Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Capítulo 5 Lo que nos impulsa a seguir 1
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43: Capítulo 5: Lo que nos impulsa a seguir (1) 43: Capítulo 5: Lo que nos impulsa a seguir (1) Parte 1 Akari caminaba junto a Touma por la ciudad de Seisen, el día anterior al comienzo del torneo.
—Lamento el malentendido con mi familia… —dijo Akari, un poco apenada.
—No tienes que disculparte por nada.
Se nota que son muy unidos.
Ella sonrió con dulzura.
—Así es… Mi madre y mi padre están juntos desde la secundaria.
Y mi hermano mayor siempre ha estado a mi lado.
—¿El otro chico?
¿Es tu primo o algo así?
Akari se llevó un dedo al mentón, como si reflexionara sobre la relación entre su hermano y su mejor amigo.
—Ese es Tanaka el mejor amigo de Makoto, ellos son muy cercanos desde niños… desde que Makoto se peleó con unos matones que intentaron secuestrarlo.
—¡Wow!
Qué valiente… Es como un héroe de manga shōnen.
—Yo diría que es un irresponsable.
—dijo con una pequeña risa— Pero sí, Makoto siempre fue impulsivo.
—Siempre protege a quienes le importan, sin medir las consecuencias.
—Incluso cuando sabe que no puede ganar… —agregó, bajando la mirada hacia su puño.
—Eso es increíble… —susurró Touma—.
Tener la fuerza para proteger a los que quieres.
Akari le dio una palmada en la espalda, tan fuerte que casi le saca el alma del cuerpo.
—¡Vamos, no te pongas tan serio!
—A veces, la salvación llega con una acción… o con una palabra justa.
—No todo depende de los puños.
Hizo una pausa.
Su expresión se suavizó.
—Incluso un corazón frío puede volver a latir… Por un instante, pensó en Shizuki… y en Touma.
Pero al verlo tan callado, se dio una cachetada con ambas manos, como si espantara ese momento de melancolía y regresara a su versión más energética y despreocupada.
—¡¿Qué estoy diciendo, fu fu~?!
¡Si los Tsubasa somos una gran familia unida!
Touma notó ese cambio enseguida.
Desde que la conoció, Akari siempre había sido enérgica y despreocupada… Pero últimamente, parecía haber bajado la guardia.
Estaba mostrando, poco a poco, a la verdadera Akari.
—Y dime, Touma… ¿Cómo es tu familia?
¿Tus padres?
¿Tienes hermanos?
La pregunta lo tomó desprevenido.
Como si no supiera cómo ponerle palabras a algo que llevaba demasiado tiempo guardado.
—Pues… El silencio fue muy largo e incómodo.
—¡Lo siento!
Si pregunté algo que no debía… —No, para nada.
No es eso.
—dijo él, con una melancolía que quebró ligeramente su voz— Mis padres fallecieron hace mucho tiempo durante un ataque Nulvoid.
Tenía cinco años.
—Lo siento… no era mi intención —murmuró Akari, bajando la mirada.
—No te preocupes.
—respondió Touma con una sonrisa leve— No había forma de que lo supieras.
—Además, tengo a Hina, que es como una hermana para mí… y a su padre, el general Fujimura.
—Ambos son como mi familia.
Me crié con ellos… y con una prima.
Akari por fin entendió esa unión tan fuerte entre Hina y Touma.
Ya lo intuía, pero ahora todo encajaba.
—Debió ser muy duro… —dijo en voz baja.
—A decir verdad… no lo sé.
—respondió él, mirando hacia el cielo— Creo que, a pesar de todo, tuve una buena infancia.
Akari lo miró en silencio.
Ya lo presentía.
Touma no era el más fuerte.
Tampoco el más brillante.
Pero tenía algo… Algo que ella conocía muy bien.
Esa calidez inquebrantable.
Esa luz que no se apaga.
Como ese abrazo que uno recuerda… de alguien que ya no está.
De pronto, sin previo aviso, Touma le extendió una caja.
—Lo olvidaba.
El motivo por el que te invité era porque quería darte algo para tu combate.
Luego le entregó una bolsa.
Akari la tomó, desconcertada.
—¿Qué es esto?
—Unos regalos.
¡Ábrelos!
—dijo Touma, emocionado como un niño.
De la bolsa, Akari sacó un pijama de osito rosado.
El mismo que había perdido durante su último encuentro con él.
—Esto es… —Así es.
Tu pijama favorito.
Me costó conseguirlo… ¡pero al final lo logré!
Akari casi rompió en llanto de la alegría, abrazando con fuerza su nuevo pijama.
—¡Gracias!
¡Muchas gracias!
—Y eso no es todo.
Abre la caja —añadió Touma, aún más entusiasmado.
Ella abrió la caja con una sonrisa y, dentro, encontró un cinturón con una hebilla en forma de osito rosado, una versión reducida de los cinturones de campeón.
—¿Qué es esto?
—Una sorpresa.
Es un cinturón que te ayudará cuando te sientas desprotegida.
Ella no entendía del todo, pero el osito en la hebilla la deslumbraba.
—Touma, yo… Él sonrió y se rascó la cabeza.
—No es nada.
Sé que eres muy fuerte… pero creo que se verá bien en ti durante el torneo.
Akari lo abrazó con tanta fuerza que casi lo deja sin aire.
—Akari… me estás… asfixiando… —Lo siento… tendrás que aguantarte.
Gracias por todo, Touma.
Y así, los dos permanecieron abrazados por un buen rato.
Aunque Touma se estaba poniendo violeta por la evidente falta de aire… justo antes de desmayarse.
.
.
.
Tiempo más tarde, Touma despertó recostado sobre las piernas de Akari, en una banca del parque.
—¿Qué pasó?
¿Dónde estoy?
Akari desvió la mirada.
No quería decirle que se había desmayado por el abrazo.
—Te quedaste dormido.
Cuando Touma se dio cuenta de dónde estaba, intentó incorporarse… pero Akari lo detuvo con su fuerza.
—Puedes quedarte un rato más.
A mí no me molesta.
De todos modos, no podía escapar.
—Bueno… si tú lo dices —respondió Touma, algo nervioso.
—Además… quería hacerte una pregunta.
—¿Hmm?
Touma la miró, desconcertado.
—¿Te gustaría ser mi analista durante el torneo?
—¿Tu qué?
Ella lo miró con indignación.
—No puedo creer que lleves tres meses en esta academia y no sepas qué es un “analista”.
—¡Es que esas cosas las dan en las clases de Duval!
Y a veces me pierdo… Akari se cruzó de brazos, pensativa.
—Ya veo por qué.
Cualquiera se distraería con la profesora Duval.
—Dejando eso de lado… los analistas son el soporte de los combatientes.
Analizan patrones de combate, habilidades, estrategias… todas esas cosas de cerebritos.
Touma frunció el ceño.
—¿Te parezco un cerebrito?
Akari asintió con energía.
—Quiero que me ayudes… como ayudaste a Tokisaki en su duelo con la presidenta.
¿Puedes?
Touma la miró, analizando sus palabras.
—Si no quieres, está bien… sé que no soy ella.
—No es eso —dijo él, bajando la voz—.Solo me pregunto… ¿de qué te puede servir mi ayuda?
—Ya te lo dije.
No todo se trata de fuerza bruta.
—Tú eres fuerte —dijo, tocándole la frente con el dedo— aquí.
Luego bajó el dedo hacia su pecho.
—Y aquí.
—Con eso… creo que nos complementamos bien —añadió con sinceridad.
Touma se sonrojó levemente.
Pero tenía razón.
No podía dejarla sola en el campo de batalla, aunque fuera solo una exhibición.
Y ella no tenía a nadie más.
—Lo haré.
—respondió con una firmeza inusitada—Con gusto seré tu analista.
O lo que sea que necesites.
—Gracias… Sabía que me entenderías —dijo ella, devolviéndole una sonrisa cálida.
Y así, con una promesa de unidad, los dos permanecieron mirando hacia el cielo.
Porque, en esa hermosa mañana de Tenryu… las palabras sobraban.
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