Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Astral Resonance - Susurros de las estrellas - Capítulo 44

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Astral Resonance - Susurros de las estrellas
  4. Capítulo 44 - 44 Capítulo 5 Lo que nos impulsa a seguir 2
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

44: Capítulo 5: Lo que nos impulsa a seguir (2) 44: Capítulo 5: Lo que nos impulsa a seguir (2) Parte 2 Ese mismo día, mientras Akari aseguraba a su analista de confianza, en el gran hangar de Seisen, Li Meiyun afinaba los últimos detalles de su mecha de vuelo.

A su alrededor, otros pilotos conversaban y reían como si el torneo no estuviera a la vuelta de la esquina.

El olor a aceite y metal recién pulido llenaba el aire, mezclándose con el zumbido constante de los sistemas de mantenimiento.

—Esos flojos… —murmuró, ajustando una válvula—.

En vez de preocuparse por sus mechas, andan correteando adolescentes por la ciudad… qué hombres más básicos.

Sus ojos se desviaron hacia un hangar lateral.

—Seguro ese rubio americano es igual… —soltó con un bufido—.

Pero no importa.

Mi objetivo es Toudou.

Posó la mano sobre la bandera de China pintada en la armadura.

El metal frío le devolvió un recuerdo nítido… Ella, apenas una niña, temblando bajo un cielo ennegrecido mientras un Nulvoid destrozaba las casas de su aldea.

Y entonces… el rugido de un mecha militar, su silueta recortada contra el humo.

El general Zhao Wei, en persona, había descendido del cielo y destruido al monstruo con una precisión envidiable.

Ese día, Meiyun había jurado que sería piloto.

Él era su inspiración… su ideal.

Pero desde que dejó la academia militar china y se trasladó a Japón, no había tenido la oportunidad de seguirlo.

Pero si conseguía la beca, ese sueño estaría un paso más cerca.

—¿Trabajando tan temprano?

—preguntó de pronto una voz serena.

Meiyun giró de inmediato.

—Tú otra vez… ¿cómo dijiste que te llamabas?

En la entrada, una joven de cabello negro azabache y kimono lila avanzó con pasos elegantes, casi silenciosos.

—Yoruka Itsuki.

—¿Y qué se te ofrece?

—Solo reviso que todo esté en orden.

Los mechas son muy caros y, mientras estén en Seisen, es mi deber asegurarme de que nada les pase… ya sabes —respondió, paseando la mirada por el hangar como si buscara algo oculto.

—Wow… debes de ser increíblemente fuerte para que te den algo tan “simple” —comentó Meiyun, arqueando una ceja.

Yoruka sostuvo su mirada un instante, sin parpadear.

—Quién sabe… quizás hago el trabajo que otros no quieren.

Meiyun chasqueó la lengua.

—Tampoco es para ponerse a la defensiva… solo tenía curiosidad.

—Tiene sentido.

Después de todo, Seisen reúne a los mejores.

Pero… —hizo una breve pausa, evaluándola con calma—, ¿por qué una piloto china estaría interesada en trasladarse a Japón?

¿No dicen que su educación es mejor?

—Tengo mis motivos personales, señorita samurái… Yoruka se acomodó el largo cabello con un movimiento suave y siguió caminando, como si la conversación ya no le importara, patrullando el resto del hangar.

Meiyun la siguió con la mirada unos segundos antes de soltar un suspiro.

—Japoneses… quién los entiende.

Se giró hacia su mecha y subió a la plataforma de mantenimiento.

Tecleó algunos comandos, y el sistema respondió con un pitido agudo.

Las pantallas parpadearon antes de estabilizarse.

—En fin… no entiendo la filosofía de este lugar, ni la de NovaTech.

Ni siquiera me han mostrado el nuevo mecha y, aun así, confían en mis aptitudes… qué extraño.

Se inclinó sobre la consola para ajustar un módulo de propulsión.

Sus guantes se mancharon de grasa, y se los limpió en un paño mientras revisaba las lecturas de energía.

—Bueno, será mejor que termine y me dé una buena ducha de agua caliente… Un golpe metálico resonó a lo lejos.

Meiyun alzó la vista, pero no vio a nadie.

—¿Otra vez esos técnicos dejando caer herramientas?

—murmuró, negando con la cabeza.

Se encogió de hombros y volvió al trabajo.

En una pasarela elevada, a varios metros por encima del suelo del hangar, una silueta se movía con calma.

Su paso era tan silencioso que ni las cámaras parecían notarlo.

Meiyun, concentrada en su labor, no lo vio pasar.

Ni se dio cuenta de que, justo al otro lado de la pared, se encontraba el acceso al hangar restringido donde descansaba el Juggernaut, el mecha prototipo que le había sido asignado.

A ese hangar solo había visto entrar y salir a militares e ingenieros.

Allí dentro, reposaba un enorme mecha terrestre.

No era volador como el resto, sino una mole imponente que recordaba a los robots de las películas de ciencia ficción.

Y, en ese momento, una figura misteriosa caminaba a su alrededor con pasos elegantes.

Un hombre rubio, apoyado en un bastón, paseaba en solitario por el hangar, analizando el gran mecha como si tratara de descifrar cada uno de sus secretos.

—Qué encantadores son los humanos… —murmuró con una sonrisa torcida—.

Debo decir que son muy creativos con sus “juguetes”.

Se detuvo unos segundos, observando las placas blindadas.

—Imagino que esto es para combatir a la clase “Emisario”.

De un salto que desafió toda lógica, aterrizó sobre el hombro del Juggernaut.

Desde esa altura, parecía un depredador examinando a su presa.

—Sobrio… y de mal gusto, si me lo preguntas —comentó, con tono burlón—.

Quizás necesite unas pequeñas mejoras.

Alzó la mano.

Las sombras del hangar comenzaron a ondular, como si respondieran a su llamado, fluyendo hacia su palma.

Se condensaron en un orbe oscuro, con destellos que parecían fragmentos de un cielo estrellado.

—Me pregunto… qué tan preparados están para el caos.

Sin más, dejó que la esfera se hundiera en el núcleo del mecha.

Como venas negras, la energía se extendió por toda la estructura, infiltrándose en cada sistema.

El hombre sonrió.

—Me gustaría ver tu reacción, Reinhardt… —susurró mientras descendía del hombro—.

Voy a sentarme en primera fila.

Sus pasos resonaron apenas contra el piso del hangar.

A medida que se alejaba, las luces parpadearon como si algo invisible hubiera pasado por el sistema eléctrico.

El Juggernaut permaneció inmóvil… salvo por un leve resplandor carmesí que recorrió sus ópticas antes de apagarse de nuevo.

Al otro lado de la pared, Meiyun se quitaba los guantes, estirando los brazos para aliviar la tensión en los hombros.

—Listo para mañana —dijo con una sonrisa de satisfacción.

Se limpió el sudor de la frente y cerró la consola de mantenimiento, ignorando por completo el ligero temblor que recorrió el suelo bajo sus pies.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo