Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 Capítulo 4 El camino del hermano mayor 2
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41: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (2) 41: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (2) Parte 2 A la mañana siguiente, Makoto salió del hotel donde se hospedaba con Tanaka.
Su aspecto era un completo desastre.
Intentaba parecer intimidante con el shinai al hombro… y lo lograba, gracias a su gran altura, el cabello revuelto y la ropa arrugada.
Más que un estudiante, parecía un pandillero extraviado en Okinawa.
Tanaka, en cambio, parecía un turista de catálogo.
Bajito, delgado, vestido con bermudas y una camisa blanca perfectamente planchada.
Una cámara fotográfica colgaba de su cuello.
—Qué calor… aunque debo admitir que el aire aquí se siente más limpio —comentó Tanaka, abanicándose con la mano.
—¡El calor es solo una ilusión creada por los débiles!
¡Un verdadero hombre no se queja de las condiciones climáticas!
—bramó Makoto, completamente empapado en sudor.
—…Un verdadero hombre no vendría a espiar a su hermana menor —murmuró Tanaka.
—¿Eh?
¿Dijiste algo, Tanaka?
—¿Quieres un helado?
¿O prefieres una bebida fría?
—preguntó con calma, esquivando hábilmente el tema.
—Un helado estaría bien… pero no debemos desviarnos de nuestra misión.
—Según Akari, esta semana los estudiantes del Seisen tienen descanso hasta el torneo —agregó Makoto, mirando su celular sin levantar la vista.
—Hey, ¡no me estés ignorando!
—Lo siento, Makoto.
Estaba buscando una heladería cercana.
—Parece que la más próxima está justo por esa direcci… De pronto se interrumpió, girando la cabeza bruscamente hacia otro lado.
Como si hubiera visto algo que no debía.
—P-por qué mejor no vamos al acuario primero, ¿sí?
Dicen que es un lugar muy bonito… tranquilo… Makoto entrecerró los ojos.
—¿Qué sucede, Tanaka?
¿No íbamos por un helado?
El joven comenzó a sudar.
—Creo que… sería mejor ir al acuario.
Tiene focas.
A ti te gustan las focas, ¿no?
—Está bien, pero primero vayamos por ese hela… do… Makoto se quedó completamente quieto.
Finalmente lo vio.
Allí, en la heladería, sentado junto a una chica de cabello plateado y porte aristocrático, estaba su objetivo: Kisaragi Touma.
Y aunque la chica no mostraba expresión alguna, el panorama era claro.
Ambos compartían una gigantesca copa de helado con dos cucharas.
Una cita.
Makoto apretó su shinai con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Ese maldito… —¿Hm?
—¡Ese infeliz está engañando a Akari con esa belleza extranjera!
Tanaka suspiró sin sorprenderse.
—Bueno… técnicamente, no está saliendo con tu hermana.
El pelirrojo se volteó con fuerza, encarando a su amigo de frente.
—¡Ya te lo dije!
¡Esas fotos no dejan lugar a dudas…!
—Lo mismo dijiste del rubio americano, y resultó ser solo su compañero de clases… —refutó Tanaka, visiblemente harto.
—¡Esto es diferente!
¡En estas fotos puso corazones!
¿Lo entiendes?
—gritó Makoto, mostrándole el celular como si fuera prueba judicial.
Tanaka miró la pantalla, luego suspiró profundamente.
—Ya veo… Tu caso es más grave de lo que pensé, Makoto.
—Tú no me entiendes.
Es mi deber como hermano mayor —dijo él, cruzando los brazos con un aire solemne que no le salía del todo bien.
Tanaka bajó la mirada, en silencio, por un momento.
—Es cierto… Yo no tengo hermanos, así que no sé cómo te sientes… pero… Levantó la vista de golpe y apuntó con el dedo hacia la heladería.
—Tu objetivo se perdió de vista, Sherlock.
—¡¡¡Maldición!!!
—Makoto cayó de rodillas al suelo, derrotado.
Luego de ese encuentro, no volvió a ver a Touma ni a la misteriosa chica de cabello plateado.
******************************************************************************* Día siguiente…
Makoto y Tanaka estaban escondidos entre los arbustos, cerca de la salida del Instituto Seisen, esperando a Touma… o a Akari.
—¿Y cuál es tu gran plan?
¿Quedarte todo el día espiando a ese tal Kisaragi?
—suspiró Tanaka, fastidiado.
—Según mi fuente, debería estar saliendo a esta hora…
—¿Fuente?
Como si el destino hubiese escuchado a Makoto, en ese preciso momento, Touma salía por la puerta… acompañado por una joven de cabello rosado y ojos celestes.
Mirai parecía un pastel ambulante, suave y colorida.
—Wow… esa chica es la antítesis de tu hermana —dijo Tanaka, sorprendido.
—Es cierto… parece un ángel.
—Ejem…
—Makoto se aclaró la garganta, incómodo—.
Pero sin duda, ¡mi hermana es mejor!
—Sí, claro… lo que tú digas.
—¡Sigámoslos!
—gritó Makoto, incorporándose.
Pero en ese instante, una voz juguetona los detuvo.
—No es muy educado andar espiando a la gente, ¿saben?
Ambos se giraron bruscamente.
Detrás de ellos, un hombre vestido completamente de blanco, con una galera de mago, los observaba con una sonrisa divertida.
—¿Quién dijo eso?
—No es correcto andar espiando a los estudiantes, joven Tsubasa…
al menos, no dentro de mi institución —dijo el hombre, con tono firme pero amable.
—¿Ha?
¿Y usted quién es, viejo ridículo?
¿Viene de un circo de bajo presupuesto?
—replicó Makoto, intentando sonar intimidante.
—Pero qué irrespetuosos los jóvenes de hoy… —murmuró el hombre, mientras una vena palpitaba en su frente.
—El trabajo de los adultos es enseñar modales a las nuevas generaciones.
—¿Qué dices, vejestorio?
¡No nos molestes!
Otra vena apareció en la frente del hombre, que chasqueó los dedos con calma.
Cientos de conejos salieron de entre la vegetación.
Tenían ojos rojos como brasas encendidas y una energía que no auguraba nada bueno.
—¡Makoto, no seas idiota!
¡Discúlpate!
¡Es el director de Seisen!
—dijo Tanaka, casi temblando.
—¿¿Ese viejo??
Otra vena explotó en la frente del director Vergil.
—Como soy un hombre civilizado…
les daré cinco segundos de ventaja para correr.
—¡¡Gracias por su comprensión!!
—gritó Tanaka, haciendo una reverencia mientras jalaba a Makoto.
Cinco segundos después, una horda de conejos furiosos los perseguía por todo el campus.
*********************************************************************** Al día siguiente… del día siguiente… —Al final, ayer logramos escapar de esos conejos asesinos… —comentó Tanaka mientras jugaba un shooter en una máquina arcade.
—Tienen suerte de que yo no tenga uno de esos… “Astra Core”.
Si lo tuviera, les daría su merecido —resopló Makoto, compartiendo la misma partida.
—Más tarde me gustaría ir a un café temático de tortugas…
Makoto dejó de disparar y lo miró como si hubiera contado el peor chiste del mundo.
—¿Café de qué?
¿Hacen café de tortugas?
—No seas tonto, Makoto.
Es un café común, pero tiene un acuario con tortugas marinas.
En ese momento, una voz familiar interrumpió la conversación: —¡Mi sentido pelirrojo me dice que el objetivo está cerca!
—Eso no tiene nada que ver con ser pelirrojo… —murmuró Tanaka, dejando el arma de plástico en el arcade—.
Mejor me voy antes de que algo malo suceda.
Makoto siguió la voz con determinación.
Y entonces lo vio.
Kisaragi Touma, otra vez con una chica distinta.
Esta vez era una joven de cabello naranja, vestida de forma más casual.
Ambos se reían mientras jugaban un juego de pelea en la zona de arcades.
—¡Esta vez no te me escaparás, maldito!
Makoto avanzó a paso firme, como un justiciero, pero sin darse cuenta… chocó con una niña pequeña.
La tiró al suelo junto con su helado, que se estrelló contra el piso como si fuera un crimen capital.
—Oh no…
La niña comenzó a llorar desconsoladamente.
Algunos adultos se acercaron, mirando la escena con severidad.
—¡Lo siento!
¡No llores!
¡Te compraré otro helado!
Y, como si el universo disfrutara torturarlo, Makoto vio de reojo cómo Touma y la chica se alejaban entre risas.
Pero su código de honor de hermano mayor le impidió seguirlos.
La niña, que por alguna razón le recordaba a Akari cuando era pequeña, necesitaba consuelo.
*************************************************************************************** Al día siguiente…
del día siguiente…
del día siguiente… O sea, hoy.
Makoto caminaba solo por las calles de Tenryu.
Su amigo —el único que realmente disfrutaba de su estadía en Okinawa— se había ido a la playa, dejándolo con su “misión”.
Según su informante secreto, hoy Touma estaría en la plaza central alrededor de las 10:00 AM.
—Hoy no te escaparás, Kisaragi… —murmuró, con el shinai colgado al hombro como si fuera un justiciero urbano.
Y justo entonces, Touma apareció.
Relajado, sonriendo, charlando tranquilamente con…
¿el americano?
—Ese tipo es un rufián…
—gruñó Makoto—.
¿También le gustan los hombres?
Este sujeto no tiene límites.
Hablaba como si conociera a Touma de toda la vida.
Como si lo hubiera vigilado durante una semana entera.
Porque, bueno… lo había hecho.
—No importa.
Hoy es el día.
Hoy lo confrontaré —se dijo, poniéndose de pie.
Pero entonces, como si una fuerza divina decidiera empeorar las cosas, todo se descontroló.
Del otro lado de la plaza, aparecieron la chica de cabello naranja y la de cabello rosa.
Ambas corrieron hacia el grupo con sonrisas inocentes.
—¿Una cita doble?
—murmuró Makoto, confundido.
Y justo cuando creía que lo había visto todo… Un auto negro importado se estacionó cerca.
Un mayordomo bajó rápidamente, abriendo la puerta con profesionalismo.
De él descendió una joven de cabello plateado, con paso elegante y presencia de nobleza.
—¿Pero qué…?
¿De dónde salió tanta gente?
¿¡Qué es esto!?
¿¡Una comedia harem!?
¡¡Todo tiene un límite, sabes…!!
Su grito resonó por la plaza, pero nadie pareció escucharlo.
Makoto salió de su escondite como si fuera un héroe de teatro kabuki y apuntó a Touma con su shinai.
—¡¡KISARAGI TOUMA… TE RETO A UN DUELO!!
Todos se giraron hacia él, sorprendidos.
Touma, aún con la bolsa de compras en la mano, parpadeó lentamente.
¿Quién era ese sujeto enorme, pelirrojo, empapado de sudor, gritándole en mitad de la plaza?
La respuesta no tardó en llegar… Porque, aunque no se parecían en nada —más allá del cabello rojo—, sí… era el hermano de Akari.
Y Touma lo supo en ese instante.
—¿Pero qué clase de evento aleatorio es este…?
—murmuró él, con una gota imaginaria cayendo por su sien.
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