo para ganar la lotería o apostar en carreras.

Sería millonario.

.

.

.

Ellie guardó silencio unos segundos, como si procesara posibilidades infinitas.

—Quizás… no le interese el dinero.

Por lo poco que he aprendido sobre los humanos, no todos piensan igual.

Touma se quedó pensativo mientras regresaba en dirección al instituto Seisen.

*************************************************************************************** Dentro de la tienda, el vendedor se había sentado al volante del RT86.

Miraba un reloj antiguo en su muñeca, con calendario digital incorporado.

—1 de febrero de 1995… Qué curioso cómo UmiClon aprovechó lo de Kobe para sacar aquellos pijamas de ositos —murmuró.

—Y pensar que, a pesar de tener este poder, no he podido ayudar a esa gente… —añadió con una mirada nostálgica, fija en el reloj.

—En fin, no es asunto mío.

No quiero a NovaTech husmeando por aquí… Solo necesito conseguir otro para reponer el que se vendió.

Y así, el misterioso vendedor quedó sentado en su coche, observando su reloj con nostalgia.

El tic-tac digital parpadeaba con la fecha: 1 de febrero de 1995.

Como si, en el fondo, aún estuviera atrapado en aquel día.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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