Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 4 El camino del hermano mayor 3
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42: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (3) 42: Capítulo 4: El camino del hermano mayor (3) Parte 3 (Flashback) Una tarde lluviosa de verano… Una pequeña Akari, de tan solo seis años, lloraba desconsolada en un parque solitario.
Su vestido estaba empapado, el barro le manchaba las rodillas, y sus lágrimas se mezclaban con la lluvia.
Frente a ella, tres niños la rodeaban entre risas crueles.
—¡Pulga pelirroja!
—¡Mírenla llorar!
¡Qué niñita más débil!
—¡Bua, bua!
¿Vas a llorar hasta que tu papá venga a buscarte?
—dijo otro, con burla.
Y entonces, unos pasos resonaron entre los charcos.
Lentos.
Firmes.
Un niño de ocho años apareció bajo la lluvia, con el rostro serio y el shinai envuelto en una funda de tela.
—¿Qué creen que están haciendo… con mi hermanita?
Uno de los chicos lo reconoció.
—¡Pero si es el otro pelirrojo perdedor!
No llegó a decir más.
Makoto lo derribó con un solo puñetazo.
El golpe fue limpio.
Sólido.
El niño cayó al barro sin poder levantarse.
—¡Vas a pagar por eso!
—gritó el segundo.
Pero Makoto ya no parecía un niño, sus ojos brillaban con rabia pura.
En su rostro había una expresión fiera, salvaje.
Como si el mismísimo oni rojo se hubiera despertado en ese parque.
—Voy a darles su merecido… —¡Por meterse con mi hermana menor!
Y lo hizo.
A pesar de que los tres eran mayores, a pesar de estar solo, Makoto los enfrentó sin dudar.
Uno por uno, los fue derribando con golpes torpes pero llenos de furia.
Cuando todo terminó, tenía un ojo morado, las manos raspadas, y el aliento agitado.
Pero estaba de pie.
Se acercó a su hermana, que seguía llorando en silencio, y la abrazó con fuerza.
—Ya está… Tranquila, Akari.
Tu hermano mayor está aquí.
—Ya todo está bien, estas a salvo de esos tontos.
La pequeña Akari se aferró a su pecho como si fuera un peluche.
Como si en sus brazos pudiera escapar del mundo.
—Siempre te protegeré, hermanita.
—Gracias… hermano —susurró ella, entre lágrimas, mientras lo miraba con los ojos rojos, pero llenos de ternura.
Makoto sonrió.
A pesar del dolor, a pesar de la sangre… sonrió con todo el orgullo del mundo.
Y así fue siempre.
O por lo menos… así lo fue hasta que Akari despertó su Astra Core y su cuerpo, antes frágil, se convirtió en una fuerza imparable.
Desde ese día, Makoto entrenó con su padre con más intensidad que nunca.
Porque, aunque ya no pudiera protegerla con fuerza… protegerla seguía siendo su deber como hermano mayor.
********************************************************************* De vuelta al presente… —Puede que Akari ya no sea una niña pequeña… Pero sigue siendo mi hermana.
Y es mi deber… protegerla —murmuró Makoto con solemnidad.
Alzó su shinai hacia Touma como si fuera un héroe de cómic listo para la batalla.
—¡Kisaragi Touma!
¿¡Cómo puedes engañar a mi hermana… saliendo con todas estas chicas!?
Todos lo miraron con confusión.
Nadie entendía quién era ese tipo… ni qué tenía que ver con Akari.
—¿Eh?
—murmuró Touma, completamente desconcertado.
Shizuki invocó su rapier con elegancia, su expresión seria como una tormenta invernal.
—Si lo que buscas es una pelea… con gusto seré tu oponente.
—¡Esperen, esperen!
¡Yo no entiendo nada de lo que está pasando!
—intervino Touma, levantando las manos.
Makoto ignoró su súplica y negó con la cabeza, dándose aires de caballero trágico.
—Lo siento, británica-chan.
Pero no peleo con mujeres… políticas de la familia Tsubasa.
Shizuki abrió los ojos lentamente, como si lo hubiese tomado personal.
Un leve crujido eléctrico comenzó a emanar de su espada.
—¿Qué acabas de decir… engreído?
Justo antes de que estallara un duelo sin sentido, Jake se interpuso entre ambos con una gran sonrisa.
—¡Ya entiendo!
¡Tu cara me parecía conocida!
—Tú debes ser… Makoto Tsubasa, el hermano mayor de Akari, ¿cierto?
El silencio cayó como una losa.
Todos lo miraron con atención renovada.
Y si no fuera porque Jake lo había dicho, nadie en su sano juicio lo habría creído.
—¿Cómo sabes eso?
—exclamó Touma, algo sorprendido.
—¡¿Ni siquiera se parecen?!
—saltó Hina, con una mezcla de sorpresa y fastidio.
—Bueno, Akari siempre me muestra fotos de su familia cuando se aburre en clase —explicó Jake, encogiéndose de hombros—.
Solo que nunca lo había visto en persona.
—¡Así es!
Yo soy Makoto Tsubasa, campeón juvenil regional de kendo en Tokio.
.
.
.
Todos lo ignoraron.
—¿Qué tal si vamos a ver Jurassic Jaws II?
—sugirió Hina, dándoles la espalda.
—Yo quería ver My Love in Italy —añadió Shizuki, como si fuera una competencia personal.
Makoto se acercó a Touma y lo tomó de la camisa con aire amenazante.
—¡Hey, no me ignoren!
—Sí, sí, ya te oímos.
Akari todavía no llegó, pero debería estar por aquí pronto —respondió Touma con calma.
—Además, solo somos amigos… Makoto alzó el puño, listo para golpearlo.
—¡No me estés tomando el pelo, mocoso!
Pero justo en ese instante, una voz dulce —y peligrosamente suave— resonó desde atrás.
—¿Qué estás haciendo, Makoto?
Akari apareció con una sonrisa… una sonrisa demasiado amable.
Una ternura sombría se dibujaba en su rostro.
—Ho… Akari, hermanita… yo solo estaba probando a tu amigo Kisaragi y… —balbuceó él, retrocediendo.
La mirada de Akari se volvió completamente seria.
—Si lastimas a Touma… Te odiaré para siempre.
Su voz fue como un hechizo oscuro lanzado al corazón de Makoto.
Él cayó de rodillas de inmediato, derrotado por esas palabras que resonaban en su mente.
Te odiaré para siempre… Para siempre… Siempre… Como si fuera un RPG, Ellie proyectó una fanfarria sobre los lentes de Touma, con efectos visuales y música triunfal.
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—Si tú estás aquí… entonces ese tonto de Tanaka también debe andar cerca —murmuró Akari, mirando alrededor con sospecha.
Y como si un guionista de comedia hubiese apretado “play”…
—¡Akari~!
Una voz melodiosa sacudió todo su cuerpo.
—Oh no… —susurró ella, bajando la cabeza.
Una mujer de baja estatura, pelirroja y con una sonrisa radiante, corría hacia el grupo como una colegiala en una novela shoujo.
Detrás de ella venía Tanaka, claramente resignado… y un hombre gigantesco cuya sola presencia hacía temblar la acera.
—¡Esto es una invasión de pelirrojos!
—murmuró Hina al verlos llegar.
—¿Ma… mamá?
—Akari abrió los ojos, incrédula.
—¿Mamá?
—repitieron los demás al unísono.
Nadie podía creer que aquella mujer, tan juvenil, fuese la madre de alguien.
Makoto intentó escabullirse fuera de escena, pero fue atrapado por el tobillo.
—Tú y yo tendremos una conversación más tarde, hijo mío… —susurró su madre, con una sonrisa que helaba la sangre.
Luego se giró hacia Touma, rodeándolo para observarlo de todos los ángulos posibles.
—Tú debes ser el famoso Kisaragi Touma, ¿cierto?
Hmm… pareces algo débil, pero tienes cara de buen chico.
—Ho… hola, señora Tsubasa.
Un gusto conocerla —dijo Touma, nervioso.
—Querido, llámame Aira.
Estamos en confianza, jojo~ Al ver al resto de las chicas, su expresión se volvió más aguda.
—¿Y estas gatas rompe hogares quiénes son?
—¡Esa es mi línea!
—respondió Hina, cruzando los brazos con chispas en los ojos.
Ambas se midieron como tigresas en silencio.
Nadie dudaba quién ganaría si pasaba a lo físico.
Mientras tanto, Akari arrastraba a Tanaka por el cuello de la camisa.
—¡Tú, Tanaka!
Estoy segura de que todo esto es culpa tuya.
—N-no…
¿cómo crees?
—¡Sólo invité a tus padres a verte en el torneo!
La empresa de mi familia patrocina tu beca, ¿lo olvidas?
Ella lo soltó con una mirada fulminante.—Te perdono… solo porque eres amigo de Makoto —dijo, alejándose.
Aira, por su parte, ya estaba charlando como si nada con Touma.
—Vinimos a ver a nuestra Akari competir en el Seisen International Invitation.
¡Y de paso conocer al yerno!
Silencio.
Nadie sabía si hablaba en broma, si Akari y Touma eran una pareja secreta, o si el delirio era simplemente hereditario.
Lo único que estaba claro… era que los Tsubasa eran una familia problemática.
Muy unida… pero definitivamente problemática.
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